martes, 11 de abril de 2023

El pensamiento HOT: el pulso de pensar

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María Zambrano. (DP) pensamiento HOT
María Zambrano. (DP) pensamiento HOT

La «razón poética» de la filósofa María Zambrano reivindica los grandes pulsos vitales: el pulso poético del sentir, el pulso filosófico del pensar, dos latidos esenciales que viven en aparente contradicción, pero que en realidad caminan hermanados. Porque, como señala en su texto dedicado a la figura de Diotima de Mantinea(maestra de Sócrates): «Hay pulso en todo: la noche lo descubre»1. Una vida plena, con sentido, trabaja dos pulsaciones cruciales: experimenta confiada, y reflexiona acerca de lo vivido para mejorar las vivencias que tenga a continuación, logrando de esta manera una vida significativa. La acción y la reflexión, en un bucle interminable, dan forma a nuestra existencia. 

Y así, la filosofía se inicia del modo más antipoético por una pregunta. La poesía lo hará siempre por una respuesta a una pregunta no formulada. El preguntarse es lo peculiar del hombre, el signo de que ha llegado a un momento en que va a separarse de lo que le rodea, algo así como la ruptura de un amor, como el nacimiento. Toda pregunta indica la pérdida de una intimidad o el extinguirse de una adoración. 

(María Zambrano)2

La filosofía se inicia por una pregunta, que se vive como una contienda, como una imposición: ¿qué eres tú? ¿Qué son las cosas? La pregunta formulada a la realidad es un desafío que demanda, que exige una respuesta. Pide al mundo que revele sus secretos, que retire su velo y deje de perturbarnos. Las respuestas que busca la filosofía hunden sus raíces en cosas que hemos olvidado.

Si la filosofía pregunta, altanera, confiada, buscando inaugurar un modo de vida diferencial, la poesía ofrece una respuesta a una pregunta que nadie ha formulado, dibuja un modo de vivir en el que pocas personas creen. La filosofía desvela, desoculta las cosas que permanecían en la penumbra (de ahí el origen de la palabra aletheia, verdad), descifra los enigmas; la poesía nos susurra al oído que sintamos, que vivamos libremente, que prestemos atención a las cosas y dancemos con ellas. 

¿Cómo podemos acelerar el pulso del pensar? Lo que más absorbe a la mente humana, lo que genera el impulso filosófico, es un problema que necesitamos resolver. Lo problemático está en el corazón de la filosofía. Un problema es una brecha que abre la realidad para que cuestionemos las cosas, para que progresemos explorando a nuestro alrededor. Una situación problemática no es lo mismo que un problema. Una molestia, un error, una queja, un inconveniente, un conflicto, una demanda, un fallo son situaciones problemáticas, pero no son un problema tal y como los entiende la filosofía. La problematicidad implica vivir (sufrir) algo radicalmente, desde la raíz de lo que somos, e iniciar un viaje para resolver los enigmas que nos plantea sobre nuestro carácter y sobre lo que nos importa. Cada época afronta sus problemas peculiares, y cada persona debe dar respuesta personal y propia a los problemas que se repiten con insistencia en su vida. 

La gran herramienta de la filosofía, la actitud cuestionadora, invita a explorar esa pregunta que nos apela, que nos convoca, y nos pide regresar con una respuesta que nos mejore. El viaje será personal, pero la respuesta debe tener vocación de universalidad, servir para que otras personas pongan en marcha sus odiseas particulares. Es la exigencia filosófica.

¿Y por dónde empezamos? Por un presentimiento, una intuición, una idea vaga, un recuerdo, una hipótesis que deseamos testar… Todo esto puede detonar un viaje destinado a dar un vuelco a nuestras vidas. En El acto de la creación, Arthur Koestler presenta los actos creativos como una «bisociación», el resultado de dos operaciones fundamentales: análisis y síntesis3. Cuando nos enfrentamos a un problema, a esa intuición primaria sobre las cosas, debemos partir de un buen análisis para obtener sus claves, sus elementos fundamentales, y a partir de ellos, tras un período de reposo (de «incubación»), llegar a una síntesis creadora, que satisfaga nuestras aspiraciones. Acudiendo a enseñanzas extraídas de nuestra experiencia y de la de otras personas, nos esforzamos por lograr esa síntesis anhelada, ampliando nuestra visión y con ello nuestro mundo. 

Teorizar es mirar atentamente. Una actitud teórica razona, conecta, trama, urde con los elementos que le proporciona la realidad e innova a partir de ello. Si no desarrollamos una buena teoría sobre lo que experimentamos, las vivencias que tengamos a continuación sufrirán de nuestra falta de aprendizaje. ¿Y cómo podemos construir una buena teoría? Se puede hacer de muchas maneras, pero hay una serie de herramientas que pueden ayudarnos a elaborarla: las destrezas del pensamiento HOT.

HOT son las siglas en inglés de Higher-Order Thinking, del pensamiento de orden superior. En el ámbito educativo se habla de las destrezas de alto nivel, las destrezas HOT (HOT skills)4. Son destrezas como el descubrimiento y resolución de problemas, el pensamiento crítico, la toma de decisiones, el pensamiento creativo, el pensamiento simbólico, el pensamiento sistémico, entre otros. Son aquella parte de las destrezas blandas (soft skills) que te permiten ver el bosque en un conjunto de árboles, profundizar en la compresión de lo que sucede. Te ayudan a pensar de maneras insospechadas. El pensamiento HOT desarrolla este tipo de destrezas para mejorar nuestras vidas. 

La aplicación del pensamiento HOT a los problemas que enfrentamos nos permite comprender el corazón de las vivencias que tenemos, evitando de esta manera que nos sobrepasen las circunstancias. Este tipo de destrezas están en el corazón de la creatividad y la innovación, de la adaptación a los entornos cambiantes y complejos en los que nos movemos individual y colectivamente. 

Las metáforas son palancas desde las que construir teorías poderosas. Una metáfora nos sitúa frente a la realidad con unas gafas concretas, que influirán en la manera en que la percibamos y vivamos. Dibuja mundos diferentes en el pequeño instante que vivimos, para realizar sus posibilidades. No es lo mismo entender un diálogo como una batalla que verlo como una danza. No es lo mismo entender el amor como un círculo con un único centro, algo que empieza y termina en mí, que partir de una metáfora que abarque la realidad de quien tengo enfrente, y el dinamismo que se mueve entre dos: una elipse con sus dos focos. Dos puntos que interaccionan en un campo al modo de los campos físicos, con sus dinámicas y fuerzas, con sus leyes particulares. Mi realidad de pronto se amplía con la metamorfosis de la mirada. 

Una metáfora nos permite movernos entre planos diferentes de la realidad, abre el instante a oportunidades infinitas. Hay muchos mundos en este, y los símbolos adecuados nos permiten aventurarnos en ellos. Nuestros brazos se extienden como aves, el ave nos remite a la función cósmica de volar. El ave es jeroglífico del vuelo, el vuelo de la libertad. 

¿Qué nos dice el pensamiento HOT? Asocia, trasládate de nivel, asciende, muévete de un campo a otro, combina, emplea mitos para conectar con narrativas universales, desarrolla modelos y marcos mentales ricos y generosos. La naturaleza, las ciudades, las organizaciones son realidades mucho más complejas y ricas de lo que nos permitimos soñar. Imagina, construye soluciones integradoras con modelos enfrentados, escucha activamente, atiende a lo que emerge en vez de imponer una perspectiva… Trabaja la dimensión poética del mundo. ¿Por qué vamos a conformarnos con lo que nadie desea en realidad? Como asegura Otto Scharmer, colectivamente producimos resultados que nadie quiere5. 

La razón poética no visualiza al pensamiento y al sentimiento echando un pulso, rechaza esa metáfora por mezquina. La filosofía, el pulso del pensar, tiende la mano a la poesía, el pulso del sentir. Del puño a la palma. Razón y emoción deben conciliarse y marchar al unísono. María Zambrano lo vio con claridad: necesitamos añadir a la racionalidad pura elementos provenientes de otros mundos: el emocional, el del espíritu. La razón poética fue su respuesta a una preocupación universal: la felicidad activa, generativa. 


Notas

(1) Zambrano, María. La tumba de Antígona. Diotima de Mantinea, Litoral, Números 121-122-123, 1983. María Zambrano,Tomo I, pg 115

(2) Zambrano, María. El hombre y lo divino. Alianza Editorial, Madrid, 2020, pg 88

(3) Koestler, Arthur. The act of creation. Arkana, Londres, 1964

(4) Se puede consultar para profundizar en las destrezas HOT el siguiente libro: 

  • William, R. Bruce. Higher-Order Thinking Skills: Challenging All Students to Achieve (In a Nutshell).Skyhorse Publishing, Nueva York, 2015

(5) Scharmer, Otto Theory U. Leading from the future as it emerges. The Social Techology of Presence. Berret-Koehler, San Francisco, California, 2009

la pasión de cristo según la historia

un domingo, Jesús entró en Jerusalén y fue aclamado por la multitud como el mesías, el salvador enviado por Dios al pueblo judío. El viernes siguiente murió crucificado, y su cuerpo fue sepultado. Entre ambos acontecimientos, Jesús fue objeto de dos procesos. Uno, judío, por parte del Sanedrín –compuesto por sacerdotes, ancianos y maestros de la ley–, que condenó sus pretensiones mesiánicas.

Otro, romano, presidido por el gobernador de Judea, Poncio Pilato, que lo condenó a muerte como rebelde a la autoridad imperial. Estos seis días, de domingo a viernes, son los de la Pasión de Cristo que la Iglesia católica conmemora durante la Semana Santa, si bien las celebraciones litúrgicas terminan con la Resurrección de Jesús al tercer día de yacer en la tumba. Lo que le acaeció a Jesús en aquellos seis días se explica en los Evangelios de Marcos, Mateo, Lucas y Juan. Pero ¿hasta qué punto esos relatos recogen hechos históricos? 

Para responder a esta pregunta debemos retroceder hasta la época en que se compusieron aquellos textos. Se cree que Jesús murió probablemente en abril del año 30. Dos décadas más tarde, hacia el año 50, un avispado discípulo que vivía en Jerusalén pensó que los seguidores del Maestro hablaban mucho de sus sufrimientos finales, su muerte y resurrección, pero que a nadie se le había ocurrido poner por escrito lo sucedido. Así que este personaje, cuyo nombre ignoramos, compuso una historia de esos hechos y, al parecer, concentró en una semana acontecimientos que posiblemente habían sucedido a lo largo de meses; semana que coincidiría con la Pascua judía, que se celebra en el mes de nisán, correspondiente a marzo/abril.

Esta primera historia de la Pasión de Jesús hubo de ser la base del relato que aparece en el primer Evangelio que se compuso: el de Marcos (escrito hacia los años 71-75). Los investigadores están de acuerdo en que el evangelista tuvo como modelo un texto anterior, pero este relato se ha perdido, de manera que sólo nos queda la narración de Marcos. Los otros evangelios aceptados por la Iglesia presentan variaciones, divergencias y contradicciones respecto al de Marcos. Son los de Mateo (compuesto hacia 85-90), Lucas (escrito en torno a 90-95) y Juan (redactado sobre el año 100).

QUIZÁS EN SEPTIEMBRE

Debemos tener presente que una tradición antigua no siempre es verdadera. Por ejemplo, debido al prestigio de Aristóteles se sostuvo durante más de veinte siglos que la Tierra era el centro del universo y que el sol giraba en torno a ella; sólo gracias a Copérnico y Galileo se pudo caer en la cuenta de que esa «verdad», ya tradicional, no era tal. Puede que suceda algo parecido con algunas partes del relato de Marcos a pesar de su antigüedad, pues tenemos indicios de que las acciones y dichos de Jesús pudieron ocurrir de un modo diferente y en un tiempo más dilatado –de hasta seis meses– no precisamente en la semana escasa al término de la cual murió Jesús.

El primer indicio de estas diferencias aparece en la entrada triunfal en Jerusalén. El Evangelio de Juan pinta a Jesús rodeado de gentes que portaban palmas, pero la mera presencia de las palmas apunta a septiembre, a la fiesta de los Tabernáculos, pues sólo en ella eran típicas esas ramas: las palmeras no eran propias de la zona de Jerusalén, sino que sus palmas se traían siempre de fuera, de Jericó, justo para esa fiesta. El segundo indicio es el episodio en el que Jesús está hambriento y busca algo de comer: «A la mañana siguiente [...] sintió hambre. Viendo una higuera junto al camino, se acercó, pero no encontró nada más que hojas. Entonces le dijo: “Nunca jamás brote fruto de ti”. Y la higuera se secó de repente» (Mateo 21,18-21).

So pena de tener a Jesús por un ignorante que desconocía lo más elemental de la vida del campo, es muy improbable que fuera a por higos en marzo / abril, ya que esta fruta madura en septiembre. Una tercera pista acerca del tiempo real en el que se sucedieron los hechos nos la da el Evangelio de Juan (11, 47-50), cuando sitúa la reunión del Sanedrín –en la que se toma la decisión de condenar a muerte a Jesús– unas cuantas semanas antes de la Pasión.

SIN TESTIGOS NI DOCUMENTOS

Además de la incertidumbre en cuanto a la cronología, hay razones de peso para dudar de que muchos episodios del relato tradicional de la Pasión respondan en un ciento por ciento a la realidad histórica. En primer lugar, el considerable lapso de tiempo transcurrido entre los hechos y su narración en los evangelios no favorecería la rememoración fidedigna de los mismos. En segundo lugar, no se pudo contar con testigos visuales de acontecimientos como el interrogatorio a puerta cerrada de los sumos sacerdotes a Jesús durante el «proceso judío», o el diálogo de Jesús con Poncio Pilato durante el «proceso romano»; por ello, el relato hubo de basarse en testimonios indirectos o en simples conjeturas. En tercer lugar, no quedan actas de estos procesos. Es casi seguro que, al menos en el caso del «proceso romano», que terminó con una condena nada frecuente a la cruz, se envió un acta al emperador Tiberio, documento que se ha perdido irremisiblemente.

ADAPTACIÓN A LAS PROFECÍAS

La historia de la Pasión está empedrada de alusiones y citas a textos del Antiguo Testamento (los escritos bíblicos anteriores a Cristo), que eran considerados profecías mesiánicas, al menos por los cristianos: el relato alude claramente a entre 80 y 90 pasajes de ese tipo. Este notable monto de acciones y dichos de Jesús expresados con palabras del Antiguo Testamento hace como poco sospechar que algunos eventos, quizás en el fondo históricos, fueron acomodados debidamente para que se cumplieran las profecías. Incluso algunos estudiosos sostienen que hay pasajes de la Semana Santa creados expresamente por los evangelistas a partir de algunos de esos textos considerados mesiánico-proféticos.

Un ejemplo es la narración de la muerte de Judas, el traidor, presentada en dos versiones totalmente distintas en el Nuevo Testamento. La primera refiere que Judas se ahorcó (Mateo 27,5-9), mientras que la segunda atribuye la muerte de Judas a una caída (Hechos de los apóstoles 1,18). Es evidente que ambas versiones no pueden ser verdaderas a la vez. Hay notable unanimidad entre los investigadores al señalar que el ahorcamiento de Judas es un evento creado a imitación del episodio de Ajitófel, que traicionó al rey David y luego se ahorcó, devorado por los remordimientos (2 Samuel 15,1-37; 17,23). La versión del fallecimiento por una caída probablemente está inspirada en la historia de la muerte del perverso rey seléucida Antíoco IV Epífanes, un cruel perseguidor de los judíos que muere tras caer de su carruaje. (2 Macabeos 9, 9-12).

CONTRADICCIONES

Las contradicciones entre los evangelistas son también una fuente de dudas para los historiadores. Así sucede con el embellecimiento de las circunstancias del enterramiento de Jesús. Según Marcos 15, 42-47, y sus paralelos en Mateo y Lucas, es obra de José de Arimatea, un piadoso e ilustre miembro del Sanedrín que actúa solo: envuelve a Jesús en una simple sábana y lo coloca en un sepulcro de su propiedad cerca del Gólgota. La sepultura es sencilla, rápida y sin pompa alguna. Pero la versión de Juan es muy distinta: José de Arimatea está acompañado de otro personaje, Nicodemo, desconocido por los demás evangelistas. Entre los dos bajan el cuerpo de Jesús y le otorgan un enterramiento solemne y costoso: lo fajan con bandas y aromas utilizando nada menos que unos 50 kilos de ungüento de mirra y áloe, y lo depositan deprisa en una tumba de un huerto cercano.

Para colmo, Pablo (que no fue discípulo de Jesús) presenta en un discurso de los Hechos de los apóstoles (13,27- 29) una versión radicalmente diferente: «Y los que habitan Jerusalén y sus jefes […] pidieron a Pilato que matara a Jesús […] y después de bajarlo del madero lo pusieron en un sepulcro». Según esto, no fueron ni José de Arimatea ni Nicodemo los que bajaron de la cruz a Jesús, sino los jefes de los judíos –por medio de sus esbirros, naturalmente–, y posiblemente lo pusieron en un sepulcro común y vulgar, pues consideraban a Jesús un malhechor.

Por otra parte, la historia de la Pasión contiene detalles que chocan con el derecho romano de la época: por ejemplo, la concesión de la libertad a un asesino insurrecto como Barrabás. Por parte judía se han señalado unas 27 diferencias entre el proceso a Jesús y las prescripciones jurídicas de la época. Las más llamativas son que el proceso tuviera lugar en el día en el que por la tarde comenzaba la Pascua (según Marcos, Mateo y Lucas) o en la víspera de ella ( Juan), lo que estaba prohibido explícitamente; un juicio con pena capital no podía tener lugar de noche; no se podía condenar a nadie por blasfemo si no se probaba que había dicho algo directo contra Dios o había pronunciado sacrílegamente el nombre divino, lo que no era el caso de Jesús; estaba rigurosamente prohibido que la condena a muerte se ejecutara el mismo día del juicio, como se hace con Jesús...

La repetida utilización de estrategias literarias por los evangelistas es señal de un desarrollo artificial de los acontecimientos. Tal es el caso del esquema de la acción triple: tres veces va y vuelve Jesús hacia el grupo de los discípulos en Getsemaní; Pedro niega tres veces conocer a Jesús; tres grupos de gentes se mofan de Jesús en la cruz...

Por último, en la historia de la Pasión hay episodios inverosímiles o legendarios. Por ejemplo, ¿cómo iban a dormirse por dos veces los discípulos predilectos de Jesús durante su oración en Getsemaní y recordar esas palabras, que reproducen los Evangelios? Igual sucede con los episodios de conmoción de la Naturaleza tras la muerte de Jesús: rotura del velo del Templo, tinieblas repentinas, terremoto...

LAS RAZONES DE UNA HISTORIA

Se han planteado diversas hipótesis para explicar las anomalías históricas y la forma literaria de la Pasión. La primera es la compresión de una historia de varios meses en una semana, lo que, como hemos visto, conduce en ocasiones a lo inverosímil. La segunda es la necesidad de justificar teológicamente una muerte inesperada, la del mesías enviado por Dios y ejecutado por los romanos. En los evangelios, su muerte aparece como el cumplimiento de un plan divino que él conoce y al que se entrega: su vida a cambio de la salvación de la humanidad. Esto pudo causar la acomodación de los hechos reales de la Pasión a las profecías (lo que pasó ya estaba escrito). Este primer relato sería el que llegó al evangelista Marcos. Y la tercera hipótesis: sería plausible que el primer relato de la pasión de Jesús también se utilizara al principio como una suerte de «guía turística religiosa» para mostrar a los cristianos que vivían fuera de Israel, y que visitaban Jerusalén, los sucesos y los lugares en los que había padecido y triunfado el Mesías. 

Sócrates, la muerte y la filosofía: sobre un diálogo de Platón

 Fedón dice que sí. Él mismo estuvo presente en la cárcel el día en que Sócrates bebió la cicuta. 

Ha pasado tiempo ya. Fue un día memorable. Los amigos se reunieron más temprano que de costumbre en las inmediaciones de la cárcel de Atenas. Era el alba del último día. El portero los invitó a pasar. Jantipa, la esposa de Sócrates, se encontraba a su lado sosteniendo al hijo de ambos en los brazos. 

Fedón cuenta que Jantipa profirió entonces uno de esos gritos típicamente femeninos, un alarido de pena, y dijo unas pocas palabras verdaderas: “Por última vez ahora te hablarán tus amigos, Sócrates, y tú les hablarás a ellos”.

Un bajorrelieve que muestra a un hombre despidiéndose de gente en la puerta.














Bajorrelieve de Antonio Cánova en el que Sócrates se despide de su familia. Artgate Fondazione Cariplo/Gallerie di Piazza Scala, CC BY-SA

La forma del Fedón

Algunos diálogos de Platón recurren a la técnica literaria de las enmarcaciones o las “muñecas dentro de muñecas”: el diálogo no ocurre de manera directa, sino que se llega hasta él mediante la narración de uno de los personajes. A veces el narrador participó en el diálogo y cuenta su recuerdo. Otras veces no estuvo presente y se basa en el relato de alguien que sí lo estuvo.

Únase y apueste por información basada en la evidencia.

Lejos de ser gratuita, esta técnica tiene un significado filosófico esencial para comprender el proyecto de escritura que son los diálogos de Platón.

En el caso del Fedón, el cuerpo del diálogo lo constituye el relato de Fedón acerca del último día de la vida de Sócrates. Es un diálogo indirecto, pues los discursos de Sócrates y sus amigos aparecen enmarcados en la conversación que Fedón sostiene con Equécrates, el interlocutor no informado que pregunta “qué dijo el varón frente a la muerte y cómo acabó” (el griego comprende el morir como acabar y terminar).

No solo el marco es parte esencial de la forma del diálogo, sino que el desdoblamiento de niveles permite efectos que no podrían darse de otro modo. Fundamentalmente, la observación desde fuera y el examen crítico, que resultan de la réplica interna de la relación externa entre el libro y sus receptores: la atención de los lectores es al diálogo Fedón lo que la atención de Equécrates es a la narración del propio Fedón.

El sol se está poniendo

El grito de pena de Jantipa debe escucharse: es la música fúnebre, peculiar de este diálogo, contra la que medir el peso y calibrar el mérito de lo que viene a continuación.


Ni Sócrates ni sus amigos se abandonarán a las lágrimas, esas grandes enemigas del discurso que ciegan la visión y bloquean las palabras. Jantipa es despedida. Durante el último día en la cárcel, con la cicuta en la mesa, no reinará el silencio sino los decires (lógoi). Sócrates y sus amigos hablarán de en qué consiste estar muerto. Son las hazañas de la filosofía: domesticar la muerte no subyugando al monstruo que guarda el Hades, como hizo Heracles, sino diciéndola.

Lo cual en este caso es tanto más significativo porque ahí está la cicuta, ahí está el sol, declinando en el cielo, y se hace más evidente que nunca la importancia de discernir lo valioso de lo superfluo y elegir siempre lo primero, nunca lo segundo.

Si al comienzo del recuerdo de Fedón el grito de Jantipa debía oírse para silenciarlo, al final el ruego iluso de Critón es lo que, por contraste, permite percibir cuán difícil es asumir eso que Sócrates está asumiendo.

Critón dice: “Espera, Sócrates, todavía queda tiempo. No bebas el veneno todavía. Mira el cielo, el sol aún no se ha puesto”. 

Es la actitud de la mayoría, aplazar la confrontación con la muerte.

Sócrates contesta: “Querido Critón, sentiría vergüenza ante mí mismo si demostrase ahora el apego al vivir contra el que he hablado siempre. Sería mezquino apurar el trago cuando ya no queda nada. No hay que engañarse. El sol ya se está poniendo. Es preciso pagar la deuda y morir con integridad”.

¿Qué es el “alma”?

Mientras vivimos, todo en nosotros y a nuestro alrededor (el color del cielo, el calor del aire, las sensaciones y los sentimientos) cambia sin cesar. Lo que le falta a la vida es la unidad, la congruencia, la estabilidad, el sentido. Preocuparse por la muerte es preocuparse por ese sentido. Sin esta inquietud, la vida no sería más que una secuencia disparatada de episodios incoherentes.

A la unidad de sentido de la vida un griego puede llamarla “alma” (psykhé). Quien filosofa se ocupa no de la vida y el “cuerpo” (lo que cambia, confunde y zarandea), sino de la muerte y el “alma”, nombre de la separación y el desprendimiento frente a lo primero. La filosofía, como el arte, se aparta de la vida para comprehenderla.

Fedón recuerda que en mitad de aquellos discursos tan valientes se hizo un largo silencio. Los cisnes, dijo Sócrates, cantan sus cantos más bellos en la antesala de la muerte. Y no son cantos de tristeza, como cree la mayoría, sino de gozo. 

Fedón confiesa que nunca la admiración por Sócrates le sobrecogió tanto como en aquel momento. Los animaba a no desfallecer y mantener viva la llama de las conversaciones mientras acariciaba su cabeza y jugaba con su pelo: “Mañana, Fedón, te cortarás quizá esta bella melena. O tal vez no, si me haces caso”.

Es entonces cuando los discursos se hacen más que nunca ensalmos, hechizos, encantamientos; historias y cuentos capaces de consolar al niño lloroso que en nosotros sigue temiendo la muerte.

Un hombre bebe de un vaso mientras otros hombres alrededor lo miran aterrorizados.
Y Sócrates bebe la cicuta. Grabado de. Wikimedia Commons

Decir lo indecible




















Es habitual que en Platón el mito substituya al argumento cuando se ha alcanzado un límite de comprensibilidad y expresabilidad. No hay conocimiento ni discurso sobre la muerte. Para lidiar con esta situación, el diálogo introduce historias que son deliberadamente disparatadas, inadecuadas, locas; precisamente por eso no pueden fracasar, porque ya han fracasado de antemano.

El Fedón, el Gorgias y la República son diálogos que incluyen ciertos mitos llamados “escatológicos”, relatos fantásticos sobre la frontera más allá de la cual no hay nada. 

Solo un decir inadecuado resulta adecuado cuando se trata de hablar del estado de no ser, no vivir, no ver, no saber que, sin embargo, es lo único imborrable e inmortal: qué he hecho en total, quién he sido en definitiva.