"Tener paz interior es una condición para ser feliz.
Cuando la mente y el corazón están llenos de ruido y de inquietud no podemos disfrutar ni de las cosas más simples: un paisaje nos deja indiferentes, el cariño de las personas que amamos no logra alcanzarnos, las cosas más bellas de la vida nos pasan por delante sin siquiera notarlo.
Quien tiene su mente y su corazón en paz no depende de lo que pase fuera para sentirse feliz pues es tan imprevisible lo que pasa fuera de nosotros que depender de ello es apostar a la desdicha.
Nunca sabemos con exactitud cómo transcurre un día, cuantos imprevistos nos esperan y cómo llegaremos a la noche, si Dios nos concede llegar.
Todos tenemos dificultades. Cada persona, en cada momento de su vida enfrenta retos que pueden inquietarlo. En este mismo momento posiblemente estás enfrentando situaciones que te llenan de ansiedad.
Es parte de la vida. La vida es imperfecta y, mientras se vive, se está expuesto a las leyes de la adversidad y de lo transitorio.
El cuerpo se desgasta, se enferma. La belleza física se acaba. También la vitalidad. Las relaciones entran en crisis. La economía puede jugarnos una mala pasada. Un día tenemos de sobra; al siguiente carecemos de lo indispensable. Es la rueda de la fortuna. A veces arriba. A veces abajo.
Mantener la paz ante los altibajos de la vida es todo un desafío.
La paz que Jesús nos ofrece tiene que ver con confiar en que Dios cuida de nosotros cada día. Muchas veces nos angustia el futuro, lo que va a pasar y muchos fantasmas atormentan nuestras mentes.
Tener paz interior es confiar en que nuestro futuro está en manos de Dios y de su providencia. Que nosotros haremos nuestra parte y después nos quedaremos en paz sin intentar decirle a Dios que es lo que tiene que hacer. El lo sabe mejor que nosotros".
El papaLeón XIVdestacó este jueves sobre la guerra en Irán que "hay que promover los valores en los que creemos,pero sin la muerte de tantos inocentes", al responder en la rueda de prensa de regreso de Guinea Ecuatorial tras su gira por África. Sobre si es necesario un cambio de régimen en Irán, el pontífice estadounidense abogó por "promover un nuevo comportamientobasado en la cultura de la paz", porque se tiende a "resolver todo con la violencia y con la guerra, y lo que hemos visto es que tantos inocentes han muerto".
Al respecto citó la carta que le han enviado las familias de los niños iraníes que murieron en el primer día del ataque. "Han perdido a sus hijos e hijas ... a niños", lamentó. "Aunque no se sabe qué régimen hay después de los bombardeos de Israel y Estados Unidos", dijo el papa quien insistió en que la cuestión es "cómo promover los valores en los que creemos sin la muerte de tantos inocentes".
Lamentó que no se sabe dónde van a ir a parar las negociaciones, así como la situación "caótica para la economía mundial", pero "también hay una población en Irán donde tantos inocentes están sufriendo esta guerra". Además, animó sobre todo a "continuar el diálogo por la paz, que participen, que se busquen todas las formas para la paz y que se respete el derecho internacional" y, sobre todo, instó a que "los inocentes sean protegidos". "Lo que no ha pasado en varios lugares", añadió.
El pontífice confesó que lleva la foto de un niño musulmán al que fotografiaron durante su visita a Líbano con un cartel que decía 'Bienvenido papa León' y que murió en uno de los últimos bombardeos de Israel. "Cómo pastor no puedo estar a favor de la guerrapor eso quiero animar a que se hagan todos los esfuerzos para una cultura de paz y no de odio y divisiones", añadió.
El papa León XIV habla con la prensa a bordo del avión papal tras su gira por África.AP
Por otra parte, preguntado sobre los ajusticiamientos por parte del régimen iraní tras las últimas revueltas, el papa aseguró que condena "todas las acciones que son injustas" y que "acaban con la vida de la gente". "Condeno la pena capital, creo que la vida debe ser respetada desde su concepción hasta su fin". "La vida debe ser protegida y respetada por lo que cuando un régimen, cuando un país, toma la decisión de quitar vidas injustamente es algo que debe ser condenado", agregó.
"El silencio nos toca de muchas maneras: como algo que nos ofrece refugio y tranquilidad, como algo que nos pone en contacto con lo más profundo que usualmente se nos escapa en el tumulto de nuestra vida cotidiana, como una fuente de alegría, como una inspiración para el arte, la literatura o la música, y porque nos despierta al momento presente que sólo puede ser experimentado en su totalidad con una mente libre de prejuicios.
Estos encuentros pueden ser la fuente de una claridad maravillosa".
En la década de 1960, en la localidad francesa de Luz (departamento de Altos Pirineos), se invitaba a los turistas que visitaban los Pirineos a conocer a la última familia de “agotes” (cagotsen francés) de la región. A estos hombres y mujeres de baja estatura se les presentaba como los últimos descendientes de una “raza maldita”, discriminados desde hacía más de mil años en la zona.
En los folletos turísticos de la región aún hoy se hace mención a los agotes, a quienes se presenta a veces como “los intocables de los Pirineos”, como “descendientes de los visigodos” o incluso como “individuos pequeños y deformes con el lóbulo de la oreja pegado”. Pero ¿quiénes eran realmente estos hombres y mujeres discriminados? Intentemos aclararlo considerando las fantasías, las fuentes históricas disponibles y las incógnitas que aún persisten.
Postal que muestra las ‘manos de los agotes’.Henri-Marcel Fay, CC BY
En los Pirineos franceses y españoles, las personas llamadas agotes, cagots, capots o incluso gahets están envueltas en un velo de misterio. Su identidad, su origen y su destino han dado mucho que hablar durante cinco siglos, tanto en la literatura científica como en el discurso popular. En cualquier caso, se trata de una población discriminada entre el siglo XIV y principios del XIX, aunque las lógicas de exclusión han evolucionado con el paso de los tiempos.
Entre los elementos distintivos más frecuentes, se observa que los agotes están obligados a casarse entre ellos, que tienen un lugar aparte en el cementerio, que no pueden participar en las asambleas del pueblo y que deben permanecer en el fondo de la iglesia durante los oficios religiosos. Pero ¿qué más se puede saber sobre este grupo, y a quién se puede llamar realmente “agote”?
Mitos y fantasías
Ya en el siglo XVI, diversos autores se preguntaban por el origen de los agotes, con el fin de explicar su exclusión. Se les consideraba entonces descendientes de leprosos, visigodos, cátaros o sarracenos, sin que se pudiera llegar a una conclusión definitiva.
Cabe recordar que, en aquella época, los Pirineos se convirtieron en un importante destino de turismo termal: la existencia de los agotes permitió entonces crear una cultura folclórica local y hacer que la región resultara atractiva. Prueba de ello es la difusión de postales que supuestamente mostraban casas de agotes, o a los propios agotes. Viajeros franceses e ingleses intentaban encontrarlos durante sus paseos, sin conocer bien los criterios para identificarlos.
Las postales que representan ‘los barrios, los puentes y las fuentes de los agotes’ se difundieron en el siglo XIX. Aquí, dos mujeres se encuentran junto a una casa pirenaica en el ‘barrio de los agotes’ de Saint-Savin (departamento francés de Altos Pirineos).Daniel Trallero, Fourni par l'auteur
Todas las personas miserables, pobres o cojas que residían en las montañas se convertían entonces en potenciales agotes. Sin embargo, en aquella época, la discriminación había desaparecido casi por todas partes, y los agotes se mezclaban con el resto de la población. Solo quedaban los topónimos para perpetuar su recuerdo: los visitantes del siglo XIX encontraban así una “fuente de los agotes”, un “puente de los agotes"…
Pero cuando se examinan más de cerca las fuentes escritas de los siglos de discriminación (siglos XV-XIX), se constata que los agotes nunca tuvieron ninguna particularidad física. Los archivos judiciales, notariales, municipales y provinciales abundan en este sentido: estas personas gozaban de buena salud, vivían como los demás, tenían la misma lengua, los mismos nombres, la misma religión y, en ocasiones, eran incluso ricos.
Sentencia del Parlamento de Toulouse de 1627, que declara que los cagots están ‘exentos de toda clase de lepra, sarna y otras enfermedades contagiosas similares y, al hacerlo, no se pretende impedir que puedan relacionarse, frecuentar y conversar con todo tipo de personas y en todos los lugares’.Archivos Departamentales de Haute-Garonne (1B477), Fourni par l'auteur
Una exclusión ante todo social
La exclusión de los agotes tiene, por tanto, una explicación más bien social y política. Dado que la marginación de los leprosos era habitual en la Edad Media, este es un primer elemento que podría explicar el alejamiento de esta población, considerada descendiente de leprosos, impura y mancillada "desde el interior”.
Así, el insulto en francés cagot –del latín vulgar cacare, relativo a los excrementos y a la suciedad– pudo permitir, en un pueblo, establecer jerarquías dentro del vecindario entre individuos establecidos y marginales. Por lo tanto, es necesario estudiar este fenómeno saliendo del marco racial heredado del siglo XIX para observar las lógicas de exclusión social que se ejercen en un lugar determinado. Los distintos trabajos dedicados a los agotes se han centrado durante mucho tiempo en su supuesta distinción física, en detrimento de un análisis de las relaciones de poder y las dominaciones que se ejercen a través de esta categoría.
Sin embargo, los agotes no estaban sujetos a las mismas prohibiciones ni provocaban el mismo revuelo en todos los pueblos. En muchas parroquias donde existían agotes no hay ningún rastro arqueológico de segregación en las sepulturas, y el término desaparece rápidamente sin que haya indicios de un conflicto importante.
En Biarritz (departamento de Pirineos Atlánticos), por el contrario, los habitantes se dedicaron a desenterrar sus cuerpos, se produjeron actos de violencia y el conflicto con los agotes fue objeto de múltiples juicios que llegaron hasta el rey. Esa población se encontraba entonces en declive económico, y las familias denominadas “agotes” acumulaban tierras y adquirían casas. Por otra parte, poco después empezó a circular un refrán popular: “Si le debes a un agote, págale enseguida”. El hecho de relegar a estas personas a un estatus inferior y mancillado permitía marginar a quienes se enriquecían.
La denominación de agote o cagot oculta, por tanto, cuestiones materiales, económicas y comunitarias propias de cada localidad. De forma similar, trabajos recientes han puesto de manifiesto la diversidad de personas incluidas bajo el término “cátaros”, una categoría peyorativa que no remite, como se pensaba, a un movimiento unificado y organizado, sino que abarcaría un abanico de personas muy diferentes, cuya estigmatización se basaría también en fundamentos económicos y sociales.
Postal que representa una procesión de agotes, los ‘parias de los Pirineos’.Archivos departamentales de los Altos Pirineos, 48 Fi 53/18., CC BY
Ser o dejar de ser un agote
Sin embargo, ¿se puede saber quién es agote?
Si bien las instituciones a partir del Renacimiento hablan de “cagots” en los textos, solo mencionan las prohibiciones que les afectan. Según las normas del siglo XVII en la región francesa de Bearne, se prohibía a los agotes mezclarse con otras personas, portar armas o vender alimentos en los mercados.
Pero el término “cagots” fue posteriormente prohibido por el poder real en 1683, ya que se consideraba discriminatorio y difamatorio, “sin que se pueda saber con precisión el motivo de esta distinción”, según las palabras del intendente de Bearne de la época. La palabra pasó a estar castigada por la ley, y los registros de bautismo y los contratos de venta hicieron desaparecer la denominación de sus columnas. Cabe imaginar que los hijos de quienes eran llamados “cagots” en los siglos XV y XVI siguieran siéndolo, pero no siempre hay pruebas de que la discriminación continuara para ellos. Para encontrar rastros de los agotes en los siglos XVII y XVIII, hay que recurrir a las fuentes judiciales: es en los juicios y los momentos conflictivos donde se comprende que siguen existiendo.
Archivo notarial que menciona el juicio iniciado por un grupo de personas de Saint-Jean-Pied-de-Port (hoy en el departamento francés de los Pirineos Atlánticos) en 1701: se sabe que fueron tratados de agotes, se les impidió participar en el oficio divino y ‘fueron agarrados por el pelo y tratados a patadas y puñetazos y con otros insultos ’.Archivos Departamentales de los Pirineos Atlánticos, 3E8329, Fourni par l'auteur
Durante estos conflictos, se observa que la discriminación hacia esas personas se prolongó hasta el siglo XIX. En definitiva, es agote quien es designado como tal, quien es considerado impuro por sus pares y quien sufre marginaciones cotidianas. Las personas no son llamadas así por sí mismas, ni en todas partes; no son reconocibles por un rostro, un apellido genérico o una lengua. Aquellos señalados como agotes en los juicios tienen nombres vascos y gascones comunes en la región: Oyhamboure en el País Vasco francés, Sanchotena en España, Nogué en el Bearne…
Por lo tanto, son conocidos localmente, en el seno mismo de los pueblos, gracias a fenómenos de interconocimiento y reputación: se les identifica por un nombre de casa o por el lugar donde viven. El historiador, por su parte, puede localizarlos a través de las violencias que sufren: son agotes aquellos que siempre se ven obligados a casarse entre ellos, a tener un lugar aparte en el cementerio, a ser excluidos de los cargos de alcalde, a permanecer en el fondo de la iglesia durante los oficios.
El término “agote” siempre se les atribuye desde fuera y, por otra parte, nunca es reivindicado por ellos mismos. Cuando acuden a los tribunales, entre los siglos XVII y XIX, es para castigar a quienes los han llamado así, obtener una indemnización y hacer desaparecer esta denominación, lo cual será un éxito.
En resumen, el término es, en la época moderna, un receptáculo para excluir a una parte de la población y un insulto que permite reintroducir la diferencia cuando esta desaparece.