miércoles, 6 de septiembre de 2023

la curiosa "momia de la mala suert

 Carme Mayans

Especialista en Historia Antigua y Arqueología

la colección de antigüedades egipcias del Museo Británico de Londres acoge a una inquilina muy especial, una cubierta antropomorfa pintada, de madera y yeso, que una vez cubrió a la momia de una mujer, posiblemente una sacerdotisa de Amón Re. El objeto fue bautizado hace años como la "momia de la mala suerte" (The Unlucky Mummy), aunque en realidad tal momia no existe, sino que se trata tan solo de una tapa de ataúd.

La "momia de la mala suerte" se exhibe en una vitrina de la sala 62 del museo y lleva el número de identificación 22542, mide 1,62 metros, está pintada de vivos colores y recubierta de inscripciones jeroglíficas. Se trata de una representación femenina que lleva peluca, un gran collar y, lo más curioso, las manos colocadas de un modo extraño, surgiendo horizontalmente de su pecho y con las palmas hacia afuera. La pieza es de una gran belleza y se ha datado a finales de la dinastía XXI (950-900 a.C.).

UNA PIEZA MALDITA

Pero ¿por qué se le puso tan nefasto nombre? Pues porque, según cuenta la leyenda, a la propietaria de la tapa de ataúd, que al parecer tiene la mala costumbre de rondar por el museo por las noches, se le atribuyen las mil y una desgracias acaecidas a sus sucesivos propietarios y a quienes intentaron contar la historia de sus maldades, entre ellos algún intrépido reportero. Personajes de la talla de Yeats, Conan Doyle o Henry Rider Haggard hicieron referencia a la "momia de la mala suerte", e incluso un periódico tan respetado como The Times publicó en 1921 un artículo que hablaba de los peligros que corrían quienes se cruzaban en su camino.

La historia de esta cubierta de momia daría para escribir una apasionante novela de aventuras. Al parecer, el objeto fue adquirido a unos ladrones de tumbas por un tal Thomas Douglas Murray, miembro de un grupo de viajeros ingleses que se encontraba en Tebas entre 1860 y 1870. El viaje de regreso a Londres con el objeto fue de todo menos tranquilo. Tanto Murray como sus compañeros sufrieron diversos desastres: uno se adentró en el desierto y nunca volvió a aparecer, y otro perdió un brazo a causa del disparo accidental de un sirviente. Incluso la maldición les persiguió una vez en Inglaterra: un miembro del grupo se arruinó y otro contrajo una grave enfermedad que lo dejó postrado.

A la cubierta de momia de una sacerdotisa de Amón se le atribuyen las múltiples desgracias que acaecieron al grupo de ingleses que la adquirió durante un viaje a Egipto.

Coloso caído en el Ramesseum, el templo funerario de Ramsés II en Tebas. Grabado de David Roberts. Siglo XIX.

Coloso caído en el Ramesseum, el templo funerario de Ramsés II en Tebas. Grabado de David Roberts. Siglo XIX.

Cordon Press

Al final, el objeto acabó en manos de la señora Warwick Hunt, hermana de uno de los damnificados por la actuación "maléfica" de la sacerdotisa. Pero los miembros de su familia empezaron a sufrir también una serie de desdichas, por lo que decidió donar el objeto al Museo Británico en 1889. En el museo siguió causando estragos, algunos poco importantes, como las caídas de turistas, pero otros tan terribles como las muertes de un fotógrafo que intentó tomar una imagen del objeto o la del periodista Bertram Fletcher Robinson, que falleció en 1907 a causa de unas fiebres que algunos atribuyeron a la pérfida sacerdotisa, puesto que el reportero se había atrevido a divulgar sus supuestos maleficios.

ACUSADA DE HUNDIR EL TITANIC

Pero la historia más fascinante que rodea a esta pieza es la que afirma que fue la causante del hundimiento del Titanic, el impresionante transatlántico, joya de la naviera White Star, que se hundió en el Atlántico norte el 14 de abril de 1912. ¿Cómo surgió semejante historia? Al parecer, la leyenda sobre una momia maldita que iba en el barco fue lanzada por el periodista y espiritista William T. Stead, que viajaba a bordo del Titanic (y no sobrevivió). Reunido con otros viajeros en el salón de fumadores contó un relato de miedo protagonizado por las hazañas de la momia maldita, y añadió que viajaba a bordo del navío, enviada por su nuevo propietario, un multimillonario estadounidense, desde Inglaterra hasta su país de origen.

Pero aún hay más, ya que tras el hundimiento surgió otra increíble historia sobre las peripecias de la "momia de la mala suerte". Según esta, el objeto flotó y fue recogido por una empresa de salvamento que lo llevó a EE. UU. e intentó devolverlo a su propietario, que estaba en Londres. Pero el barco que transportaba a la "momia de la mala suerte" de nuevo a Inglaterra, el Empress of Ireland, también se hundió, y el sarcófago fue de nuevo recuperado de las aguas. Pero no acabarían aquí las tragedias. La momia fue entregada al káiser Guilermo, en Alemania, y poco después dio inicio la primera guerra mundial.

Una leyenda cuenta que el sarcófago de la sacerdotisa de Amón Re viajaba a bordo del Titanic y fue el causante del hundimiento del famoso transatlántico.

Reconstrucción del Titanic durante su navegación por el Atlántico Norte, antes de chocar contra un iceberg.

iStock

Evidentemente, en torno a la cubierta de ataúd de la supuesta sacerdotisa de Amón Re se mezclan todo tipo de informaciones, algunas verdaderas, otras tan solo rumores y la mayoría auténticos disparates, pero todo ello se inscribe dentro de la tradición sobre las maldiciones de antiguas momias egipcias, tan del gusto de la época. En todo caso, no queda ningún rastro del amuleto que, según decían algunos, llevaba en su cabeza y que rezaba así: "Despierta de tu postración y el rayo de tus ojos aniquilará a todos aquellos que quieran adueñarse de ti".

La hermosa tapa de sarcófago de la sala 62 del Museo Británico continúa observando a los visitantes con su media sonrisa y su expresión amable, y hace mucho tiempo que no se ha tenido que lamentar ninguna desgracia entre los miles de turistas que acuden a diario a contemplar las impresionantes colecciones de la institución londinense. De hecho, la mayoría pasa por delante de la "momia de la mala suerte" sin saber quién es, ni la historia que esconde, y ni siquiera se para a echarle un somero vistazo...

supersticiones, torturas y hogueras. así eran los juicios por brujería

 Die Gartenlaube

Foto: Ernst Keil's Nachfolger

¿cómo se desarrollaba un juicio por brujería? Ante esta pregunta la idea más común es que se arrojaba indiscriminadamente a la persona acusada -normalmente una mujer- a la hoguera, todavía viva. Esta impresión se debe en gran medida al arte, que ha inmortalizado algunas de las ejecuciones más famosas como la de Juana de Arco; pero precisamente por ello se trata de la parte más espectacular -y cruel- de un procedimiento muy reglamentado.La brutalidad de este fenómeno es innegable: según las fuentes históricas, alrededor de cincuenta mil personas fueron quemadas en la hoguera y muchas más fueron torturadas por acusaciones de brujeríaen los cerca de tres siglos y medio que duró la caza de brujas -y aunque la práctica se suele asociar a la Edad Media, lo cierto es que se desarrolló mayoritariamente durante la Edad Moderna, entre mediados del siglo XV y finales del XVIII. Y muchos de estos procesos estaban, con toda probabilidad, manipulados; pero contrariamente a lo que se muestra en la ficción, estaban regulados y en muchos casos terminaban con una penitencia menor, siendo la hoguera la pena capital pero no la más habitual.

SOSPECHAS Y ACUSACIONES

Ante todo hay que diferenciar entre procesos por herejía y por brujería. Los primeros constituían una ofensa religiosa y su juicio correspondía exclusivamente a los tribunales de la Inquisición que, si bien bajo el amparo común del Vaticano, operaban de forma independiente en los diversos países, aunque poseían mecanismos que podríamos llamar de extradición. En cambio, los procesos por brujería podían ser iniciados no solo por tribunales eclesiásticos sino también por los seculares; esto se debe a que la brujería no era solo una ofensa a la religión sino que constituía un delito penal, ya que estos supuestos poderes podían usarse para causar daño a otras personas. De hecho, según Pau Castell Granados -profesor de Historia Medieval de la Universidad de Barcelona- “la mayoría de los juicios por brujería eran iniciados por tribunales locales presididos por autoridades seculares, y muchas veces a petición de la propia población; una población que, en un contexto de muertes y epidemias, presionaba a las autoridades para que persiguieran, encontraran y castigaran a los culpables”.

Amuleto alemán del siglo XVIII

La población rural se protegía de supuestos conjuros demoníacos mediante amuletos.

Foto: ALBUM

Y naturalmente, la culpa solía recaer en grupos marginados -como los judíos- o en personas que de alguna manera eran percibidas como extrañas a la comunidad, que vivían apartadas o no se adaptaban a las normas sociales, como mujeres solteras que se dedicaban a actividades consideradas sospechosas como la preparación de ungüentos. La mayoría de acusaciones partían de la propia comunidad, que a menudo acusaba a estas personas “sospechosas” sin más pruebas que el hecho de parecerlo. Y si bien parte de ello se debía a la urgencia de encontrar un culpable, es indudable que las antipatías personales estaban detrás de muchas acusaciones.

Normalmente la culpa de epidemias, muertes o cualquier otra desgracia inesperada solía recaer en grupos marginados, como los judíos, o personas apartadas de la comunidad.

No hay que olvidar que la brujería era, en esencia, una herencia de las supersticiones de raíz pagana que sobrevivían, bien de forma negativa como las maldiciones o de forma positiva como los remedios preparados por curanderas. Desgracias como la muerte inexplicable de personas o de animales, las epidemias o la pérdida de cosechas, que hoy resultan comprensibles gracias al conocimiento científico, eran por aquel entonces atribuidas a la práctica de la brujería por parte de individuos que querían mal a la población. Prueba de lo arraigadas que estaban estas creencias es que el miedo a estas supuestas maldiciones perduró en zonas rurales de Europa hasta principios del siglo XX.

EL PROCESO Y EL JUICIO

La primera fase del proceso era llamada inquisitio de vox et fama (investigación de voz y reputación), durante la cual los jueces realizaban una investigación entre la población de la comunidad: les preguntaban sobre las desgracias a las que atribuían la acción de la magia, las personas que consideraban sospechosas y los motivos concretos por los cuales creían que se trataba de brujas -por ejemplo, si eran curanderas que preparaban remedios o si sufrían enfermedades mentales que se atribuían a una posesión maligna.Con estas informaciones, el tribunal elaboraba una lista de posibles culpables que eran arrestadas, encerradas en un calabozo y convocadas para que declarasen acerca de las prácticas de las que se les acusaba. En el caso de acusaciones por delitos graves, además, sus bienes eran confiscados.

La presunción de inocencia era un concepto desconocido y la sola acusación de brujería ya se consideraba una prueba incriminatoria.

El concepto de presunción de inocencia era desconocido y se consideraba que un cierto número de acusaciones ya constituían, de por sí, una especie de prueba incriminatoria que por norma general los jueces buscaban reforzar y demostrar. En casos de poca gravedad, la mejor opción para la persona acusada podía ser la de reconocerse culpable y confesar, ya que así podían evitar las penas más duras y “expiar” su culpa mediante el pago de una multa o acciones de penitencia.De hecho, en algunas épocas incluso se intentaba incentivar esta vía ya que constituía una fuente de ingresos para las arcas públicas o de ayuda gratuita. No obstante, el precio a pagar para quien se confesaba culpable era el ostracismo y, tras cumplir su condena, no le quedaba otra opción que emigrar a un lugar donde no le conocieran.

T. Mattson. El interrogatorio de una bruja (1853)
Foto: CC

Si la persona acusada mantenía su inocencia, correspondía al tribunal probar que era una bruja. Como primer procedimiento habitual se procedía al examen del cuerpo en busca de “señales del maligno”, como verrugas o lunares de forma “extraña” que supuestamente eran la prueba de un pacto con el Diablo. Si se encontraban, constituían una prueba suficiente para la condena, pero generalmente no era así. Se iniciaba entonces la fase más cruenta del juicio, llamada interlocutoria tormentorum, es decir, interrogatorio bajo tortura. El objetivo era arrancarle una confesión, objetivo que más pronto que tarde se conseguía casi siempre, incluso con acusaciones tan disparatadas como transformarse en animales y provocar lluvias de granizo. No obstante, las declaraciones obtenidas de esta manera debían ser ratificadas posteriormente por la persona acusada.Todos estos procedimientos estaban descritos con macabra minuciosidad en manuales como el Malleus maleficarum (“El martillo de las brujas”), publicado en 1486 y considerado la Biblia de los cazadores de brujas, con una exhaustiva lista de acciones provocadas por la brujería, métodos de detección de presuntas brujas, preguntas para el interrogatorio y métodos de tortura. De ahí que las confesiones arrancadas bajo tortura sigan un patrón similar -la acusada se reúne con el Diablo en forma de macho cabrío en una montaña, le jura lealtad y mantiene relaciones sexuales con él- ya que se basan en lo que, según estos manuales, hacía supuestamente una bruja para obtener sus poderes.

Tortura de una acusada de brujería

Una de las torturas más habituales consistía en colgar a la acusada por las manos e ir añadiendo pesos en los pies, provocando la dislocación de los miembros.

Foto: CC

LA CONDENA

Por la propia praxis de estos procedimientos, la mayoría de juicios terminaban en condena. Las personas acusadas raramente sabían leer y podían firmar confesiones que eran incapaces de entender. Incluso aunque contasen con un abogado defensor, a menudo este tenía poco margen de maniobra ante las confesiones obtenidas mediante tortura y, dada la presunción de culpabilidad, para conseguir una absolución debía demostrar y convencer al jurado de su inocencia sin la menor sombra de duda.

Los procedimientos para conseguir la "confesión" de las acusadas de brujería incluían las más variadas torturas.

Los procedimientos para demostrar dicha inocencia eran por lo general absurdos, como sacar un objeto sumergido en agua hirviendo como prueba de fe; otras veces, si la acusada tenía suerte, resultaban más “sencillos”, como la llamada “prueba de las lágrimas” en la que se le inducía a llorar -incluso mediante violencia física- para demostrar que no era una bruja, ya que supuestamente estas habían perdido la capacidad de llorar mediante su pacto con el Diablo. En estos casos, la víctima podía considerarse relativamente afortunada al ser absuelta, a pesar de los tormentos que había sufrido durante el juicio.

La muerte de Juana de Arco en la hoguera

El 30 de mayo de 1431 Juana de Arco fue sentenciada a morir en la hoguera en Ruán (Francia). Se la acusaba de hereje, reincidente, apóstata e idólatra: el proceso fue ideado por los ingleses para desprestigiar al rey de Francia, que había obtenido el trono gracias a ella.

ANN RONAN PICTURE LIBRARY / HERITAGE IMAGES / GTRES

Si la sentencia era condenatoria, no necesariamente implicaba la muerte. Si el delito era considerado menor -por ejemplo, la elaboración de pociones- se podía imponer una penitencia a la persona condenada, previa abjuración ante la cruz y un Evangelio. Mediante la abjuración, la acusada reconocía sus faltas, se arrepentía de ellas y se comprometía a acatar en adelante los principios de la Iglesia. Con ello se ganaba el derecho al perdón y a la “reconciliación”, es decir, a ser aceptada de nuevo en el seno de la comunidad cristiana, habiéndose librado de su pacto con el Diablo.

La hoguera se reservaba para tres casos: los crímenes graves (que implicasen la muerte de personas o daños graves a la comunidad), los condenados que se negaban a reconocer su culpa o a arrepentirse de ella y los relapsos, es decir, aquellos que habiendo sido reconciliados reincidían en su crimen -siempre, claro, según el criterio del tribunal. Antes de la ejecución se les daba una última oportunidad para arrepentirse y, si lo hacían, se les concedía la “clemencia” de ser ahorcados o estrangulados antes de arrojarles a la pira; en caso contrario, se les quemaba en vida. Ese fue el caso de la más famosa condenada por brujería, Juana de Arco: para la mentalidad de muchos, sus proezas solo eran posibles para una enviada de Dios o para una bruja, y sus enemigos tenían clara la respuesta.

miércoles, 30 de agosto de 2023

La espiritualidad es un negocio muy rentable

 Pese a que el laicismo crece en muchas regiones del mundo, el mercado de la espiritualidad está más vigente que nunca. La creación y explotación de productos asociados a temáticas espirituales se ha vuelto muy rentable. 

Solo en Estados Unidos, el valor de mercado de la organizaciones religiosas en 2022 fue de unos 156 000 millones de dólares. Y en la región de Asia-Pacífico el mercado religioso, con un valor de más de 5 000 millones de dólares en 2022, podría alcanzar los casi 16 000 millones en 2033.

Gran parte de esos beneficios proceden del turismo espiritual, que incluye peregrinajes a sitios de fe, retiros espirituales, turistas que visitan espacios religiosos por su valor histórico o cultural, museos y eventos periódicos o únicos, como las Jornadas Mundiales de la Juventud o las visitas papales, en el caso de la religión católica. Unos 600 millones de viajeros alrededor del mundo practican turismo espiritual. 

Hippies, contraculturales y místicos

Hace 50 años la contracultura hippie planteó una espiritualidad distinta a la que las grandes religiones proponían hasta entonces. El movimiento utilizó la meditación como forma de autoconocimiento y autocontrol. Esta propuesta fue bien acogida por muchos de los ídolos musicales de la época, entre ellos los Beatles.

“Los 4 de Liverpool” ayudaron a modificar la percepción que tenía la cultura occidental sobre la espiritualidad india cuando, en 1968, en pleno auge de su popularidad, hicieron un retiro espiritual en el ashram (un lugar de meditación y enseñanza hinduista) del gurú Mahesh Prasad Varma. Esto generó el deseo de miles de jóvenes de experimentar este tipo de vivencias. 

Bajo el influjo de esta experiencia mística, los Beatles compusieron canciones como  “Mother Nature’s Son”, “Sexy Sadie”, “All You Need is Love”, “Across the Universe” o “My Sweet Lord”, entre otras.

‘All You Need Is Love’ (1967, remasterización de 2009) de The Beatles. Fuente: The Beatles Official YouTube Channel.

Una espiritualidad no religiosa

El interés por el mundo místico, que no necesariamente tiene relación con las creencias religiosas, ha abierto el camino a otras maneras de buscar la salud emocional como el reiki, el yoga, la meditación trascendental y la acupuntura. Todas ellas han generado un enorme mercado de consumidores que pagan por clases presenciales o en línea, sesiones en centros de sanación, cursos de formación y materiales o accesorios relacionados con la práctica.

Si nos centramos en el mercado de los practicantes de yoga, tienen a su disposición tapetes y colchonetas especiales para su práctica, calcetines antideslizantes, ropa, cojines, bloques, correas, entre muchos otros productos. Por ello, marcas como Adidas, Fila, Puma o Reebok se han interesado por este segmento que, de acuerdo con el estudio realizado por Informes de Expertos, tuvo un valor de mercado en 2022 de 105,9 mil millones de dólares. Y se espera que llegue a los 177,6 mil millones de dólares en 2028.

Espiritualidad audiovisual

La industria cinematográfica no ha sido ajena a las expectativas de espiritualidad. La película Come, reza, ama, que trata sobre el viaje de autodescubrimiento de su protagonista, recaudó en taquilla más de 200 millones dólares. 




En las plataformas de streaming se pueden encontrar gran variedad de títulos sobre temas espirituales: desde el uso de la ayahuasca como medio para liberar el espíritu hasta peregrinaciones místicas en busca del autoconocimiento. Series como Para bien (o para mal) y Goop lab, con Gwyneth Paltrow, documentan la industria del bienestar, mostrando diferentes técnicas –en su mayoría con aspectos místicos– a las que recurren las personas en busca de salud física y emocional.

La película chilena de 2011 Dios me libre es una comedia satírica de lo que se conoce como religious broadcasting. 

Prácticamente todas las doctrinas religiosas han utilizado esta forma de comunicación. Sin embargo, las nuevas creencias místicas han hecho un negocio de la tecnología, con programas de ayuda a sus miembros mediante apps y llamadas telefónicas de apoyo pero de pago. 

Experiencia turística y religiosa

Uno de los destinos religiosos ejemplo de éxito en términos de producto turístico y comercialización es el Camino de Santiago, una ruta milenaria de peregrinación cristiana para visitar el sepulcro del apóstol del mismo nombre en la catedral de Santiago de Compostela, Galicia, en el noroeste de España. 

Hoy en día no todos los que recorren el camino lo hacen por sus creencias. De acuerdo con el portal oficial Oficina de Acogida del Peregrino, tan solo un 45 % de quienes lo han transitado en lo que va de 2023 lo han hecho por razones puramente religiosas. Es tal el éxito de la ruta que convoca a turistas de 165 países.

Para planificar la peregrinación, además de agencias de viajes, hay portales digitales donde se puede programar cada etapa y reservar el hospedaje de toda la ruta. Existe incluso una página web que ofrece una versión virtual de la peregrinación. El Camino de Santiago Virtual Challenge tiene 772 kilómetros y cada participante decide el tiempo en el que va recorrerlos. Previo pago, quienes completan todas las etapas en el tiempo estipulado reciben una medalla en reconocimiento de su peregrinaje.

hallan evidencias de la gran revuelta judía en una excavación en jerusalén

 


Destrucción Jerusalén
IAA

arqueólogos de la Autoridad de Antigüedades de Israel (IAA) han hallado evidencias de la destrucción romana de Jerusalén durante la Gran Revuelta Judía (años 66-73 d.C.) durante unas excavaciones llevadas a cabo en la Ciudad de David, en el complejo del Parque Nacional de las Murallas de Jerusalén. Las excavaciones han sacado a la luz edificios derrumbados y una variedad de objetos a lo largo del Camino del Peregrino, la calle principal de Jerusalén durante el período del Segundo Templo, donde las legiones romanas asediaron a los rebeldes que se refugiaban tras las murallas de la ciudad.

Jerusalen ciudad vieja

Ciudad vieja, Jerusalén, en la actualidad.

shutterstock

Los hallazgos dan fe de la cruenta batalla que se produjo en este lugar hace casi dos mil años, y que terminó con el incendio y saqueo de la ciudad. Dentro de uno de los edificios hay restos de vigas de madera quemadas de la época de la destrucción, además de vasijas de piedra decoradas, un peso de piedra, un crisol para fundir metal, un cuenco de bronce y una moneda acuñada durante los años de la revuelta con la inscripción: “Por la libertad de Sión”. También se hallaron restos de material bélico como puntas de flecha y proyectiles de ballestas romanas.

Según el doctor Yuval Baruch, arqueólogo de la Autoridad de Antigüedades de Israel, la intención es “desenterrar todo el largo y el ancho de la calle dentro de cinco años, y así completar la excavación de este sitio único que ya había llamado la atención de arqueólogos de todo el mundo hace unos cien años”. Añadió que, cuando se completen las excavaciones, “los restos de la calle se conservarán y desarrollarán y estarán listos para recibir adecenas de miles de visitantes que lo recorrerán”.

¿QUÉ FUE LA GRAN REVUELTA JUDÍA?

La destrucción de Jerusalén fue en respuesta a la Gran Revuelta, el primero de varios levantamientos de la población judía contra el Imperio Romano, después de que el emperador Augusto convirtiera Judea en una provincia romana y sus sucesores empezaran a llevar a cabo políticas de romanización que no fueron bien recibidas por una parte de la población local. Las semillas de la revuelta fueron en parte causadas por el aumento de las tensiones religiosas y los altos impuestos, lo que llevó al saqueo del Segundo Templo y al arresto de importantes figuras políticas y religiosas judías por parte de los romanos.

Los romanos movilizaron cuatro legiones para sofocar la rebelión y castigar al pueblo judío como ejemplo para los demás. Las legiones llegaron a Jerusalén en el año 70 d. C. y sitiaron la ciudad durante cuatro meses. Después de varias batallas, toda la ciudad y el Segundo Templo fueron destruidos. Flavio Josefo, historiador romano de origen judío, escribió que Jerusalén “fue tan completamente arrasada por aquellos que la demolieron hasta sus cimientos, que no quedó nada que pudiera sugerir a los visitantes que alguna vez había sido un lugar habitado”.

Según Nahshon Szanton y Moran Hagbi, los directores de la excavación, “las descripciones de Josefo de la batalla en la ciudad baja se pueden contrastar por primera vez cara a cara con las evidencias en el campo de una manera clara y escalofriante. En las excavaciones se descubrieron bolas de piedra, disparadas por catapultas utilizadas para bombardear Jerusalén durante el asedio romano de la ciudad. Las puntas de flecha, utilizadas por los rebeldes judíos en las duras batallas contra los legionarios romanos, se encontraron exactamente como las describió Josefo”.