Arqueólogos israelíes han descubierto una estructura con forma de pirámide en el desierto de Judea, cuya antigüedad, según cálculos preliminares, alcanza los 2,200 años. Durante todo este tiempo, los restos permanecieron ocultos y protegidos del desgaste del tiempo. En el interior de la pirámide se han encontrado vestigios como papiros con escritura griega, residuos de telas e incluso armas.
“Lo que tenemos aquí es una de las excavaciones arqueológicas más ricas e intrigantes jamás encontradas en el desierto de Judea”, expresaron los directores del proyecto, pertenecientes a la Autoridad de Antigüedades de Israel. De acuerdo con sus primeras estimaciones, cada piedra que conforma la probable pirámide está tallada a mano y pesa cientos de kilogramos.
Todavía no puede confirmarse la presencia de una pirámide en el desierto de Judea, pero en las próximas semanas su estructura será más clara.
AUTORIDAD DE ANTIGÜEDADES DE ISRAEL
Hace 2,200 años, el desierto de Judea estaba bajo la influencia del período helenístico. La región se encontraba dominada por los Ptolomeos y, posteriormente, por el imperio seléucida. A modo de contexto, los Ptolomeos fueron la dinastía que provino del general Ptolomeo I Sóter, uno de los principales colaboradores de Alejandro Magno. Tras la muerte del conquistador macedonio, Ptolomeo tomó control de regiones que hoy abarcan Egipto, Libia, Israel, Palestina y Líbano.
Una pirámide oculta en el desierto de Judea
Hace ocho años, la Autoridad de Antigüedades de Israel emprendió una operación para recuperar los vestigios arqueológicos del desierto de Judea y protegerlos del deterioro y de saqueos en la región. Para ello, los arqueólogos han empleado herramientas sofisticadas que han permitido identificar puntos clave para excavar.
La probable pirámide es uno de los descubrimientos más recientes. Alrededor de esta se ha establecido un campamento para extender las excavaciones durante al menos tres semanas más. Aún se desconoce el propósito original de la construcción, aunque algunas teorías sugieren que podría haber servido como torre de vigilancia para proteger rutas comerciales, el inicio de una tumba para alguien importante, o como un monumento conmemorativo de un evento histórico.
La pirámide de Zoser se habría edificado con un sistema hidráulico interior que permitía elevar una plataforma para llevar material a los niveles superiores.
No son comunes las pirámides en el desierto de Judea, pero la datación del periodo helenístico y su profunda vinculación con el pueblo egipcio pueden otorgar pistas al respecto.
“Ya en la primera semana de excavación, los voluntarios han encontrado documentos históricos escritos, excepcionales artefactos de bronce y restos de muebles antiguos que, gracias al clima del desierto, se han conservado en condiciones increíbles. Este sitio tiene un gran potencial: cada momento trae nuevos hallazgos, ¡y estamos llenos de expectativa por lo que las próximas semanas podrían revelar!”, declaró la Autoridad de Antigüedades de Israel.
Periodista especializado en historia y paleontología
Actualizado a · Lectura: 3 min
arqueólogos de la Autoridad de Antigüedades de Israel (IAA) han hallado evidencias de la destrucción romana de Jerusalén durante la Gran Revuelta Judía (años 66-73 d.C.) durante unas excavaciones llevadas a cabo en la Ciudad de David, en el complejo del Parque Nacional de las Murallas de Jerusalén. Las excavaciones han sacado a la luz edificios derrumbados y una variedad de objetos a lo largo del Camino del Peregrino, la calle principal de Jerusalén durante el período del Segundo Templo, donde las legiones romanas asediaron a los rebeldes que se refugiaban tras las murallas de la ciudad.
Ciudad vieja, Jerusalén, en la actualidad.
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Los hallazgos dan fe de la cruenta batalla que se produjo en este lugar hace casi dos mil años, y que terminó con el incendio y saqueo de la ciudad. Dentro de uno de los edificios hay restos de vigas de madera quemadas de la época de la destrucción, además de vasijas de piedra decoradas, un peso de piedra, un crisol para fundir metal, un cuenco de bronce y una moneda acuñada durante los años de la revuelta con la inscripción: “Por la libertad de Sión”. También se hallaron restos de material bélico como puntas de flecha y proyectiles de ballestas romanas.
Según el doctor Yuval Baruch, arqueólogo de la Autoridad de Antigüedades de Israel, la intención es “desenterrar todo el largo y el ancho de la calle dentro de cinco años, y así completar la excavación de este sitio único que ya había llamado la atención de arqueólogos de todo el mundo hace unos cien años”. Añadió que, cuando se completen las excavaciones, “los restos de la calle se conservarán y desarrollarán y estarán listos para recibir adecenas de miles de visitantes que lo recorrerán”.
¿QUÉ FUE LA GRAN REVUELTA JUDÍA?
La destrucción de Jerusalén fue en respuesta a la Gran Revuelta, el primero de varios levantamientos de la población judía contra el Imperio Romano, después de que el emperador Augusto convirtiera Judea en una provincia romana y sus sucesores empezaran a llevar a cabo políticas de romanización que no fueron bien recibidas por una parte de la población local. Las semillas de la revuelta fueron en parte causadas por el aumento de las tensiones religiosas y los altos impuestos, lo que llevó al saqueo del Segundo Templo y al arresto de importantes figuras políticas y religiosas judías por parte de los romanos.
Los romanos movilizaron cuatro legiones para sofocar la rebelión y castigar al pueblo judío como ejemplo para los demás. Las legiones llegaron a Jerusalén en el año 70 d. C. y sitiaron la ciudad durante cuatro meses. Después de varias batallas, toda la ciudad y el Segundo Templo fueron destruidos. Flavio Josefo, historiador romano de origen judío, escribió que Jerusalén “fue tan completamente arrasada por aquellos que la demolieron hasta sus cimientos, que no quedó nada que pudiera sugerir a los visitantes que alguna vez había sido un lugar habitado”.
Según Nahshon Szanton y Moran Hagbi, los directores de la excavación, “las descripciones de Josefo de la batalla en la ciudad baja se pueden contrastar por primera vez cara a cara con las evidencias en el campo de una manera clara y escalofriante. En las excavaciones se descubrieron bolas de piedra, disparadas por catapultas utilizadas para bombardear Jerusalén durante el asedio romano de la ciudad. Las puntas de flecha, utilizadas por los rebeldes judíos en las duras batallas contra los legionarios romanos, se encontraron exactamente como las describió Josefo”.
Cuadro del año 1894 que representa la masacre de la población judía de Estrasburgo en el año 1349.
Foto: PD
la Europa del siglo XIV se vio asolada por innumerables plagas, a cuál más mortífera, y por terribles guerras que recorrieron prácticamente todo el continente. En ese período, hacia el año 1347, sucedió algo que acabaría teniendo un alcance y una importancia excepcionales. Nos estamos refiriendo a las matanzas de judíos, un fenómeno muy habitual durante toda la Edad Media europea. La terrible peste que asoló Europa a partir de 1348, incrementaría aún más este tipo de actuaciones. Por ejemplo, el 9 de enero de 1349, la práctica totalidad de la población judía de Basilea fue masacrada,acusada de ser la causante de la plaga que se cernió sobre la ciudad. También en Alemania, Suiza y Francia se acusó a la población judía de envenenar la fuentes de agua y causar una gran mortandad entre los cristianos. Una de esas localidades fue Estrasburgo, en la actual Francia, donde el 14 de febrero de aquel mismo año marcaría un antes y un después para los judíos de la ciudad.
el Instituto de Arqueología de la Unversidad de Tel Aviv, en Israel, acaba de publicar en su revista un interesante estudio sobre los antiguos rituales que se llevaron a cabo hace 2.700 años en un gran santuario descubierto en el antiguo yacimiento de Tel Arad,en los que al parecer jugaron un importante papel el incienso y el cannabis.
El yacimiento de Tel Arad empezó a ser excavado hace cincuenta años. Aquí, los arqueólogos descubrieron los restos de una ciudad fortificada cananita, así como evidencias de fortificaciones de tiempos de los reyes de Judá. El edificio más importante del lugar es un gran santuario cuya construcción, según algunos historiadores, se extiende desde el siglo X a.C. hasta el siglo VII a.C.
El edificio más importante de Tel Arad es un gran santuario en el que en 1963 se descubrieron dos altares de distinto tamaño, que ahora se han estudiado.
Los investigadores han comparado la estructura del santuario de Tel Arad con la descripción que la Biblia hace del Primer Templo de Jerusalén, erigido por el rey Salomón en el siglo X a.C. El templo de Tel Arad consta de un patio abierto, un área de almacenamiento, una estancia principal y un pequeño nicho o cella. En este santuario, los arqueólogos localizaron en 1963 dos altares de piedra caliza, de distinto tamaño, que ahora se conservan en el Museo de Israel, en Jerusalén.
CANNABIS EN UN ALTAR
El estudio llevado a cabo recientemente de las sustancias localizadas en estos dos altares ha proporcionado interesantes resultados. Al parecer, los residuos descubiertos en el altar pequeño contenían cannabinoides activos (THC, CBN y CBD), lo que demuestra que las "inflorescencias" de cannabis se quemaron en ese altar, "posiblemente como parte de un ritual", según el estudio. Y las muestras procedentes del altar grande contenían triterpenos, como el ácido boswélico, que deriva del incienso.
Según estos resultados, "parece factible sugerir que el uso de cannabis en uno de los altares de Tel Arad tuvo un papel psicoactivo deliberado. El aroma del cannabis no es atractivo y no justificaría traerlo desde lejos", afirman los autores del estudio, los arqueólogos Eran Arie, Dvory Namdar y Barcuh Rosen. "El uso frecuente de materiales alucinógenos para fines de culto en el Próximo Oriente antiguo y más allá es bien conocido y se remonta a períodos prehistóricos", afirman.
Parece factible sugerir que el uso de cannabis en uno de los altares de Tel Arad tuvo un papel psicoactivo deliberado, sugieren los autores del estudio.
Ésta es la primera evidencia física de cannabis identificada en el Próximo Oriente Antiguo. "Sabemos que muchas culturas, como los Gaddi de los Himalayas, los Buganda en África o los Tenetehara de Brasil usaban alucinógenos para inducir algún tipo de éxtasis religioso", cuenta Eran Arie. Y sigue: "Nunca pensamos que en el reino de Judá tuvieran lugar ese tipo de prácticas de culto. El hecho de que hayamos descubierto cannabis en un santuario de ese período nos cuenta algo nuevo sobre las ceremonias religiosas que se llevaban a cabo en la época".
UTILIZADOS POR SEPARADO
El estudio también sugiere que algunas tribus antiguas usaron cannabis con propósitos terapéuticos. Por ejemplo se menciona el caso de los materiales hallados en 1993 en el entierro de una joven que murió al dar a luz y que fue enterrada en una cueva cercana a Jerusalén, donde se encontraron restos de cannabis que seguramente fue empleado para reducir el dolor del parto.
En el entierro de una joven que murió al dar a luz se hallaron restos de cannabis seguramente empleados para reducir el dolor del parto.
Otro aspecto destacable es la forma en que se usaron el cannabis y el incienso en el templo de Tel Arad. Según Robert C. Clarke, un etnobotánico independiente que no ha participado en este estudio, "lo que más me sorprende es que el cannabis se usara junto con el incienso, pero no mezclado ni con él ni con otros elementos vegetales. Esto implica que el uso de cada una de estas sustancias tuvo una connotación especial". El análisis del incienso descubierto en el altar grande de Tel Arad ha proporcionado, asimismo, información adicional sobre los ingredientes que se usaron para elaborarlo
Nunca se sabe dónde van a estar las historias esperándote, desde qué lugar remoto de la memoria empiezan a mover los hilos esperando el momento justo para poner el interruptor en marcha y cambiarlo todo. Uno puede haber nacido en una familia judía jaredí y vivir toda su vida en un barrio ultraortodoxo de Jerusalén, criarse en la disciplina de la fe y ser admitido en una de las yeshivás o escuela talmúdica más importantes, pongamos la Ponevezh Yeshiva, considerada la equivalente a Harvard para estudiar la Torá y el Talmud. Da igual que el inicio de la historia parezca inamovible, nunca está todo decidido,de repente, una especie de mecanismo interior puede ponerse en marcha y convencerte de que lo que tienes que hacer es dejarlo todo para estudiar cine.
Llegados a este punto ya tenemos claro que la vocación es una república del alma donde no hay ley o donde, al menos, hay una ley que se rige por algo que no siempre somos capaces a racionalizar. Aun así, esta historia es aún más enrevesada y por eso, más atractiva. Yehonatan Indursky tuvo mucha suerte, sus padres fueron tan extraordinarios que le permitieron renunciar a la escuela talmúdica y dedicarse a lo que quería sin renegar de él, como sería normal en una familia ultraortodoxa. Cuando ya estaba llevando una vida secular y había dejado atrás el estudio de la Torá y la vida religiosa, uno de los trabajos de la escuela de cine era rodar un corto acerca de una canción de su pasado.
La ventaja de vivir entre dos mundos es ser consciente de que existen códigos comunicativos, sean verbales o no, mucho más sutiles y que, normalmente, solo somos capaces de entender si conseguimos mirarnos desde fuera. A veces no basta hablar el mismo idioma para comunicar, hay mensajes mucho más fuertes que se transmiten por otros medios. Como su intención era grabar cerca de su antigua yeshivá, pensó que resultaría más fácil moverse y pasar desapercibido si volvía a vestirse con ropa de religioso en lugar de ir de secular. Ese día, de camino al punto donde iba a rodar, un compañero de facultad se sube al mismo autobús que él y pasa por su lado sin reconocerlo, en realidad, sin siquiera mirarlo. Ese es el punto exacto en que el interruptor de esta historia se pone en marcha, el momento de iluminación en que Yehonatan Indursky, uno de los creadores originales de Shtisel, relata cómo se dio cuenta, gracias a esa sensación de alienación momentánea, de que era esta la historia que había que contar y no otra. El problema, dice él, no es que la gente odie a los judíos jaredíes, es que, directamente, no los ve.
El problema de la ficción cuando ha tenido que retratar a las religiones, especialmente en sus versiones más extremas, es que, salvo honrosas excepciones, casi siempre se elige narrar desde el conflicto. Hay un personaje que quiere huir, que se enamora de quien no debe o que, simplemente, quiere ser cantante o modelo, cualquier cosa que vaya en contra de los valores de la fe. En ese punto la historia se transforma en un guerra contra el fanatismo y los personajes pasan a ser caricaturas planas. Nos gusta pensar que todos los que viven aislados en algún tipo de gueto están deseando huir y ser como nosotros, como todo el mundo. Nada más lejos de la verdad.
Ese fue el punto de partida cuando, años más tarde, Yehonatan Indursky se reunió con Ori Elon, el otro guionista y creador de la serie también con antecedentes fuertemente religiosos. El objetivo sería contar con precisión casi quirúrgica lo que nadie había podido ver hasta entonces, obligar al espectador a observar a las personas más allá de la ropa que vistan, el idioma que hablen o la religión que profesen. Así nació Shtisel.
La serie cuenta la historia de cuatro generaciones de una familia judía jaredí que vive en el barrio ultraortodoxo de Geula, en Jerusalén. El eje central gira en torno al patriarca, el rabino Shulem Shtisel, recientemente viudo, y su hijo más joven, Akiva. Por primera vez se retrata a una familia ultraortodoxa que le gusta su propio modo de vida, que quiere a sus hijos y a sus nietos, donde cada uno tiene problemas vitales normales al margen de sus creencias y de la tradición. Un hijo soltero que no encuentra pareja, un viudo que recuerda a su difunta esposa, los problemas conyugales de la hija mayor, la abuela de todos que acaba de mudarse a una residencia de ancianos y por primera vez tiene una televisión… La vida pasando, nada tan sencillo, nada tan poderoso.
La religión no tiene un papel central sino que es, más bien, parte del ambiente. Lo impregna todo pero no se discute, simplemente está ahí. Así, ningún personaje bebe agua sin decir antes una bendición, nadie entra en una habitación sin besar la mezuzá que está en el marco de la puerta e incluso, en algunos momentos, se ve cómo es difícil para ellos someterse a algunas de sus propias leyes, humanizándolos aún más. El tema central va mucho más allá de los pequeños gestos y la liturgia, como si fuese una novela naturalista con toques de realismo mágico, Shtisel observa sin juzgar a los personajes para luego dejar que el espectador reflexione sobre los lazos familiares, la búsqueda del amor, las relaciones entre los vivos y la memoria de los muertos. Los críticos la han comparado con Mad Men o con Los Soprano porque no busca explicar nada, solo es. Se cuenta a si misma sin juzgar.
La familia es un núcleo en el que apenas hay incursiones del mundo exterior, no las necesita, y las que hay son muy controladas, porque la historia está dentro, en la convivencia, no en el conflicto con lo secular. Las escenas se suceden con una delicadeza extrema y pulso preciso, sin demonizar pero tampoco idealizando gratuitamente.
Para recrear este microcosmos y que resultase creíble, al punto de que el espectador no reparase en nada más que en los personajes y dejase de lado el folclore religioso, Shtisel está creada con obsesión enfermiza por los detalles. No bastaba que uno de sus creadores hubiese vivido el ambiente en primera persona, se contrataron mashgiachs, o supervisores, para asegurarse de que no hubiese ni un mínimo error. Esto incluye también la cuestión del lenguaje, por una parte los personajes de más edad hablan entre ellos en yidis, el idioma propio de las comunidades judías del centro y este de Europa, y los personajes jóvenes hablan hebreo con una serie de variantes propias de los jaderíes que incluyen términos en yidis, askenazí y arameo.
La primera temporada de la serie se rodó en 2013 con un presupuesto bajísimo y ganó todos los premios que se podían ganar en Israel. Con la segunda temporada, en 2018, llegó a Netflix y, poco a poco, se ha ido convirtiendo en un fenómeno global. Ya está escrita la tercera temporada que empezará a rodarse en cuanto la pandemia lo permita. También han sido vendidos los derechos para una versión americana ambientada en Brooklyn de la que se hará cargo Martha Kauffman, creadora de Friends y que, probablemente, se emitirá en Amazon. Da miedo pensar que la industria americana ponga las manos en un producto tan delicado y con tantas sutilezas aunque por otra parte, supongo que es inevitable que quieran hacer su propia versión y es un sinónimo éxito, al fin y al cabo, la imitación es una forma de admiración.
Shtisel no fue escrita para los judíos jaredí sino para todos nosotros, para los que no somos capaces de verlos ni aunque pasemos a su lado. Aun así nunca hay que confiarse, las historias son capaces de llegar donde nunca pensamos y, una vez viajan libres, hacer nido en lugares que nadie espera. Los judíos jaredí de Jerusalén siguen devotamente las aventuras de Shulem Shtisel y su familia. No solo ven la serie sino que les encanta, la música de la banda sonora original suena en las bodas ultraortodoxas y muchas de las frases de los personajes han sido adoptadas por los hablantes como propias, esto último aún tiene más mérito teniendo en cuenta el desafío lingüístico que representaba esta serie.
Lo que demuestra Shtisel es que se consigue más empatía no contando las historias desde la pena. Que en un momento en el que las series se escriben casi a la carta para conectar con ciertos sectores de la población, centrándose en puros estereotipos, el retrato del natural consigue conectar la humanidad que habita en nosotros y enseñarnos que en el fondo, nuestra familia y la de un rabino jaredí de Jerusalén no son tan distintas. Que los conflictos generacionales son una constante alrededor de la que orbita la esencia humana. Que todos, en fin, buscamos vivir en equilibrio con la memoria, el presente y lo que esperamos ser. Así es como lo normal vence y se convierte en extraordinario y así es, también, como se consigue lo que era inimaginable, que nosotros empatizásemos con judíos ultraortodoxos y que los jaredí vean la televisión.
A pesar de que el calendario con el que nos movemos los occidentales, el gregoriano, está extendido por todo el mundo desde hace tiempo, hay otros incluso más antiguos que continúan estando vigentes hoy para millones de personas. Corresponden a culturas distintas ligadas a generalmente a diferentes religiones, como es el caso del judaísmo. El Rosh Hashaná es la celebración del Año Nuevo judío, y tiene asociado toda una serie de comidas y alimentos tradicionales.
El pasado mes de enero ya comentamos algunas de las comidas típicas con las que se recibe el nuevo año en diferentes países. Religión, tradición y cultura van inevitablemente unidos, y también la alimentación, que cobra un carácter simbólico y ritual. Estas cuestiones despiertan mi curiosidad historiadora, mucho más si se relacionan con la comida. Las costumbres judías no son muy conocidas en nuestro país, y por eso considero interesante que nos acerquemos un poco a la comida tradicional del Rosh Hashaná.
Rosh Hashaná, o Rosh Hashanah (ראש השנה en hebreo), significa literalmente "cabeza" o "primero" de año" y se refiere al Año Nuevo del judaísmo. Se celebra el primer y segundo día de Tishrei, el séptimo mes del calendario hebreo, y este año corresponde al día cinco de septiembre. En realidad, los actos comienzan la víspera y se alargan hasta el anochecer de la jornada siguiente.
Según la tradición judía, a partir de los textos sagrados recogidos en la Torá, el mes Tishrei es el primero del año pues conmemora cuando Dios creó el mundo y también el primer hombre. Este año se celebra la llegada del año 5774, comenzando la noche del 4 de septiembre con el sonido del shofar, un cuerno de carnero que llama a la meditación, pues son días de introspección, recogimiento y arrepentimiento.
Alimentos para un año dulce
Como sucede en todas las religiones, las festividades del judaísmo van asociadas a determinados alimentos y platos cuyo consumo no es sólo una costumbre, sino que tienen carácter simbólico y ritual. La mayor parte de ellos van ligados de forma armónica al calendario natural de las estaciones, con productos que ya nos anuncian el otoño, aunque este año el Rosh Hashaná ha caído algo pronto.
Muchos de los alimentos que se consumen durante estos días enfatizan el simbolismo con los deseos de que el nuevo año sea propicio, es decir, se potencian las comidas dulces. La manzana, la miel y la granada, productos que asociamos a la cocina reconfortante de otoño, son algunos de los ingredientes más utilizados en torno a estas festividades. Una de las formas más sencillas y típicas consiste simplemente en tomar trozos de manzana mojados en miel, como deseo de un año dulce.
Simbolismo en la comida
A lo largo de los siglos y en diferentes lugares del mundo se han desarrollado distintas costumbres en torno a las comidas rituales y simbólicas que comparten las diferentes comunidades judías. Algunos platos se mantienen desde tiempos inmemoriales al pasar su tradición a través de las generaciones, mientras que otros más modernos se van imponiendo como nuevas maneras de celebrar su fe. Como nexo común se pueden encontrar ingredientes clave que poseen una fuerte carga simbólica.
Muchas de las comidas derivan del plato del Séder. Se trata de un plato cargado de simbolismo pues los elementos que lo forman se relacionan con los sentimientos del recuerdo y conmemoración de los hechos del Éxodo del pueblo judío durante el Antiguo Egipto. Son seis alimentos consumidos siguiendo un ritual específico, siendo el séptimo elemento un conjunto de matzos, un tipo de pan plano, colocados aparte en la mesa. El tradicional pan trenzado judío, Challah, es otro producto típico que no suele faltar.
Entre los ingredientes tradicionales podemos encontrar verduras y hierbas amargas, encurtidos, carne de cordero o de pollo, huevo cocido, o mezclas de frutos secos. Como alimentos más específicos del Año Nuevo, destacan vegetales como el puerro, la remolacha, espinacas, zanahorias y calabaza. Entre las frutas, además de las ya mencionadas manzanas y granada, tiene una gran presencia el dátil, y también es importante el pescado, del que muchas veces se sirve la cabeza.
Curiosamente, el simbolismo de gran parte de estos alimentos deriva del propio lenguaje. Por ejemplo, el término que designa la remolacha en hebreo es selek, que se asemeja a lesalek, "desparecer". Por eso la tradición señala recitar unos versos tras su ingesta que piden a Dios hacer desaparecer a los enemigos. Y sucede lo mismo con otras comidas, muchas de las cuales llevan asociadas bendiciones concretas.
Como ocurre actualmente con el catolicismo y otras religiones, muchos de los ritos tradicionales se han ido adaptando con el paso del tiempo. De este modo, cada familia mantiene sus tradiciones específicas, y esto se muestra también en la comida. Mientras que unos prefieren ser más estrictos respecto a las costumbres originales, en otros hogares se adaptan creando sus propios platos típicos. Lo habitual es encontrar en cada familia una receta propia de un pastel de manzana o un pan dulce con frutos secos, miel y especias. Incluso hoy en día se adaptan muchos de los menús tradicionales a dietas como la vegetariana.
Las religiones me interesan como historiadora por la influencia fundamental que tiene en la cultura de cada pueblo, y cómo se manifiesta en el arte y en la gastronomía. A pesar de que hoy su presencia en nuestro país es discreta, los judíos también forman parte de nuestro pasado y creo que es interesante al menos acercarnos un poco más a sus costumbres, como las que forman parte del Rosh Hashaná y sus comidas tradicionales.
Todo empezó porque la Santa Inquisición pidió a los Reyes Católicos la expulsión de los judíos en base a que creían que era la única forma de garantizar la conversión plena al catolicismo del reino. Así, al no tener cerca a miembros de su antigua religión, los judíos no tendrían los atractivos de traicionar la fe cristiana y judaizar.
Los judíos tenían una organización propia reconocida por los reyes, las llamadas juderías, que eran los barrios apartados de los judíos, o las aljamas, que no implicaba que estuvieran separadas. Respecto a la sinceridad de sus conversiones religiosas al cristianismo siempre ha habido debates historiográficos. Tradicionalmente la historiografía decía que los judeo conversos muchas veces fingían la conversión, ya que de cara a la sociedad eran cristianos y después practicaban ritos judíos clandestinamente. Sin embargo, en la actualidad se ha desmontado esta teoría.
Causas de la expulsión de los judíos
“Expulsión de los judíos de España”, de Emilio Sala Francés (1889)
Acerca de esta temática se han escrito múltiples teorías, muchas de ellas sin fundamento alguno: que los Reyes Católicos querían quedarse con las propiedades de los judíos, que no tenían dinero para devolver los préstamos que habían recibido, que los reyes se sumaron al creciente antisemitismo… Sin embargo, lo cierto es que los Reyes Católicos no actuaban bajo influencia de la opinión pública, y contaban con varios judíos a su servicio en la Corte. La teoría más aceptada por los historiadores actualmente es que los judíos eran un obstáculo evidente para la plena conversión cristiana. Se buscaba la homogeneidad religiosa porque fomentaba y ayudaba a lograr la homogeneidad política.
El Edicto de Granada
A pesar de que la Santa Inquisición empezó a funcionar en los territorios de los Reyes Católicos desde 1480, la expulsión no se llevó a cabo hasta el final de la conquista del reino de Granada. La razón de esta demora es sencilla de entender. El Estado necesitaba el dinero que les daban importantes banqueros y financieros judíos para sufragar los gastos de la guerra. Sin el apoyo financiero de estos judíos, no habría sido posible la conquista de Granada. De ese modo, en ese mismo año se promulgó el Edicto de Granada, por el cual a los judios se les daba un plazo de cinco meses para abandonar el Reino de Castilla y el Reino de Aragón.
Se calcula que, de los 200 000 judíos que había entre Castilla y Aragón, más o menos la mitad abandonaron los reinos. Los que se marcharon pasaron a vivir a Francia, Portugal, Países Bajos y norte de África, con lo que acabarán incorporándose al Imperio Otomano. Hasta el siglo XX ha llegado la existencia de judíos que hablaban español, los sefardíes. De hecho, solo los judíos que decidieron convertirse al cristianismo podían quedarse en el reino.
Consecuencias de la expulsión de los judíos
Copìa sellada conservada del Edicto de Granada
Las consecuencias van a ser económicas y negativas a corto plazo, con un cierto desajuste, pero sin crear una situación de depresión económica. Actualmente ya se rechaza la idea de que la mayor parte de la economía estuviera en manos de los judíos, y mucho menos las finanzas: había banqueros, financieros o recaudadores, pero no hay que exagerar su número. De hecho, la mayor parte de los judíos en el momento de su expulsión practicaban profesiones urbanasmodestas: eran artesanos, pequeños comerciantes, pero no tenían porque estar acomodados económicamente hablando. A largo plazo, se ha dicho que su expulsión significó un deterioro de la dinámica económica pre capitalista, es decir, que su expulsión no benefició a la burguesía. Esto también es discutible, ya que la presencia de judíos como comerciantes tampoco es muy grande, así que se duda de este repercusión negativa para la burguesía. Desde el punto de vista demográfico, van a tener consecuencias limitadas, ya que se estima que su población suponía un 2% del total.
Vía| FLORISTÁN, A. (2005): Edad Moderna: Historia de España. Ariel, Barcelona; LADERO QUESADA, M. A. (2016): Judíos y conversos de Castilla en el siglo XV: datos y comentarios. Dykinson, Madrid.