La muerte no desprecia a nadie:
nos alcanza a todos sin distinción, derribando máscaras y jerarquías.
Ante ella, lo accesorio pierde peso y solo queda lo vivido con sentido.
Por eso nos urge a reconciliarnos con el tiempo, a cuidar los vínculos,
a no dejar para mañana el amor, el perdón ni la palabra justa.
Juan Antonio Mateos Pérez
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