martes, 1 de diciembre de 2020

La VIda a pesar de todo

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Aunque parezca increíble, ya a finales del siglo XIX algunos críticos alertaban de los peligros de la «feminización del mercado literario» y el «desproporcionado énfasis en la sexualidad femenina». Como contó Elaine Showalter en un artículo en The Guardian, los más agoreros llegaron a vaticinar que la literatura escrita por mujeres llevaría a la desaparición de la novela. Lejos de acabar con ella, escritoras como Virginia Woolf, Agota Kristof, Fleur Jaeggy y tantas otras han contribuido a ensanchar sus horizontes, y así lo reconoce hoy la mayor parte de la crítica. Las reticencias vienen cuando las escritoras escriben sobre «cosas de mujeres», como la maternidad; más aún cuando las protagonistas de los libros son mujeres «normales y corrientes» —como si una mujer no pudiera tener interés literario sin estar loca de remate o haber matado a su bebé (y, ya puestos, al marido)—. La obra de escritoras como Rachel Cusk o Annie Ernaux, por ejemplo, echa por tierra todos estos recelos y demuestra que las «cosas de mujeres» no solo pueden ser interesantes, sino también muy literarias. 

Escribir sobre la maternidad no era algo que estuviera en la agenda de Guadalupe Nettel. Como ha dicho recientemente en una entrevista, la idea era contar lo que le ocurrió a una amiga, pero la historia la fue llevando a su terreno y al final  —tal vez porque toda historia empieza siempre en el cuerpo de una mujer— se encontró escribiendo una novela sobre distintos tipos de madres. La maternidad es una experiencia «parteaguas», como dicen en México, pues marca un antes y un después en la vida de una mujer. Ser madre, sobre todo en el caso del primer hijo, conlleva una serie de cambios —físicos, laborales, en la relación de pareja…— y no es raro que la inmensa alegría del nacimiento venga acompañada de cierto sentimiento de pérdida por todo lo que se deja atrás. En La hija única, el proceso de duelo comienza antes del parto, y no estará relacionado con esas pérdidas que podríamos llamar «habituales», sino con una completamente inesperada: la pérdida del bebé que va a nacer. En el octavo mes de embarazo, el ginecólogo les dice a Alina y Aurelio que la niña que esperan, Inés, tiene lisencefalia, un trastorno del desarrollo del cerebro, y lo más probable es que no vaya a sobrevivir al nacimiento. 

El embarazo y todo lo que viene después está narrado por Laura, amiga de Alina, que acompañará a la pareja en esos momentos tan complicados. En paralelo, irá contando también la historia de los vecinos de al lado, una madre que cuida sola a un niño que «parece descontento con la vida». A diferencia de Alina, Laura nunca ha querido tener hijos (aunque una vez casi cede a la tentación de embarazarse «de manera similar a alguien que sin haber pensado jamás en el suicidio se deja seducir por el abismo en la terraza de un rascacielos»). Pero, independientemente de lo que piense o desee cada una, la vida parece tener sus propios planes para ellas (siempre los tiene), y al final acabarán encontrándose en una posición en la que nunca habían pensado que iban a estar. 

Se nota que la autora se ha documentado mucho para escribir este libro. En algún momento puntual, la información que ofrece al lector puede resultar excesiva —por ejemplo, la parte en que se habla del «parasitismo de puesta» y otros hábitos de crianza de otras especies—; pero, por otro lado, es precisamente esa amplitud, el hecho de que Nettel escriba sobre la maternidad desde enfoques poco habituales, lo que hace que esta novela sobresalga. En una época tan polarizada como la nuestra, se agradece que los personajes tengan tantos matices que sea difícil clasificarlos en categorías rígidas. En La hija única no hay buenas ni malas madres, solo madres entregadas que en algunos momentos de agotamiento no logran «recordar cómo se siente» el amor por sus hijos; madres y padres asustados que a veces logran dejar a un lado su angustia para vivir una experiencia que merece la pena después de todo. Nettel tampoco olvida a las mujeres que ayudan a cuidar a los hijos de otras (lo que, siguiendo la estela de Vila-Matas y Alejandro Zambra, podríamos llamar «madres sin hijos») ni a las mujeres de generaciones anteriores: ¿qué pasaría si nuestras madres abrazaran el feminismo como solemos hacer las nuevas generaciones? 

Sin caer en lo panfletario, la perspectiva feminista está muy presente en la novela. ¿Cómo no iba a estarlo? La hija única transcurre en la Ciudad de México, y México, recordemos, es un país con una alta tasa de feminicidios: «Ayer encontraron los cuerpos de otras tres mujeres muertas en Azcapotzalco (…) El tipo que las mató dijo que se lo merecían por putas y que si saliera libre lo volvería a hacer». También está presente el clima general de violencia que se vive en el país, donde el hecho de que un niño viaje solo en un autobús puede resultar peligroso. La violencia ocupa un lugar importante en la trama paralela de los vecinos de al lado, que muestra cómo los hijos pueden acabar reproduciendo sin darse cuenta las conductas violentas que han presenciado en casa.

A través de estas historias, Nettel plantea, de forma implícita, una serie de cuestiones importantes: ¿está nuestro destino escrito en el ADN? ¿Lo que aprendemos de niños va a determinar nuestra conducta futura o podemos elegir tomar un camino distinto? La reflexión sobre el papel que juegan el destino y el libre albedrío en nuestras vidas atraviesa la novela de principio a fin. Para ello, Nettel se sirve de elementos tan dispares como los genes, el budismo o las cartas del tarot. En La hija única se da voz a genetistas, ginecólogos, pediatras…, pero, como es sabido, la ciencia no lo explica todo. A veces la vida se abre paso en contra de todo pronóstico; otras se va apagando cuando parecía tenerlo todo a su favor. La relación entre la conciencia y el cuerpo está también lejos de ser aclarada. Inés, esa hija única a la que alude el título, desafía las ideas preconcebidas de todos los que la rodean, incluidos los médicos. Igual que esta emocionante novela, que, desde luego, remueve al lector y contiene mucho más de lo que parece a simple vista. 

la fitna y desintegración de al-ándalus

 el 30 de noviembre del año 1031 Hisham III, el último califa de Córdoba, fue depuesto y tuvo que escapar al norte. Se refugió hasta su muerte en el emirato de Larida (actual Lleida), uno de los muchos reinos de taifas surgidos de la desintegración del califato. Era el último estertor de una agonía que había comenzado décadas antes y que se conoce como la fitna de al-Ándalus, cuando una serie de luchas por el poder en el seno de la dinastía omeyapropiciaron la secesión de los territorios del califato uno tras otro.

LA FITNA DE AL-ÁNDALUS

La palabra fitna, un término complejo que tiene connotaciones de conflicto y lucha, es el nombre con el que se conocen las guerras internas que el Islam vivió desde la caída del Primer Califato, en su mayoría debidas a divisiones en la doctrina o a conflictos sucesorios. Este segundo caso es el que desencadenó la crisis del califato fundado por Abderramán III, y que empezó en tiempos del nieto de este, Hisham II. Debido a su temprana edad en el momento de asumir el trono (año 976), el poder quedó en manos de dignatarios más preocupados por eliminar a sus adversarios que de ocuparse de los graves conflictos internos del califato.

Una serie de luchas por el poder en el seno de la dinastía omeya desencadenaron la fitna de al-Ándalus, propiciando la secesión de los territorios del califato uno tras otro.

Ya desde la época del emirato, previo a la proclamación del califato, los soberanos andalusíes habían tenido que lidiar con las ansias de independencia de sus gobernadores, siempre deseosos de obtener el control total de sus feudos y carentes de cualquier sentido de unidad. Las continuas campañas de los omeyas contra los reinos cristianos implicaban una presión fiscal que acusaban sus súbditos, sobre todo las comunidades no musulmanas que debían pagar impuestos especiales, lo que se traducía en conflictos que siempre estaban a punto de estallar. Por ello, no eran pocos los gobernadores que esperaban cualquier oportunidad para dejar de lado a los omeyas y administrar sus territorios por su cuenta.

LA ERA DE LOS REINOS DE TAIFAS

La situación se precipitó después de que Hisham II fuera obligado a abdicar en el año 1009. En poco más de veinte años llegaron a formarse más de 30 taifas, pequeños reinos independientes, dejando el califato reducido a poco más que la capital. A pesar de las ansias que habían demostrado por ocuparse de sus propios asuntos, los gobernantes de las taifas no se dieron por satisfechos y dedicaron sus recursos a guerrear entre ellos, a menudo asistidos por ejércitos mercenarios o incluso por los reyes cristianos del norte.

Entre los años 1009 y 1031 llegaron a formarse más de treinta taifas, pequeños reinos independientes, dejando el califato reducido a poco más que la capital.

Formalmente el Califato de Córdoba siguió existiendo hasta noviembre del año 1031, cuando la población de la capital se sublevó contra el último califa, Hisham III, que fue depuesto y expulsado de la ciudad junto con los restantes miembros de la dinastía omeya. Su huida envalentonó a los gobernantes de las taifas más poderosas, que vieron la oportunidad de ocupar el vacío dejado. El título de califa concedía una autoridad moral que ningún título regio podía igualar: implicaba no solo un liderazgo militar sino también espiritual y la obligación -al menos teórica- de todos los musulmanes de someterse a su guía. Esta prerrogativa en realidad nunca se cumplió, mucho menos aún en los pequeños reinos de taifas, pero eso no impidió a varios reyezuelos proclamarse califas, habiendo a veces incluso más de uno al mismo tiempo.

Para muchos de estos gobernantes la situación no solo no mejoró respecto a cuando estaban bajo la autoridad omeya, sino que incluso empeoró notablemente, ya que para su defensa solo podían contar con costosos mercenarios o con aliados a los que debían corresponder con tributos, tierras u otro tipo de concesiones. Solo las taifas más poderosas sobrevivieron, a base de absorber a las más pequeñas: Zaragoza, Toledo y Badajoz se convirtieron en las más grandes, aunque tenían que soportar la presión de los reinos cristianos en su frontera; mientras que en el sur la de Sevilla ocupó el lugar preeminente que había ostentado Córdoba y llegó a absorberla.

Panorámica de la Alhambra

La Alhambra, cuyo nombre significa "castillo rojo", fue la residencia de la dinastía nazarí desde el siglo XIII hasta los primeros días de 1492. Es Patrimonio de la Humanidad y está considerada una de las mayores joyas de la arquitectura andalusí.

Foto: Gtres

EL ÚLTIMO ESPLENDOR ANDALUSÍ

La era de los reinos de taifas se extendería durante dos siglos, primero bajo dominio de los almorávides y después de los almohades, ambas dinastías de origen norteafricano y que sostenían una interpretación mucho más rigorista del Islam que la de los omeyas, acabando con el clima de relativa tolerancia que había hecho del califato cordobés un referente dentro y fuera del mundo musulmán. Su obsesión por lograr la hegemonía en las ruinas de al-Ándalus propicio su progresivo retroceso ante los reinos cristianos, especialmente el creciente reino de León.

Las luchas entre los reinos de taifas propiciaron su progresivo retroceso ante los reinos cristianos, especialmente el creciente reino de León.

A mediados del siglo XIII, el emirato de Granada -más conocido como Reino Nazarí de Granada, por el nombre de la dinastía reinante- era el último reducto del poder andalusí en la península Ibérica. No obstante, este fue el más longevo de la Hispania musulmana y a lo largo de sus más de dos siglos de historia, experimentó un renacer cultural

que nada tenía que envidiar al esplendor de los mejores tiempos del Califato de Córdoba.

El adiós de Boabdil

"La despedida del rey Boabdil a Granada" es un óleo de Alfred Dehodencq que retrata la leyenda del "suspiro del moro". Según esta historia Boabdil, al marcharse de Granada, se giró para ver su ciudad por última vez y rompió a llorar, a lo que su madre Aisha replicó: "Llora como una mujer lo que no supiste defender como hombre". En realidad se trata de una invención de fray Antonio de Guevara, cronista de Carlos V.

Foto: wikicommons

Esta relativa estabilidad -a pesar de sus problemas internos- fue posible gracias al pacto entre el sultán nazarí Alhamar y el rey Fernando III de León y Castilla, que establecía un extenso territorio de frontera a lo largo del valle del Guadalquivir. Los reinos cristianos y el nazarí estaban demasiado ocupados en sus propios conflictos para preocuparse de la conquista del otro y Granada, además, contaba con la barrera natural que suponía Sierra Nevada.

El pacto entre el sultán nazarí Alhamar y el rey Fernando III de León y Castilla establecía un extenso territorio de frontera a lo largo del valle del Guadalquivir.

Solo la unión entre las coronas castellana y aragonesa mediante el matrimonio de los Reyes Católicos rompió este delicado equilibrio. En 1484 empezó la última guerra de la que se llamaría Reconquista, un término equívoco que no refleja la complejidad de la Hispania medieval, en la que reyes cristianos y musulmanes eran aliados o enemigos según les convenía en cada momento. El 2 de enero de 1492 Granada capituló y Boabdil, el último rey nazarí, partió de la ciudad que había sido durante dos siglos y medio el último recuerdo de al-Ándalus. Se escribía así la última página de una historia que había durado casi ocho siglos, desde que en el año 711 las tropas omeyas lideradas por Tariq ibn Ziyad habían desembarcado en la bahía de Algeciras.

excavadas cientos de tumbas en la necrópolis islámica de tauste, en aragón

 Vista general de la avenida Obispo Conget, con alguna tumbas islámicas medievales exhumadas, en la localidad aragonesa de Tauste.

Vista general de la avenida Obispo Conget, con alguna tumbas medievales exhumadas, en la localidad aragonesa de Tauste. Foto: El Patiaz

en el año 2010, la Asociación Cultural El Patiaz inició una serie de catas en la localidad aragonesa de Tauste, cerca de Zaragoza, con el objetivo de confirmar la presencia de antiguos enterramientos en diversos patios de viviendas (al principio se llegó a pensar que los restos óseos pertenecían a personas que murieron durante una epidemia de cólera en el siglo XIX) e incluso en la avenida Obispo Conget, la principal de la población. Los resultados de esos trabajos preliminares (que se prolongaron hasta 2014 y en los que se descubrieron 44 cuerpos), que fueron dirigidos por el arqueólogo Francisco Javier Gutiérrez, ya sugirieron que podría haber miles de tumbas en una superficie de cierta extensión y que podría tratarse de sepulturas islámicas.

Excavación de una de las tumbas islámicas medievales en la avenida Conget de Tauste.

Excavación de una de las tumbas islámicas medievales en la avenida Conget de Tauste.

El Patiaz

SEPULTURAS ISLÁMICAS BAJO UNA AVENIDA

Este año 2020, el Ayuntamiento de Tauste ha acometido unas obras de renovación de la avenida Conget, no sin antes realizar una serie de sondeos y posteriormente una excavación integral del lugar, donde se ha descubierto el núcleo de la necrópolis. La dirección de los trabajos ha corrido a cargo de los arqueólogos Rafael Laborda y Eva Giménez. "Es la necrópolis musulmana de esta localidad. Se desarrollaría en los primerísimos momentos de la llegada de los musulmanes a esta zona del Valle del Ebro. Se usaría hasta el 1121, cuando llegó Alfonso I, El Batallador", explica Laborda. "Nos encontramos ante la necrópolis islámica mejor conservada, junto a la de Tudela, de todo el norte de la península Ibérica. Además, para la historia local de Tauste, las primeras fuentes provenían de la llegada de Alfonso I, El Batallador, a una plaza, pero no se sabía que había antes. Ahora se puede atestiguar que era una población estable y organizada", afirma el arqueólogo.

Nos encontramos ante la necrópolis islámica mejor conservada, junto a la de Tudela, de todo el norte de la península ibérica, según el arqueólogo Rafael Laborda.

Los estudios por radiocarbono han demostrado que la necrópolis de Tauste estuvo en uso entre los siglos VIII y X, y abarcó una superficie de unas dos hectáreas. Comprende hasta tres niveles de enterramientos (testimonio de la alta densidad de población musulmana en ese período) y alrededor de unas 4.500 tumbas. Hasta ahora los arqueólogos de la empresa Paleoymás, quienes se ocupan de las excavaciones en el yacimiento por encargo de la Dirección General de Patrimonio Cultura del Aragón, han descubierto más de 400 tumbas, de las que se han excavado 350.

Detalle de una de las sepulturas excavadas en Tauste.

Detalle de una de las sepulturas excavadas en Tauste.

El Patiaz
Restos de una inhumación en Tauste.

Restos de una inhumación en Tauste.

El Patiaz

BUEN ESTADO

En Tauste se han localizado dos tipos de enterramiento: un primer grupo datado en el siglo VIII, con las sepulturas orientadas hacia Córdoba (la capital del emirato), y un segundo grupo datado entre los siglos IX y X, con los entierros orientados ya hacia La Meca. Las tumbas se encuentran en bastante buen estado de conservación.Según Laborda, "tenemos la suerte de que las obras afectan a una avenida bastante ancha. Se echó una capita de grava y cemento y los cuerpos están prácticamente intactos, más allá de que se hayan podido ver dañados por las tuberías. No obstante, están muy bien, prácticamente intactos", concluye.

Las obras afectan a una avenida bastante ancha. Se echó una capita de grava y cemento y los cuerpos están prácticamente intactos, más allá de que se hayan podido ver dañados por las tuberías, dice Laborda.

La Dirección General de Patrimonio Cultural asimismo ha emitido una resolución que establece que una vez acabada la excavación arqueológica debe procederse a la catalogación y estudio de los restos, al menos en un diez por ciento de las inhumaciones. De hecho, la Asociación Cultural El Patiaz creó el Observatorio Antropológico de la Necrópolis Islámica de Tauste (OANIT), bajo la dirección por la antropóloga Miriam Pina Pardos, con el objetivo de colaborar en el análisis de los restos procedentes de las excavaciones y contribuir a su divulgación en foros científicos y publicaciones. También está prevista la construcción de una cripta para conservar los cuerpos en condiciones adecuadas, e incluso se estudiará realizar algún tipo de musealización, con la recreación de algún enterramiento.

Temps d'Advent, temps de despertar-nos

 

27.11.2020

Aquest cap de setmana hem entrat a l’Advent, el temps en què els cristians ens preparem per a l’arribada de Nadal. Aquest any, tothom ho diu, serà un Nadal diferent. I serà un Nadal en què la nostra actitud d’espera, d’escolta, de presència serà més viva que mai.

Estem vivint uns moments extraordinaris i, potser, al voltant tenim persones que han patit o estan patint. En aquest sentit, el Papa Francesc ens exhorta a ser sensibles, a comportar-nos com a germans i a escoltar el clam de la Terra i el clam dels pobres.

Siguem, doncs, llum per als altres. I que aquest temps d’Advent ens despertem més que mai a les necessitats dels qui tenim a la vora, ens despertem a trobar l’altre, ens despertem a donar-nos amb generositat i a oferir la millor versió de nosaltres mateixos.

Us deixem alguns recursos per viure aquest temps d’Advent en comunitat:

  • Us convidem a seguir el compte d’Instagram de @Maristesenxarxa, on periòdicament es compartiran fragments de l’Evangeli que ens ajudaran a preparar-nos per al naixement de Jesús.
  • Us compartim els materials d’Advent d’Ecoparròquies (xarxa de parròquies ecosolidàries impulsada per Justícia i Pau) on trobareu propostes i reflexions que ens ajudaran a viure un autèntic Nadal.

La protecció de la infància des del paradigma dels drets

 

27.11.2020

El 20 de novembre els Maristes tenim una cita ben marcada al calendari. A totes les obres educatives, a tots els moviments juvenils i activitats esportives, allà on hi ha infants i joves, celebrem el Dia Internacional dels Drets dels Infants. I tenim en compte aquesta data perquè, transcendint d’un possible posicionament simbòlic de la matèria, els Maristes hem fet nostra la mirada de la Convenció sobre els drets de l’Infant de l’ONU (1989), que considera l’infant com a subjecte de ple dret i el posa al centre de la nostra acció social i educativa. I això què vol dir, exactament? Que el nostre compromís es concreta en la tasca diària dels nostres professionals, en els programes, en la inversió, en la tasca de sensibilització, en la dedicació de persones o en la supervisió de la tasca, entre d’altres.

La nostra història és plena d’exemples de tot això, des de les intuïcions de Marcel·lí fins al dia d’avui, en els nostres projectes. La història recent també està amarada d’aquest compromís institucional amb la defensa dels drets dels infants. El document Missió Educativa Marista (1998), les conclusions de l’Assemblea de Missió a Mendes (2007), les intuïcions del XXI Capítol general (2009) o les crides de la II Assemblea Internacional de la Missió Marista a Nairobi (2014) en són símbols clars d’aquesta interpel·lació a esdevenir experts en la defensa dels drets dels infants. I hem recorregut ja molt de camí, duent a la pràctica del nostre dia a dia i dels nostres projectes aquesta visió del bon tracte als infants.

Com ho estem fent? Dotant-nos d’una política institucional de protecció a la infància, a través d’uns protocols aprovats, coneguts i duts a la pràctica per tots els integrants de la nostra institució; creant campanyes específiques de prevenció i actuació davant situacions de violència cap als infants; capacitant els nostres professionals per ser elements protectors a totes les nostres obres; invertint esforços en la creació d’espais segurs per als nostres infants, tant a l’àmbit escolar com a l’àmbit social o als moviments juvenils i esportius; vetllant perquè els nostres col·laboradors coneguin les nostres polítiques i les facin també seves; establint canals de denúncia clars i accessibles per a situacions de vulneració d’aquests drets; autoavaluant-nos i demanant avaluacions d’experts externs en la recerca permanent de l’excel·lència en l’exercici de la nostra tasca social i educativa.

Des d’una manera de fer que és molt nostra, amb la presència com a eix vertebrador de totes les nostres accions, tots els nostres esforços s’encaminen a la protecció efectiva dels infants, tenint sempre molt present que perquè sigui efectiva hem d’incentivar la prevenció de possibles situacions de vulneració de drets, la promoció d’aquests drets i la participació dels infants, ja que no només els han de conèixer, sinó que també els han de poder exercir. Com a institució, hem fet una aposta per una manera d’estar al costat dels infants i joves: consolidant una cultura institucional que els protegeixi de qualsevol vulneració dels seus drets.

Raúl García, director del Centre Obert Rialles de Santa Coloma de Gramenet