miércoles, 8 de abril de 2026

Las dos almas de Irán: entre el islam y la memoria sasaní

 El estallido de la guerra entre Irán y EE. UU. e Israel ha dado pie a todo tipo de comentarios en redes sociales y tertulias. Fruto de las prisas por la coyuntura y el desconocimiento sobre esta parte del mundo, se ha incluido a Irán en la nómina de los países árabes, mientras voces airadas reclaman que se le llame Persia, porque ese era el nombre del país antes de su islamización.

Decía Pierre Vilar que la Historia “debe enseñarnos, en primer lugar, a leer un periódico”. En este caso, merece la pena aprovechar el trágico contexto internacional para cuestionar las mitificaciones sobre este país islámico cuya existencia se remonta muchos siglos atrás.

En Samarcanda (1988), el escritor libanés Amin Maalouf se vale del manuscrito perdido de las Rubāˁiyyāt(‘Cuartetas’) de ˁUmar Jayyām (m. 1123) para hilar dos períodos de la historia de Irán. La primera parte narra la vida de este intelectual persomusulmán al servicio del visir Niẓām al-Muluk y los sultanes Alp Arslan y Malik Shāh. La segunda se centra en los intentos democratizadores del país asiático entre 1909 y 1911 a la sombra del Reino Unido y Rusia, las potencias que se habían dividido el país y no querían perder su influencia en él.

Mito y memoria de la Persia preislámica

Como otros antes que él, a finales del siglo XI Niẓām al-Muluk miró hacia el período sasaní (224-651) buscando crear una identidad propia en la que se mezclasen elementos islámicos y preislámicos. A ese movimiento de “iranización” del islam le debemos casi todo lo que sabemos sobre el imperio de los iranios. Llamado el Ērānshahr, hace referencia al territorio que ocupaban los actuales Irak e Irán antes de que los árabes musulmanes lo conquistaran entre los años 634 y 651.

No conservamos ningún texto literario original de época sasaní. Pero cuando los habitantes de Persia rechazaron lo árabe porque, comparado con la propia tradición, era visto como atrasado y sin valor alguno, los califas ˁabbasíes, la segunda dinastía del islam (750-1258), no dudaron en iranizarse. Así, decidieron imitar las formas cortesanas de los shāhānshāh, los “reyes de reyes”, quienes ocupaban el centro de la organización política gracias a una especie de gracia divina que se transmitía de padres a hijos y que solo poseían los gobernantes del imperio.

Comenzó entonces un proceso de traducción de textos de la antigua tradición al árabe que llevaron a cabo los persas islamizados, y que vertieron escritos creados en una lengua indoeuropea, el farsi, a una semítica: el árabe. 


El valor que sigue teniendo para los iraníes el pasado preislámico lo indica que su poema nacional sea el Shānāmè (“Libro de los reyes”), compuesto en torno a 1010 en persa por Ferdosi. En sus versos repasa la historia del Ērānshahr, en los que se mezclan mito y realidad. 

Los mitos originarios

Tras la llamada Guerra de los Doce Días (del 12 al 24 de junio de 2025), los ayatolás recurrieron a los bajorrelieves de Naqsh-e Rustam o al mítico Arash el Arquero como parte de su propaganda contra israelíes y estadounidenses

Ambos elementos tienen una fuerte carga simbólica. En Naqsh-e Rustam está representado el momento en el que el emperador romano Valeriano reconoce la victoria del soberano sasaní Sapor I en el año 260. 


Por su parte, el personaje de Arash el Arquero pertenece a la mitología persa. Cuenta la leyenda que Arash, el mejor arquero del ejército iraní, fue elegido para responder al reto planteado por el victorioso rey de Turan (eternos enemigos de Irán): lanzar una flecha para marcar la frontera allí donde se clavara. Desde la montaña sagrada Irivokht, Arash tensó el arco como jamás lo hiciera y el proyectil voló durante semanas, impulsado por el viento, incrustándose en el tronco del nogal más grande del mundo, a orillas del río Amu Darya. Cuando fueron a buscar a Arash, este había desaparecido; no quedaba ni rastro. El arquero se había sacrificado por su pueblo y su cuerpo era el territorio que les ofrecía a sus compatriotas.

Estos símbolos, como toda arma, tienen un doble filo, en este caso en forma de propaganda interna. Son iconos que, por un lado, rechaza el régimen teocrático, ya que representan unos valores propios de un tiempo que la tradición islámica considera “de la ignorancia”. Por otra parte, se trata de historias y personajes que forman parte de la cultura popular. Los ayatolás, cuestionados internamente, se valen de ellos para acercarse a una población que cada vez está más lejos del régimen. 

Los manifestantes que se echaron a las calles entre diciembre de 2025 y enero de 2026 coreando vivas al sah son la prueba de su calado popular. En el imaginario colectivo se establece una línea de continuidad entre los tiempos míticos de Arash el Arquero y la monarquía, pasando por la época sasaní y el apogeo persomusulmán de la shuˁūbiyya (movimiento cultural de reivindicación de lo iranio frente a lo árabe). Reclamando la vuelta del rey y el fin de la república islámica se pretende regresar a una Arcadia feliz.

La nostalgia sigue en el mismo bando

Ahora, igual que en los siglos IX-XI, la nostalgia de una pretendida edad de oro pertenece a una clase que ocupa una posición subalterna. El período preislámico se convierte en un tiempo al que se quiere volver porque se asocia con el esplendor cultural, económico y político, cuando la influencia de lo iranio iba del Índico al Atlántico. 

Entonces, el zoroastrismo era la religión oficial sasaní. A sus seguidores, junto a cristianos y judíos, se les permitió conservar sus creencias a cambio del pago de la yizia, la capitación. De hecho, el judaísmo, el cristianismo y el islam heredaron su carácter dualista (los principios del Bien y el Mal). 

Relieve en Naqsh-e Rostam ubicado en Persépolis, Irán. Esta talla muestra una famosa escena en la cual el emperador romano, Valeriano se arrodilla ante Sapor I y solicita piedad.















Relieve en Naqsh-e Rostam ubicado en Persépolis, Irán. Esta talla muestra una famosa escena en la cual el emperador romano Valeriano se arrodilla ante Sapor I y solicita piedad. Diego Delso, delso.photoCC BY-SA

Los descendientes de la aristocracia sasaní vieron ese pago especial como una humillación. Por ello, las élites optaron por convertirse al islam para preservar su estatus. En su mayoría se inclinaron por el chiismo, la rama que defiende el legado de ˁAlī y sus hijos, al-Ḥasan y al-Ḥusayn, el yerno y los nietos del profeta Mahoma.

Sin embargo, de alguna forma los conquistadores árabes acabaron siendo conquistados por los derrotados iranios: el modo de vida persa resultaba mucho más atractivo por el boato de la corte sasaní. No fueron pocos los rigoristas que criticaron lo que consideraron un excesivo gusto por esta dolce vita

Los sabios de la ley islámica también pasaron por alto que la construcción del califa como autoridad política y religiosa había sido un calco de la posición del shāhānshāh, el “rey de reyes”. Esto hizo que el islam se convirtiera en una copia del zoroastrismo con carácter de religión estatal de un imperio. Se establecería un sistema confesional, persiguiendo las ideas consideradas contrarias a la línea oficial. La noción de pureza e impureza en el islam surge de la influencia de los conversos zoroastras, aquellos sacerdotes que conservaron su peso en la sociedad aun cuando hubieran abandonado su antigua fe dos siglos después de la conquista.

El pasado preislámico se integra en la identidad de los iraníes actuales como una de sus dos almas. Dos almas que, a veces, se hallan en contraposición, pero que no se entienden aisladas. El islam no es un bloque homogéneo y en cada territorio adopta unas formas propias. Fiestas como el Noruz perviven porque fueron asumidas por el islam, en este caso iranio, que les da carta de naturaleza. 

En resumen, la llama del Ērānshahr no se ha apagado.

¿Cuál es el origen de los huevos de Pascua?

 Mientras teñía huevos duros de colores para adornar y completas algunos dulces de Semana Santa, como nuestra tradicional mona de Pascua, me intrigó saber de dónde procedería esta tradición de decorar y regalar los bonitos huevos de Pascua. Lo cierto es que la Semana Santa está llena de simbolismos gastronómicos, unos más cristianos que otros, pero todos con curiosas historias detrás.

Los huevos de pascua

A los huevos de Pascua se les atribuyen varias teorías para determinar su procedencia. Por una parte estarían aquellos que defienden su herencia basada en tradiciones paganas, y es que el huevo siempre ha sido un símbolo de vida y fertilidad y al que se le atribuía un papel importante en todas las celebraciones del inicio de la primavera, época que por otra parte coincide con la Semana Santa cristiana

Por otra parte estaría la teoría que se basa en un origen cristiano, y es que fue en el siglo XIII cuando comenzaron a pintarse los primeros huevos de Pascua como una forma de conservación de este alimento en cuaresma, ya que era un alimento prohibido por la Iglesia. Los seguidores de esta tradición guardaban los huevos, y para mantenerlos frescos los bañaban con una fina capa de cera líquida. 

Una vez terminada la Cuaresma, se reunían delante de la iglesia de su ciudad, y los regalaban para poder disfrutarlos después en Pascua como un motivo de celebración. Desde el punto de vista cristiano se dice que representan la aparición de Jesús tras su resurrección.

Lo cierto es que desde la época medieval el huevo decorado se convirtió en uno de los alimentos propios de Semana Santa y un preciado regalo para los niños y los sirvientes. Así comienza a quedarse instaurado como una tradición arraigada hasta nuestros tiempos, aunque cada país ha desarrollado su propia manera de decorar los huevos de Pascua.

Los huevos de Pascua en las distintas culturas

Huevos de pascua

Fue 5000 años antes de Cristo cuando en China comenzaron a regalarse como símbolo de amistad huevos teñidos de rojo durante las fiestas del equinoccio de primavera. Este color para los chinos significa larga vida y felicidad, así comienza una tradición que se mantendrá a lo largo de los años. Más tarde fueron los persas los que comenzaron a decorar e intercambiar entre ellos huevos dorados y pintados minuciosamente.

Con el paso del tiempo en los países eslavos, se comenzó a llevar canastas llenas de huevos el día de sábado santo o antes de la misa de medianoche pascual para ser bendecidos, y después ser tomados en el desayuno del domingo de Pascua en las casas. En Rusia existía la costumbre de elaborar en la época de los zares, verdaderas joyas en forma de huevo, costumbre extendida hasta la época de la revolución, famosos sobre todo aquellos diseñados por el joyero Fabergé.

Huevos de pascua

Es quizá en Europa Central donde más arraigada está la costumbre de decorar y colorear los huevos de Pascua, así polacos, eslovenos y ucranianos son famosos por sus elaborados diseños. Para ello trazan líneas con lápices de cera, posteriormente sumergen el huevo en colorantes y de nuevo repiten el proceso hasta lograr verdaderas obras de arte, en donde para ellos cada punto o línea tiene un significado.

En muchos países el huevo no se aprovecha cocido una vez pintado, sino que es vaciado y solamente es la cáscara la que va coloreada. Es lo que ocurre por ejemplo en Alemania, donde es típico colgar los huevos de Pascua en árboles que se acaban colocando en las casas como símbolo de buena suerte. Posteriormente esta tradición fue llevada hasta Estados Unidos por los colonos germanos, los cuales también dieron a conocer el famoso conejito de Pascua que era repartido entre los niños que habían sido buenos.

Los “nuevos” huevos de Pascua

Huevos de pascua de chocolate

Pero quizá ahora en nuestros tiempos lo más habitual es ver en Semana Santa los huevos, pero de chocolate. En los escaparates de las pastelerías podemos deleitarnos con huevos de todos los tamaños y decoraciones, monas de pascua con los diseños de moda que hacen las delicias de los más pequeños, y otras chucherías propias de estos días mucho más frecuentes, todo hay que decirlo, que los tradicionales huevos duros coloreados.

Pero ¿cuándo surgió la tradición de los huevos de chocolate? Las primeras referencias datan del año 1820 cuando se vio por primera vez un huevo cubierto por una especie de frágil pasta de azúcar. Pero fue ya en Francia en el siglo XIX cuando la técnica se perfeccionó y se empezó a añadir la manteca de cacao a la masa, dando comienzo a la época del modelaje del chocolate. 

Fue el empresario chocolatero Joseph Fry, el que produjo los primeros huevos de Pascua de chocolate en Inglaterra en 1873, para posteriormente Cadbury´s seguir elaborándolos y presentando nuevos modelos y técnicas decorativas. Con el paso del tiempo, aparte de los huevos, comenzaron a fabricarse figuras de chocolate como regalo en Pascua y así en nuestro país es típico, sobre todo en Cataluña y Levante, que los padrinos regalen a sus ahijados un huevo o la popular mona de Pascua.

Así que los famosos huevos de Pascua que yo creía un "invento" de los americanos, resultó ser una tradición de siglos, y entendí que cada cultura tiene su propio "estilo de huevo de Pascua". A partir de ahora cuando vea una de esas decoraciones apreciaré más este arte milenario.

miércoles, 1 de abril de 2026

DESCUBRE TU LUGAR.



No estás aquí por casualidad.

La vida te ha sido dada para caminarla.

Tu lugar está entre las personas, en los encuentros sencillos, en los gestos que construyen fraternidad.

Estás llamado a dejar huella. A sembrar esperanza donde falte. A iluminar, aunque sea con una pequeña luz.

El mundo necesita tu presencia, tu mirada y tu palabra. Porque cada vida tiene un sentido.

Juan Antobio Mateos Pérez

martes, 31 de marzo de 2026

​EL AMOR NOS LIBERA DEL SUFRIMIENTO.

La piedad popular se detiene muchas veces en los detalles del sufrimiento de Jesús:

Los golpes, las espinas, la cruz.Se contemplan sus dolores con respeto y devoción.

Y eso tiene su valor. Pero no basta con compadecer.

La Pasión invita a algo más hondo: A dejarnos afectar por dentro.

Nos confronta con nuestras sombras y nuestras fragilidades.

Y, al mismo tiempo, abre una esperanza nueva: 

La del Reino que vence al dolor.


Juan Antonio Mateos Pérez

jueves, 26 de marzo de 2026

​VIVIR EN LA ABUNDANCIA I

"¿Qué es la abundancia?


¿Es acaso tener más dinero, más fama, más reconocimiento, más 'cosas' de las que realmente necesitamos?


¿Es adquirir una riqueza personal innecesaria, acumulando montones de cosas para ti y para tu exclusivo círculo de amigos privilegiados?


No, no, no. ¡La abundancia es el fuego ardiente en tu corazón!


 ¡Es el gozo inexplicable que retumba en tu barriga!


 ¡Es la inexplicable gratitud que se siente al despertar, de que se te haya dado un día más para explorar este loco, precioso y enredado mundo; sin importar la cantidad de dinero que tengas en tu cuenta bancaria, ¡sin importar cuántos títulos cuelguen en tu pared!


Es la inefable dicha de dar sin esperar nada a cambio, de amar sin necesidad, de abrirte a las aventuras que jamás creíste posible; es sentir el miedo y sin embargo, dar el salto a pesar de las advertencias de quienes se hacen llamar 'normales'.


 Es una loca zambullida en lo desconocido, la ráfaga de vida que sientes al inhalar, el profundo descanso que sientes al exhalar, la emoción de saber que nada que sea real puede perderse, y nada que se haya perdido era realmente tuyo, para empezar... ". 


 Jeff Foster