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jueves, 27 de agosto de 2015

domingo, 20 de julio de 2014

Perlas de humor en el AT

¿por qué no un breve resumen de algunos de los mejores pasajes, vigilando de no descontextualizar, y esperando provocar una sonrisa al esforzado lector que hasta aquí ha llegado?.

Génesis 2, 18-20
18 Luego Dios dijo, No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada.
19 Entonces Dios formó del suelo todos los animales del campo y todas las aves del cielo, y los llevó al hombre para ver como los llamaba y para que cada ser tuviese el nombre que el hombre les diera
20 El hombre puso nombre a todos los animales del campo, más para el hombre encontró una ayuda adecuada.

Es decir que antes de hacer a la mujer como compañera, Dios le monta un zoológico y le hace trabajar de taxónomo. ¿Aves y animales para satisfacer el deseo más profundo del corazón humano? Antes el trabajo que el placer. No me extraña que hombre y mujer no se pongan nunca de acuerdo.



Éxodo 4, 24-25
24 Durante el viaje, en un albergue, Yahvé le salió al encuentro e intentó darle muerte.
25 Tomó entonces Séfora un pedernal, cortó el prepucio de su hijo y tocó las partes de Moisés diciendo “Eres mi esposo de sangre”

No puedo dejar de imaginarme al hijo gritando y a Moisés mirándolo con asco y sorpresa.

Éxodo 28,42-43
42 Hazles calzones de lino para cubrir su desnudez, desde la cintura hasta los muslos. 43 Y Aarón y sus hijos los llevarán al entrar en la Tienda del Encuentro, o cuando al acercarse al altar para oficiar en el Santuario, para que no incurran en culpa y mueran. Decreto perpetuo será éste para él y su posteridad.

Ya es difícil aceptar el ser designado por herencia sacerdote, pero que te tengan que regular hasta los calzones que vas a llevar (todos lo sabrían) ¿era necesario? ¿Y qué culpa hay por no llevarlo? ¿Tan grave es?

Jueces 3, 16-24
16 Ehúd se hizo un puñal de dos filos, de un codo de largo, se lo ciño debajo de la ropa sobre el muslo derecho,
17 y presentó el tributo a Eglón, rey de Moab. Eglón era un hombre muy obeso.
18 En cuanto terminó de presentar el tributo, Ehúd mandó marchar a la gente que había llevado el tributo;
19 pero él, al llegar a los Ídolos que hay en la región de Guilgal, volvió otra vez y dijo: «Tengo un mensaje secreto para ti ¡oh rey!» El rey respondió: ¡Silencio!» y salieron de su presencia todos los que estaban con él.
20 Ehúd se le acercó. El rey estaba sentado en su galería fresca particular. Ehúd le dijo: «Tengo una palabra de Dios para ti.» El rey se levantó de su silla.
21 Ehúd alargó su mano izquierda, cogió el puñal de su cadera derecha y se lo hundió en el vientre.
22 Detrás de la hoja entró incluso el mango, y la grasa se cerró sobre la hoja, pues Ehúd no le sacó el puñal del vientre. Luego escapó por la ventana.
23 Ehúd salió por la galería; había cerrado tras de sí las puertas de la galería y echado el cerrojo.
24 Después de que se fue, llegaron los criados y miraron, y he aquí, las puertas de la sala de la terraza tenían pasado el cerrojo, y dijeron: Sin duda está haciendo su necesidad en la sala de verano. Y esperaron hasta sentir inquietud, pues he aquí que él no abría las puertas de la sala de la terraza. Entonces tomaron la llave y las abrieron, y he aquí, su señor caído en el suelo, muerto.

Esto es estrategia y pérdida de un puñal. Situación curiosa como asesinato pues aparentemente la espada cruzo hasta el otro lado y algo inesperado salió por el otro. El autor sintió que este era un detalle necesario de contar, pero ¿era necesario hacer referencias a las pestilencias de sus necesidades que hasta confunden con la podredumbre de la muerte?



2 Reyes 2, 23-24
23 Luego subió de allí a Betel y, según subía por el camino, unos cuantos chicuelos salieron de la Ciudad y se burlaron de él diciendo: ¡Sube, calvo; sube, calvo!
24 Él se dio la vuelta, se les quedó mirando y los maldijo en nombre de Yahvé. Dos osos salieron entonces del boque y despedazaron a cuarenta y dos de aquellos chicuelos.

Veo que Dios castiga adecuadamente a los que se burlan de los calvos

2 Crónicas 21, 18-19
18 Después de todo esto, le hirió Yahvé [a Jorán] con una enfermedad incurable de vientre. 19 Y al cabo de cierto tiempo, al fin del año segundo, se le salieron las entrañas a causa de su enfermedad y murió en medio de terribles dolores. El pueblo no le encendió fuego, como lo había encendido por su padre.

Tuvo dos años para arrepentirse y mira como acabó. Este debe ser el mártir de los tercos.

Ezequiel 16, 17
17 Tomaste tus joyas de oro y plata que yo te había dado y te hiciste imágenes de hombres para prostituirte ante ellas.

¿Que hizo con sus ídolos de oro y plata?

Ezequiel 23, 19-20
19 Pero ésta multiplicó sus prostituciones, acordándose de los días de su juventud, cuando se prostituía en el país de Egipto,
20 y se enamoraba de aquellos disolutos de sexo de asnos y esperma de caballos.

¡Menuda juventud! ¿Y esto lo proclamaban en la sinagoga? Lo que no me queda claro es si se trata de una queja o una reclamación.

Números 16, 23, 31-33
16 Dijo Moisés a Coré: «Tú y toda tu cuadrilla presentaos mañana delante de Yahvé: tú, ellos y Aarón.
17 Que tome cada uno su incensario, le ponga incienso y lo presente delante de Yahvé; cada uno su incensario: 250 incensarios en total. Tú también, y Aarón, presentad cada uno vuestro incensario.»
18 Tomaron cada uno su incensario, le pusieron fuego, le echaron incienso y se presentaron a la entrada de la Tienda del Encuentro, lo mismo que Moisés y Aarón.
19 Coré convocó ante éstos a toda la comunidad a la puerta de la Tienda del Encuentro y se apareció la gloria de Yahvé a toda la comunidad.
20 Habló Yahvé a Moisés y Aarón y les dijo:
21 «Apartaos de esa comunidad, que los voy a devorar en un instante.»
22 Ellos cayeron rostro en tierra y clamaron: «Oh Dios, Dios de los espíritus de toda carne: un solo hombre ha pecado, ¿y te enojas con toda la comunidad?
23 Respondió Yahvé a Moisés:
…
31 Y sucedió que, nada más terminar de decir estas palabras, se abrió el suelo debajo de ellos;
32 la tierra abrió su boca y se los tragó, con todas sus familias, así como a todos los hombres de Coré, con todos sus bienes.
33 Bajaron vivos al sehol con todo lo que tenían. Los cubrió la tierra y desaparecieron de la asamblea.
34 A sus gritos huyeron todos los israelitas que estaban a su alrededor, pues se decían: «No vaya a tragarnos la tierra.»
35 Brotó fuego de Yahvé, que devoró a los 250 hombres que habían ofrecido el incienso.

Vaya una manera de devorarlos.

Deuteronomio 23, 1
1 No podrá entrar en la asamblea del Señor ningún hombre que tenga magullados los testículos o mutilado el pene.

Entiendo que no se debe dejar entrar a cualquiera... pero ¿hasta ese extremo?... y no puedo evitar pensar en ¿cómo lo comprobaban?

Deuteronomio 25, 11-12
11 Si un hombre está peleándose con su hermano, y la mujer de uno de ellos se acerca y, para librar a su marido de los golpes del otro, alarga la mano y agarra a éste por sus partes,
12 tú le cortarás a ella la mano sin piedad.

Hemos de reconocer una poderosa imaginación para escribir estas leyes o una venganza ante una situación vívida (en ese caso entiendo la venganza)

Jueces 15, 15-16
15 Encontró una quijada de asno todavía fresca, alargó la mano, la cogió y mató con ella a mil hombres.
16 Sansón dijo entonces: «Con quijada de asno los amontoné. Con quijada de asno, a mil hombres sacudí.»

Todo un poeta, que viniendo de Sansón todavía da más valor.

Samuel 18, 27
27 cuando se levantó David y partió con sus hombres. Mató a los filisteos doscientos hombres y trajo David sus prepucios que entregó cumplidamente al rey para ser yerno del rey. Saúl le dio a su hija Mikal por mujer.


No me extraña que el reconocimiento del pueblo hebreo por medio de la fimosis ritual (nótese que no dice nada de la novia sobre si le gustó o no). Además le piden 100 a David y este les entrega 200 ¿la emoción del momento?.

Nacho Padró

Jonás, el humor y la paciencia de Dios

Un hombre rebelde a la voluntad de Dios es devorado por un pez gigantesco. A los tres días lo “vomita” en una playa y así vuelve a la vida para acabar su misión, una misión de la cual no está muy predispuesto. Este sería el argumento a grandes rasgos del genial libro de Jonás. El mismo argumento nos traslada inevitablemente al terreno de lo mitológico. Esto quiere decir que literaria y popularmente el libro pertenece al género mítico.
A lo largo del relato se halla siempre presente el simbolismo: el pez simbolizaría el poder de la muerte; su venganza expresaría la venganza de la muerte; su vientre hablaría del reino de la muerte en el que el hombre experimenta la ira de Dios. En nuestro caso el gran pez sería la expresión de lo monstruoso y horrible de esta experiencia. El devolver o escupir de nuevo a la tierra nos hablaría del retorno a la vida. La interpretación literalista del libro tiene como único argumento "sólido" el hecho de que en el Mediterráneo existe esta clase de peces. La comprensión seria del libro debe tener más bien como punto de partida su composición literaria y su simbolismo mítico. El mundo supuesto en la narración difícilmente puede recorrerse geográficamente. Va desde Joppe (antigua ciudad portuaria de Fenicia) hasta Tarsis (Tarso en Cilicia, o tal vez Cádiz, Tartesos?); se habla de Nínive, pero esta ciudad es mencionada únicamente por razón de sus características evidentes, en cuanto símbolo del poder antidivino.
A veces se ha presentado al Jonás de nuestra historia como el profeta del mismo nombre en tiempos de Jeroboám II (785-753), (2Re 14,25). Hay que tener en cuenta lo siguiente: Nínive no era la ciudad de residencia del gran rey. Además la problemática que el libro afronta se produce cuando Nínive, en cuanto ciudad famosa, había desaparecido de la historia hacía ya mucho tiempo.
Pero en el libro, el autor hace una crítica fina y despiadada a una mentalidad raquítica según la cual la salvación estaba reservada únicamente a los israelitas. Fuera de Israel era imposible la salvación. Jonás, que conoce perfectamente al Dios de Israel y pertenece al círculo de sus fieles (Jon 4,2) se rebela y huye. Su protesta podría formularse más o menos así: no hay derecho a que también los paganos tengan acceso a este Dios y a la vida que proporciona.
Frente a esta mentalidad raquítica, el autor sagrado afirma rotundamente que el Dios de Israel perdona a todo aquel que se arrepiente de verdad. Y el universalismo del perdón ante la sinceridad del arrepentimiento se pone de relieve eligiendo como término de referencia a Nínive, ciudad proverbialmente corrompida en la antigüedad. Incluso cuando el castigo parece ya inevitable, hay siempre un hilo de esperanza (Jon 3,9). Ante la amenaza del castigo, los ninivitas se agarren al único clavo de salvación: la conversión.
El libro de Jonás es al A.T. lo que la parábola del hijo pródigo al Nuevo. Jonás, como él hijo mayor de la parábola, quiere excluir a los paganos de la misericordia de Dios. Es un grave error. El Dios de Israel derrama su misericordia sobre todos los hombres, no quiere su perdición sino que se conviertan y vivan. Es un Dios "imparcial", en el que no hay acepción de personas y que no se deja atrapar por la categorías y cálculos humanos.
Dentro del universalismo de la salud, el libro de Jonás condena tanto el pecado de los paganos como el exclusivismo nacionalista judío y su errónea comprensión de la elección. Más aún, y aquí está la gran lección, el hombre sólo puede conocer verdaderamente a Dios a través de un nuevo nacimiento (así lo dirá Jesús a Nicodemo, Jn 3,1ss). Esto se halla implicado en todo el simbolismo del pez, del tragar y devolver...
Los últimos estudios tienden a situar a finales del siglo V a.C el escrito de Jonás, uno de los libros proféticos. El libro lleva el nombre del protagonista que significa “paloma”. Es un libro lleno de arameismos, una de las características que aboga a favor de esa datación. Contiene una perspectiva de futuro muy importante: la salvación de Dios también es para los gentiles, no es patrimonio exclusivo del pueblo de Israel. Dios también llama a los gentiles, a los extranjeros, a la conversión: así es la bondad de Dios
Como todo escrito bíblico el libro de Jonás pretende proporcionarnos sabiduría para la salvación (2 Tm 3:15). Relucen en él la omnipotencia y el poder milagroso de Dios haciendo dócil al profeta. Resalta, en particular, el amor perdonador y misericordioso de Dios hacia todos, incluso los páganos peores, con tal de que se arrepientan. (Na 3,1; 4.19). Pero esta enseñanza viene matizada con una perspectiva especial: si nos convertimos, "Dios se arrepentirá del furor de su ira y no pereceremos" (Jon 3,9). Estos sentimientos misericordiosos de Dios, son distintos de los del profeta y le producen a éste tal pesadumbre que quiere sustraerse a su misión (Jon 4,1-3) dando lugar a situaciones bastante cómicas que nos permiten humanizar a Jonás e incluso hacerlo más cercano a nosotros (más de un lector seguro que se siente identificado con él por sus reacciones y comentarios humanos) y hacia esas personas parece que va dirigida la obra, pues con el proceder suave con que Yahvé reprende y educa al testarudo profeta, quiere conquistarse a todos los hijos de su pueblo que tienen un corazón mezquino, así el libro de Jonás de un modo exquisito y ameno nos revela la voluntad salvífica universal de Dios como podemos leer en las palabras finales del libro donde Yahvé le instruye amablemente (Jon 4,9-11)117.
La conducta singular del protagonista es destacable pues reprocha en su fanatismo a la misma bondad y misericordia divina, cosa inaudita para un judío. El desearse la muerte después de la sequía del ricino (Jon 4,6 ss.) resulta ridículo. Son rasgos de tozudez infantil. Caricatura tanto más intencionada cuanto que se hace con palabras (Jon 4,3.8) tomadas del caso de Elías narrado en 1 R 19,4. Pero Elías estaba en una situación extrema: perseguido a muerte por Jezabel, ve venirse abajo toda la obra de su vida: el conducir de nuevo a Israel hacia Yahvé. Al lado de esto la actitud de Jonás provoca risa117.
Como personaje, Jonás es un personaje curioso, Dios le manda ir a Nínive, una ciudad muy escondida de Asia (como si no hubieran lugares más cercanos) y él decide escaparse a Tarsis todo enfadado, es decir, casi en las antípodas según el mundo conocido, a eso se le llama alejarse de Dios, aunque al final de la aventura acabará soltándolo todo al ver que no se puede huir. La misión de Nínive no parece muy complicada, simplemente anunciar que por los pecados, en 40 días la ciudad sería destruida. Tampoco era una novedad dentro de la tradición Bíblica. Aquí ya vemos que Jonás no es de la piel de Abraham, a quien lo primero que se le ocurrió cuando Yahvé  le dijo que iba a destruir a Sodoma, fue interceder a ver si podía hacer cambiar de parecer a Yahvé. Parece mentira, pero lo que a Jonás le preocupaba era que Dios pudiese ablandarse y que la amenaza proclamada no llegase a cumplirse. Lo importante era el prestigio y el poder del clero. Que la gente pereciera, resultaba secundario, sobre todo si era pecadora. Siendo un elegido por Yahvé, a priori no se trataba de un ser inhumano, que desease que Dios abrasara la ciudad y sus habitantes. Por eso no tenía muchas ganas de que a Yahvé se le ocurriese anunciar la catástrofe. Ahora, eso sí, de anunciarla, hay que cumplirla, porque el profeta no puede quedar mal. Parece como si Jonás supiera o sospechara que Yahvé es tan bueno y misericorde, que se ablanda como ya había dado prueba en otras ocasiones (Abraham, Moisés…), dejando a un clérigo serio como Jonás a la altura del betún, y así dándonos una visión muy humanizada desde la ironía de la estirpe sacerdotal del momento. El caso es que se embarcó para Tarsis, pagando religiosamente su pasaje, porque era un hombre formal y digno.
Los marineros eran buenas personas, y cuando estalló una borrasca de no te menees, mientras Jonás estaba durmiendo en el sollado, le despertaron para que rezara a su Dios, Luego echaron a suertes, a ver quién era el gafe, y le tocó la china, que ya es tener mala suerte. Entonces empezaron a preguntarle cosas. Jonás, que no era mala persona, en el fondo, aunque algo antipático, confesó que venía huyendo de Yahvé y que por eso había venido la tormenta118.
Realmente los marineros eran unos benditos al no querer hacerle mal (aunque entonces ¿para que miran quien era el gafe?, ¿morbo?). Así que hay que convencerles que le tiraran al mar (que teniendo en cuenta la fama de supersticiosos que tienen los marineros y más en esa época en la que ya pintaban ojos en las barcas para eludir al mal tiempo… no sé si habría que haber insistido mucho). Curiosamente Jonás se embarcó en la única barca que no le tenía miedo ni a la tormenta ni a los dioses pues se encabezonaron en hacerle llegar a la costa remando como desesperados (tengo curiosidad llegados a este punto en saber cuánto pagó de pasaje, sería un fortunón para que la tripulación actuara de esa manera). Al final, tras ponerse Yahvé a la faena, los hombres se convencieron de que era verdad que había que echarle del barco. Le cogieron y le tiraron al mar. Y el mar se calmó. Entonces le tragó aquel monstruo marino, que el creador de su historia no especifica, pero que la gente dijo después que era una ballena. Y estuviste en la barriga del pez tres días con sus noches.
Aquí el gran autor del libro, que además de gran humorista nos muestra que era poeta, pues puso en sus labios un cántico lleno de fuerza, una especie de antología de frases de salmos y de expresiones sobrecogedoras, aunque caradas de descripciones sobresalientes como éstas: “Me envolvían las aguas hasta el alma, me cercaba el abismo, un alga se enredaba a mi cabeza. A las raíces de los montes descendí, echó la tierra sus cerrojos tras de mí para siempre, más de la fosa tú sacaste mi vida, Yahvé, Dios mío”.
El pez le devolvió a la tierra sin muchas finezas, pues para sacarle de su barriga no le quedaba otro procedimiento que vomitarlo. Entonces Yahvé, como sí no hubiese pasado nada, le dijo suavemente: “Levántate, vete a Nínive, la gran ciudad, y anuncia lo que yo te diga”. Para mí Yahvé tiene una dosis impresionante de humor, a la vez que una paciencia conmovedora. Tras la paliza recibida no le queda más remedio que ir a Nínive sin rechistar, aunque inquieto y malhumorado, y predicarlo que él te dijo: “Dentro de cuarenta días Nínive será destruida”.
Y ahora viene lo bueno, dándole la razón al pobre Jonás. Resulta que los ninivitas creyeron en Dios y se pusieron a hacer penitencia. Eso sí, de una manera un poco primitiva. A lo integrista. Porque la penitencia se organizó bajo la batuta del rey y de los grandes. Y además obligaron a ayunar a los animales, que no se habían metido en nada (¿por qué en el Antiguo Testamento siempre tienen que recibir los pobres animales que no han hecho nada, y que yo recuerde en el paraíso no se comieron nada prohibido?). Pero Yahvé,  con su humor y su misericordia, tuvo por bueno aquello, y pasaron los cuarenta días y la ciudad seguía en pie.
Menudo enfado que le vino a Jonás, a pesar de que desde dentro de la barriga del pez había estado tan humilde, que hasta le había hecho levantarte a las cumbres de la poesía, ahora se le olvidó la humildad, le vino la rabieta, y la tomó nada menos que con Yahvé mostrando un carácter de los fuertes y diciéndolo algo así como “ya te lo dije”. El pobre no sabe lo que le espera. Con la pataleta y la rabia dentro del cuerpo, decide salir de la ciudad hacia el Este, y allí se hizo un chamizo,  una sombrita, y se sentó tranquilamente a ver qué pasaba con la ciudad, todavía con la secreta esperanza de que viniera la catástrofe, para que su poder clerical no quedara desautorizado y él no quedara en ridículo. Tanto esperar le dolió la cabeza y encima Yahvé no hacía nada. Entonces hizo él crecer un ricinillo, tanto y tan deprisa, que le daba sombra en la cabeza. Y a esperar la ruina de la ciudad, para contemplarla desde la de sombra en primera línea. Pero, al amanecer del día siguiente, es decir, cuando el sol iba a empezar a castigar de firme, el guasón de Yahvé  mandó un gusanito para que picara el ricino. Y el ricino se secó. Y por si la broma no fuera suficientemente pesada, al salir el sol, envía Yahvé un viento solano achicharrante.
El enfado fue descomunal, hasta el punto de desear morirse, al fin y al cabo, era un poco más digno desesperarse por el dolor de cabeza, que por despecho de que la gente no muriese para que tú quedases bien. Pero entonces viene Yahvé y nos dice —no sólo a Jonás, sino a los lectores— lo que tenía que decirnos. Y lo dijo con un poco de sorna, haciéndole a Jonás hacer el burro hasta el final, para cogerle en tus propias palabras. Un poco zumbón, le preguntó algo así como: “Pero hombre, Jonás, ¿te parece a ti que está bien enfadarte de ese modo por el ricino de marras?”, Y Jonás, hecho un basilisco, respondió: “¡Sí señor, me parece bien irritarme hasta reventar!”. Y fue cuando Yahvé Dios, con una bondad infinita y un poco triste, dijo esto: “Te dueles por un ricino por el que no te habías tomado ningún trabajo, que no habías hecho crecer tú, que creció en una noche y se marchitó en una noche. ¿Y no me voy a doler yo por Nínive, la gran ciudad, en que hay más de ciento veinte mil niños que no tienen todavía uso de razón, y una gran cantidad de animales?”.

He aquí una muestra en la que el autor, inspirado, nos muestra una forma pedagógica de enseñanza de Yahvé con el recurso de la ironía y el sutil humor. Una herramienta usada por muchos pedagogos para conseguir que aquellas ideas profundamente incrustadas en las personas puedan ser cambiadas. Además de la genial muestra de Jonás, como personaje que dentro de las exageraciones nos muestra un personaje muy, muy humano, alejado de misticismos o personajes míticos que hemos encontrado a lo largo de la lectura de los textos bíblicos. Toda una joya de libro.

Nacho Padró

Job, el irónico

Job significa probablemente “el que se vuelve hacia Dios”. El personaje es conocido en la tradición israelita (Ez 14,14.20). El problema que plantea el libro es antiguo: cómo hacer compatible el dolor y los males que padece un hombre inocente, con la justicia de Dios. El libro no aporta ninguna solución nueva; lo que hay que hacer es inclinarse con humildad ante Dios reconociendo nuestra limitación y su grandeza infinita.
Pero el artículo de Yahir Hoffman sobre la ironía en la interpretación exegética del libro de Job116, nos abre una nueva perspectiva de un libro de diálogo sobre el sufrimiento y donde, como apunta el autor, “la falta de ironía hace que las quejas, y las respuestas a éstas, suenen a algo superficial y esquemático. No ocurre así con el libro de Job, obra en que el tono irónico juega un gran papel en el conjunto del libro”.
Sabemos que la ironía, como ya hemos apuntado, es el recurso de la inteligencia y con ella es sutil y no pocas veces pasa desapercibida, incluso cuesta de reconocer si no la buscas. Para facilitar la faena usaremos el mismo esquema de grados irónicos que hay en el libro de Job y que usa Hoffmann

A. Observaciones irónicas de los diferentes personajes, que se dirigen unos a otros y que son entendidas por todos: Job, sus amigos y el lector.
B. Actitud irónica del autor hacia sus protagonistas, que es entendida por el lector, pero no por Job o por sus amigos.
C. Ironía que el autor dirige contra el lector.
D. Ironía que el autor dirige contra su obra o, si se prefiere, contra él mismo.

A. Observaciones irónicas de Job, sus amigos y Dios
Presentes en el libro de forma general. La ironía de este tipo se supone que es entendida por el que habla, los que escuchan y los lectores:
·      (6,25): "¡Qué dulces son las razones ecuánimes!" (Job a sus amigos).
·      (9,2-3) "Bien sé yo, en verdad, que es así: ¿cómo ante Dios puede ser justo un hombre?". (Job a sus amigos; aquí él está irónicamente de acuerdo con sus amigos, quienes creen que el hombre no puede medirse con Dios, cuya justicia es total. Job, sin embargo, parece estar de acuerdo sólo con la apariencia: él atribuye esto a la fuerza de Dios y no a su rectitud).
·      (12,2): "En verdad, vosotros sois el pueblo, con vosotros la sabiduría morirá". (Job a sus amigos. La ironía viene a ser aún más aguda leyendo a continuación los versículos 7-9: "Pero interroga a la bestias, que te instruyan... Pues entre todas ellas, ¿quién ignora que la mano de Dios ha hecho esto?).
·      (4,3): Las palabras de Elifaz, "Mira, tú dabas lección a mucha gente" son interpretadas por algunos como agudamente irónicas. En apariencia parecen palabras de consuelo, pero en realidad son una crítica a la hipocresía de Job. Cfr. también 5,1; 13,5; 15,4; 26, 2-3; 27,2; 32, 14. También la respuesta de Dios a Job al final parece basarse en la ironía (cfr. 38,4; 40, 6-14).

Ironía entre el autor y el lector, no percibida por Job y sus amigos
El tipo de ironía citado en los ejemplos de arriba es fácilmente perceptible, y su función es caracterizar los argumentos amargos y burlones, que llenan la obra. Sin embargo, esta ironía tiene todavía otra función para el lector: lo prepara y sensibiliza para una ironía de tipo más sutil.
En relación a esto, nos fijaremos en primer lugar en la estructura de la obra y en el papel especial del prólogo, en el que el autor adopta una postura omnisciente, compartiendo con el lector un material que no conocen Job y sus amigos. Esto nos coloca en una posición en que estamos mejor informados que los protagonistas.
La posición en que se encuentra el lector es también un factor clavé de alienación. Previene de una simple y cándida identificación con los protagonistas, y requiere un examen constante de lo que se está diciendo, a dos niveles: el nivel que es obvio a Job y a sus amigos, y otro nivel creado por las cosas que además sabe el lector.
Un punto de vista irónico es casi inevitable, forzándonos a ver cada cosa desde otro ángulo, desconocido para Job y sus amigos. De dicho ángulo nosotros podemos señalar una serie de observaciones las cuales resultan claramente irónicas cuando son vistas desde el nivel especial del lector.

1) Después de todo, nosotros sabemos que la riqueza de Job es debida al favor divino; nosotros sabemos que sin esta riqueza Satán no hubiese tenido motivo para decir: "¿No has levantado tú una valla en torno a él, a su casa y a todas sus posesiones?... Tú has bendecido la obra de sus manos... "(1,10). Irónicamente, lo que Job ve como una bendición divina podría ser visto como lo opuesto. Sin embargo, la pregunta que inquieta a Job y a sus amigos es porqué Job sufre a pesar de su justicia inmediatamente toma una forma irónica para el lector, quien conoce que Job sufre a causa de su justicia.
2) Las palabras de Bildad en 8,3: "¿Acaso Dios tuerce lo derecho?" y en 8,20; "Dios no rechaza al íntegro”, son cuestiones retóricas fundadas en el axioma de que Dios no tuerce la justicia ni castiga al inocente y como tales son entendidas también por Job. Sin embargo, nosotros que sabemos que Job sufre precisamente porque él es un hombre intachable, no podemos dejar de percibir el gesto irónico del autor hacia nosotros, que nos viene a decir: ¿veis hasta qué punto es válido ese axioma?
3) En los dos ejemplos que siguen se logra la ironía a través de la asociación de dos textos. Job dice a Dios: "Me llamarías y te respondería" (14,15). Esta yuxtaposición de "llamada" y "respuesta" es muy común; es una fórmula bien conocida en el libro de los Salmos y en la literatura profética. Allí indica la llamada del hombre y el deseo de Dios por salvarle del mal y de la muerte, pero aquí el autor ha cambiado el sentido: es Dios quien llamó y el hombre quien responde a una orden de morir. Como la ironía aquí es tan aguda y se basa en asociaciones lingüísticas, es difícil saber si el autor pone en boca de Job una ironía consciente o si utiliza la ironía solamente para beneficio del lector. En 13, 14-15, tenemos otro ejemplo de ironía derivada de una asociación lingüística; y aquí no hay duda de que sólo el lector está en el asunto, y que Job no sabe lo cerca que está de la verdad irónica. Si Dios le mata, ello será solamente para propio beneficio de Job, quien prefiere la muerte a la vida. Pero el lector sabe que Job continuará sufriendo sin muerte que lo redima, y aquí está la ironía sólo conocida por el lector (Cfr. también 2, 5- 6; 13, 14-15).

Cae actitud irónica del autor hacia el lector
Ya nos hemos referido al puesto de preferencia que tiene el lector, y cómo éste conoce más que Job y sus amigos. Así, pues, el lector está protegido de errores y juicios que podría hacer por ignorancia de los verdaderos motivos de los acontecimientos. Por ejemplo, nosotros sabemos que las varias soluciones propuestas por los amigos de Job no pueden solucionar el problema: Elifaz y sus amigos representan al creyente dogmático qué rodea su fe con filosofías y teorías derivadas del concepto humano de justicia. El autor, sin embargo, nos coloca un escalón más arriba y nos hace impermeables a este tipo de pensamiento.
¿Pero de verdad somos nosotros, los lectores, impermeables? Parece como si el autor hubiera colocado una trampa para enseñar que "los inteligentes lectores" son víctimas del mismo modo de pensar que los amigos de Job. A pesar de nuestro mayor conocimiento, nuestra debilidad humana y nuestras ideas convencionales prevalecen. 
Me refiero ahora a las observaciones sobre los hijos de Job. En dos ocasiones, los amigos de Job sugieren que ellos murieron en pecado. Elifaz alude a esto en 5,4: "¡Estén sus hijos lejos de toda salvación, sin defensor hollados en la Puerta!". Bildad es más explícito, cuando le dice a Job: "Si tus hijos pecaron contra él, ya los dejó a merced de sus delitos" (8,4).
Parece como si el autor, intencionadamente, presentase las cosas en el prólogo para hacer que el lector estuviese de acuerdo con este punto de vista, o al menos considerase la suposición de que los hijos de Job fueron castigados por sus pecados. La descripción en 1,5 sobre el estilo de vida de éstos, es decir, las fiestas diarias, y los temores del propio Job de que ellos pudieran haber pecado o blasfemado contra Dios (incluso en sus pensamientos), invita a hacer creer al lector que la muerte de los hijos fue una consecuencia del simple principio de la retribución.
Sin embargo, el lector, a diferencia de Job y sus amigos, no debe cometer tal error porque él sabe que los hijos de Job murieron a petición de Satán, y no por causa de sus propias faltas. Así, pues, nosotros podemos decir que la manera como el autor escribe la narración impulsa al lector hacia un pensamiento convencional, mientras que en realidad él estaría midiendo las realidades en dos dimensiones. La ironía está ahora dirigida a cualquiera que se considere con un conocimiento superior, creyendo no ser superficial como los amigos de Job.

D. Auto-ironía
Ya se ha visto que el principal problema exegético en el libro de Job es la actitud hacia el tema central; actitud que es recogida en los capítulos 38-41, en el discurso de Dios, que es definido claramente como una respuesta a Job. Sin embargo, ¿qué respuestas da este discurso divino a las preguntas críticas de Job? Cualquiera que trate de entender la obra debe enfrentarse con el problema, para el cual se dan muchas soluciones. Si nosotros las clasificamos en tres grupos principales, las posibilidades pueden ser las siguientes:
a) El discurso de Dios es una respuesta adecuada a las protestas de Job.
b) El discurso contiene réplicas no convincentes a las acusaciones de Job; y esto es precisamente lo que pretende decirnos, que el autor ha fracasado en su intento.
c)El discurso contiene réplicas no convincentes; el autor pone intencionadamente palabras evasivas en la boca de Dios: El no da a conocer todo el misterio. Cualquiera que diga que la respuesta de Dios es persuasiva y honesta, se está basando sobre lo que no se ha dicho. Lo que se ha ofrecido es solamente perspectivas, pistas, o, a lo más, un fundamento para formulaciones analógicas.
Permítaseme demostrar esto brevemente usando unas cuantas soluciones tradicionales, pero sin tomar posición sobre ellas:
1. La revelación divina es en sí misma una respuesta. Así pues, Dios manifiesta a Job que el sufrimiento humano no es olvidado ni abandonado. Sin embargo, Dios no hace mención alguna en este sentido, por lo que cualquiera que reclame ésta como la solución no se basa en lo que es explícito en el texto.
2. La creación es descrita como algo completo y perfecto. La analogía es que todos los hechos de Dios, y sus relaciones con los seres humanos, incluso Job, son perfectas. De nuevo debemos decir que esto no es explícito; a lo más, puede ser leído entre líneas.
3. Lo mismo hay que mantener para la opinión de que la creación nos enseña que la justicia divina es mayor y más sublime que la justicia humana, y que eso es lo que el autor trataba de decirnos.
4. Según otra explicación, Dios le prueba a Job que "Tú no puedes entender el secreto de ninguna cosa o ser en el mundo, cuánto menos el secreto del destino del hombre". Aquí también el punto principal no es expresado abiertamente, sino derivado de una inferencia.
5. La respuesta divina no está encadenada al código "moral" impuesto sobre sí mismo por el hombre. La moralidad es un ideal humano-social independiente, del cual no necesita depender la conducta del entero universo.
Hoffman considera que la respuesta correcta es la (c), dejando a un lado la (b) y la idea de que el autor ha fracasado. Pienso que el autor se ha presentado irónicamente a sí mismo como alguien que sabe las respuestas a las preguntas que ha formulado. Sin embargo, parece que se da exactamente lo contrario. Lo que realmente se está diciendo es: “yo no puedo responder a las difíciles preguntas que he formulado, y ellas son todavía tan problemáticas como al principio”.
La creación de una teoría autodestructiva (lo cual es la respuesta divina) es una expresión de la incertidumbre del autor. Es una disfrazada confesión: “yo traté de solucionar el problema pero esto es lo mejor que pude hacer”. Es una admisión irónica de fracaso. Esta admisión personal tiene otro, aún más profundo, significado: nosotros somos llevados a considerar que el fracaso no es debido a incapacidad por parte del autor; esto puede ser totalmente objetivo si consideramos que los métodos de Dios no coinciden realmente con la aceptación de los principios de justicia y moralidad.

Nosotros llegamos aquí a la auto-ironía del hombre como hombre: todo lo que yo puedo hacer, como ser humano, es desengañarme de que hay una solución al problema de la recompensa divina, y enmascarar mis desilusiones de una manera o de otra. La verdad irónica es que yo debo aceptar mi destino. Esta ironía que el autor dirige hacia sí mismo (la cual es difícil para el lector de identificar), viene a ser la ironía que el hombre (el lector) dirige también hacia sí mismo (la cual es difícil para el lector de aceptar).Otro punto de refuerzo será la visión del epílogo de la obra. Considerando la importancia del prólogo en la estructura de la obra y en la modelación del tono irónico, diremos también unas cuantas palabras sobre el epílogo. El final mítico y apacible parece contradecir la naturaleza de la obra y los problemas que en ella se han planteado. Ahora bien, el epílogo es problemático solamente para aquellos que buscan en él una continuación simplista de la "respuesta" divina. Este no es el caso si nosotros aplicamos el principio de la ironía, como nosotros hemos hecho hasta ahora. Pienso que el epílogo es irónico en el pleno sentido de la palabra. Contándonos el regreso de Job a una vida afortunada, el autor está diciéndonos que el problema ha sido solucionado: pero solamente en el mundo del mito, en la realidad no hay solución. El carácter mítico del epílogo es actualmente una contribución importante al mensaje irónico de la obra. Este, con su estilo, crea un efectivo equilibrio con el prólogo.

Nacho Padró