martes, 27 de diciembre de 2022

El origen del árbol de Navidad y cómo se remonta a tradiciones paganas previas al cristianismo

 Lejos de tener un inicio relacionado con la religión, los primeros ejemplares de lo que hoy conocemos como árbol de navidad proceden de tradiciones paganas anteriores al nacimiento de Cristo.

De hecho, según el divulgador Alfred López, una de las hipótesis es que este adorno festivo procede de la cultura celta. Esta civilización dividía los años en función de las horas de luz diarias: distinguían los días con luz y los días sin ella. Estos últimos, comenzaban con la llegada del solsticio de invierno, que coincidía con su año nuevo (y con la Natividad cristiana).

"Para tener suerte durante toda la época de nieves y de frío, consagraban esa suerte a un árbol, llamado Yggdrasil, conocido como el árbol del universo", explica en este vídeo López. "Estaba dedicado a Frey, el dios del sol y de la fertilidad. Por eso lo decoraban".

Como explica López, San Bonifacio, uno de los encargados de propagar la palabra de las sagradas escrituras a través de centro Europa hacia el norte en el siglo VIII, tomó este ejemplo de adorar a un árbol y lo incorporó al cristianismo. "Ya no solo explicaba el motivo (por qué y qué se celebraba en los días de Navidad: el nacimiento del niño Jesús) sino también que habría que poner unos cuantos elementos. Uno de ellos fue la transformación de ese árbol en un árbol decorado, dedicado al niño Jesús", apunta.

Se dice que el misionero taló el árbol y ofreció, en su lugar, un abeto: un árbol de paz que "representa la vida eterna porque sus hojas siempre están verdes" y porque su copa "señala al cielo", según explica este artículo de National Geographic.

Si eres fiel seguidor de esta tradición navideña y te has preguntado alguna vez qué tipo de árbol es el más adecuado, si uno natural o uno artificial. puedes echar un vistazo a este otro artículo de El País. La respuesta parece ser, en ambas opciones, un consumo responsable: si es natural, utilizar uno plantado o, en su defecto, replantarlo tras su uso. 

Si es artificial, aprovecharlo hasta el final de su vida útil (ya que la huella de su producción es de 40 kg de dióxido de carbono, lo mismo que utilizar el coche 10 días y medio consecutivos para recorrer 20 km por jornada). ¿La opción más sostenible? Confeccionarlo tú mismo reutilizando materiales como cartón, telas, botellas o latas.

Primera fecha de publicación: 30/12/2019.


julio i, el papa que instauró la navidad el 25 de diciembre

 Natividad

Foto: CC

hoy en día el 25 de diciembre es celebrado en buena parte del mundo cristiano, pero no siempre fue así. La fecha de la Navidad fue establecida en el siglo IV por el papa Julio I, por motivos más prácticos que relacionados con la fe: hasta entonces se celebraba el 6 de enero, el día de la Epifanía; y de hecho, algunas iglesias siguen observando esa fecha original.

Cómo es posible que en pleno 2023 sigamos obsesionados con las "mejores profecías" de Nostradamus

 Hace unos meses, preparando un reportaje, acabé en un pequeño pueblo de la Alpujarra granadina. Y cuando digo "pequeño", digo "pequeño". Por no tener, Cástaras no tenía ni bar: pero estaba lleno de gente. Todos deseando a que Pura, la curandera del municipio, les ayudara con sus problemas. 

En aquel momento me sorprendió, pero al ver estos días las decenas de publicaciones sobre las "escalofriantes profecías" de Nostradamus para 2023 comprendo que lo de Cástaras no es más que una anécdota local de un fenómeno global: medio mundo sigue enganchado a la adivinación y el ocultismo. Y en esto, hay que reconocerlo, Nostradamus no tiene rival. Pero ¿por qué?

Es decir, ¿Qué hace que Michel de Nostredame, un oscuro boticario francés del siglo XVI, se haya convertido en el 'gran' profeta moderno? ¿Qué lo ha convertido en la "estrella de la adivinación" en un terreno con tal cantidad de aspirantes a mediums y visionarios? Eso vamos a tratar de averiguar hoy.

¿Quién era realmente Michel de Nostredame?

nostradamus
BlueBreezeWiki 

Hijo de un escribano con nueve hijos, el joven Michel de Nostredame tuvo mala suerte en general. Sabemos, por ejemplo, que con 14 años entró en la Universidad de Aviñón, pero que poco después esta cerró por un brote de peste. Eso le obligó a ganarse la vida como pudo (especialmente como boticario) durante casi una década hasta que reunió el dinero necesario para volver a matricularse, esta vez, en la Universidad de Montpellier para estudiar medicina.

No pasó otro año hasta que fue expulsado de ella. Primero por haber trabajado como boticario (un "oficio manual" expresamente prohibido por los estatutos de la institución) y, segundo, por haber estado durante los años de boticario hablando mal de los médicos. En los siguientes años, siguió trabajando como boticario y ganó cierto prestigio como fabricante de un medicamento (una supuesta "píldora de rosas") que protegía de la peste. 

Por supuesto, no funcionaba. En 1534, su mujer y sus hijos murieron precisamente por la peste. Ahí la información se vuelve confusa durante años. Los expertos coinciden en que continuó viajando, como había hecho desde al menos 1531, por Francia e Italia. Tras eso, durante la década de los 40, se dedicó a combatir la peste por todo el sur de Francia hasta que, finalmente, se asentó en Salon-de-Provence, se casó con una viuda rica y tuvo seis hijos. Aquí empieza la historia que nos interesa.

El camino a la oscuridad

Nostradamus Prophecies
The P.I. Nixon Medical History Library de la Universidad de Texas en San Antonio 

A partir de ese momento, algunos dicen que por el desengaño que le provocó la incapacidad de la medicina para combatir a la peste, se empezó a alejar de la ciencia y a acercarse al ocultismo. Desde 1550 editó un almanaque. Este tipo de publicaciones eran tremendamente populares en la época. Se trataban de pequeños calendarios que repletos de datos astronómicos ("como ortos y ocasos del Sol, su entrada en cada signo del Zodíaco, principio de las estaciones, fases de la Luna, etc." y otras informaciones sobre cuestiones agrícolas, religiosas, sociales y de todo tipo.

El almanaque de Nostradame fue muy popular y, examinándolo, se puede ver cómo edición tras edición se fue llenando cada vez más de profecías. No es algo extraño. "Cuando los almanaques fueron concebidos por primera vez, había muy poca diferencia entre predecir los movimientos de las estrellas y predecir el futuro en el sentido de la adivinación". Para la época de Nostradame eso ya no era así, pero el público pedía lo que pedía. Lo que parece que sigue pidiendo.

En los siguientes años, la fama de Nostradame como vidente fue creciendo. Aunque los expertos señalan que nunca fue muy diestro con las técnicas adivinatorias más comunes, eso no le impidió hacerse un hueco como asesor de referencia de buena parte de la clase dirigente de la Europa del momento. Destaca Catalina de Médicis, esposa del rey Enrique II de Francia. Fue entonces cuando empezó a confeccionar su obra magna, 'Las Profecías'. 

¿Cómo se convirtió en lo que es hoy?

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Viva Luna Studios 

Esa es la pregunta central, claro. Sobre todo, porque no hay nada en la historia de Nostradamus esencialmente distinto de otros muchos profetas con un buen acceso a los poderes fácticos de su época. Es más, muchos estudiosos de su trabajo han mostrado de forma convincente que la mayoría de las profecías del adivino de la Provenza no son más que un refrito de profecías y hechos históricos. ¿Qué pasó para que la obra de Nostradamus haya alcanzado esta popularidad?

Sería injusto decir que el legado de Nostradamus se olvidó tras su muerte. Al contrario, muchos de sus seguidores siguieron republicando su trabajo y modificándolo para reforzar la idea de que realmente tenía un carácter adivinatorio. El ejemplo más claro es la parte de las profecías que se dedica a la muerte del rey Enrique II no apareció impresa por primera vez hasta 1614, medio siglo después de la muerte de dicho rey.

No obstante, nada de eso lo hizo realmente popular. Si queremos encontrar un momento clave de la historia de Nostradame, tenemos que irnos a 1947, cuando Henry C. Roberts publicó 'The Complete Prophecies of Nostradamus'. Este libro fue un éxito de ventas en los países de habla inglesa e inauguró todo un género nuevo: el del exegeta contemporáneo que interpreta las (extremadamente crípticas) cuartetas de Nostradame para que encajara con eventos históricos conocidos.

No hace falta decir que cualquier parecido con la realidad es accidental, pero (como podemos ver incluso hoy en día haciendo una pequeña búsqueda en Internet) el morbo que generan estas supuestas profecías son extremadamente atractivas para el público general. Los libros de profecías se cuentan a cientos, las copias vendidas a millones.

¿Qué tiene Nostradamus para convertirse en lo que se ha convertido?

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Rod Long 

El fenómeno que ha convertido a ese oscuro boticario francés del siglo XVI en Nostradamus es, como ocurre a menudo, una cuestión de estar en el sitio adecuado en el momento adecuado. El momento fue el revival del ocultismo (que, de la mano del New Age, volvía a hacerse mainstream tras la segunda Guerra Mundial). El lugar, la mesa de edición de la industria editorial norteamericana. 

Allí y entonces: Nostradame reunía una imagen muy potente de "sabio medieval" con un material muy difícil de interpretar. Es decir, muy fácil de retorcer y hacerlo encajar con nuestros deseos. Lo demás, tiene mucho de carambola histórica. Una carambola que nos ha llevado a estar hablando de él a finales del año del Señor de 2022. Quién se lo iba a decir.

miércoles, 21 de diciembre de 2022

martes, 20 de diciembre de 2022

“No en mi instituto”: El libro del estudiante que luchó por sacar la simbología religiosa de su cole

 Presentación del libro '¡No en mi instituto!' de Héctor Sánchez en el Rectorado

Héctor, el joven que con tan solo catorce años se pronunció sobre el uso de símbolos religiosos en las aulas del IES San Roque de Dos Torres, presentó este lunes el libro ¡No en mi instituto!. El autor, en la publicación, ha destacado su “lucha a favor de los derechos humanos”, según afirmó.  

Héctor Sánchez se convirtió, a sus 14 años, en el símbolo por la lucha de la laicidad de la educación pública en España. Este joven pidió que se retiraran los símbolos religiosos en un “espacio de educación neutro” como era su colegio, el IES San Roque de Dos Torres. En aquel entonces, el joven ya aseguraba llevar años persiguiendo esta meta, la cual no consiguió, ya que tuvo que trasladarse de centro para comenzar bachillerato.

¡No en mi instituto! recoge la historia de un alumno que “se planta ante la administración educativa que vulnera sus derechos. Héctor, con tan solo 12 años, comenzó a dar lecciones de cómo conseguir un mundo donde primen los derechos humanos, la dignidad de la persona, la no discriminación y la inclusión social. Valores propios de una escuela pública, laica y de calidad. Con 15 años luchó infatigablemente ante el director de su centro y la Delegación de Educación de Córdoba, llegando sus reivindicaciones a las más altas instancias educativas, para rechazar cualquier discriminación por razón de religión recogido en la Constitución, como la presencia de símbolos religiosos en las aulas”, según destaca su editorial, Círculo Rojo. “El libro se lo dedico a todas esas personas que quieren cambiar algo, a mis padres y a todas las asociaciones que me han apoyado”, destaca Héctor.

En pleno 2022, el joven responde cuál fue su principal impulso para llevar a cabo esta reivindicación: “fueron mis padres los que entraron y vieron los símbolos”. Desde ese momento quiso llevar a cabo esta reivindicación. El objetivo de esta publicación “es recoger toda la información que he hecho durante estos años para que los alumnos que se encuentren en la misma situación que yo tengan una referencia”. Para el autor escribir el libro no fue un acto “tan laborioso” ya que “recoger los escritos hechos para el director” fue un trabajo más ameno, aunque el hecho de publicarlo si le llevó mucho más tiempo. “Con esto hago un llamamiento para que todos luchen ya que la democracia es lo más importante”, añade el joven. 

Héctor Sánchez García-Sarasa ha explicado de esta forma su trayectoria  “No quiero ni pretendo cambiar el mundo en un instante, pero me impaciento cuando las cosas no van como las planeo, aunque estoy aprendiendo a tolerarlo y disfrutarlo. Me ha ayudado mucho para combatir esa impaciencia la lucha que, durante cuatro años, he tenido que vivir para que se retirara la simbología religiosa de todas las aulas de mi instituto público, el IES San Roque de Dos Torres, en Córdoba. Esta experiencia me ha hecho aprender que los derechos humanos hay que defenderlos siempre, que la democracia es algo frágil que hay que cuidar todos los días y que todo el mundo debe poner su grano de arena para decir basta, ¡no vulneréis más nuestros derechos!”.

La presentación de ¡No en mi instituto por una educación pública, laica y de calidad! se llevó a cabo en el Rectorado de la Universidad de Córdoba, y contó con la presencia del rector de la Universidad de Córdoba, Manuel Torralbo. 

no, jesucristo no nació en el año 1, según la historia

jesucristo es una figura tan importante que incluso marca el cambio de era en el calendario occidental, separándolo entre antes de su nacimiento (a.C.) y después de él (d.C.). Sin embargo, la fecha que se presupone para dicho nacimiento es incorrecta y el Jesús histórico, en realidad, habría nacido antes del año 1.

La intención de Constantino era facilitar el camino al cristianismo superponiendo sus prácticas a fiestas ya arraigadas en el mundo romano, una tendencia que se potenció cuando Teodosio la estableció como nueva religión oficial. Por ese motivo, la tradición cristiana está pensada para que fuese fácilmente asimilable para los romanos: los esfuerzos de conversión de toda la población del Imperio, con culturas y tradiciones tan diversas, exigían establecer un canon para muchas cuestiones que, hasta entonces, habían tenido una importancia menor, entre otras la fecha del nacimiento de Jesús. 

El Papa Francisco devolverá a Grecia tres fragmentos del Partenón de Atenas

 Partenón de Atenas

Partenón de Atenas Pixabay

El Papa Francisco ha decidido devolver a Grecia tres fragmentos del Partenón de Atenas y serán entregados al arzobispo de Atenas y de toda Grecia, Jerónimo II, como «signo concreto del deseo sincero de continuar en el camino ecuménico», según informa el portal oficial del Vaticano, Vatican News.

Estos tres fragmentos se conservan actualmente en las Colecciones Pontificias y en los Museos Vaticanos, donde han sido «cuidadosamente guardados durante siglos» y expuestos a millones de visitantes de todo el mundo, según precisa la Santa Sede.

Se trata de tres fragmentos que llegaron a Roma en el siglo XIX por vías desconocidas y que se reunieron en las colecciones del Museo Gregoriano Profano, por encargo del Papa Gregorio XVI. Están rasgados y deslavados en mármol pentélico, que pertenecía al legendario aparato decorativo del Partenón, esculpido por Fidias entre el 447 y el 432 antes de Cristo a instancias de Pericles.

El primero de ellos es una cabeza de caballo que procedía del frontón occidental del templo y que habría formado parte de uno de los cuatro caballos de la cuádriga conducida por la diosa Atenea, en disputa con Poseidón por el dominio de Ática. El segundo representa la cabeza de un niño que sostiene una bandeja, que debió formar parte del friso que cubría la celda del naos, el lugar más sagrado y secreto del templo porque albergaba la estatua criselefantina de Atenea Parthenos, obra también del célebre escultor griego.

Finalmente, el tercer relieve corresponde a una cabeza masculina con barba que habría sido identificada en una de las metopas colocadas en el lado sur del mismo templo, donde se representaba la centauromaquia, la lucha de los centauros contra los lapitas.

Hace un año, Jerónimo II y el Papa se encontraron con motivo del viaje de Francisco a Chipre y a la capital griega, del 2 al 6 de diciembre. Ambos reafirmaron su deseo de continuar juntos el camino de la fraternidad y la paz.

Los antiguos romanos también se hacían regalos por “Navidad”

 Llega el solsticio de invierno. Se acercan fechas de esparcimiento, un cierto desenfreno, bebida, trajes de fiesta e intercambio de regalos. Parecería que hablamos de la Navidad. Sin embargo, estoy hablando de una celebración de los antiguos romanos: Saturnalia o las fiestas de Saturno. 

Las saturnales: diversión y regalos

El día del dios Saturno se celebraba en Roma el 17 de diciembre. A lo largo de los años, el periodo de fiestas celebradas en su honor llegó a durar una semana, acercándose a lo que más tarde sería la fecha de la Navidad cristiana. Aunque el emperador Augusto redujo las saturnales a tres días, posteriormente la duración oficial se extendió hasta cinco. Según cuenta Suetonio, Calígula añadió un día a las fiestas como medida populista. 

A pesar de los vaivenes del calendario oficial, la gente celebraba esta fiesta durante siete jornadas. Unas fiestas se juntaban con otras cercanas en el tiempo, como ocurre en la actualidad. Y es que tras las saturnales venía la fiesta de los Sigillaria. Así se llamaba también el mercadillo donde se compraban figuritas de barro y otros productos que se regalaban por esta época. 

Las saturnales eran unas fiestas tremendamente populares. Era un tiempo de diversión, relajación e incluso inversión de las normas sociales. Los esclavos gozaban de cierta libertad y los libres se vestían con el pilleus, un gorro típico de los libertos. Ponerse este tocado era una de las muchas inversiones de roles sociales características de estas fiestas. De hecho, en las saturnales encontramos muchos elementos carnavalescos. 

Fresco que representa a jugadores de dados de la antigua Roma.



















Jugadores de dados. Fresco romano de la Osteria della Via di Mercurio (VI 10,1.19, sala b) de Pompeya. Wolfgang Rieger

Se permitían las apuestas en los juegos de azar, que estaban legalmente prohibidos el resto del año, y todo el mundo se entregaba al juego de dados. Había vacaciones judiciales y escolares. Se guardaba la toga y se vestía el traje de fiesta, la synthesis. Y, sobre todo, se comía, se bebía mucho y se intercambiaban regalos. 

En la literatura latina…

Poetas como Catulo o Marcial adoraban las saturnales. Sin embargo, no todos los escritores romanos disfrutaban con la algarabía de la fiesta. Plinio el Joven cuenta en sus Cartas que en una de sus fincas tenía un estudio aislado. A él se retiraba durante las ruidosas saturnales. “Así yo no estorbo la diversión de los míos, ni ellos mis estudios”, dice. 

Su coetáneo Marcial, en cambio, dedica muchos epigramas a esta fiesta. De hecho, aprovechaba esta época para publicar una edición anual de su poesía. El ambiente festivo y relajado propiciaba la lectura de su obra, a menudo ligera e irreverente. 

Marcial dedicó muchos epigramas al intercambio de regalos. Hacerse regalos era un elemento fundamental de las sociedades antiguas. Los romanos en concreto regalaban en numerosas ocasiones, no solo en diciembre. Se entregaban presentes en celebraciones como bodas y cumpleaños. En la fiesta de los Matronalia las mujeres casadas eran agasajadas. También se hacían regalos tras una convalecencia, como cuando visitamos a un enfermo y le llevamos bombones o flores. 

Pintura que representa las festividades de la Saturnalia.












Ave, Caesar! Io, Saturnalia! de Sir Lawrence Alma-Tadema. Wikimedia Commons

En muchos poemas Marcial se quejaba de recibir regalos ridículos o de segunda mano o, muy a menudo, de no haber recibido nada: “No me has enviado ningún obsequio a cambio de mi regalito y ya han pasado los cinco días de Saturno”. En otro epigrama incluye la lista de los regalos que ha recibido de uno de sus amigos, hechos por terceras personas: pequeños utensilios y comida (habas, aceitunas, mosto, higos, ciruelas…). 

Era frecuente, de hecho, regalar alimentos por las saturnales. En otra composición, el abogado Sabelo presume de todo lo que ha recibido. La lista abarca trigo, harina de habas, incienso, pimienta, embutidos, vino dulce, higos, cebollas, caracoles, queso, aceitunas, un juego de tazas y una servilleta… ¡una auténtica “cesta de Navidad”! 

Pero no todo eran presentes alimenticios. Los había para todos los bolsillos. Suetonio cuenta que Augusto regalaba por las saturnales tanto objetos lujosos como de poco valor. Probablemente se aluda en esa anécdota a las rifas, porque a veces los obsequios no se entregaban directamente, sino que se sorteaban en las cenas como forma de divertimento. 

Marcial dedica a los regalos un libro entero, titulado Apophoreta. Se trata de un catálogo de regalos, un ejercicio poético divertido e ingenioso. Cada presente se describe en dos versos (un dístico elegíaco), precedidos del nombre del obsequio. Los regalos se ordenan temáticamente y se alternan los más caros con otros más asequibles. 

El lector encontrará allí libros, utensilios, enseres, mobiliario, decoración, vajilla, velas. También artículos de belleza, objetos deportivos, comida y mascotas. No faltan joyas, ropa de hogar y de vestir (también ropa interior) o calzado (¡hay hasta pantuflas!). Se incluyen también instrumentos musicales, obras de arte y esclavos. Este libro es una mina de oro para los amantes de la cultura material de la Antigüedad. Quien tenga curiosidad encontrará este “catálogo de regalos” en el libro XIV de las obras completas de Marcial. 

Las saturnales no desaparecieron del todo

Las saturnales se siguieron celebrando hasta la Antigüedad tardía. En el siglo V Macrobio escribió un diálogo titulado Saturnalia. En él recoge las conversaciones eruditas en casa de un aristócrata durante esta festividad. El cristianismo incorporó muchas de estas celebraciones y costumbres paganas a la Navidad. 

No podemos trazar una línea de continuidad entre las fiestas navideñas actuales y las celebraciones en honor a Saturno. Sin embargo, cuando en estas fechas bebo algún vino dulce, me visto con ropa de fiesta, invito a familiares y amigos o hago y recibo regalos navideños, no puedo dejar de pensar en que en el fondo seguimos siendo romanos celebrando las saturnales. Io, Saturnalia!