miércoles, 18 de enero de 2017

La judía ultraortodoxa que rompió el techo de cristal

Rachel Freier, en su despacho en Brooklyn.  AP
Rachel Freier acaba de hacer historia de una manera muy discreta en Estados Unidos. Mientras la atención mediática mundial esperaba la noche del 8 de noviembre que Hillary Clinton diera el puñetazo definitivo al techo de cristal, esta activista logró ganarse con facilidad el apoyo de sus vecinos para ser elegida juez en una corte civil en Brooklyn. El martes tomó posesión del cargo.
Lo que hace diferente a Freier es que pertenece a la comunidad jasídica de Borough Park, conocida por ser estricta en sus reglas, muy tradicional y cerrada. Es, de hecho, la primera mujer de este movimiento judío ultraortodoxo que se hace con un cargo público en todo el país. Y eso pese a que su religión le impedía colocar su foto en las pancartas ni a hacer campaña en las sinagogas para conseguir su voto
Freier es fundadora de Ezras Nashim, una organización que ofrece asistencia de emergencia a mujeres de la comunidad jasídica en este particular barrio de Brooklyn, y de B´Derech, para la educación de jóvenes. Las niñas ortodoxas, recuerda, tenían opciones de estudios muy limitadas. Pero ella tenía claro que su pasión era el Derecho y que podía hacer de abogada sin renunciar ni a Dios ni a su familia.
Esperó así hasta cumplir los 30 años para dedicarse de lleno a las leyes, mientras criaba a sus primeros tres hijos. Le llevó 10 años completar sus estudios y graduarse. Ahora, a los 51 años, esta madre de seis asegura sentirse cómoda trabajando en un ambiente completamente secular, aunque admite que tuvo miedo al principio. “Hice un pacto con Dios para que me ayudara”, comenta, “y lo conseguí”.
Su marido y tres de sus hijos le ayudaron a llevar adelante la campaña pese al escepticismo de los miembros más religiosos de su comunidad. Primero se impuso en las primarias demócratas y dos meses después en las elecciones generales. Más que una pionera, se considera por eso una precursora, porque con su ejemplo quiere abrir el camino para que otras mujeres jasídicas tenga una vida profesional.
Los jasídicos y otros grupos ultraconservadores representan solo el 6% de los 5,3 millones de judíos adultos que viven en EE UU. La idea de que Freier sea juez es realmente chocante, si se piensa que las ambulancias de Ezras Nashim atienden solo a mujeres. Usan incluso autobuses diferentes a los hombres y la ley judía no les permite ser testigos en las cortes que resuelven disputas internas.
En la ceremonia de juramento, prometió defender la Constitución y respetar los valores de su religión. “Es el sueño americano”, dijo. No es solo la primera vez que una jasídica o de otro movimiento ultraortodoxo se hace con un cargo de juez en EE UU, aunque sea un puesto reservado tradicionalmente a su grupo. Es también un caso extremadamente raro para Israel. Por eso se considera un gran progreso.
Sandro Pozzi para elPaís.es

Los dioses cubanos apoyan el deshielo

Devotos de la religión yoruba en La Habana, este martes.  REUTERS


El conjunto de augurios de la religión afrocubana para el 2017, o Letra del Año, fue revelado este martes en la Asociación Cultural Yoruba de Cuba en La Habana.
Entre sus recomendaciones, los maestros santeros incluyeron algunas inequívocamente políticas como “incentivar los cambios económicos y socioculturales entre países”, léase Cuba y Estados Unidos, “incentivar los hábitos laborales”, con la baja productividad como problema estructural en la isla, o “prestar esmerada atención a la posible proliferación de hechos corrupción”.
En la prolija guía para el año nuevo aparecen también refranes como “Ningún sombrero puede ser más famoso que la corona”, “Un solo rey gobierna un pueblo” o “Todo lo tengo y todo me falta”.
Lejos de reducirse al terreno de las creencias ancestrales, la religión yoruba o Regla de Ocha, es una práctica extendida en Cuba, sincretizada con la religión católica en lo que se conoce popularmente como santería.
Importada por los esclavos africanos en el periodo colonial, siempre tuvo raigambre pero su influencia se disparó de nuevo desde que en los noventa el régimen comunista se volvió más tolerante con los cultos religiosos. Si bien no existe un sondeo actualizado y fiable, es una realidad notoria en Cuba que la santería es la práctica religiosa mayoritaria, por encima del rito católico, y sin duda uno de los fenómenos culturales de más calibre actualmente en la isla. Seguida por negros y blancos, también está presente entre los cubanos emigrados.
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Un hombre entrega las predicciones del año durante el acto en la Asociación Cultural Yoruba en La Habana.  REUTERS
La palabra de los maestros yorubas cubanos, por lo tanto, tiene su peculiar predicamento. Conscientes de ello, entreveran en sus profecías mensajes relacionados con el crucial periodo de cambios que atraviesa la isla.
En obvia alusión al deshielo, la mejora de relaciones entre Cuba y Estados Unidos, el babalao –sacerdote yoruba– Lázaro Cuesta pronosticó en la rueda de prensa que el dios Oggún traerá “un magnífico año” y “facilitará sus machetes para desmochar las plantas que impiden que los unos y los otros se comuniquen”. Las predicciones señalan también “desenvolvimiento económico, firme y seguro”. Los augurios yorubas contrastan con una realidad marcada por la entrada en recesión de Cuba durante el 2016 y la llegada el 20 de enero a la Casa Blanca de Donald Trump, que ha afirmado que será severo en sus relaciones con La Habana y que podría suprimir las iniciativas de acercamiento bilateral de Barack Obama.
Oggún es el orisha –dios– tutelar del año 2017, según el Consejo Cubano de Sacerdotes Mayores de Ifá. Hijo de Obatalá y Yemú, es el dueño de los metales, los montes y los caminos, señor de la tecnología y las guerras.
La Letra del Año, que se publica en Cuba desde el siglo XIX, indica que en 2017 se debe prestar “especial atención” a los fenómenos meteorológicos, a la “protección de las áreas costeras” y a la “educación de los niños”, entre otros asuntos, y ofrece un abanico de consejos que va desde la ropa –“Se recomienda vestir de blanco”– hasta la alimentación –“No se deben ingerir comidas atrasadas y frutas arenosas con el fin de evitar problemas digestivos”– o el cuidado del medio –“Evitar la contaminación por desechos y desperdicios”–.
De cara al complejo 2017 que encara Cuba, en serios apuros económicos y con sus lazos con Washington en la encrucijada, el babalao Lázaro Cuesta afirmó que el Oráculo de Ifá, el sistema adivinatorio yoruba, sugiere “ser flexibles”, no intransigentes: “Nadie puede estrechar la mano amiga con la mano cerrada”.
Pablo delLlano para elPaís,es

‘Octavia’, una niña de Barcino encontrada en una obra

Era una sombra que se confundía entre la tierra con un ligero cambio de textura y de color. El arqueólogo no dudó de que había encontrado algo. Poco a poco y con delicadeza, con brochas y pinceles, fue retirando la tierra que estaba adherida hasta que emergió con toda claridad la forma de un cráneo con la dentadura prácticamente intacta. A falta de los estudios antropológicos, las primeras conclusiones apuntan a que se trata de una niña —por la forma del mentón ligeramente hacia dentro de la cavidad— que todavía tenía varios dientes de leche cuando murió: entre los siglos I a III.
Todo eso ocurría en un hueco realizado en el subsuelo de una finca de la calle Canvis Nous de Barcelona para colocar un ascensor. Exactamente en el taller de la escultora Maïs Jorba que decidió tomarse el hallazgo con filosofía —era evidente que las obras del ascensor se retrasarían— y decidió abrir un debate con sus amistades sobre cómo bautizar a la niña romana. “Los nombres que barajamos fueron Julia, Augusta y Octavia y se impuso ella entre otras cosas porque hay una escultura con ese nombre y de esa época precisamente”, explica.
Cuando pidió el permiso para colocar el ascensor, el Ayuntamiento ya le informó de que debido a la ubicación de la finca era preceptivo realizar una intervención arqueológica porque en otras excavaciones cercanas ya se habían descubierto otros vestigios de la época romana. No muy lejos de Canvis Nous aparecieron restos de 11 personas en lo que era la necrópolis que rodeaba el perímetro de la muralla de Barcino. Como aquellas, el edificio de la calle de Canvis Nous tiene un "alto interés histórico y arqueológico" según sostiene un informe municipal que detalla que esa finca se encuentra dentro de la zona denominada el suburbiumde la ciudad romana —una expansión de la Barcino intramurallas—, porque está dentro del recinto amurallado de la época medieval y porque muy cerca, en el año 2001, se encontraron evidencias de la necrópolis romana situada cronológicamente entre los siglos IV-VI.
En el agujero de Canvis Nous lo primero que apareció fue el cráneo de la niña y al seguir horadando surgieron más restos humanos que por la dimensión de los huesos podrían pertenecer a una persona adulta. Estaba enterrado como era costumbre en aquella época: con la cabeza hacia el interior y los pies mirando al mar. Otro día entre las piedras y la arena de la playa —la línea de la costa se situaba muy cerca en ese periodo— se halló una cerámica con un relieve de un animal.
Documentalmente el cementerio de la época se ha situado al noreste de Barcino, inmediatamente después de las murallas de la ciudad a lado y lado de la Vía Augusta. Un cementerio que, según el informe que razona la intervención arqueológica, se ubica entre la plaza de Antoni Maura, discurriría en paralelo a la entonces línea litoral y se prolongaría por la zona del Born y la de la actual avenida de Francesc Cambó. A principios de este mismo año y en otra finca muy cercana, en la calle dels Consellers, se documentó una necrópolis donde hallaron bajo una tumba de teulas -que se utilizaba en aquella época para dar sepultura- los restos de un hombre adulto y fragmentos de cerámica que posteriormente fueron datados entre los siglos IV y V.
Mientras el arqueólogo ha trabajado —la intervención empezó hace unas semanas— en el hueco del subsuelo del edificio de Canvis Nous los trabajadores que tenían que empezar con la base del ascensor seguían atentamente lo que ocurría. La impaciencia para que todo acabara lo antes posible era compartida por la propietaria que, además, es la que tiene que pagar el coste de los trabajos de arqueología a razón de 200 euros por día. Una factura que confía en poder recuperar parcialmente a través de una línea de subvención de la Generalitat.
Todos los restos hallados se iban disponiendo en bolsas para trasladarlos a unas dependencias municipales de la Zona Franca donde se realizarán los trabajos de documentación. “Vengo a ver al muerto”, soltaba con toda naturalidad uno de los trabajadores en la mañana del jueves. Porque el hallazgo de los restos a poco más de un metro del suelo del taller ha provocado la curiosidad de todo el vecindario. Esa misma mañana, siguiendo con las excavaciones, se había descubierto otra capa de teulas por lo que ya esperaban encontrar algo más. No ocurrió así y los trabajos de arqueología se dieron por terminados. Los restos de Octavia y todo lo demás emprendieron su último viaje a la Zona Franca con una despedida en la que no faltó el cava.
Blanca Cia para elPais.es
La excavación del barrio de la Ribera de Barcelona

Las creencias son como posesiones: respetar a una persona significa cuestionarlas

Nuestras creencias, de todo tipo (aunque más las que nacen de la irracionalidad o la escasa o nula evidencia), nos definen como personas, y por ello solicitamos respeto hacia las mismas. Sin embargo, respetar una creencia significa aceptar que uno la pueda manifestar, pero de ningún modo significa que estemos obligados los demás a no cuestionarla.
De hecho, respetar a la persona pasa por cuestionar sus creencias si las consideramos erróneas: si no las cuestionamos, entonces estamos permitiendo que viva en lo que consideramos un error. 

Las creencias como posesiones

El psicólogo Robert Abelson afirmó que las creencias son como posesiones materiales. Adquirimos y conservamos las posesiones por las funciones que cumplen y el valor que ofrecen. También protegemos nuestras creencias de las críticas ajenas como si fueran posesiones materiales que debemos proteger de ladrones.
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Por eso, cuando alguien pone en entredicho nuestras creencias, es como si alguien criticara nuestras posesiones. Y nuestras posesiones nos definen, al igual que nuestras creencias: criticarlas es criticarnos. Como abunda en ello el psicólogo Thomas Gilovich en Convencidos pero equivocados:
La metáfora también se aplica a cómo encajan entre sí nuestras creencias. Elegimos con cuidado los muebles y obras de arte de modo que casen bien, igual que intentamos evitar la disonancia que producen las creencias incompatibles. Si con el tiempo descubrimos que nuestra decoración no hace una única afirmación, lo vendemos y empezamos otra vez. Algo parecido ocurre cuando uno experimenta una conversión ideológica (como afiliarse a un credo) y muchas convicciones anteriores se desechan para hacer sitio a las nuevas.
Pero adquirir creencias que nos hagan sentir bien o den sentido a las cosas que nos rodean tiene un precio, un precio que pagamos en forma de racionalidad y coherencia cognitiva, y también de cerrazón cuando no estamos dispuestos a admitir que quizá estamos completamente equivocados. 
Por eso, en ocasiones, la única forma de salvarnos de nosotros mismos son los demás: sus críticas, son cuestionamientos, sus observaciones, incluso sus burlas. 
Si todo el mundo nos diera la razón como se da la razón al loco (respeto total por las creencias), seríamos personas prisioneras de nuestras propias equivocaciones por mucho más tiempo, y en muchas más vertientes. Las personas deben cambiar de creencias, mejorarlas, no atrinchearse jamás en la verdad absoluta: por tanto el verdadero respeto debe depositarse en las personas, no en las creencias que sostiene, siempre temporales, o probablemente erróneas.

Sergio Parra

Así fue la masacre religiosa de 'Silencio', la nueva película de Scorsese

La violencia religiosa en Japón desde finales del siglo XVI es el trasfondo del último filme del legendario director Martin Scorsese.
No es preciso hurgar demasiado en la historia de las religiones para encontrar innumerables episodios de violencia e intolerancia contra aquellos que, sencillamente, no comulgan con unas creencias concretas; y hoy en día continúan ocurriendo. Hay quien podría señalar que la religión no es la única generadora de esta barbarie, que la política y otros asuntos también lo son, e incluso que las razones de estos sucesos entrañan una mayor complejidad; y es cierto, pero también lo es que las religiones pretenden erigirse como guías morales de las personas, y este repudiable comportamiento violento no es compatible con dicha pretensión, pues ninguna moral puede considerarse aceptable sin la observancia de los derechos humanos, sea o no revelada entre comillas. 
Silencio (2016), el último filme del neoyorkino Martin Scorsese, que adapta la novela más reconocida de Shusaku Endo (1966), muestra la represión que ejercieron las autoridades japonesas contra los cristianos a partir del siglo XVII. En verdad, desconocemos cuándo pisaron las sandalias del cristianismo las hostiles islas de Japón por primera vez, pero lo que sí sabemos es que su verdadera expansión dio comienzo en agosto de 1549, tras la llegada del jesuita navarro Francisco de Jaso o Francisco de Javier, que había fundado la Compañía de Jesús con Ignacio de Loyola y otros ocho sacerdotes quince años antes. Las noticias traídas a Europa por las rutas comerciales portuguesas fueron las que despertaron su voluntad evangelizadora en Oriente.
Shimazu Takahisa, el daimo de Kagoshima, consintió en que los jesuitas desempeñasen su labor, y después de meses infructuosos lidiando con las suspicacias japonesas, De Jaso logró en 1550 que el príncipe de Yamaguchi le garantizara que se respetaría a los conversos al cristianismo, y el de Bungo en 1551. Así, predicando en japonés con explicaciones llanas y siempre con el firme antagonismo de los bonzos, el clero budista, los jesuitas bautizaron a muchos civiles desesperanzados y samuráis y a señores feudales como los barones Ōmura Sumitada, Ōtomo Sōrin y Arima Harunobu, que guerreaban con sus iguales por el poder y se cristianizaban porque eso favorecía su comercio con los occidentales, que tan pingües beneficios les estaba reportando.
'Silencio' - Cappa Defina, Cecchi Gori, Fábrica de Cine, SharpSword, Sikelia, Verdi, Waypoint
De esta manera, con la supervisión de las misiones orientales del napolitano Alessandro Valignano (al que interpreta Ciarán Hinds en la película) desde 1578, Japón pudo contar con unos 300.000 católicos a finales del siglo XVI. Pero hete aquí que, en 1587 y a instancias del bonzo Nichijoshonin, el daimo Toyotomi Hideyoshi promulgó un edicto para prohibir el cristianismo y expulsar a los misioneros, deseando obtener el favor de las sectas budistas y temiendo que los señores feudales católicos ayudaran a derrocarle en una invasión castellana. Hideyoshi había sustituido a Oda Nobunaga, favorable a las misiones de los jesuitas y franciscanos, tras su hara-kiri o suicidio ritual forzado cinco años antes. Los asesinatos se sucedieron, con algunos más significativos por su impacto.
En 1596, una disputa poco clara entre los comerciantes portugueses de un barco atracado en Shikoku y representantes de Hideyoshi condujo a la ejecución de todos los curas que había a bordo. Creyendo que había un complot cristiano para librarse de él, el mismo daimo organizó en 1597 la matanza de veintiséis cristianos, a los que se ató a cruces y se les lanceó en una colina de Nagasaki frente a una multitud. La injerencia de los comerciantes ingleses y holandeses, rivales de los españoles, tensó aún más la situación: en 1614, el shogun Tokugawa Ieyasu firmó un nuevo edicto de expulsión de misioneros; en 1619, quemaron a cincuenta y cinco personas en el cauce del río Kamo a su paso por Kioto, entonces seco; en 1622, el hijo del Virrey de Nueva España, trece marineros japoneses y un sacerdote fueron torturados, decapitados y quemados vivos. 
Después de que fuese aplastada la tremenda rebelión de los cristianos que tuvo lugar en Shimabara, al este de Nagasaki, en 1637, con unas 37.000 muertes de insurrectos, el culto y la predicación pasaron a la clandestinidad, con conceptos y prácticas híbridas. Para demostrar que no eran cristianos, los japoneses a los que acusaban de ello debían pisar imágenes de Jesucristo, la Virgen y los santos, conocidas como fumie; si no, los ejecutaban, y a no pocos los lanzaron a la boca del volcán del monte Unzen. Se calcula que unos 5.500 cristianos fueron masacrados en Japón desde finales del siglo XVI por sus creencias, hasta que terminó el shogunato en 1863 y el gobierno Meiji derogó la proscripción en 1873. A día de hoy, y teniendo en cuenta el gran sincretismo, menos del uno por ciento de los japoneses forman parte de alguna confesión cristiana, sólo unas 500.000 personas de las islas.
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Tanto Endo como Scorsese, igual que montones y montones de artistas antes que ellos, fueron criados como católicos. El cineasta de padres sicilianos aspiraba incluso a convertirse en sacerdote antes de inclinarse por la realización cinematográfica, y en cuanto al escritor japonés, su madre divorciada abrazó esta religión cuando él era muy niño, si bien fue bautizado a los doce años con el nombre de Paul. La fe de ambos surge a veces en su obra pero, para bien o para mal, la ideología no es un valor artístico y, por lo tanto, no se trata de un elemento evaluable de cualquier novela, película no documental y demás: no las hace mejores ni peores porque es irrelevante. 
De lo contrario, tendríamos problemas con las ideas inmundas y más o menos explícitas de filmes importantísimos para séptimo arte y su evolución. Y un creyente católico podría alabar Silencio más de lo que se merece, obviando además las complejidades del discurso ético de la película, y un ateo anticlerical, denigrarla pasándose de rosca, viendo en la lucha de los jesuitas un empeño dañino y tonto en lo que respecta al drama fílmico, y pasando por alto que la libertad de pensamiento y su expresión son derechos inalienables, y pisotearlos como los shogun en aquella época, algo injusto que no se debe tolerar.
Y hasta alguien con la malicia suficiente podría decir, torciendo el gesto con una sonrisa turbia, que la iglesia católica recibió en Japón un poco de la medicina que de veras había aplicado y aplicaba por entonces donde era hegemónica, y que los damnificados no merecen esta cortesía cinematográfica de un director tan admirado como Scorsese. En cualquier caso, estos enfoques ideológicos supondrían no entender nada de lo que el arte persigue en dramas como Silencio, que muestran con profundidad intelectual los dilemas y las decisiones, las luces y las sombras, el sufrimiento y los goces comprensibles de la experiencia humana, que es la de todos nosotros.
César Noragueda para Hipertextual