martes, 24 de marzo de 2026

​LA BUENA GENTE.

No te sonríen

con blancura dentífrica,

desde las páginas de una revista.


No acaparan flashes

en los eventos de moda.


No reciben premios

en las galas con más glamour

ni las multitudes

corean sus nombres

en el concierto de los poderosos.


Pero no lo necesitan,

para brillar con luz propia

en el baile de la historia.


Son el hombre justo,

y la viuda pobre,

el profeta valiente

y la mujer perdonada.


Son el peregrino

que comparte su mesa

y su palabra,

y el caminante que,

en su fatiga,

bromea y canta.


Son el carpintero

y la muchacha,

el alfarero y la criada,

el emigrante

que no pierde

la esperanza.


Son la buena gente,

que en lo discreto,

transforma el duelo

en danza.


(José María R. Olaizola, SJ)

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