martes, 8 de marzo de 2016

La caja llena de besos

Hace ya un tiempo, un hombre castigó su pequeña niña de tres años por desperdiciar un rollo de papel de envoltura dorado. El dinero era escaso en esos días por lo que explotó en furia, cuando vió a la niña tratando de envolver una caja para ponerla debajo del árbol de Navidad. Sin embargo, la niña le llevó el regalo a su padre la siguiente mañana y dijo: “Esto es para ti, papito”. El se sintió avergonzado de su reacción de furia, pero volvió a explotar cuando vio que la caja estaba vacía. Le volvió a gritar diciendo: “¿No sabes que cuando das un regalo a alguien se supone que debe haber algo dentro?” 
La pequeñita volteó hacia arriba con lágrimas en los ojos y dijo: “oh, papito, no está vacía, yo soplé besos dentro de la caja. Todos para ti, papi”. El padre se sintió morir. Puso sus brazos alrededor de su niña y le suplicó que lo
perdonara.
Se ha dicho que el hombre guardó esa caja dorada cerca de su cama por años y siempre que se sentía derrumbado, tomaba de la caja un beso imaginario y recordaba el amor que su niña había puesto ahí.


En una forma muy sensible, cada uno de nosotros humanos, ha recibido un recipiente dorado, lleno de amor incondicional y de besos de nuestros hijos, amigos, familia o de Dios. Nadie podría tener una propiedad o posesión más hermosa que esta.

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