martes, 1 de diciembre de 2020

El ocaso de la verdad y el populismo digita

 El trumpismo, a través del populismo autoritario, ha sido el mejor paradigma de lo que hoy se ha denominado la era de la posverdad: el predominio político de la verdad subjetiva. La hegemonía del subjetivismo cultural ha sido la base de la nueva autocracia digital que desde la autoridad emocional desprecia el conocimiento científico e intelectual. 

La resistencia del trumpismo a abandonar el poder y reconocer la mayoría social de su rival demócrata en las pasadas elecciones de los Estados Unidos ha sido la última revelación de la naturaleza autocrática y dictatorial de esa estrategia de movilización política populista.

El nacimiento de la Posverdad

Suele situarse el nacimiento de esta nueva cultura política en el entorno anglosajón, en el 2016, con el triunfo electoral de Donald Trump, el triunfo del Brexit en el referéndum de Gran Bretaña y la posterior victoria del exalcalde de Londres, Boris Johnson en 2019. Trump, un magnate empresario antipolítico, sociópata y cómico del espectáculo televisivo, partidario de las redes sociales y denostador de los medios de comunicación tradicionales, se convirtió en presidente de los Estados Unidos. Su influencia se había sustentado en tratar a sus electores como si fueran la audiencia de un programa televisivo de entretenimiento.

El artífice de su campaña electoral, Steve Bannon, un exbanquero de inversiones del Partido Republicano, también lo fue de la campaña del referéndum del Brexit. Junto con otros protagonistas como Karl Rove, poderoso consejero de George W Bush, Roger Ailes, fundador de Fox News, o Dominic Cummings, autor de los mensajes de la campaña de los eurófobos, que asumieron por primera vez que la percepción emocional era lo único importante. 

No consuma noticias, entiéndalas.

Hoy todos ellos, fundadores del nuevo populismo derechista, están ya en sus horas más bajas, aunque fueron los primeros en llevar a la práctica política que los hechos no son hechos, ni existen los datos, solo las interpretaciones sobre un vaso de agua medio lleno. Lo que importa ya no es la verdad sino el impacto. El triunfo de lo visceral o de lo más simple sobre la complejidad de lo real. 

Fueron los asesores de Trump los que inventaron la existencia de la “verdad alternativa”. No existe una realidad verificable, solo una controversia entre los hechos y “los hechos alternativos”, por eso en esta nueva lógica política se impuso la confrontación y la polarización de posiciones.

La versión europea fueron los nuevos nacionalismos de la órbita rusa o los populismos autoritarios en Polonia o en la Hungría de Viktor Orban. Basado en otro tipo de populismo autoritario, la Federación Rusa, en manos de exagentes secretos de la KGB convertidos en oligarcas de grandes empresas que trabajan para el Kremlin, se ha convertido en uno de los mayores polos de interferencias internacionales. 

Son celebres los ataques del hackeo ruso. Sus ideólogos, jefes del estado mayor de sus fuerzas armadas o lideres ultranacionalistas de la estrategia euroasiática, fueron pioneros en muchas de estas técnicas actuales de desinformación y manipulación informativa a través de la red.

Pero además hay otro precursor del nuevo populismo audiovisual, un pionero del negocio televisivo que fue mito del posmodernismo: Silvio Berlusconi. Aunque el magnate de la televisión privada italiana que llegó a la Presidencia de su país no tenía rasgos fascistas pronunciados, era un granuja enriquecido, un pillo liberal que confundía con facilidad los intereses públicos y los privados, y que después fue destronado por otro cómico aún más histriónico como Beppe Grillo, defensor de la democracia digital a través de las redes sociales. 

En la casta anglosajona, sin embargo, radicaba por primera vez el marketing deliberado de la desinformación sistemática, la práctica autocrática y la mayor degradación posible de la democracia.

Silvio Berlusconi con una tarjeta de crédito en la mano en Turín en mayo de 2019. Shutterstock / Stefano Guidi

El valor del periodismo objetivo y la indiferencia ante la mentira

El germen de esta nueva era hay que buscarlo en la crisis mundial del 2008, que suscitó una gran hostilidad política a la economía globalizada y hacia los políticos de izquierda y derecha que, sin distinción, fueron percibidos bajo sospecha. La corrupción había corrompido todo el estado de derecho y la crisis de credibilidad también se había llevado por delante a los medios de comunicación tradicionales que se habían basado en el objetivismo. 

La indignación de los activistas que reclamaban más democracia directa dio paso inmediatamente a la indiferencia de grandes capas sociales ante la mentira política. La mentira ya no solo era patrimonio de los regímenes autoritarios, sino que se afianzaba en las democracias para devaluarlas. Esta era la base social de la posverdad sustentada en el desplome de la confianza de los ciudadanos cuando estos decidieron recompensar con el éxito político a los mentirosos. 

Si los activistas predicaban más democracia directa, el resultado era el inverso, el relativismo posmoderno con el que la derecha populista se había rearmado infectó el estado de derecho convirtiendo en un enfermo terminal al sistema democrático representativo.

Hay un nexo directo entre posverdad y medios de comunicación: la evidencia de presenciar los hechos de la actualidad en tiempo real también ha conducido progresivamente a los medios hacia el primado de las emociones y los sentimientos. La información se valora por su celeridad e impacto frente a su objetividad. Si la televisión había amplificado lo espectacular, la tecnología digital ha sido el auténtico motor de la posverdad porque fomentó la inflación de información y el gregarismo. Internet provocó el desprecio de la complejidad intelectual para poder revelar lo más simple.

¿Pero cómo hemos llegado tan lejos?

Todavía palpitan los valores del periodismo objetivo que emergió a principios del siglo XX, cuando Walter Lippmanndescribió ese ideal en su libro Public Opinion. Después Philip Meyer popularizó el periodismo de precisión como la necesidad de incorporar las poderosas herramientas de recopilación de datos y de análisis de la ciencia y su búsqueda disciplinada de la verdad verificable. 

A comienzos del siglo XX surgió la prensa de calidad, que, tras las guerras y los regímenes autoritarios, se consolidó como reacción independiente a la propaganda bélica y política desde sus valores de culto a la objetividad. 

El director del Manchester Guardian afirmó entonces la vieja leyenda de que “los comentarios son libres, pero los hechos son sagrados”. Este objetivismo tenía su germen en el siglo XVII, cuando la filosofía de Descartes o Hobbes persigue la regulación de los sentimientos y las sensaciones y el enaltecimiento de la razón, y que tendría su punto álgido en la Ilustración. Ahí encontramos el origen del positivismo, y las nociones contemporáneas de verdad, conocimiento científico, empirismo y progresismo.

Pero ese paradigma sobre la razón moderna o el conocimiento experto empezó a perder toda credibilidad en la reciente década de los años 90, cuando el sentimiento se va a adueñar del mundo individual y colectivo. Los científicos habían representado como nadie la capacidad de diferenciar aquello que tenía que ver con los hechos de lo que estaba vinculado a la opinión o la emoción. Para entonces los nuevos líderes televisivos y las audiencias masivas ya iban a disponer de herramientas tecnológicas de comunicación en tiempo real. Las tecnologías de los medios de comunicación, internet, los teléfonos móviles y las redes eran inmensos amplificadores audiovisuales.

Prensa internacional expuesta en un quiosco de Londres en 2015. Shutterstock / Lawrey

La verdad en Orwell y Arendt

La filósofa Hannah Arendt, perseguida por el nazismo, fue otra estudiosa del objetivismo y la verdad: una sociedad que reconoce la autoridad de los hechos tiene que crear instituciones que estén por encima de la política, los sentimientos y las opiniones. El sustento de la democracia. Arendt reflexionó sobre el poder de la mentira como instrumento de los totalitarismos para reescribir la historia y adaptar el pasado a sus intereses políticos.

En 1971 escribió que “la falsedad deliberada” y la mentira como medios para la obtención de fines políticos venía históricamente de lejos. Aunque los antropólogos han podido confirmar que, desde que el hombre primitivo se organizó en tribus, la mentira fue siempre un arma política. 

Pero hay un arco contemporáneo que va desde que emergió el ideal de veracidad política, cuando George Washington afirmó su incapacidad para la mentira, hasta que Richard Nixon lo desmintió en 1973. Pero por entonces Nixon sabía lo que le esperaba a cualquier político que fuera descubierto en la mentira. Y sus asesores le recriminaban: “Si vas a mentir iras a la cárcel por mentir, más que por el delito. Así que no mientas nunca”. 

Con el asunto Watergate todo entró en crisis. Por entonces, la sociedad aún penalizaba electoralmente al que pillaba en una mentira. Hoy en día ya no es así. Fue con la administración de G.W. Bush cuando comenzó la política que no se basaba en la “anticuada” realidad sino en la creación de una nueva, precisamente la que ideo su propio asesor, Karl Rove. 

Esa otra realidad que los asesores de Trump llamarían más tarde “hechos alternativos” y que estaba basada en el estudio de los espectadores de televisión, aquellos que consideran que realidad y espectáculo viene a ser lo mismo.

Durante estos cuatro años de resistencia, el antitrumpismo cultural ha recuperado a dos autores del pasado siglo para convertirlos en profetas del presente: el periodista y escritor inglés, George Orwell, y la escritora Hanna Arendt. 

Desde el triunfo de Trump, 1984 y Los orígenes del totalitarismo se convirtieron en sus libros icono. Orwell, que presintió la posmodernidad en la revolución informática, escribió 1984como su testamento publicado seis meses antes de su muerte, en enero de 1950. 

Inspirado por el estalinismo, el nazismo y el imperialismo capitalista, Orwell dibujó el futuro del totalitarismo. Los protagonistas eran el abuso del poder, la manipulación de la realidad por los medios de comunicación y la expansión de la tecnología: el Gran Hermano. Los medios, y especialmente la televisión, son los grandes protagonistas del libro. 

Shutterstock / durantelallera

Las telepantallas omnipresentes que emiten y vigilan. Con los medios de comunicación, el poder manipula y reprime la realidad. El Ministerio de la Verdad es el que usa los medios para difundir su propaganda y satisfacer a esta sociedad moderna ignorante, que no tiene el más mínimo interés por el conocimiento y que considera los libros como una mercancía.

La permanente obsesión de Orwell por la verdad de los hechos y por desenmascarar la perversión de la propaganda política procede de su experiencia en la guerra civil española que rememoró en Homenaje a Cataluña, un extraordinario testimonio sobre los enfrentamientos entre estalinistas y anarquistas que el mismo vivió trágicamente en la Barcelona del 36. Ya en ese documento se asombra del menosprecio de los hechos demostrables, de aquella decadencia de la verdad objetiva. Lo que le llevó a reflexionar sobre los mecanismos de los sistemas totalitarios que describiría luego en la novela 1984. 

Algo parecido hizo la escritora judía al escribir Los orígenes del totalitarismo, quien coincidió con Orwell en identificar los mecanismos de control: si todos aceptan la mentira impuesta por el Partido, la mentira pasará a la historia y se convertirá en verdad. Lo llamaron “control de la realidad” o el “doblepiensa”.

Posmodernidad y talk show

La base intelectual de la era de la posverdad está en la filosofía posmoderna de finales del XX, que estudiaron los filósofos franceses del grupo de Foucault, Lyotard, Derrida, o Braudillard. Sus ideas partían de la consideración de una sociedad más pluralista que tenía que reconocer a múltiples agentes de género, de minorías étnicas, etc. Ahí se empieza a cuestionar el concepto mismo de realidad objetiva con lo que también se cuestiona la noción de verdad, porque su terreno natural del final del siglo era la ironía, las apariencias, el distanciamiento y la fragmentación, como reacción a las verdades absolutas que habían arrojado tanta violencia en el sangriento siglo XX. 

La física cuántica revolucionó el pensamiento filosófico y el show business la posibilidad de “divertirse hasta morir”. Basado en el paradigma de Nietzsche de que la verdad puede ser un mal y la ilusión un bien, el paradigma de que “los hechos no existen, solo las interpretaciones”, ha acabado propiciando que la razón la tienen los más fuertes.

Braudillard descubrió en 1981, en Cultura y Simulacro, que en el mundo contemporáneo cada vez había más información, pero también menos significado. Las tecnologías de la información subvertían los conceptos heredados de lo real. La idea de Nietzsche era muy simple, pero terriblemente provocativa, ya que si no hay hechos “objetivos” no existe nada irrefutable ni verdadero. Cambiar el mundo a mejor no era más que otra de las ilusiones de masas controladas por el poder. 

El desengaño político era el brazo armado de la posverdad, un disolvente de la confianza y un reclamo para el reagrupamiento tribal y antisocial. El posmodernismo fue una filosofía que fue muy atractiva para la izquierda desencantada, que necesitaba dar sentido a un siglo en el que las antiguas certezas de la vanguardia marxista se habían derrumbado. Suponía una nueva política de emancipación social entre los restos del naufragio. El posmodernismo invadió los medios de comunicación, las universidades y la vida cultural y acabó convirtiéndose en un estado de ánimo, al conferir prestigio intelectual al cinismo y al nuevo relativismo político.

No hay hechos, solo opiniones

La inflación de la oferta informativa, la liberalización de la televisión y sus contenidos que imitan la realidad han acabado convirtiendo el mundo en una ficción. A través de los talks showsy del infotainment se ha consolidado el nuevo paradigma de que no hay hechos solo opiniones. Steve Bannon y los ideólogos del populismo derechista reconstruyeron la deconstrucción de dogmas y religiones conservadoras que los posmodernos se habían propuesto, y así Trump acabó como principal beneficiario electoral a través de las redes sociales y sin ningún prejuicio sobre la verdad, lo que ha constituido uno de los momentos históricos “posverdaderos” por antonomasia.

Si todo es un constructo, quién va a denunciar lo falso, quién va a impedir a los creadores de fake news luchar contra la poderosa hegemonía de los viejos medios de comunicación. Entre tanto adicto a las telepantallas, la posverdad constata que cualquier punto de vista es legítimo y carece de sentido buscar la verdad porque la realidad se ha difuminado. 

Nadie nunca pudo imaginar un ejemplo más preclaro de la volatilidad de los límites entre realidad e imaginación, y el filósofo italiano, Mauricio Ferraris, autor del Manifiesto del nuevo realismo, concluyó que en este nuevo populismo fascista había un salto histórico, el que iba del posmodernismo televisivo a la posverdad digital de las redes. De este modo, mientras que el posmodernismo se había extendido a través de la televisión, la posverdad lo hacía a través de las redes digitales.

En 2015, el joven profeta posmoderno de moda, Matt Taibbi, de la revista Rolling Stone, escribió un artículo de opinión en The New York Times titulado «El periodismo objetivo es una ilusión». Taibbi escribía con motivo de la jubilación del aclamado presentador John Stewart de The Daily Show para sostener que parte de su popularidad se explicaba por el hecho de que Stewart no pretendía ser un periodista objetivo. 

A diferencia de la mayoría de los periodistas que se esconden detrás de una fachada de objetividad, Stewart iba directo apelando a sus prejuicios. 

Muñecos de Donald Trump a la venta en una tienda de Nueva York en febrero de 2020. Shutterstock / pio3

Trump, el producto mediático perfecto

Según Taibbi, Trump ha sido el producto mediático perfecto. En la era de la posverdad o de la subjetividad, los medios y sus compañías han aprendido el negocio de las redes sociales: hay que identificar a tu audiencia y luego alimentarla con historias que refuercen su sistema de creenciaslink text . 

Pero sin embargo hay algo más. Según otro joven científico informático y teórico de la desinformación, Tristan Harris, hay tres consecuencias de la posverdad, el negocio de las fake news, la polarización política tribal y el auge de las teorías de la conspiración, y ante la cada vez mayor dificultad de establecer un consenso basado en los hechos, termina advirtiendo que si no podemos ponernos de acuerdo en lo que es verdad no hay posibilidades de encontrar ningún tipo de solución política para nuestros problemas.

Pero de momento la historia no se ha acabado. En la misma noche electoral de las elecciones del 3 de noviembre, las principales cadenas informativas de televisión, ABC, CBS o NBC optaron por cortar la emisión de la intervención de Donald Trump por verter afirmaciones falsas, cuando denunciaba, sin aportar pruebas, que se estaba produciendo un robo en las elecciones, que el sistema electoral estaba corrupto, y que el voto por correo era ilegal, y a continuación se declaraba vencedor.

Meses antes de iniciarse la campaña electoral, Twitter, la red preferida del presidente, había optado por la verificación de hechos en los mensajes del presidente de Estados Unidos al considerarlos engañosos. Durante los días del recuento de votaciones, uno de cada dos mensajes de Trump ya contenía el mensaje: “Alguna parte o todo el contenido compartido en este Tweet ha sido objetado y puede ser engañoso”. 

Ante las acusaciones y el descrédito creciente de la red, Twitter había optado por alertar de que Trump mentía. La red social creó unas advertencias con las que redireccionaba a sus usuarios a una página web para que se informaran como es debido de los avances del proceso electoral. Esa misma noche electoral, Twitter no daba por válida la publicación en la que se declaraba vencedor de las elecciones.

El viejo conflicto entre verdad y opinión

El trumpismo ha devuelto el viejo conflicto platónico entre la verdad y la opinión, que regresa con gran hostilidad cuando la verdad factual se opone a los intereses políticos de cualquier colectividad. Es entonces cuando las verdades incómodas son automáticamente transformadas en opiniones, tal y como estudió Hannah Arendt. 

Quizá la caída de Trump permita superar la hegemonía de esta cultura de la posverdad, pero permanecerá más o menos mitigada la permanente voluntad política de la desinformación como manipulación interesada de la realidad. 

Si la extrema fragilidad de los ciudadanos bajo la actual pandemia puede llegar a minar el poder populista debido a la inexorable objetividad de las víctimas, quizá las próximas catástrofes medioambientales, por la misma razón, se encarguen del ocaso definitivo de este nuevo episodio de autocracia mundial.

La vacunación obligatoria contra el SARS-CoV-2: jurídicamente posible ¿y éticamente admisible?

 En las últimas semanas se han sucedido noticias alentadoras sobre la eficacia de varias vacunas contra la covid-19 que se encuentran en la tercera fase de sus ensayos clínicos. Esto, siguiendo a la Comisión Europea, ha acelerado la necesidad de diseñar una estrategia nacional de vacunación sobre los grupos de población que, por razón de su situación clínica o profesional, tendrán acceso prioritario a las primeras dosis autorizadas que lleguen a España.

El barómetro de noviembre 2020 del CIS muestra el recelo de buena parte de los españoles (47 %) a “vacunarse inmediatamente cuando se tenga la vacuna” frente a un 36,8 % que sí lo haría. Ello contrasta con un respaldo de más del 95 % en España con respecto a la vacunación infantil. Esto, pese al descenso en la adultez, invita a desligar este resultado de los movimientos antivacunas.

Más probablemente, la causa que subyace es la celeridad con la que se han desarrollado. De acuerdo con la Asociación Española de Vacunología, el récord de precocidad para una nueva vacuna era, hasta ahora, de cuatro años, si bien este plazo debe ser ponderado conforme a las excepcionales circunstancias de una pandemia y a la ingente labor previa realizada. Una respuesta negativa de la ciudadanía, en cualquier caso, podría dar al traste con la inmunidad comunitaria mínima necesaria, y que los expertos han situado entre un 60 y un 70 %.

Preventivamente, algunas voces ya se han apresurado a reclamar su obligatoriedad. De hecho, será próximamente registrada una proposición de ley para establecerla en la Ley de salud de Galicia. En ella se contemplarán sanciones que, dependiendo de la gravedad, pueden alcanzar hasta los seiscientos mil euros. Sin embargo, no plantea la indemnización a aquellos que se les haya administrado la vacuna en contra de su voluntad y padezcan efectos adversos, lo que podría atentar contra el principio de proporcionalidad.

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¿Se puede obligar por ley?

¿Es necesario recurrir a la vía forzosa? La Base Cuarta de la Ley de 25 de noviembre de 1944, de Bases de Sanidad Nacional, ya declaraba “obligatorias” las vacunaciones contra la viruela y la difteria, extendiendo “la obligatoriedad” a las de carácter preventivo contra las infecciones tíficas y paratíficas. En todas las demás infecciones eran recomendables y, en su caso, “impuestas por las autoridades sanitarias”.

La vigente Ley 22/1980, de 24 de abril, de modificación de la base IV de la Ley de Bases de la Sanidad Nacional de 25 de noviembre de 1944, dulcificó esta redacción. En su artículo único aseguraba que “podrán” ser declaradas por el Gobierno las vacunaciones contra la viruela, la difteria y contra las infecciones tíficas y paratíficas. Igualmente, para el resto de infecciones, la salvaguarda de la Ley de 1944 se mantiene inalterada. La condición infecciosa de estas enfermedades puede amparar su aplicación obligatoria en casos de similar naturaleza o, lo que es lo mismo, a que se aplique analógicamente (art. 4.1 Código Civil) para hacer frente a un virus que ha demostrado ser muy contagioso.

Asimismo, la Ley Orgánica 3/1986, de 14 de abril, de Medidas Especiales en Materia de Salud Pública, recoge en su art. 3 que “(…) la autoridad sanitaria, (…) podrá adoptar (…) las que se consideren necesarias en caso de riesgo de carácter transmisible”. La amplitud de acciones y medidas que pueden entenderse justificadas bajo esta cláusula podría legitimar al ministro de Sanidad para decretar la vacunación prescindiendo del consentimiento con motivo de un riesgo para la salud pública (art. 9.2 a) Ley 41/2002, de 14 de noviembre, básica reguladora de la autonomía del paciente y de derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica).

No obstante, y pese a que, como explica de la Mata, podría caber incluso su aplicación coactiva al ejercerse en cumplimiento de un deber reconocido por la Ley Orgánica 3/1986, conviene tener presente que tanto la integridad física como la libertad son derechos fundamentales constitucionalmente protegidos (artículos. 15 y 17.1, respectivamente).

¿Es ético obligar a la vacunación?

En este contexto irrumpe la siguiente pregunta: ¿es ético imponer esta obligatoriedad? Desde el punto de vista de un Estado social y democrático y de Derecho, no parece, desde luego, la mejor de las opciones. Es cierto que existen alternativas como la vacunación condicional, por la que se establecerían espacios seguros a los que solo se permitiría la entrada a quienes se hubieran vacunado voluntariamente. Esto garantizaría su protección, e impulsaría a hacerlo a los que no. 

Sin embargo, la fórmula más exitosa para asegurar una vacunación masiva es disponer de la confianza ciudadana: sirva como ejemplo la vacuna contra la gripe que, desde el inicio de la campaña en octubre de 2020, ha aumentado su demanda hasta agotarse en núcleos de gran población como León, Vigo, Zaragoza y la Villa de Madrid.

Para contar con esta confianza debemos conocer los resultados preliminares de las vacunas que se hallan en fases avanzadas a través de su publicación en revistas científicas, como han hecho recientemente la Universidad de Oxford y AstraZeneca en The Lancet. Esto permitiría su revisión por expertos independientes en la materia. Entre otros datos, revelaría cuál ha sido el perfil de los voluntarios y si la vacuna ha sido testada (y, en su caso, con qué grado de éxito) en personas mayores y personas con discapacidad (grandes dependientes o no), dos de los cuatro grupos que serán vacunados en primer lugar.

Estos procesos han de ser verificados y, en su caso, validados por la Agencia Europea de Medicamentos. 

Es responsabilidad de las administraciones competentes comandar la educación sanitaria (arts. 43.3 Constitución Española y 6.2 Ley 14/1986, de 25 de abril, General de Sanidad) por medio de campañas de concienciación sobre la seguridad de las vacunas, primero, y de su eficacia, después. Todo esto, guiados por la evidencia científica de la que se disponga en cada momento y por la transparencia.

El Colegio Cardenalicio en cifras y porcentajes

 

El pontífice argentino ha querido reconocer el peso de la iglesia no europea, por lo que ha designado cardenales a religiosos que residen y operan en América Latina, África y Asia

El pontífice argentino ha querido reconocer el peso de la iglesia no europea, por lo que ha designado cardenales a religiosos que residen y operan en América Latina, África y Asia© VATICAN MEDIA/AFP

Con la investidura este sábado de 13 nuevos cardenales, el Colegio Cardenalicio, encargado de elegir al futuro papa en caso de Cónclave, quedará compuesto por 128 electores y 101 no electores para un total de 229 purpurados.

El límite de 120 votantes establecido por Pablo VI en 1975 ha sido superado, algo que ya había ocurrido en otras ocasiones bajo Juan Pablo II.

Tras el Consistorio del sábado, resulta que el papa Francisco ha elegido al 41,4% de sus integrantes, aunque no todos electores, es decir con derecho a votar en el cónclave. 

En números, Francisco “ha creado” (término religioso) 95 cardenales en sus casi 8 años de pontificado, 69 fueron creados por Benedicto XVI (2005-2013) y 65 por Juan Pablo II (1978-2005).

Francisco ha premiado sobre todo a religiosos de zonas remotas y que no provienen de grandes ciudades como Los Ángeles, París o Milán, como ha sido la tradición.

El pontífice argentino ha querido reconocer el peso de la iglesia no europea, por lo que ha designado cardenales a religiosos que residen y operan en América Latina, África y Asia. 

Esas tres zonas representan el 45% del colegio, mientras que en el cónclave que eligió a Francisco sumaban el 35%. Ver más

América Latina, la región con la mayor población católica del mundo, está representada por casi el 19% de los purpurados, África por el 14% y Asia por el casi 12%.

El cónclave que eligió a Francisco era en un 52% formado por cardenales europeos, pero tras el consistorio del sábado, solo el 41% proviene del viejo continente.

En caso de cónclave para la elección del papa, sería probablemente el colegio cardenalicio menos eurocentrista de la historia. 

El porcentaje de cardenales italianos, en general es alto, del 17%, y suelen ocupar cargos en la influyente Curia.

La iglesia estadounidense estará representada con un 7%, el porcentaje más bajo en décadas.

Según las cifras divulgadas este sábado por el Vaticano, Europa contará con 53 cardenales electores; en tanto que América Central y México tienen 10 y América del Sur 14, lo que suma un total de 24 para América Latina.

Por su parte, Estados Unidos y Canadá tendrán 16, África 18, Asia 16 y Oceanía 4 electores.

los alucinógenos inspiraban a los artistas rupestres

 un grupo de investigadores de la Universidad de Nuevo México ha hallado las primeras pruebas que demuestran sin lugar a dudas que en los sitios de arte rupestre se realizaban rituales con sustancias psicotrópicas. En una cueva de California se han encontrado restos masticados de fibras de Datura wrightii o datura sagrada, una planta con efectos alucinógenos, cuya flor en forma de espiral se encuentra dibujada en las paredes del lugar y le da su nombre: Pinwheel Cave, la Cueva de los Molinillos.

En una cueva de California se han encontrado las primeras pruebas que demuestran sin lugar a dudas que en los sitios de arte rupestre se realizaban rituales con sustancias psicotrópicas

LO QUE NOS DICE UN CHICLE

El equipo ha combinado dos técnicas de análisis en laboratorio -cromatografía de líquidos y espectrometría de masas- para analizar fibras vegetales que se encontraban incrustadas en las paredes de la cueva como si de chicles se tratara. En ellas se han encontrado trazas de alcaloides presentes en la datura la como escopolamina, una sustancia que actúa como depresor del sistema nervioso y que en dosis altas puede ser mortal. El análisis por ordenador en 3D de los restos también ha identificado marcas que se corresponden con patrones de masticación.

Pinwheel Cave muestras datura

Las muestras encontradas en las paredes de la cueva.

Imágenes: University of New Mexico

Las muestras analizadas tienen unos 400 años de antigüedad, pero otras pruebas arqueológicas apuntan a que la cueva ya era usada desde el siglo XVI a.C. hasta finales del siglo XIX d.C. El arqueólogo e investigador principal del estudio, David Robinson, afirma que este lugar era usado por toda la comunidad para diversas ceremonias, una teoría que sostiene basándose en la gran cantidad y variedad de muestras encontradas en la cueva, no solo de datura sino también de otras plantas.

UNA PLANTA SAGRADA

Según los investigadores, esto no significa que los dibujos de la flor se hicieran bajo el efecto de dichas sustancias, sino que probablemente indicaban que ese lugar estaba destinado a su consumo. El uso de esa planta y otras como la yuca en rituales de los nativos californianos estaba ya documentada, pero hasta ahora no se había podido demostrar su conexión con el arte rupestre.

Los dibujos de la flor de datura probablemente indicaban que ese lugar estaba destinado a su consumo, del mismo modo que una cruz luminosa identifica una farmacia.

La prueba de que existían lugares destinados específicamente a estos rituales da una nueva visión sobre el arte rupestre y señala a una función equivalente a un pictograma, al menos para una parte de ellos. Del mismo modo que hoy identificamos una cruz luminosa con una farmacia, el dibujo de una determinada planta en una cueva servía para identificarla como lugar destinado a su consumo.

El Supremo de EEUU tumba las restricciones en sinagogas e iglesias en Nueva York

 El Tribunal Supremo de Estados Unidos ha bloqueado las limitaciones de aforo que el gobernador del estado de Nueva York, Andrew Cuomo, impuso a sinagogas e iglesias en el marco de la pandemia de coronavirus, aduciendo que son "mucho más restrictivas" que otras normativas implantadas en el contexto de la covid-19.


El fallo, a favor de la Diócesis Católica Romana de Brooklyn y la organización Agudat Israel of América, ha obtenido cinco votos a favor y cuatro en contra y precisa que las limitaciones son "mucho más restrictivas que cualquier regulación relacionada con covid-19 que se haya presentado anteriormente a los tribunales" y "mucho más estrictas que las adoptadas por muchas otras jurisdicciones afectadas por la pandemia".

Además, el Tribunal Supremo sostiene en su pronunciamiento que las restricciones en cuestión son "mucho más severas de lo que se ha demostrado necesario para prevenir la propagación del virus en los servicios religiosos", según ha informado la cadena de televisión CNN.

Frenar la propagación de la covid-19

Las organizaciones religiosas citadas presentaron una demanda en la que arguyeron que las restricciones violaban la Primera Enmienda de la Constitución de Estados Unidos porque afectaban a los lugares de culto más duramente que a los lugares seculares.

La defensa del estado de Nueva York justificó que las restricciones de aforo eran necesarias para detener la propagación de la covid-19 y que los lugares de culto no podían tratarse de manera distinta a los negocios seculares.

"No sólo no hay evidencia de que los asistentes han contribuido a propagar la covid-19, sino que hay otras normas menos restrictivas que pueden adoptarse para minimizar el riesgo de aquellos que asisten a servicios religiosos", ha manifestado el Tribunal Supremo, que ha incidido en que "aún en una pandemia, la Constitución no puede olvidarse".

La Diócesis Católica Romana de Brooklyn y Agudat Israel han celebrado el fallo. En un comunicado, la Diócesis Católica Romana ha celebrado el reconocimiento de "una clara violación de la Primera Enmienda" y ha calificado las restricciones impuestas por Cuomo de "extralimitación".

Agudat Israel, por su parte, ha señalado que el fallo es una "victoria histórica". El vicepresidente ejecutivo de la organización, el rabino Chaim Dovid Zwiebel, ha indicado en un comunicado que la decisión del Supremo "asegurará que las prácticas e instituciones religiosas sean protegidas de edictos gubernamentales que no tratan a la religión con el respeto demandado en la Constitución".

Presencia de Amy Coney Barret en el Supremo

En el caso destaca el impacto de la presencia de la jueza conservadora Amy Coney Barrett, nominada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en el Tribunal Supremo, puesto que ocupa desde finales de octubre.

En primavera y verano pasados, antes de la muerte de la jueza Ruth Bader Ginsburg --a la que Barrett sustituye--, el tribunal también estaba dividido en cinco contra cuatro en casos similares en California y Nevada, con el presidente del supremo, John Roberts, y los jueces liberales posicionándose en contra de las organizaciones religiosas.