domingo, 20 de julio de 2014

Job, el irónico

Job significa probablemente “el que se vuelve hacia Dios”. El personaje es conocido en la tradición israelita (Ez 14,14.20). El problema que plantea el libro es antiguo: cómo hacer compatible el dolor y los males que padece un hombre inocente, con la justicia de Dios. El libro no aporta ninguna solución nueva; lo que hay que hacer es inclinarse con humildad ante Dios reconociendo nuestra limitación y su grandeza infinita.
Pero el artículo de Yahir Hoffman sobre la ironía en la interpretación exegética del libro de Job116, nos abre una nueva perspectiva de un libro de diálogo sobre el sufrimiento y donde, como apunta el autor, “la falta de ironía hace que las quejas, y las respuestas a éstas, suenen a algo superficial y esquemático. No ocurre así con el libro de Job, obra en que el tono irónico juega un gran papel en el conjunto del libro”.
Sabemos que la ironía, como ya hemos apuntado, es el recurso de la inteligencia y con ella es sutil y no pocas veces pasa desapercibida, incluso cuesta de reconocer si no la buscas. Para facilitar la faena usaremos el mismo esquema de grados irónicos que hay en el libro de Job y que usa Hoffmann

A. Observaciones irónicas de los diferentes personajes, que se dirigen unos a otros y que son entendidas por todos: Job, sus amigos y el lector.
B. Actitud irónica del autor hacia sus protagonistas, que es entendida por el lector, pero no por Job o por sus amigos.
C. Ironía que el autor dirige contra el lector.
D. Ironía que el autor dirige contra su obra o, si se prefiere, contra él mismo.

A. Observaciones irónicas de Job, sus amigos y Dios
Presentes en el libro de forma general. La ironía de este tipo se supone que es entendida por el que habla, los que escuchan y los lectores:
·      (6,25): "¡Qué dulces son las razones ecuánimes!" (Job a sus amigos).
·      (9,2-3) "Bien sé yo, en verdad, que es así: ¿cómo ante Dios puede ser justo un hombre?". (Job a sus amigos; aquí él está irónicamente de acuerdo con sus amigos, quienes creen que el hombre no puede medirse con Dios, cuya justicia es total. Job, sin embargo, parece estar de acuerdo sólo con la apariencia: él atribuye esto a la fuerza de Dios y no a su rectitud).
·      (12,2): "En verdad, vosotros sois el pueblo, con vosotros la sabiduría morirá". (Job a sus amigos. La ironía viene a ser aún más aguda leyendo a continuación los versículos 7-9: "Pero interroga a la bestias, que te instruyan... Pues entre todas ellas, ¿quién ignora que la mano de Dios ha hecho esto?).
·      (4,3): Las palabras de Elifaz, "Mira, tú dabas lección a mucha gente" son interpretadas por algunos como agudamente irónicas. En apariencia parecen palabras de consuelo, pero en realidad son una crítica a la hipocresía de Job. Cfr. también 5,1; 13,5; 15,4; 26, 2-3; 27,2; 32, 14. También la respuesta de Dios a Job al final parece basarse en la ironía (cfr. 38,4; 40, 6-14).

Ironía entre el autor y el lector, no percibida por Job y sus amigos
El tipo de ironía citado en los ejemplos de arriba es fácilmente perceptible, y su función es caracterizar los argumentos amargos y burlones, que llenan la obra. Sin embargo, esta ironía tiene todavía otra función para el lector: lo prepara y sensibiliza para una ironía de tipo más sutil.
En relación a esto, nos fijaremos en primer lugar en la estructura de la obra y en el papel especial del prólogo, en el que el autor adopta una postura omnisciente, compartiendo con el lector un material que no conocen Job y sus amigos. Esto nos coloca en una posición en que estamos mejor informados que los protagonistas.
La posición en que se encuentra el lector es también un factor clavé de alienación. Previene de una simple y cándida identificación con los protagonistas, y requiere un examen constante de lo que se está diciendo, a dos niveles: el nivel que es obvio a Job y a sus amigos, y otro nivel creado por las cosas que además sabe el lector.
Un punto de vista irónico es casi inevitable, forzándonos a ver cada cosa desde otro ángulo, desconocido para Job y sus amigos. De dicho ángulo nosotros podemos señalar una serie de observaciones las cuales resultan claramente irónicas cuando son vistas desde el nivel especial del lector.

1) Después de todo, nosotros sabemos que la riqueza de Job es debida al favor divino; nosotros sabemos que sin esta riqueza Satán no hubiese tenido motivo para decir: "¿No has levantado tú una valla en torno a él, a su casa y a todas sus posesiones?... Tú has bendecido la obra de sus manos... "(1,10). Irónicamente, lo que Job ve como una bendición divina podría ser visto como lo opuesto. Sin embargo, la pregunta que inquieta a Job y a sus amigos es porqué Job sufre a pesar de su justicia inmediatamente toma una forma irónica para el lector, quien conoce que Job sufre a causa de su justicia.
2) Las palabras de Bildad en 8,3: "¿Acaso Dios tuerce lo derecho?" y en 8,20; "Dios no rechaza al íntegro”, son cuestiones retóricas fundadas en el axioma de que Dios no tuerce la justicia ni castiga al inocente y como tales son entendidas también por Job. Sin embargo, nosotros que sabemos que Job sufre precisamente porque él es un hombre intachable, no podemos dejar de percibir el gesto irónico del autor hacia nosotros, que nos viene a decir: ¿veis hasta qué punto es válido ese axioma?
3) En los dos ejemplos que siguen se logra la ironía a través de la asociación de dos textos. Job dice a Dios: "Me llamarías y te respondería" (14,15). Esta yuxtaposición de "llamada" y "respuesta" es muy común; es una fórmula bien conocida en el libro de los Salmos y en la literatura profética. Allí indica la llamada del hombre y el deseo de Dios por salvarle del mal y de la muerte, pero aquí el autor ha cambiado el sentido: es Dios quien llamó y el hombre quien responde a una orden de morir. Como la ironía aquí es tan aguda y se basa en asociaciones lingüísticas, es difícil saber si el autor pone en boca de Job una ironía consciente o si utiliza la ironía solamente para beneficio del lector. En 13, 14-15, tenemos otro ejemplo de ironía derivada de una asociación lingüística; y aquí no hay duda de que sólo el lector está en el asunto, y que Job no sabe lo cerca que está de la verdad irónica. Si Dios le mata, ello será solamente para propio beneficio de Job, quien prefiere la muerte a la vida. Pero el lector sabe que Job continuará sufriendo sin muerte que lo redima, y aquí está la ironía sólo conocida por el lector (Cfr. también 2, 5- 6; 13, 14-15).

Cae actitud irónica del autor hacia el lector
Ya nos hemos referido al puesto de preferencia que tiene el lector, y cómo éste conoce más que Job y sus amigos. Así, pues, el lector está protegido de errores y juicios que podría hacer por ignorancia de los verdaderos motivos de los acontecimientos. Por ejemplo, nosotros sabemos que las varias soluciones propuestas por los amigos de Job no pueden solucionar el problema: Elifaz y sus amigos representan al creyente dogmático qué rodea su fe con filosofías y teorías derivadas del concepto humano de justicia. El autor, sin embargo, nos coloca un escalón más arriba y nos hace impermeables a este tipo de pensamiento.
¿Pero de verdad somos nosotros, los lectores, impermeables? Parece como si el autor hubiera colocado una trampa para enseñar que "los inteligentes lectores" son víctimas del mismo modo de pensar que los amigos de Job. A pesar de nuestro mayor conocimiento, nuestra debilidad humana y nuestras ideas convencionales prevalecen. 
Me refiero ahora a las observaciones sobre los hijos de Job. En dos ocasiones, los amigos de Job sugieren que ellos murieron en pecado. Elifaz alude a esto en 5,4: "¡Estén sus hijos lejos de toda salvación, sin defensor hollados en la Puerta!". Bildad es más explícito, cuando le dice a Job: "Si tus hijos pecaron contra él, ya los dejó a merced de sus delitos" (8,4).
Parece como si el autor, intencionadamente, presentase las cosas en el prólogo para hacer que el lector estuviese de acuerdo con este punto de vista, o al menos considerase la suposición de que los hijos de Job fueron castigados por sus pecados. La descripción en 1,5 sobre el estilo de vida de éstos, es decir, las fiestas diarias, y los temores del propio Job de que ellos pudieran haber pecado o blasfemado contra Dios (incluso en sus pensamientos), invita a hacer creer al lector que la muerte de los hijos fue una consecuencia del simple principio de la retribución.
Sin embargo, el lector, a diferencia de Job y sus amigos, no debe cometer tal error porque él sabe que los hijos de Job murieron a petición de Satán, y no por causa de sus propias faltas. Así, pues, nosotros podemos decir que la manera como el autor escribe la narración impulsa al lector hacia un pensamiento convencional, mientras que en realidad él estaría midiendo las realidades en dos dimensiones. La ironía está ahora dirigida a cualquiera que se considere con un conocimiento superior, creyendo no ser superficial como los amigos de Job.

D. Auto-ironía
Ya se ha visto que el principal problema exegético en el libro de Job es la actitud hacia el tema central; actitud que es recogida en los capítulos 38-41, en el discurso de Dios, que es definido claramente como una respuesta a Job. Sin embargo, ¿qué respuestas da este discurso divino a las preguntas críticas de Job? Cualquiera que trate de entender la obra debe enfrentarse con el problema, para el cual se dan muchas soluciones. Si nosotros las clasificamos en tres grupos principales, las posibilidades pueden ser las siguientes:
a) El discurso de Dios es una respuesta adecuada a las protestas de Job.
b) El discurso contiene réplicas no convincentes a las acusaciones de Job; y esto es precisamente lo que pretende decirnos, que el autor ha fracasado en su intento.
c)El discurso contiene réplicas no convincentes; el autor pone intencionadamente palabras evasivas en la boca de Dios: El no da a conocer todo el misterio. Cualquiera que diga que la respuesta de Dios es persuasiva y honesta, se está basando sobre lo que no se ha dicho. Lo que se ha ofrecido es solamente perspectivas, pistas, o, a lo más, un fundamento para formulaciones analógicas.
Permítaseme demostrar esto brevemente usando unas cuantas soluciones tradicionales, pero sin tomar posición sobre ellas:
1. La revelación divina es en sí misma una respuesta. Así pues, Dios manifiesta a Job que el sufrimiento humano no es olvidado ni abandonado. Sin embargo, Dios no hace mención alguna en este sentido, por lo que cualquiera que reclame ésta como la solución no se basa en lo que es explícito en el texto.
2. La creación es descrita como algo completo y perfecto. La analogía es que todos los hechos de Dios, y sus relaciones con los seres humanos, incluso Job, son perfectas. De nuevo debemos decir que esto no es explícito; a lo más, puede ser leído entre líneas.
3. Lo mismo hay que mantener para la opinión de que la creación nos enseña que la justicia divina es mayor y más sublime que la justicia humana, y que eso es lo que el autor trataba de decirnos.
4. Según otra explicación, Dios le prueba a Job que "Tú no puedes entender el secreto de ninguna cosa o ser en el mundo, cuánto menos el secreto del destino del hombre". Aquí también el punto principal no es expresado abiertamente, sino derivado de una inferencia.
5. La respuesta divina no está encadenada al código "moral" impuesto sobre sí mismo por el hombre. La moralidad es un ideal humano-social independiente, del cual no necesita depender la conducta del entero universo.
Hoffman considera que la respuesta correcta es la (c), dejando a un lado la (b) y la idea de que el autor ha fracasado. Pienso que el autor se ha presentado irónicamente a sí mismo como alguien que sabe las respuestas a las preguntas que ha formulado. Sin embargo, parece que se da exactamente lo contrario. Lo que realmente se está diciendo es: “yo no puedo responder a las difíciles preguntas que he formulado, y ellas son todavía tan problemáticas como al principio”.
La creación de una teoría autodestructiva (lo cual es la respuesta divina) es una expresión de la incertidumbre del autor. Es una disfrazada confesión: “yo traté de solucionar el problema pero esto es lo mejor que pude hacer”. Es una admisión irónica de fracaso. Esta admisión personal tiene otro, aún más profundo, significado: nosotros somos llevados a considerar que el fracaso no es debido a incapacidad por parte del autor; esto puede ser totalmente objetivo si consideramos que los métodos de Dios no coinciden realmente con la aceptación de los principios de justicia y moralidad.

Nosotros llegamos aquí a la auto-ironía del hombre como hombre: todo lo que yo puedo hacer, como ser humano, es desengañarme de que hay una solución al problema de la recompensa divina, y enmascarar mis desilusiones de una manera o de otra. La verdad irónica es que yo debo aceptar mi destino. Esta ironía que el autor dirige hacia sí mismo (la cual es difícil para el lector de identificar), viene a ser la ironía que el hombre (el lector) dirige también hacia sí mismo (la cual es difícil para el lector de aceptar).Otro punto de refuerzo será la visión del epílogo de la obra. Considerando la importancia del prólogo en la estructura de la obra y en la modelación del tono irónico, diremos también unas cuantas palabras sobre el epílogo. El final mítico y apacible parece contradecir la naturaleza de la obra y los problemas que en ella se han planteado. Ahora bien, el epílogo es problemático solamente para aquellos que buscan en él una continuación simplista de la "respuesta" divina. Este no es el caso si nosotros aplicamos el principio de la ironía, como nosotros hemos hecho hasta ahora. Pienso que el epílogo es irónico en el pleno sentido de la palabra. Contándonos el regreso de Job a una vida afortunada, el autor está diciéndonos que el problema ha sido solucionado: pero solamente en el mundo del mito, en la realidad no hay solución. El carácter mítico del epílogo es actualmente una contribución importante al mensaje irónico de la obra. Este, con su estilo, crea un efectivo equilibrio con el prólogo.

Nacho Padró

Elías vs Baal, una oración sangrienta

Elías, en hebreo ́Eliyah, significa “mi Dios es Yahvé”. A través del episodio del enfrentamiento en el Carmelo (1Re 18) podemos captar las tensiones de la fe yahwista con el baalismo ampliamente extendido. La experiencia del grupo del desierto va aflorando en diversos lugares; fue una experiencia fundacional, capital, definitoria, y se irá difundiendo. Las chispas de la fe – encendidas en el grupo de Moisés y el éxodo – empujan a la búsqueda de Dios y se abren a la revelación. Pero los obstáculos son muchos: henoteísmo, politeísmo, idolatría, afán de manipular a la divinidad y domesticarla con los ritos, objetos mágicos... La lucha por abrirse paso será larga i abrumadora. Una buena muestra de ello lo tenemos en un texto atribuido a la tradición Y en la que las afirmaciones y prohibiciones dejan entrever hasta qué punto las prácticas idolátricas estaban enraizadas y amenazaban a la fe en Yahvé y sus ́asheras: “Demolerás sus altares, trocearás sus mastabas talarás, no te prosternarás delante de otrońpor qué Yahvé tiene por nombre “celoso”, es un Dios celoso; no pactes alianzas con los habitantes del país: ellos se prostituyen detrás de sus elohym  y ofrecen a sus dioses sacrificios; te invitarían y comerías de su sacrificio y tomarías a sus hijas para tus hijos y sus hijas se prostituirían detrás de sus elohym y harían prostituirse a tus hijos (Ex 34,13-16). La “matsebah” es una estela que representa a la divinidad y la Asherah es una estaca sagrada símbolo de la diosa cananea de la fertilidad, Asherah.
En este ambiente no menos sorprendente es la historia del profeta Elías quien reta a los profetas de Baal, para que el pueblo inestable e incrédulo vuelva a poner su confianza en Yahvé (1Re 18,20-40). El profeta en esta ocasión sí llega a ser irónico y se burla de ellos, cuando claman a Baal sin obtener respuesta: “Y aconteció al mediodía que Elías se burlaba de ellos diciendo: “Gritad en alta voz, porque dios es; quizá está meditando, o tiene algún trabajo, o va de camino; tal vez duerme, y hay que despertarle. Y ellos clamaban a grandes voces, y se sajaban con cuchillos y con lancetas conforme a su costumbre, hasta chorrear la sangre sobre ellos.” (1Re 18,27-28) El pueblo de Dios no necesita ni de escenas ni gritos para ser escuchado, con una oración sencilla y de corazón Yahvé responde con fuego del cielo, confirmando así su presencia y omnipotencia (1Re 18,36-38). Esto es dar una lección con la ironía como método pedagógico, sino miremos más atentamente.
El ministerio profético de Elías, comienza en la época del reinado Acab, hijo de Omrí, que gobernó en Israel entre el 874 a. C. y el 853 a. C. El malvado rey Acab había llegado a ocupar el trono de Israel como en el año 874 a. C.  Según encontramos en 1Re 16,30, Acab fue el más perverso de todos los reyes de Israel.  Su esposa, Jezabel, era hija del sacerdote y rey pagano de Sidón.  Acab se había entregado a servir a los ídolos de su esposa.  La adoración a Baal se había generalizado en Israel por  influencia de Acab.  A causa de esa situación, el profeta Elías se presentó ante el rey y retó a los 450 profetas de Baal, juntamente con todo el pueblo, para que cada bando clamara y se manifestara quién era el verdadero Dios
Los autores de los Libros de Reyes, citan como fuente de sus relatos otro libro ahora desconocido, "el libro de las crónicas de los Reyes de Israel (1Re22,39). Posiblemente de tal fuente o de otra directamente referida al profeta, se extrae la narración sobre el enfrentamiento entre Elías y el rey Acab, quien hizo el mal a los ojos de Yahvé, más que todos los que le habían precedido y tomó por mujer a una cananea, Jezabel hija de Itobaal, rey de Sidón y se fue tras Baal y Asera, le sirvió y se prosternó ante él. No solo el corazón de Acab se desvió de los preceptos de Yahvé, sino que también todo el pueblo, lo que provocó la ejecución de la mayoría de los profetas de Israel y como consecuencia de la iniquidad, Yahvé hizo aparecer una gran sequía en Samaria y por ende una hambruna en la región.
Elías desafía a los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal a que acepten el sacrificio de un buey en un altar preparado para ser incinerado; Elías hace preparar el mismo altar y además hace mojar la madera tres veces hasta que se llena un foso alrededor de éste. Yahvé acepta el altar de Elías, para confusión de los profetas de Baal, y en el monte Carmelo los derrota y los degüella con la ayuda del pueblo, luego de lo cual termina la sequía.
Los profetas de Baal edificaron su propio altar, colocaron un buey y comenzaron a clamar a Baal.  Pero, como es natural, Baal no podía responderles, porque no era más que un ser inanimado, un ídolo de piedra.  Aquellos hombres aún se rasgaban el pecho y lo sangraban para ver si de esa manera Baal les respondería. El resultado fue lógico.  Pasó toda la mañana y el medio día, y Baal no pudo obrar.  Ahora sólo restaba que los profetas de Baal hicieran algo para que Dios no respondiera a Elías tampoco, pero ¿acaso podrían ellos hacer algo contra el Omnipotente?
La oportunidad se había pasado para los profetas de Baal.  Toda una mañana era más que suficiente para comprobar que no habían recibido ninguna contestación.  Ahora Elías, con todo derecho, pidió que el pueblo se acercara.  Así, estando cerca, tendrían una buena oportunidad de mirar la realidad del milagro que estaba para realizarse. A esto se le llama montar un espectáculo, casi se puede sentir la música de los tambores en la narración.
Elías se vio obligado a reparar el altar de Yahvé, porque ya estaba arruinado a consecuencia del abandono, o tal vez por la malintencionada acción de los adoradores de Baal, lo cual lanza más odio en el público expectante hacia los malvados sacerdotes.  Fue necesario que Elías usara el altar de Yahvé, y no el mismo altar contaminado que habían construido los profetas de Baal.  Lo levantó en el nombre del Señor, con doce piedras que representaban a las doce tribus de Israel; porque el testimonio que ahora estaba dando era para todos los hijos de Israel.  Puso la leña sobre el altar, pero no colocó fuego alguno en ella, y sobre la leña puso el buey partido en pedazos.
Ahora es interesante notar que Elías quería asegurarse que toda la gente mirara que el milagro sería una realidad.  Así que hizo una zanja alrededor del altar, y mandó que derramaran doce cántaros de agua sobre el buey.  Había llenado de agua todo el altar.  Era para que todos vieran el poder de Dios manifestándose ante todas las imposibilidades humanas.  El agua echada sobre el buey era tanta, que corría sobre el altar, y llenó hasta la zanja.  ¿Qué fuego sería capaz de incendiar aquellas aguas? (no habían oído nada del fuego griego).
No fue necesario que Elías orara toda la noche para que Dios le respondiera en esa ocasión (1Re 18,36-37).  ¿Cuál sería la causa?  Hay varias cosas que podemos observar en esta petición. Primeramente vemos el reconocimiento de Elías hacia Dios.  Lo primero que hallamos en su oración es una declaración de la identidad de Yahvé, el Dios Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de Israel.  En segundo lugar, vemos el propósito de la misma.  Todo lo que Elías quería era que se manifestara  claramente ante todos, que Yahvé es el único Dios verdadero,  y que es Él quien hace que los corazones de los hombres lo busquen de nuevo. Tercero, notamos que Elías hace la petición y vuelve a repetir el propósito de la misma, que no era egoísta, sino para honrar el nombre de Yahvé.  Queda clara la razón por qué Dios escuchó su oración y le respondió inmediatamente.
La contestación de Dios fue inmediata, para más humillación de los seguidores de Baal y segura sorna de los yahvistas.  La oración de Elías no se llevó más que medio minuto, y eso fue suficiente para que Dios respondiera.  Inmediatamente descendió fuego del cielo y consumió, no sólo el buey, sino también la leña, las piedras, el polvo y el agua que había hasta en la zanja.  Había sido una respuesta indiscutible.  El pueblo no tenía más que creer que el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob había hecho ese milagro.  Todo el pueblo quedó convencido de que solamente Yahvé es el Dios verdadero.

Dios siempre ha manifestado Su poder en las distintas áreas de la naturaleza, pero como los hombres han cerrado sus ojos a todas esas maravillas,  Él se ha manifestado muchas veces rompiendo el orden natural.  Solamente el Dios de la creación puede hacer obras semejantes.  ¿Había causa para que el pueblo dudara?  ¡No!  ¡Ninguna! El resultado para aquellos engañadores profetas de Baal,  fue que  todos fueron capturados por el pueblo y degollados en el riachuelo de Cisón, un final algo drástico para los que han sido engañados…, eso sí, casi puedo notar la sonrisa de Elías en toda esta trama.

Nacho Padró

La Batalla de Gedeón, los verdaderos 300.

En sustancia, la vida de Gedeón se sitúa tras el asentamiento de los judíos en el llano de Ofrá donde habían asimilado los cultos idolátricos de las poblaciones aledañas. Tras esa infidelidad, Yahvé les habría castigado enviando tribus nómadas y grupos de amalecitas y madianitas a hacerles la guerra. En esos combates, dos hermanos de Gedeón habrían sido asesinados. Los israelitas se arrepintieron y pidieron perdón. Yahvé envió a su ángel a hablar con Gedeón para anunciarle que sería el libertador de su pueblo. Éste pidió una prueba, tras un diálogo algo sarcástico con el ángel. Este último le dio la prueba que pedía abrasando un sacrificio con fuego milagroso. Al día siguiente Gedeón destruyó el altar de Baal y ante la indignación del pueblo, Joás, su padre, le defendió diciendo que si Baal era dios, se encargaría de castigar el sacrilegio. Desde ese día fue conocido como Gedeón Jerobaal. (Heb. Yerubba), "Baal contienda contra él" o "combatiente contra Baal", se lo menciona en Jc 6,32; 7,1; 8,29; 35, 9,1-57; 1S. 12,11; 2S 11,21). Los grupos nómadas se reunieron para hacer la guerra a Gedeón. Éste reunió un ejército que, con diversas condiciones y pruebas, Yahvé redujo a trescientos hombres (sin contar las tropas auxiliares). Los israelitas atacaron durante la noche y produjeron tal confusión que los madianitas se asesinaban entre ellos y tuvieron que huir despavoridos mientras eran perseguidos por las tropas de Gedeón. Los mismos jefes de Madián, Oreb y Zeeb murieron en la refriega y sus cabezas fueron dadas como trofeo a Gedeón
           En Jc 7 vemos que Israel contaba con treinta y dos mil hombres dispuestos para la batalla contra los madianitas. Pero Dios no necesitaba tantos. "No sea – dijo – que se alabe Israel contra mí, diciendo. Mi mano me ha salvado" (Jc 7,2). Entonces los selecciona hasta que quedan diez mil, y luego los vuelve a seleccionar hasta que sólo quedan trescientos. Dios prescinde de los veintiún mil setecientos, porque sólo necesita trescientos.
La verdad es que Dios no tenía ninguna intención de hacerlos pelear. Ellos simplemente iban a ser testigos de cómo Dios peleaba por ellos. De todas maneras, en el campo de batalla, estos trescientos deberían enfrentar a ciento treinta y cinco mil (Jc 8,10). La proporción es, exactamente, de uno a cuatrocientos cincuenta. Por cada israelita había cuatrocientos cincuenta madianitas. Y es la misma proporción de Elías con respecto a los profetas de Baal, en el monte Carmelo (1Re 18,22). Dios es plenamente glorificado cuando un creyente confía solamente en Dios al enfrentar a cuatrocientos cincuenta enemigos. Así, no hay ninguna posibilidad de vanagloria, como no la hubo para Israel ante los madianitas.
La batalla de Gedeón es un tipo de las batallas espirituales de los hijos de Dios en este tiempo. Veamos algunos aspectos de esta tipología. Al igual que en Gedeón, la victoria de unos pocos, favorece a todo el pueblo de Dios. Son pocos los que participan (los "escogidos"), pero su victoria favorece a los muchos (a todo el pueblo de Dios). Trescientos vencen para que todo el pueblo de Israel disfrute de la victoria. "Así fue subyugado Madián delante de los hijos de Israel, y nunca más volvió a levantar la cabeza. Y reposó la tierra cuarenta años en los días de Gedeón" (1Re 8; 28). Los trescientos de Gedeón son los que están dispuestos a pelear las batallas de Dios llevando en su corazón a todos los hijos de Dios.
Gedeón, antes de entrar en batalla, tuvo claro testimonio de que ya estaba ganada (Jc 7, 9-15). Dios le habló por boca de sus propios enemigos, lo cual fue para él una prueba irrefutable de la victoria que Dios le había dado. Aquí vemos una demostración más de la paciencia del Señor para con este siervo.
En esto vemos que la Biblia es una obra genial, que presenta unos personajes muy bien trabajados y que son dignos de estudio, pero muchas veces se olvida de los secundarios que reciben la acción de manera indirecta, sobretodo de la población, tratándolos como comparsas lo que origina unas situaciones que al ser tan chocantes provoca situaciones curiosas, ridículas o sorprendentes, actuando a veces como un verdadero contrapunto a la seriedad de la situación… dando de qué pensar si ha sido por casualidad o no. Ya hemos visto el caso de la familia que construye el Arca de Noé o más adelante veremos el asunto de los marineros en Jonás. Algo similar le sucedió a Gedeón, cuando se enfrentó a los madianitas, estaba tan temeroso que le había pedido dos veces a Dios que le confirmaran que él salvaría a Israel por su mano. Seguramente la confianza de Gedeón, alimentada por la misericordia de Dios quien le confirmó con sus señales estaba también en ese ejército de 32,000 hombres que había logrado juntar para ir a la guerra. Pero no contaba con el buen humor de Dios que quiso darle una lección: “Y Yahvé dijo a Gedeón: el pueblo que está contigo es mucho para que yo entregue a los madianitas en sus manos, no sea que se alabe Israel contra mí diciendo: Mi mano me ha salvado” (Jc 7,2). Entonces Dios le ordena a Gedeón que anuncie que quien tuviera temor de ir la guerra podía regresarse a su casa. Así se retiraron 22,000 y quedaron 10,000, aquí Gedeón debió sufrir un golpe a su credibilidad terrible y aparte nos habla de una población (el 68%) que no está mucho por la faena.
Veamos la historia poco a poco, para disfrutar del momento. Gedeón y su gente se levantaron de mañana y acamparon en la fuente de Harod (¿Ain Gialud? ¿Ain Tubaun?), mientras que los madianitas lo hicieron en la llanura al pie de la colina de Moré (Nebí Dahi de los árabes y Pequeño Hermán de los cristianos). Dios mandó a Gedeón que redujera los efectivos de su ejército. Quiere que el pueblo sepa que no tiene necesidad de él para ganar una batalla y deshacer un ejército, aunque los enemigos sean tan “numerosos como langostas” y dispongan de innumerables camellos “como las arenas del mar” (v.12). “Nada le impide (a Yahvé) salvar con muchos o con pocos” (1 S 14,6; Dt 8,11; 18; 9,4-5; Is 10:13-15; 59,16; 63,5; Am 6,13). Por lo mismo, le manda, aludiendo a Dt 20,8, que retire a todos los que teman y tengan miedo. Es decir, frente a  un ejército superior y cuando ves que te van a destrozar, te dan vía libre para que te vayas (¿psicología inversa?).
Gedeón “tomó de manos del pueblo” (según corrección de Kittel) sus cántaros y trompetas, que entregó a los trescientos hombres, mandando los restantes a sus casas, curiosamente el número de voluntarios que se ofrecieron a Gedeón parece excesivo.
Aunque estaban en desventaja con respecto a los madianitas, Gedeón pudo haber pensado; “Bueno ahora iré la guerra con estos”. Pero Dios le dijo: “Aún es mucho el pueblo, llévalos a las aguas y allí los probaré” (Jc 7,4)  Dios seleccionó entonces sólo a trescientos hombres. ¿Se estaba riendo Dios de Gedeón? Pues la Biblia registra que “los madianitas, los amalecitas y los hijos del oriente estaban tendidos sobre el valle como langostas en multitud, y sus camellos eran innumerables como la arena que está a la ribera del mar en multitud” (Jc 7,12) ¿Qué eran trescientos hombres para este tremendo ejército de enemigos? Pero Dios haría reír a Gedeón, quien sabe si con risa histérica, cuando dividió a su pequeño ejército en tres escuadrones alrededor del campamento enemigo, y tocando las trompetas y dando gritos, y quebrando sus cántaros con teas encendidas hicieron huir a todo el ejército como Dios había planificado. La pregunta que siempre me ha asaltado es… ¿que pensarían los 300? El ver que el 68% de los compañeros de armas se van ya es un golpe que desmoraliza a cualquier ejército, pero si encima el 97% de los que quieren luchar no pelean porque Dios no quiere… ¿Estamos ante un acto de fe de Gedeón o de los 300? ¿Y qué pasa con los que tienen que pelear?
Gedeón quiso ver con sus propios ojos las posibilidades del enemigo antes de decidirse a atacarlo (Jc 7,16-22). En realidad temió al ver aquella muchedumbre y, por lo mismo, quiso antes explorar la situación. Para poder oír lo que los soldados madianitas hablaban entre sí, era necesario que se acercara mucho a sus tiendas. Para los antiguos, Dios manifestaba su voluntad o descubría el futuro por medio de los sueños (Gn 28,10-22; 1Re 3,5ss). El sueño que había tenido un soldado madianita era significativo. La tienda era el símbolo de la vida nómada; el pan de cebada simbolizaba la vida pobre de los pueblos sedentarios, como eran los israelitas. El compañero a quien confió el sueño sacó la consecuencia de que los israelitas, pueblo sedentario, destruirían al pueblo nómada, los madianitas. Pero si soy veterano de guerra y me explican esto, lo primero es la poca vigilancia en un ejército plantado frente a otro que permite a uno se pasee por la noche espiando conversaciones ajenas (¿y si lo pillan por espía?), aparte de ¿quién puede dormir en la situación en la que se encuentran?, hay que tener un temple modelo bloque de hielo. Aunque claro, con 300 imperturbables no hay nada que extrañarse.
El campamento de Madián estaba en el valle (v.8), dominado por el campamento israelita. Gedeón dividió a sus gentes en tres cuerpos (9,43; 1 S  11,11; 13,17) de cien hombres cada uno. Esta maniobra era tanto más necesaria cuanto que debía dar al enemigo impresión de un ejército numeroso y también para poder rodear al enemigo. Los combatientes llevaban en una mano el cántaro que tenía una antorcha encendida dentro, o con la antorcha en la otra mano, mientras que la trompeta colgaba del cinto. Una vez rotos los cántaros, tomaron la trompeta en una mano y la tea en otra. No crea dificultad el que ellos toquen la trompeta y griten, porque ambas acciones deben concebirse sucesivamente y no simultáneas, pero no deja de ser cómico atacar a los enemigos con un cazo y  cántaros y trompetas. Aquí habría que hacer un estudio serio sobre la manía de atacar a los enemigos con música (¿tan mal tocaban?) y con resultados sorprendentes, como las murallas de Jericó.
Gedeón llegó a las cercanías del campamento enemigo al comienzo de la segunda vigilia. Los hebreos dividían la noche en tres vigilias de cuatro horas cada una: seis de la tarde a diez; diez a dos; dos a seis de la mañana. El grito de guerra de los israelitas era: “¡Por Yahvé y por Gedeón!” grito que refleja bien el carácter religioso de la empresa y la confianza de los soldados en ganar “las batallas de Yahvé” (Nm 21,14; 1S 18,17; 25,28). El enemigo huyó por la llanura de Betsán a Bet Hassita, en el valle del Jordán, hacia Sartán (Js 3,16; 1Re 4,12). Abel Mejola se halla al sur de Bestán, en el valle del Jordán (1Re 4,12; 19,16)

Lo de la división en grupitos (7,16-22) podía ser ya una estrategia de esas novedosas, pero la de ir atacando gritando por la noche… ¿contra qué tipo de ejército de aficionados se han de enfrentar? Vale que sea una alegoría sobre el temor de Dios sobre los enemigos, la protección del pueblo elegido que confía en Yahvé y una prueba a la fe de Gedeón, pero hay maneras y maneras. Me imagino que Yahvé se lo debió pasar en grande viendo como los 300 gritaban como posesos por el miedo interno que deberían mientras atacaban y no digamos la cara de póker de los 9700 que se quedaron en casita viendo los fuegos nocturnos... y como otros se llevaban la gloria ¿que debieron de pensar?

Nacho Padró