lunes, 16 de marzo de 2026

CLAVES PARA VIVIR EN LA ABUNDANCIA I LA GRATITUD

Vivir agradecidos, siendo conscientes de todo lo que vivimos y tenemos. 


Y no sólo de lo material, también de las personas, del amor recibido y compartido, de las múltiples experiencias que se nos ofrecen cada día, cada respiración, poder disfrutar del mundo que nos rodea... 


El agradecimiento nos hace vivir automáticamente en la abundancia.


(No estamos aquí para sobrevivir) Pablo García - Valdecasas

miércoles, 11 de marzo de 2026

​CREADOR DISCRETO.

No hay que pensar el aire

para que se filtre

al último rincón de los pulmones,

ni hay que imaginar la aurora

para que decore el nuevo día

jugando con los colores y las sombras.


No hay que dar órdenes

al corazón tan fiel,

ni a las células sin nombre,

para que luchen por la vida

hasta el último aliento.


No hay que amenazar

a los pájaros para que canten,

ni vigilar a los trigales

para que crezcan,

ni espiar la semilla de arroz

para que se transforme

en el secreto de la tierra.


En su dosis exacta

de luz y color,

de canto y silencio,

nos llega la vida sin notarlo,

don incesantemente tuyo,

trabajador sin sábado,

Dios discreto.


Para que tu infinitud

no nos espante

te regalas en el don

en que te escondes.


(Benjamín González Buelta, SJ)

Alerta eclesial por el «abuso espiritual» del «emotivismo» religioso

 Retiros de fin de semana que propician conversiones sorpresivas. Oraciones de alabanza que exaltan el sentimentalismo. Imposiciones de manos que sugieren una sanación inmediata. Desplomes físicos en medio de una vigilia de oración que se denominan «descansos en el Espíritu». Adoraciones al Santísimo remasterizadas. Son algunas prácticas que desde un tiempo a esta parte se están dando en espacios eclesiales. En algunos casos se presentan como métodos de primer anuncio del Evangelio. En otros, como una manera renovada de vivir la fe. Son fenómenos emergentes que están repoblando parroquias y movimientos, pero que parecen tener alguna arista que comienza a preocupar, y mucho, a los obispos. Así al menos se desprende de forma detallada y sin rodeos en «Cor ad cor loquitur» (El corazón habla al corazón), un documento publicado ayer y elaborado por la Comisión para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española en la que alerta del «reduccionismo ‘emotivista’ de la fe» que lleva a «muchas personas a convertirse en consumidores de experiencias de impacto y buscadores insaciables de la complacencia del sentimiento espiritual».

En ningún momento los prelados ponen nombre y apellidos a cuáles son las iniciativas que ponen en cuarentena, pero se expresan sin reserva sobre sus efectos: «Existe el peligro de pretender suscitar algunos comportamientos mediante un ‘bombardeo emocional’, lo cual podría considerarse una forma de ‘abuso espiritual’». La advertencia que lanzan no es menor, en tanto que incluso han llegado a detectar, según se lee en el propio documento, «la utilización de falsas experiencias sobrenaturales o místicas».

Para poner coto a esta deriva, la nota llega a asegurar que «estos nuevos métodos» deberían ser «sometidos al discernimiento de la autoridad de los obispos y los órganos diocesanos competentes». Se busca frenar «la oración ‘espiritualista’ desencarnada», así como «unas celebraciones litúrgicas intimistas y efectistas», reduciendo la liturgia a un «mero devocionalismo». Así, no dudan en condenar «prácticas de culto a la Eucaristía fuera de la misa que desvirtúan y descontextualizan el sentido propio de la adoración al Santísimo Sacramento», así como «el uso de elementos extraños a lo dispuesto en el ritual».

Aprobado la semana pasada en la Comisión Permanente celebrada en Madrid, el escrito reconoce la «creatividad» de algunas de estas propuestas. Sin embargo, con finezza eclesial, los pastores creen necesario «ayudar al discernimiento y acompañar en la maduración de estas experiencias».

La nota doctrinal subraya que el «emotivista religioso» hace «depender la fe de la intensidad de la emoción, reduciéndola a la medida del sentimiento y a lo placentera que pueda resultar, lo que se refuerza cuando se trata de experiencias compartidas». Incluso se advierte de que no se pueden «confundir estas vivencias con el arrobamiento místico o la experiencia del gozo espiritual que acompaña en los santos la revelación privada».

El aviso no se queda ahí, sino que resalta cómo aquellos cristianos que se dejan llevar por este emotivismo pueden entrar en una esfera «fácilmente manipulable». En este sentido, exponen cómo la «presión emocional del grupo» puede llevar a que los católicos que forman parte «se vean obligados a ‘sentir’ lo mismo que los demás para no automarginarse de la experiencia».

De la misma manera, se ahonda en el «falso misticismo» en el que pueden caer estas metodologías y que «desvirtúan una auténtica visión de Dios». En un tono asertivo, remarcan que podrían convertirse en «medios para ejercer dominio sobre las conciencias anulando la autonomía de las personas o para cometer otro tipo de abusos, lo que debe ser considerado de especial gravedad moral».

A la par, se dejan caer otros riesgos como «una autocomplacencia por los frutos alcanzados, en la obsesión por la ley y en la ostentación en el cuidado de la liturgia, de la doctrina y del prestigio de la Iglesia». Tampoco se quedan atrás a la hora de prevenir sobre la cerrazón de algunos movimientos: «Una auténtica vivencia eclesial de la fe no absolutiza el carisma del propio grupo, sino que lo pone al servicio de la unidad de la Iglesia».

«Igual se puede decir de los métodos evangelizadores: ninguno ha de considerarse como absoluto, y se ha de admitir que lo que sirve para unos, no ha de ser necesariamente válido o útil para otros», se señala justo después.

Junto a las coordenadas para detectar dónde están los límites que no pueden sobrepasar estas iniciativas, el Episcopado también ofrece unos criterios como «ser precavido ante los sentimientos y las emociones», ser fieles a la doctrina desde «la adhesión personal con Cristo», seguir los itinerarios catecumenales y procesos formativos establecidos por la Iglesia.

Otra «prueba del algodón» para evitar un espiritualismo emocional es que estas iniciativas se traduzcan en «la caridad hacia los más pobres, en el testimonio y el servicio que transfiguran el mundo haciendo presentes en él los valores del Reino». «Si no somos capaces de tocar la carne de los últimos, no estamos siendo fieles al Evangelio», señalan los obispos españoles.


En busca del "botón de Dios": qué le pasa a nuestro cerebro cuando rezamos o meditamos, según la neurociencia

 Juana de Arco escuchaba voces divinas que guiaban sus pasos en la batalla. Santa Teresa de Jesús describía éxtasis místicos que la dejaban paralizada. Durante siglos, estas experiencias se han enmarcado exclusivamente en el terreno de la fe y el dogma, pero la ciencia moderna ha decidido asomarse al abismo del misticismo con una herramienta mucho más terrenal: los escáneres cerebrales.

Tiene su ciencia. Se denomina neuroteología y es una disciplina que está comenzando a emerger, aunque no esté libre de polémica. Su objetivo no es probar como tal la existencia de Dios, sino descifrar los circuitos neuronales que se encienden cuando los humanos intentan comunicarse con él. 

Las "neuronas de Dios". En su reciente libro "Las neuronas de Dios", el biólogo e investigador Diego Golombek plantea una hipótesis fascinante para las situaciones más místicas. Apuntan a que muchas de las visiones y vivencias espirituales extremas que han documentado figuras que han pasado a la historia podrían estar estrechamente ligadas a fenómenos neurológicos como la epilepsia del lóbulo temporal.

Según Golombek, estas tormentas eléctricas en el cerebro activan regiones ligadas a emociones intensas y percepciones alteradas, creando una experiencia que el sujeto interpreta como un contacto directo con la divinidad. Aunque la pregunta aquí es si existe un 'botón de Dios' en el cerebro o un área que se active cuando nos centramos en nuestra espiritualidad. La respuesta corta aquí es que no. 

Lo que se sabía. Durante años se especuló con la existencia de un "módulo cerebral" exclusivo para lo divino, pero los estudios clásicos, como el realizado en 2006 por el neurocientífico Mario Beauregard con monjas carmelitas, desmintieron esta idea. 

Para demostrarlo, introdujo a las religiosas en máquinas de resonancia magnética funcional y les pidió que revivieran sus experiencias místicas más profundas. Aquí los resultados demostraron que no hay una única "zona de Dios" sino que la oración moviliza una red compleja y amplísima que incluye el núcleo caudado, la ínsula y el lóbulo parietal. Es por ello que Dios, neurológicamente hablando, es un esfuerzo de equipo.

El impacto real. Más allá del debate sobre el origen de las visiones, la neuroteología ha encontrado un terreno muy fértil en la psiquiatría y la salud mental. Andrew B. Newberg, uno de los pioneros mundiales en este campo y autor de "Principles of Neurotheology"lleva décadas documentandocómo las prácticas religiosas y la meditación alteran físicamente nuestra materia gris.

En estudios recientes de este mismo 2025, el equipo de Newberg ha abordado las aplicaciones prácticas de la neuroteología en la psiquiatría integrativa. Los hallazgos son reveladores, puesto que las personas con una práctica religiosa o espiritual constante muestran correlaciones significativas con menores niveles de depresión, ansiedad y un mayor bienestar general.

¿Por qué? Al rezar o meditar de forma rutinaria, se produce una activación sostenida en áreas como el córtex prefrontal, que está encargado de la atención y la toma de decisiones, además de darse alteraciones en la ínsula, lo que sugiere que estas prácticas ejercen un efecto protector sobre la salud mental. Para autores como Newberg o el propio Víctor Páramo Valero, estos datos rechazan las explicaciones puramente materialistas y reduccionistas, puesto que la neurociencia no niega a Dios, sino que explica cómo nuestro cerebro está equipado para procesar la espiritualidad.

Hay polémica. No todo en la neuroteología es un camino de rosas, ya que también hay muchas críticas alrededor. Un ejemplo lo tenemos en el investigador Javier Bernácer, que advierte sobre el peligro de confundir correlación con causalidad. De esta manera, que unas áreas del cerebro se iluminen en un escáner mientras alguien reza no prueba que la oración sea la causa única de esa activación. Apunta que muchas de las neuroimágenes actuales ofrecen "anécdotas, no pruebas definitivas", y exige que la disciplina adopte ensayos controlados para descartar sesgos cognitivos.


León XIV eleva el tono ante la guerra de Trump y Netanyahu

 El Papa estadounidense eleva el tono contra la guerra de Trump y Netanyahu. En un comunicado difundido por la Sala de Prensa del Vaticano a última hora de la noche, León XIV expresa “profundo dolor por todas las víctimas de los bombardeos de estos días en Oriente Medio, por tantos inocentes”.

El Pontífice cita casos concretos de las víctimas, “muchos niños, y quienes les prestaban socorro, como el padre Pierre El-Rahi, sacerdote maronita asesinado esta tarde en Qlayaa”. El Papa “sigue con preocupación lo que está ocurriendo y reza para que cesen cuanto antes todas las hostilidades”.

El arzobispo de Chicago, cercano a Prevost, calificó de “repugnante” el vídeo de la Casa Blanca que mezclaba ataques en Irán con escenas de Hollywood

La muerte del sacerdote libanés, capellán regional de Cáritas, tras un bombardeo israelí en el sur del país, había sido comentada unas horas antes por dos importantes cardenales italianos. Pietro Parolin subrayó que “por desgracia también la Iglesia es víctima de esta situación. No estamos exentos, no somos inmunes al sufrimiento de la población”.

Mientras que, según el presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, el cardenal Matteo Zuppi, la Iglesia está “herida por este nuevo dolor causado por la violencia cínica e insensata de un conflicto que siembra sangre y destrucción”.

Si el Papa evita mencionar directamente a Estados Unidos e Israel, esa tarea queda en manos de la Iglesia local, según una lógica que Robert Prevost ha impuesto desde el inicio de su pontificado. No es casual, por tanto, que en los últimos días haya llegado una durísima condena, casi un anatema, del cardenal Blase Cupich, arzobispo de Chicago, la ciudad del Papa, que definió sickening, literalmente “repugnante”, el vídeo de la guerra en Irán difundido en las redes sociales por la Casa Blanca, con la frase «justicia a la americana» acompañando imágenes de los ataques alternadas con fragmentos de películas de Hollywood: “Nuestro gobierno está tratando el sufrimiento del pueblo iraní como un telón de fondo para nuestro entretenimiento, como si fuera solo otro contenido que deslizar mientras esperamos en la fila del supermercado”.