viernes, 28 de diciembre de 2012

Implicaciones cristológicas de la querella iconoclasta



Entre los años 726 y 843 el Imperio bizantino fue desgarrado por las luchas internas entre los iconoclastas, partidarios de la prohibición de las imágenes religiosas, y los iconódulos, contrarios a dicha prohibición. La primera época iconoclasta se prolongó desde 726, año en que León III (717-741) suprimió el culto a las imágenes, hasta 783, cuando fue restablecido por el II Concilio de Nicea. La segunda etapa iconoclasta tuvo lugar entre 813 y 843. En este año fue restablecida definitivamente la ortodoxia. No fue un simple debate teológico entre iconoclastas e iconódulos, sino un enfrentamiento interno desatado por el patriarcado de Constantinopla, apoyado por el emperador León III, que pretendía acabar con la concentración de poder e influencia política y religiosa de los poderosos monasterios y sus apoyos territoriales. Según algunos autores, el conflicto iconoclasta refleja también la división entre el poder estatal —los emperadores, la mayoría partidarios de la iconoclasia—, y el eclesiástico —el patriarcado de Constantinopla, en general iconódulo—; también se ha señalado que mientras en Asia Menor los iconoclastas constituían la mayoría, en la parte europea del Imperio eran más predominantes los iconódulos.

Durante la crisis iconoclasta, vivida en el siglo VIII, las relaciones entre Roma y el Oriente estuvieron siempre en dificultades. Esta crisis fue, sin duda, una de las razones de la ruptura de Roma con Bizancio. Hay que tener en cuenta que el argumento más serio contra la iconoclasia formulada por el teólogo sirio y Padre de la Iglesia Juan de Damasco fue que se negó uno de los principios fundamentales de la fe cristiana, la doctrina de la encarnación. Según los defensores de las imágenes, el nacimiento humano de Cristo había hecho posible sus representaciones, que en cierto sentido común en la divinidad de su prototipo. El rechazo de estas imágenes, por lo tanto, automáticamente llevado a un rechazo de su causa con las implicaciones que acarrea. Además de sus aspectos teológicos, el movimiento iconoclasta afectó gravemente al arte bizantino.

A  nivel de implicación cristológica, hay que tener en cuenta que uno de los pilares de las guerras iconoclastas era la concepción de Cristo que permitía o no su representación. Su punto principal es que los iconoclastas son herejes cristológica, ya que negar un elemento esencial de la naturaleza humana de Cristo, es decir, que puede ser representado gráficamente. Esto equivale a una negación de su realidad y la calidad del material, por el que Iconoclastas reviviría la herejía monofisita. En relación con la imagen de Cristo hacen valer el siguiente razonamiento: Ya que Jesucristo es al mismo tiempo Dios y hombre, pintando su humanidad, o bien se la separa de la divinidad y entonces se defendería el nestorianismo y se dividiría a Cristo; o bien, se caería en el monofisismo al tratar de circunscribir la divinidad, cosa de todo punto imposible. Los iconoclastas piensan que la única imagen autorizada, como verdaderamente digna de adoración, es aquella que tiene lugar en la Eucaristía, mediante la consagración del pan y del vino. Este lenguaje está tomado de una antigua expresión patrística que se lee todavía en la Misa de S. Basilio y que llama a las oblatas de la Misa imágenes del Cuerpo y de la Sangre de Jesucristo. El Concilio celebrado en Nicea el año 787, que estableció la licitud de las imágenes y de su culto, fue un acontecimiento histórico no sólo para la fe, sino también para la cultura misma. El argumento decisivo que invocaron los Obispos para dirimir la discusión fue el misterio de la Encarnación: si el Hijo de Dios ha entrado en el mundo de las realidades visibles, tendiendo un puente con su humanidad entre lo visible y lo invisible, de forma análoga se puede pensar que una representación del misterio puede ser usada, en la lógica del signo, como evocación sensible del misterio. El icono no se venera por sí mismo, sino que lleva al sujeto representado. Es la verdad, definida en  el Concilio de Calcedonia, de la encarnación del Hijo en una única persona con dos naturalezas la que permite que la Palabra encarnada sea representada en imágenes y reciba culto por medio de ellas. La adoración corresponde sólo a Dios, pero las imágenes son veneradas con un honor que va dirigido a la persona representada y, en última instancia, a Dios

Nacho Padró

¿Por qué motivos, a partir del s. VI, los patriarcados de Alejandría y Antioquia se desdoblaron en una doble jerarquía, bizantina y monofisita?



Para contrarrestar las herejías trinitarias se crearon en Oriente dos grandes escuelas y dos direcciones en filosofía y teología: los de Alejandría que tendían a unificar (a confundir las dos naturalezas de Cristo) y los de Antioquia, que tendían a distinguir (a separar demasiado las dos naturalezas de Cristo). La cual cosa ya marcaba diferencias en la manera de enfocar los problemas teológicos.
Posteriormente entró con fuerza el monofisismo que fue la herejía más fuerte y más popular de la Antigüedad cristiana. Esto se debió también a motivos muy concretos de carácter político o político-eclesiástico, es decir, al cambio del orden jerárquico (vigente hasta entonces en Oriente) en favor de la residencia imperial, exaltada ahora como la Nueva Roma, con lo que quedaba rebajada la posición jerárquica de Alejandría. Así, sucedió que Alejandría, junto con la Iglesia de Egipto (con pocas excepciones), rechazó Calcedonia. Los monofisitas consiguieron apoderarse de casi todas las sedes episcopales en los patriarcados de Alejandría y Antioquia (Iglesia siríaca). Estamos hablando del cisma monofisita.
El Monofisismo surgió en la escuela de Alejandría, pero se difundió también por Siria y posteriormente Armenia. Se basaba en la doctrina de Cirilo de Alejandría llevada al extremo, y en reacción contra la doctrina nestoriana, dentro de la rivalidad entre las escuelas de Alejandría y Antioquia. Su predicador y portavoz más extremo fue el monje Eutiques, en Constantinopla. El monofisismo fue condenado por el Concilio de Calcedonia (451), pero continuó con fuerza, aunque de una forma más moderada, y tuvo como gran teólogo al patriarca Severo de Antioquia († 536). El monofisismo no dio nacimiento a la Iglesia siríaca Ortodoxa, pero sí que ésta se constituyó como rechazo del Concilio de Calcedonia y se organizó como tal a partir de 543, por obra de Jacobo Baradai. De hecho, sin embargo, el Concilio de Calcedonia marcará la separación entre la Iglesia ortodoxa bizantina y las otras Iglesias orientales, que lo rechazaron. Asimismo, intervinieron muchos otros factores: culturales (lenguas y terminología diferentes), y políticos (rechazo del Imperio bizantino dominador).
El Patriarcado greco-ortodoxo de Alejandría, de acuerdo con el Concilio de Calcedonia (451), es el segundo patriarcado de Oriente, inmediatamente después de Constantinopla, y el tercero de la pentarquía, incluyendo a Roma. Hasta el Concilio de Calcedonia había un solo titular del patriarcado. Después del concilio hubo una alternancia de patriarcas calcedonianos y no-calcedonianos o «monofisitas». Por lo tanto, había un solo titular de la sede patriarcal. A partir del s. VI encontramos ya una doble jerarquía correspondiente a las Iglesias que se reclaman de Alejandría, la copta, mayoritaria (unos 17 o 18 millones ya en el siglo VII) y la griega ortodoxa (unos 200.000 en el s. VII). La denominación greco-ortodoxa diferencia esta última Iglesia de la Iglesia copta, ambas alejandrinas. Con la invasión de los árabes, en el año 642, los griegos de Egipto, que aceptaron el Concilio de Calcedonia (451) y, por tanto, se mantuvieron fieles al emperador bizantino -y, por ello, fueron llamados «melkitas» ( del sirio malko, 'rey') -, fueron, por este motivo, perseguidos por los árabes. Esta Iglesia continuó manteniendo la antigua liturgia de Alejandría, como la Iglesia copta, pero gradualmente adoptó el rito bizantino, un hecho consumado en el siglo XII. Actualmente, la liturgia, de rito bizantino, es celebrada mayoritariamente en árabe, aunque los patriarcas sean de extracción griega.
Por su contra, la sede de Antioquia, la ciudad donde los discípulos de Cristo se llamarán por primera vez «cristianos», según los Hechos de los Apóstoles (Hch 11,26), hace remontar su línea episcopal a san Pedro. De acuerdo con el Concilio de Calcedonia (451), es el tercero entre los patriarcados orientales, y con la misma categoría, después de Constantinopla y Alejandría, y el cuarto de la pentarquía (incluyendo a Roma).
Hasta el Concilio de Calcedonia había un solo titular del patriarcado. Quienes lo aceptaron y se mantuvieron fieles al emperador bizantino, llamados por ello «melquitas» permanecieron en la órbita de Constantinopla frente a quienes rechazaron el concilio. Al igual que en Alejandría, apartir de la organización de la Iglesia siríaca por obra de Jaime Baradai (543), se estableció una doble jerarquía referida al patriarcado de Antioquia: la calcedoniana o greco-ortodoxa, de rito bizantino, y la no calcedoniana, llamada a menudo «jacobita» (por Jaime, Jacobo Baradai), de rito siro-antioqueno de la  Iglesia siríaca Ortodoxa.
El patriarcado greco-ortodoxo de Antioquia fue adoptando gradualmente el rito bizantino, proceso que era completo en el s. XII. Actualmente, la liturgia es celebrada en griego y en árabe. De hecho, los patriarcas son de extracción griega. El título del patriarca de Antioquia: «y de todo Oriente» hace referencia a la antigua diócesis romana de Oriente, con capital en Antioquia. 

Nacho Padró

Diferencias entre liturgia siro-antioquena y liturgia siro-oriental



La Liturgia Siro-Antioquena: es el conjunto de ritos litúrgicos derivados de la antigua iglesia de Antioquía se remite a la Didaskalia siríaca del siglo III,. Esas liturgias son las contenidas en las Constituciones Apostólicas del siglo IV(2, 57; 7, 39-45; 8, 5.11-15), luego la de Santiago en griego, la Liturgia Siria de Santiago y las anáforas sirias. La línea continúa con el rito bizantino (la más antigua liturgia de San Basilio y la posterior y más breve de San Juan Crisóstomo) y a través del rito armenio. La liturgia antioquena (o sirio-occidental), dividida actualmente en dos: la sirio-católica, unida a la Santa Sede, y la sirio-ortodoxa o jacobita, que no aceptó el concilio de Calcedonia y su formulación de la doble naturaleza de Cristo (monosifismo).
Se llama a esta liturgia a veces, jacobita, de Santiago Baradai, obispo de Edesa (†578); es común a la iglesia siro-ortodoxa y a su filiación moderna siro-católica; pero también a la iglesia siro-maronita, que forma una rama independiente con originalidades propias. Su origen se remonta a un fondo siro-palestinense primitivo, con fuerte influjo jerosolimitano (anáfora de Santiago), completado por un desarrollo que se creó en la época de las luchas cristológicas de los siglos V-VI y de los cismas consiguientes.
La preeminencia de la himnodia es una característica típica de la liturgia antioquena, que practicaba desde los tiempos de san Efrén el género de las homilías (mamre) y de las instrucciones (madrashe) en forma de catequesis rítmica. Las obras atribuidas a Severo de Antioquía son recogidas y traducidas al siríaco un siglo después por Pablo de Edesa (619-624). La tradición le atribuye también himnos en forma dialogada (sogyatha).
El año litúrgico se divide en nueve períodos: 1) Período inicial, desde el domingo de la dedicación u octavo antes de navidad; 2) Tiempo de la anunciación (Suboro); 3) Tiempo de navidad a epifanía.- 4) Tiempo de epifanía (Denho), desde el 6 de enero a la precuaresma 5) Tiempo precuaresmal, con tres domingos. En la primera semana se hace el ayuno de Nínive; 6) Cuaresma, con seis domingos; 7) Tiempo de pascua a pentecostés, con siete semanas 8) Tiempo de pentecostés a la exaltación de la santa Cruz, dividido en dos ciclos: a) domingos de los apóstoles, b) domingos del verano; 9) De la exaltación de la santa Cruz ala dedicación.
Los principales libros litúrgicos son: 1) el libro de las anáforas (Ktobo d’annafuras), que contiene sólo las oraciones recitadas por el sacerdote comprendido el sedro; 2) diaconal, con las órdenes, las amonestaciones, letanías diaconales de la fracción del pan y respuestas del pueblo; 3) ‘Atiqto (el antiguo), para las lecturas tomadas del AT; 4) Shlîho (Apóstol), para las perícopas paulinas, dividido en tres ciclos: a) domingos y fiestas móviles, b) fiestas fijas, c) para los días sin memoria de los santos 5) Evangeliario, dividido como el Apóstol; 6) la riquísima colección de himnos litúrgicos, contenida antiguamente en el Beth Gazo (tesoro), se conserva hoy principalmente en el Fanqîto, que contiene siete volúmenes con los oficios festivos, y en el Shehimo (simple, común), con los oficios semanales. A éstos hay que añadir: 7) el salterio; 8) el hyssoye, con los sedros sacerdotales; 9) el homiliario, del que se leen a veces largos párrafos.
La anáfora más típica y más usada es la llamada de Santiago. La lengua original de las anáforas es el griego; sólo después de los siglos VI-VII se tradujeron al siríaco. Los misales actuales contienen entre 7 y 12 anáforas de estructura similar: doxología del Trisaghion, anamnesis de la historia de la salvación con la narración de la institución, epíclesis y grandes intercesiones, divididas en seis cánones: por los padres de la jerarquía, los hermanos, los reyes, los santos, los padres y los maestros, los difuntos. Las anáforas siríacas conocidas son más de 70, todas diversas entre sí incluso en el texto de la narración de la institución. Las lecturas bíblicas son seis (tres del AT, una de los Hechos o epíst. cat., una epístola paulina, evangelio).

La liturgia siro-occidental se caracteriza también por el uso del sedro (orden), un formulario sacerdotal de origen sinagogal (de cierto parecido con las 18 bendiciones), compuesto, en prosa, de un proemio y de un sedro propiamente dicho, es decir, amonestación de naturaleza homilética llena de pensamientos bíblicos y referencias a la fiesta celebrada, al domingo, etc. Se puede añadir a esto un himno para el incienso (Qolo) y una petición por lo agradable del perfume (etro); originariamente, el sedro era una fórmula para la ofrenda vespertina y matutina del incienso. Cada domingo y fiesta tienen siempre un sedro propio para cada hora del oficio y la liturgia eucarística. La colección más antigua tiene 16, y posteriormente se han compuesto a centenares.
La liturgia siro-occidental es extraordinariamente rica en composiciones poéticas y eucologías (anáforas, sedros). La himnografía, la teología, la espiritualidad monástica han enriquecido en distintos tiempos el extenso patrimonio literario siríaco. Los ritos se conciben fundamentalmente como misterios, es decir, como simbolismos misteriosos de un mundo superior, y son en esto diferentes del sobrio minimalismo de los siro-orientales


La Liturgua Siro-Oriental: La liturgia siro-oriental usada por la antigua iglesia del Oriente deriva también de la antioquena. Las liturgias orientales se dividen en dos grupos: el alejandrino y el antioqueno. Al grupo alejandrino pertenecen los ritos Copto y etiópico. El grupo antioqueno se subdivide en el sirio-occidental y el sirio-oriental; el rito sirio-occidental comprende el sirio-antioqueno y el maronita y como ritos derivados, el bizantino  y el armenio en cuanto al rito sirio Oriental, o rito siro-caldeo.La iglesia siro-oriental  o caldea adquirió rasgos estables en la esfera de influencia de Edesa, foco de la cultura semítica cristiana en lengua siríaca y centro misionero para la propagación de la fe en el imperio persa. La élite cristiana de Persia se formó en la escuela de Edesa, especialmente en el período 363-489, cuando fue capaz de asimilar la doble cultura siria y griega y de familiarizarse con costumbres antioquenas. El influjo de Edesa se siente sobre todo en la himnografía, que es una antigua tradición local, ya ilustrada por los 150 himnos de Bardesano (siglo II) y los de san Efrén, que retoma de ellos el ritmo y la melodía, impregnándoles de una teología rica y profunda. La escasa penetración del helenismo y el alto número de comunidades judías de Mesopotamia, que se cristianizaron parcialmente poco después, integran el rasgo semítico de esta iglesia, que sigue el método de la explicación literal de la Escritura según el antiguo método del Targum y entiende podo el simbolismo teológico seguido entre los siro-occidentales.La codificación litúrgica tiene lugar en tres etapas fundamentales, ligadas a los nombres de importantes katholikoi:  1) 'Isho 'yab Ill (650-658): el rito del bautismo se simplifica y se adapta al bautismo de los niños, el catecumenado casi queda abolido. Isho'yab tiene predilección por el ritmo litúrgico septenario, que lleva a una transformación en la anáfora y a una organización del año litúrgico en series de siete semanas. Bajo su nombre se transmite el Hudrá, colección de oficios para los domingos del año, las fiestas y los días del ayuno de Nínive. Su reforma fija el orden de la salmodia y de los himnos para las vísperas, la oración matutina y las vigilias festivas. Entre los versos sálmicos se insertan estribillos (Qanona). El salterio se divide en 70 secciones (marmitha) o 20 hullale. Los oficios se extienden con la repetición de las respuestas (onitha). 2) Elia II Abu Halim al Haditi (1176-1190) enriquece el ya abundante género de las oraciones de origen eclesiástico, como la proclamación (karozutha, invocación diaconal que se remonta al siglo V, teológicamente rica) con una colección de oraciones sacerdotales integradas, bien en cada salmo o bien en cada marmitha al final de la vigilia o al principio del matutino. 3) Yahballaha (1190-1213), compilador del tesoro (Gazza), colección de himnos y antífonas para los nocturnos de las fiestas.Los principales libros litúrgicos son:  1) Hudrâ (ciclo), con las composiciones más antiguas para todos los oficios festivos; 2) Gazza (tesoro), colección de composiciones poéticas de Lelya (nocturno) para las fiestas y las memorias de los santos; 3) Kashkull (contiene todo): a diferencia del Hudrâ, que da sólo el principio de los textos festivos, éste contiene todo el texto ferial; 4) Warda (rosa), antología poética de antífonas ('onitha), atribuida al poeta Jorge Warda (†1300); 5) Abu Halim, oraciones de la mañana (Sapra), composición del homónimo katholikos; 6) Ktaba da-qdam wa-d-balar (libro de antes y después), ciclo que inicia el domingo de pascua con el propio del oficio durante semanas enteras, respetando la alternancia de domingos pares e impares; 7) Tres leccionarios: Leccionario para el AT , Epistolario, Evangeliario para la eucaristía; 8) Naqpayatha d-rase (suplemento de los misterios), cantos del propio eucarístico.El año litúrgico comprende nueve tiempos:  1) Anunciación (Subbara), cuatro domingos comenzando por el cuarto antes de navidad; 2) Epifanía (Denha), dura de cuatro a nueve semanas, desde el 6 de enero; y Rogación de Nínive, precuaresma de veinte días; 3) Cuaresma (Sawma), cuarenta y un días de ayuno; 4) Resurrección (Qyamta), siete domingos, desde pascua a pentecostés; 5) Apóstoles (Shlihe), ayuno de siete domingos comenzando desde pentecostés; 6) Verano (Qayta), período penitencial, desde el domingo séptimo después de pentecostés; 7) Elías (Eliyya), período variable de ayuno de seis-siete domingos, que empieza el séptimo domingo después del séptimo de pentecostés; 8) Moisés (Moshe), período penitencial variable de unas cuatro semanas, que comienza el séptimo domingo después del primer domingo de Elías 9) Dedicación (Quddash), período de cuatro domingos, desde el octavo antes de navidad hasta el cuarto, en que comienza el tiempo de la anunciación. Las anáforas usadas son las de los apóstoles; después, desde el siglo VII en adelante, las llamadas de Teodoro de Mopsuestia y de Nestorio, todas ellas remodeladas. Las lecturas bíblicas, originariamente oficio independiente, se unen a la eucaristía y son cuatro (dos del AT, san Pablo, evangelio).
Nacho Padró

Las «liturgia nestoriana» y «liturgia jacobita»,



En cuanto a las liturgias o ritos orientales, hay una gran variedad, y los nombres corresponden a Iglesias concretas (liturgia «copta», liturgia «armenia», etc.), Pero no responden a ninguna denominación doctrinal, por más que a menudo se habla de «liturgia nestoriana», «liturgia jacobita» y  todas las Iglesias ortodoxas en el sentido concreto que tiene hoy en día esta terminología siguen la liturgia «bizantina», con las variantes lingüísticas o particularidades ceremoniales de cada una, por ello no tiene sentido usar esa expresión para referirse a ellas, debidos a motivos históricos pasados y superados.
En el caso de la liturgia jacobita, frente a la siria, xomo las formas rituales son las mismas, tanto en la iglesia sirio-católica como sirio-jacobita, salvo raras excepciones, se puede hablar  del rito sirio-antioqueno como común a ambos. Las excepciones serian: Cuando se inicia la celebración eucarística en el rito sirio antioqueno,  el sacerdote, sin los ornamentos sagrados, después de una oración introductoria y el salmo 50 (pshito), sube al altar, lo besa y coloca el pan y el vino sobre el ketono o corporal. Concluye con una serie de oraciones: Proemio, sedro qolo'etro (incienso) y hutomo según el modelo de las horas menores del oficio canónico y después de revestirse en la sacristía, profundamente inclinado reza en voz baja una oración preparatoria, en cambio aquí  los jacobitas se ponen en cuclillas con las manos extendidas y al final el sacerdote entona el Credo de Nicea, e inciensa nuevamente altar, clero y pueblo; luego, el diácono da vuelta a la nave incensando al pueblo, mientras el sacerdote se lava las manos; y, después de una oración profundamente inclinado, en cambio los jacobitas se colocan de cuclillas. También enas palabras consecratorias varían de forma curiosa en algunas de las 70 anáforas. En los manuscritos que usan todavía hoy los jacobitas, faltan a veces por completo. Las palabras que faltan de la consagración no son suplidas por el sacerdote, que se limita a leer el manuscrito, tal como personalmente he presenciado en Damasco y en Jerusalén. Según los jacobitas, la transubstanciación se verifica en la epiclesis, que tiene lugar después de la conmemoración de la muerte, resurrección, ascensión, entronización y segunda venida del Señor.
Respecto a la Liturgia Nestoriana, destacar que fue Mar Aba (536-562), un convertido del zoroastrismo, el que tradujo del griego al siríaco la liturgia nestoriana todavía en uso desde entonces, por lo que las liturgias y otros libros rituales de nestorianos y caldeos están en siríaco clásico y eso provoca que las similitudes sean grandes.

Nacho Padró

La Liturgia Oriental de los Cristianos Orientales.


La liturgia ortodoxa está basada en el Eucologion que  corresponde al Ritual Latino, conteniendo principalmente la manera de celebrar la Santa Liturgia o en el Oficio Divino y de administrar los sacramentos y sacramentales. La Divina Liturgia es la santa misa por el rito bizantino. Se usa en las Iglesias orientales de tradición bizantina, comúnmente conocidas como ortodoxas estén o no en comunión con Roma. Algunos ortodoxos usan el nombre de «Santa ofrenda». Hay cuatro tipos de Divina Liturgia comúnmente en el rito bizantino:
  • La Divina Liturgia de San Juan Crisóstomo, celebrada en la mayor parte de los días del año.
  • La Divina Liturgia de San Basilio Magno, celebrada en los cinco domingos de Cuaresma (el Gran Ayuno) y en la fiesta de San Basilio (1 de enero), en la vigilia de la Navidad y de la Epifanía, el Jueves Santo y el Sábado Santo. Algunos celebran por tradición la Divina Liturgia de San Basilio también en la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz (14 de septiembre). Por lo tanto, esta liturgia se celebra diez u once días al año.
  • La Liturgia de los Dones Presantificados se celebra los miércoles y viernes de Cuaresma y los primeros tres días de la Semana Santa. Consiste esencialmente en el rezo de las vísperas a los cuales se añade la liturgia eucarística, a excepción de la consagración que aparece en precedencia. Tradicionalmente es atribuida al papa Gregorio Magno. En el rito latino se conserva en forma análoga en la liturgia del Viernes Santo.
  • Divina Liturgia de Santiago, que tradicionalmente es atribuida al primer obispo de Jerusalén, Santiago el Justo. Viene celebrada una vez al año con ocasión de la fiesta del santo, tradicionalmente sólo en Jerusalén, pero hoy en día también se celebra en otros lugares.
Todas las Iglesias ortodoxas en el sentido concreto que tiene hoy en día esta terminología siguen la liturgia «bizantina», con las variantes lingüísticas o particularidades ceremoniales de cada una. Liturgia «bizantina», porque es la que viene de Constantinopla, la antigua Bizancio. Pero tan liturgia bizantina es la de la Iglesia Griega como la de la Iglesia Rusa, Búlgara, etc. La distinción que se hace a veces, por ejemplo, entre liturgia bizantina y liturgia rusa no es científicamente correcta. La liturgia rusa es liturgia bizantina.En cuanto a las Iglesias ortodoxas orientales la denominación de la liturgia responde generalmente al nombre de la Iglesia, bien que hay, a veces, variedad de nombres. Así, la Iglesia Copto sigue la liturgia copta, la Iglesia Etiòpica (y la Iglesia Eritrea), la liturgia etiòpica; la Iglesia Armenia, la liturgia armenia, la Iglesia siríaca Ortodoxa, la liturgia siro-Antioqueño; la Iglesia Asiria, la liturgia siro-oriental o Caldea.

La liturgia Oriental, también llamada bizantina,  hay una gran variedad, y los nombres corresponden a Iglesias concretas (liturgia «copta», liturgia «armenia», etc.). En el rito católico oriental se permite que los sacerdotes se casen y la admisión inmediata de los niños bautizados a los sacramentos de la eucaristía y la confirmación. La cabeza suprema de las iglesias de rito oriental es el papa, siendo el órgano central de la Santa Sede que se ocupa de las mismas la Congregación para las Iglesias Orientales, siendo el prefecto el papa y un cardenal quien realiza las funciones ordinarias de presidente. La Congregación es competente para las iglesias orientales en todos los asuntos (salvo ciertos casos especificados) y tiene jurisdicción exclusiva en países concretos de Europa oriental y Oriente Medio.  Es muy importante no confundir estas iglesias de rito oriental, que están en plena comunión con Roma, con las iglesias orientales independientes, como son la copta, la jacobita, la armenia y la etíope, que no están en comunión ni con Roma ni con la Iglesia Ortodoxa Oriental, sino que tienen un carácter independiente, habiéndose separado en el siglo V por razones de doctrina cristológica, al rechazar las conclusiones del Concilio de Calcedonia que definió la dualidad de naturalezas y la unipersonalidad de Cristo. Estas iglesias orientales independientes son monofisitas

Nacho Padró