sábado, 31 de diciembre de 2011

viernes, 23 de diciembre de 2011

miércoles, 21 de diciembre de 2011

LA DONACIÓ D’ALIMENTS MÉS ENLLÀ DE NADAL

La Fundació Banc dels Aliments ha recollit més de mil tones durant la campanya El Gran Recapte d’enguany. Per tercer any consecutiu aquesta Fundació recull aliments amb la col·laboració de botigues i supermercats durant el període anterior a les festes de Nadal. Posteriorment, els donatius es distribueixen a famílies de Catalunya que viuen sota el llindar de la pobresa (actualment ja sumen gairebé un milió i mig de persones).
Però durant la resta de l'any també és possible col·laborar amb la Fundació, bé fent-se "amic del Banc" o bé participant com a voluntari/a a les diferents campanyes que es realitzen.
Mireu el vídeo de la campanya.


Publicat el 20/12/2011
 

martes, 20 de diciembre de 2011

Reflexiones teológicas de Troeltsch

Ernst Troeltsch (1865-1923) teólogo y filósofo alemán, fue nombrado profesor de Teología en Heidelberg 1894, pero en 1915 se convirtió en profesor de filosofía en Berlín. Aunque Albert Ritschl fue su mentor temprano, Troeltsch continuamente absorbe nuevas influencias intelectuales, incluyendo las ideas de Wilhelm Dilthey y, más tarde, la filosofía del suroeste de la escuela alemana de Kant (especialmente Heinrich Rickert) y la sociología de Max Weber, entre otros
Troeltsch es considerado el sistematizador dentro de la Escuela de la historia de las religiones. En su pensamiento político tomó fuerza la relación entre el Estado (como poder político) y las organizaciones sociales, fundamentalmente la Iglesia. A este fin, en La enseñanza social de las iglesias cristianas (1912), tras plantear la problemática contemporánea a la que se enfrentaba la Iglesia (especialmente la aparición del Estado moderno y el énfasis en la Economía) y de repasar minuciosamente la historia eclesiástica, intenta, sin demasiado éxito, proponer una síntesis y establecer un curso de acción. En cuanto a su perspectiva teólogica, llegó a la conclusión de que el método histórico no era suficiente para echar luz sobre las cuestiones de fe
E. Troeltsch, en El carácter absoluto del cristianismo y la historia de las religiones , considera al cristianismo como una religión insuperable entre las religiones de la redención, ya que se muestra capaz de promover un movimiento ético-sotérico, y concibe a Dios como un Dios personal que interpela al hombre implicándolo en el proyecto de salvación. De la visión de la historia surge la concepción agustiniana de la perennidad de la religión cristiana: "La misma que hoy llamamos religión cristiana existía ya entre los antiguos y no estaba ausente en los comienzos del género humano, hasta que apareció Cristo en la carne. La verdadera religión, que había existido ya antes desde siempre, comenzó entonces a llamarse religión cristiana" Este tema de la conexión y reciprocidad de la filosofía de la historia y de la filosofía de la religión es muy sugerente: desde Lessing hasta Schleiermacher, desde Herder, Schelling y Hegel hasta Troeltsch nos encontramos con una reflexión sobre "el carácter absoluto del cristianismo" que intenta "componer" la singularidad con la universalidad, la historia con la eclesiología filosófica, en la que centrar su pensamiento en la problemática de la relación entre religión e historia, o más concretamente entre normas o valores e historia.


Contexto Histórico
La crisis ilustrada del principio de tradición, la divergencia entre las instituciones y el individuo, la distancia entre los sistemas doctrinales y la vida y el fervoroso «despertar espiritual» desmenuzan el concepto de cristiandad y abren la cuestión sobre qué es lo proprium del cristianismo. La filosofía racionalista de la religión (siglos XVII v XVIII), con su idea de religión natural, subraya que la esencia de la religión coincide en su contenido con la posibilidad del conocimiento natural de Dios en virtud de la razón y de la ley moral natural inscrita en el hombre. Las religiones positivas y reveladas son expresión de la religión natural y la misma idea de revelación se convierte en una mera contradicción. A este reduccionismo racionalista responde la apologética clásica con su triple demonstratio: religiosa, christiana y catholica, que pretende hacer brillar el valor insuperable del cristianismo, la verdadera religión con carácter sobrenatural y capaz de responder a las instancias del hombre.
A la crisis que supuso el cambio de la teología liberal a la teología dialéctica encabezada por el propio Kart Barth, se pasó de una teología “liberal” que encabezó Harnack con “La esencia del cristianismo” donde por miedo del método histórico crítico se trataba de buscar la esencia del cristianismo, propósito totalmente acorde a los últimos coletazos del idealismo. La postura de Harnack fue matizada y ampliada por Troeltsch (El carácter absoluto del cristianismo y la historia de las religiones, 1902) que ampliaba la mirada y situaba el fenómeno religiosos de lo cristiano en relación a las tradiciones religiosas de la humanidad; pero con el mismo propósito, buscar lo esencial y absoluto del cristianismo. Metodológicamente, Barth les acusará de poner a la ciencia como papa de la teología, y un ejemplo de ello será el paso de Troeltsch de impartir teología a impartir en la cátedra de la filosofía de la cultura. El definir correctamente el objeto de la teología será uno de los grandes caballos de batalla de estos inicios compulsivos del s.XX, y en esa batalla Barth tendrá un lugar prominente.
Quizá la principal preocupación de Troeltsch, como la de los grandes científicos sociales alemanes de su época: Weber (con quien compartió residencia y discusiones intelectuales), Simmel o Tönnies, era el impacto de la modernidad en la sociedad alemana. La modernidad producía que las seguridades, las verdades naturalizadas se “tambalearan”, en una Alemania que se industrializó tardíamente respecto a Inglaterra o Francia (hecho que no deja de sorprender contemplando la dimensión de la actual economía industrial alemana).Valga decir que “hasta 1914, en Prusia, seguían perteneciendo a la nobleza un 70% de los ministros, un 62% de los diplomáticos, un 57% de los funcionarios y un 64% de los generales, en el Landtag dominaban por completo la asamblea gracias a la, todavía vigente, ley electoral de las tres clases. En el ámbito de la enseñanza y de la religión nombraban a los maestros y a los pastores, según el derecho de patronazgo”. Todo esto, teniendo en cuenta que la nobleza y los grandes industriales suponían el 0,4% de la población, la burguesía el 31,6% y las clases trabajadoras el 68% restante. Se trató, por lo tanto, de una modernidad comandada por la nobleza, no por la burguesía como en Inglaterra o Francia (un caso comparable puede ser el de Japón).

Conclusiones
La cuestión planteada por el teólogo y filósofo de la religión E.Troeltscn en su tratado «El carácter absoluto del cristianismo », vuelve a ser una cuestión de gran actualidad, pues si a principio de siglo la presencia, la convivencia y el conocimiento dentro de las religiones era un hecho de escasa relevancia, hoy las grandes religiones no cristianas como el Islam, el Budismo o el Hinduismo, están presentes de una u otra forma en todo el mundo occidental. Pero no sólo las grandes religiones, sino también otras muchas formas o expresiones religiosas, no institucionalizadas muchas de ellas, tienen una presencia muy importante en la sociedad occidental. Pensemos, por ejemplo, en la presencia que está teniendo en muchos sectores el movimiento «New Age», o en la profusión de sectas religiosas, que intentan ofrecer una respuesta global a los problemas de la vida, fuera del ámbito de las religiones institucionalizadas pues el estudio histórico no apoya la idea de un concepto de religión que a través de las diversas religiones históricas llega a su plena manifestación en cristianismo. Cada religión despliega sus propias peculiaridades en concordancia con su ley inmanente, esto permite trabajar de manera interesante el diálogo interreligioso desde un enfoque diferente, sobretodo si en el contacto con otras religiones partimos de la base de la imposibilidad de una construcción histórica del cristianismo como religión absoluta pues Pues incluso la idea de este elemento universal como seria el hecho religioso, allí donde surge, es engendrada a través de condiciones históricas peculiares, en cuanto que sólo brota a través de un alejamiento, que se hace históricamente necesario, de la forma anterior de los conteidos vitales dominantes, y es configurada bajo determinados influjos intelectuales y éticos de la situación concreta.

Bibliografia
Reseña de "UNA APROXIMACIÓN A ERNST TROELTSCH" de Eduardo Díaz Cano
RIPS. Revista de Investigaciones Políticas y Sociológicas, vol. 9, núm. 1, 2010, pp. 185
-187 Universidad de Santiago de Compostela (España)

Nacho Padró

El Diálogo Interreligioso Hoy.

Lo primero que hemos de abordar es en que consiste la idea del Diálogo Interreligioso para evitar confusiones y poder centrar el tema: Los seres humanos buscan respuestas a algunos de los interrogantes existenciales fundamentales: ¿Cuál es el origen y el destino de los seres humanos? ¿Qué es el bien y el mal? ¿Qué aguarda a los seres humanos al final de su existencia terrena? Todos tienen el deber natural y la obligación moral de buscar la verdad. Una vez conocida, están obligados a adherirse a ella y ordenar toda su vida de acuerdo con sus exigencias y esta búsqueda se ha de enmarcar dentro del marco histórico-cultural de cada uno. El hecho de convivir en culturas tan diferentes y con interpretaciones tan dispares de la realidad, provocan en el intercambio de espacios algunas tensiones y choques cuando las "realidades" de cada uno se contradicen y superponen. Es por eso que se necesita de un mecanismo de compenetración y de búsqueda de puentes y puntos en común que nos permitan la convivencia entre grupos dispares, siendo esta situación cada vez más abundante debido a los fenómenos migratorios y la globalización de las sociedades. Y la búsqueda de una relación y de entendimiento entre las diferentes religiones es a lo que llamamos Diáologo Interreligioso.
Para que un diálogo sea interreligioso, los participantes deben evidentemente ser creyentes y confesar religiones diferentes. La neutralidad no es apropiada. Los no creyentes tan sólo pueden hablar de religión como fenómeno humano. Un discurso así tiene su propio valor, en tanto que análisis sociológico o psicológico, pero no tiene nada que ver con el diálogo. El diálogo tampoco puede concernir a personas de la misma religión. A veces pensamos que un diálogo entre protestantes y ortodoxos nos lleva más o menos a lo mismo que un diálogo entre cristianos y budistas. Esto supone una confusión de términos. El encuentro de cristianos de diferentes tradiciones se llama ecumenismo. Puede hacerse en el mismo espíritu que el diálogo interreligioso, pero está lejo de ser lo mismo.

Y desde la teología este tema, que puede llegar a provocar fuertes confrontaciones civiles, es quizás donde se puede trabajar de forma más sensible y con mejores resultados hoy en dia, cosa que los dirigentes no parecen haber comprendido ya que la mayoría de los jefes de los Estados en el mundo occidental y de sus consejeros son hijos de la modernidad secularista y discípulos de los maestros de la sospecha que intentó deslegitimar el discurso religioso. Para muchos de ellos la religión es como un fósil del pasado mágico de la humanidad o argumento de quienes no han llegado a la madurez de la razón o de quienes ya la perdieron por la edad. En consecuencia, la religión no tiene por qué entrar en consideración en la estrategia de la política externa mundial. Esa omisión se ha mostrado doblemente dañina, pues llevó a cometer errores palpables en países como el Líbano, Irán, Palestina y ahora Afganistán, y no se aprecia positivamente la contribución que la religión puede proporcionar en los compromisos con las trasformaciones de los pueblos como se ha mostrado en Nicaragua y en otros países del Tercer Mundo. Actualmente analistas y asesores del Pentágono presentan una nueva comprensión del papel de la religión en la vida de los pueblos, proponiendo un nuevo pensamiento estratégico mundial para sustituir a la «Guerra Fría» por la expresión «Guerra de las Civilizaciones», e identificar así el nuevo estilo de la guerra en el contexto de la globalización. «En el mundo moderno la religión es una fuerza central, tal vez `la fuerza central' que motiva y moviliza a las personas... Lo que en última instancia cuenta para las personas no es la ideología política ni el interés económico; más bien, aquello con lo que las personas se identifican son con sus convicciones religiosa, la familia y los credos. Por estas razones es que las personas están dispuestas a luchar y hasta dar su vida».

El diálogo interreligioso no es un capricho, ni un asunto de hombres para mejorar su imagen. El diálogo interreligioso es liberador, en cuanto nos obliga a abandonar todo sectarismo, a considerar a los creyentes de otras religiones como seres humanos y no como una abstracción: ‘los musulmanes’, ‘los cristianos’, ‘los judíos’, como si todos los musulmanes, los cristianos o los judíos fuesen iguales entre sí, y diferentes de los otros, o como si todos tuviesen las mismas ideas o respondiesen a un patrón predeterminado de conducta. Miserias de la cultura de la imagen, de la moderna idolatría que busca fijarlo todo mediante unas representaciones mediáticas que se reproducen y cuya irrealidad no evita que sea ampliamente difundida, sustituyendo la riqueza de matices con la cual la realidad se nos presenta.

Y en un momento en el que el fundamentalismo y la radicalización de las ideas (que desembocan en peligrosos extremismos y hasta niveles de justificación del terrorismo) es importante crear puentes y no distancias entre las diferentes religiones. La estrategia fundamentalista es siempre la misma: señalar las incompatibilidades y enfrentarnos los unos a los otros. Hoy en día, se trata de hacernos creer que el islam y el cristianismo son incompatibles, que el islam es contrario a la democracia y a los derechos humanos, que no tiene un lugar en occidente. Porque, es importante decirlo, las oposiciones que tratan de inculcarnos son falsas. El islam, el judaísmo y el cristianismo no son incompatibles, sino religiones hermanas, caminos de salvación que recorren los creyentes en la medida de sus posibilidades.

Aprender a ver y aceptar que nuestro modo de vida no es el único posible, que existen diferentes caminos hacia la misma Fuente. Aprender a respetar al otro, en su particularidad inalienable, sin situar una religión por encima de la otra, aceptando su unidad trascendente más allá de sus diferencias doctrinales y formales. Una persona que considere su religión como enfrentada o por encima de las otras no es más que un ignorante, carente de toda espiritualidad. Cada una de las grandes tradiciones sagradas de la humanidad contiene en si mismo todos los elementos que pueden liberar al hombre de sus servidumbres, constituirse en caminos de salvación y trascendencia.

Muchas gracias por su atención y espero haber podido aclarar los conceptos.

Ignacio Padró
19/12/11