jueves, 26 de marzo de 2026

​VIVIR EN LA ABUNDANCIA I

"¿Qué es la abundancia?


¿Es acaso tener más dinero, más fama, más reconocimiento, más 'cosas' de las que realmente necesitamos?


¿Es adquirir una riqueza personal innecesaria, acumulando montones de cosas para ti y para tu exclusivo círculo de amigos privilegiados?


No, no, no. ¡La abundancia es el fuego ardiente en tu corazón!


 ¡Es el gozo inexplicable que retumba en tu barriga!


 ¡Es la inexplicable gratitud que se siente al despertar, de que se te haya dado un día más para explorar este loco, precioso y enredado mundo; sin importar la cantidad de dinero que tengas en tu cuenta bancaria, ¡sin importar cuántos títulos cuelguen en tu pared!


Es la inefable dicha de dar sin esperar nada a cambio, de amar sin necesidad, de abrirte a las aventuras que jamás creíste posible; es sentir el miedo y sin embargo, dar el salto a pesar de las advertencias de quienes se hacen llamar 'normales'.


 Es una loca zambullida en lo desconocido, la ráfaga de vida que sientes al inhalar, el profundo descanso que sientes al exhalar, la emoción de saber que nada que sea real puede perderse, y nada que se haya perdido era realmente tuyo, para empezar... ". 


 Jeff Foster

miércoles, 25 de marzo de 2026

Qué quería decir San Agustín al afirmar: "¿Qué es el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé. Pero si quiero explicarlo, no lo sé"

 San Agustín y San Ambrosio

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San Agustín de Hipona fue uno de los filósofos cristianos más influyentes del siglo IV y V. Uno de los pensadores más importantes del cristianismo occidental y un escritor a quien, sin duda, hay que leer al menos una vez en la vida. Un hombre cuanto menos curioso, que le pedía a Dios castidad, “pero todavía no”. Una persona que dedicó su vida a la reflexión y cuyas ideas aún siguen resonando en el presente.

Con un título tan curioso como “patrón de los teólogos, impresores y cerveceros”, no es difícil imaginar que la figura de San Agustín está llena de aristas y entresijos, que siguen haciendo que su vida sea, cuanto menos, interesante de estudiar. Igual de contradictoria fue la definición que nos ofrece en sus ‘Confesiones’ sobre lo que es el tiempo. Sobre ello se cuestiona: “¿Qué es, pues, el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé; pero si quiero explicárselo al que me lo pregunta, no lo sé”. Una intuición poderosa que hoy la física parece confirmar, y que sigue dando pie a nuevas interpretaciones filosóficas.

Esperanza

La relatividad del tiempo no es solo física: también es experiencia.

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El tiempo es relativo

De la frase de San Agustín podemos extraer una primera conclusión clara: el tiempo es relativo. Esta idea, con la que hoy juega la física cuántica, esa disciplina que parece afirmar que la realidad cambia según cómo la observamos, ya la intuía otro pensador anterior a Hipona, Demócrito.

El filósofo que ríe, como lo llamaban, fue el primero en formular la teoría atómica. Este pensador presocrático ya intuía que todo cuanto vemos debía estar formado de unas unidades mínimas e indivisibles que no podíamos percibir a simple vista, convirtiéndose en algo así como el padre de la física moderna. También formuló la teoría de que el tiempo es, efectivamente, relativo. Y su lengua, el griego, podía manifestar esta relatividad.

En griego clásico contaban con tres términos diferentes para hablar del tiempo. El primero era ‘chronos’, el tiempo cronológico, lineal y secuencial; el flujo medible de días, horas y años, como en un reloj. El segundo era ‘kairos’, el momento oportuno o cualitativo, el instante decisivo para actuar, impredecible y cargado de significado; el “tiempo justo”, ligado al azar y la oportunidad. Y para acabar, ‘aion’, el tiempo eterno o de la vida, un tiempo circular, infinito y divino, correspondiente a la edad del mundo o la eternidad.

Disfrutar

Vivimos el tiempo como memoria, atención y expectativa.

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La distensión del alma

En las interpretaciones agustianas contamos con una nueva interpretación del tiempo, cuyas diferentes lecturas podrían dar para escribir libros y libros, hasta completar la más grande de las bibliotecas. A través de su famosa paradoja, esta idea de que podemos entender el tiempo cuando nadie lo pregunta, pero que al intentar explicarlo se nos escapa, representa la dimensión perceptiva del tiempo.

Es decir, lo comprendemos en la experiencia cotidiana, pero se vuelve esquivo cuando intentamos definirlo racionalmente. La frase aparece en el libro XI de las ‘Confesiones’, donde el santo explora la naturaleza del tiempo como un enigma ligado a la creación divina. Reflexiona que el pasado ya no existe, el futuro aún no es y el presente es un instante fugaz sin duración real. Y concluye que el tiempo no es algo externo o físico, sino una extensión del alma. Lo medimos en nuestra memoria, atención y expectativa.

poetas

Olvidar que somos temporales es vivir desconectados de lo esencial.

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Seres temporales

La idea de San Agustín parece una obviedad, pero lo cierto es que en el siglo XXI brilla por su ausencia. Hemos olvidado que somos seres temporales, y como si fuéramos una partícula experimental, hemos acelerado nuestra vida hasta hacernos colisionar con la realidad. Una de nuestras dimensiones, la temporal, ha sido olvidada por la sociedad.

A nivel personal, lo noto cuando intentamos resumir en vídeos de apenas unos segundos conceptos tan complejos como el amor, el arte o el tiempo, que ahora intentamos abordar desde este artículo. La cultura de la inmediatez nos ha hecho pensar que todo puede conseguirse en cuestión de segundos, olvidando que los seres humanos somos criaturas temporales.

Es decir, que nuestra existencia requiere de tiempo. Casi todo lo que merece la pena, de hecho, lo necesita. Pensarcrearamar, sentir, crecer o existir son procesos temporales. Necesitan un recorrido. Y en la era de la inmediatez, parecemos haberlo olvidado.

ocio

Recordar que todo termina nos devuelve al presente.

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Una certeza indiscutible

En esta locura temporal hemos olvidado también algo que los sabios dejaron de discutir hace milenios. Si somos seres temporales, somos también seres finitos. Hay quienes especulan con la posibilidad de demostrar que hay algo más allá de la muerte, que la vida es en realidad infinita. Pero, al menos tal y como la conocemos, la vida acaba. Eso es indiscutible.

Que el tiempo se acaba es algo que, de hecho, los romanos procuraban recordar de manera constante a sus poderosos emperadores. ‘Memento mori’, “recuerda que morirás”. Aquella cantinela recordaba a los hombres que eran distintos a los dioses, que su tiempo era limitado y que había que administrarlo con cautela.

Y es que cuando nos olvidamos de algo tan esencial como que todo llega a su final, perdemos de vista algo fundamental: el presente.

felicidad

Vivir bien es aprender a agarrar el tiempo antes de que se escape.

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Atrapa el día

Siguiendo con los tópicos filosóficos, es imposible no recordar aquel ‘carpe diem’ horaciano. La cita completa de sus ‘Odas’ es, traducida al castellano: “Aprovecha el día, confiando lo menos posible en el de mañana”.

El verbo elegido por el poeta, ‘carpo’, que podemos traducir como “arrancar”, nos recuerda quizá a nuestro “túnel carpiano”, esa parte de la muñeca con la que hacemos fuerza al agarrar algo. Y es que lo que Horacio nos plantea en su ‘Oda’ es en realidad una imagen mental. La de una mano que agarra con fuerza un fruto, la de un rostro que muerde con fuerza y extrae su jugo. Así deberíamos vivir la vida.

Atrapa el día, agárralo con fuerza y no lo sueltes, porque se te escurrirá entre los dedos como un fruto jugoso que cae de un árbol. Ese es, sin duda, el mensaje.

Para la elaboración de este artículo hemos recurrido a las reflexiones filosóficas y obras clásicas de distintos autores que han pensado el tiempo desde perspectivas complementarias, tanto en la filosofía como en la ciencia:

San Agustín de Hipona, filósofo y teólogo, autor de ‘Confesiones’, obra en la que desarrolla su célebre reflexión sobre la naturaleza del tiempo y su relación con la conciencia humana.

Demócrito, filósofo presocrático considerado uno de los padres del atomismo, cuyas ideas anticiparon una visión relativa de la realidad y del tiempo.

Horacio, poeta romano, autor de ‘Odas’, donde formula el célebre ‘carpe diem’, una invitación a aprovechar el presente ante la fugacidad del tiempo.

El Vaticano considera "moral y éticamente defendible" el trasplante de animales a humanos

La Academia Para la Vida del Vaticano ha publicado este martes el documento "Perspectivas de los xenotrasplantes (trasplantes de órganos de animales a humanos). Aspectos científicos y consideraciones éticas", en el que asegura que la aplicación clínica "prudente" de este tipo de trasplante es "moral y éticamente defendible"

"Es evidente que nos encontramos en una etapa muy temprana del xenotrasplante clínico. De hecho, el trasplante clínico de animales a humanos sigue siendo un territorio inexplorado, con muchas incógnitas que solo se aclararán una vez que se realice en ensayos clínicos en humanos. Sin embargo, los datos tan convincentes y alentadores generados en los últimos años en modelos preclínicos y en humanos sugieren que, en este momento, una aplicación clínica prudente de este trasplante a seres humanos cuidadosamente seleccionados es moral y éticamente defendible", reza el documento.

Además, señala que "la teología católica no tiene impedimentos, ni religiosos ni rituales, para utilizar ningún animal como fuente de órganos, tejidos o células para trasplantes a seres humanos".

En este sentido, añade que "la cuestión de la aceptabilidad de un órgano animal, una vez establecido que la identidad personal no se ve afectada" por el trasplante "y cumplidos todos los requisitos éticos generales" se convierte en "una cuestión cultural y psicológica".

Por ello, precisa que "es posible superar las dudas iniciales brindando el apoyo necesario de manera eficaz".

Según recuerda el portal oficial del Vaticano "Vatican News", en 2024 se realizaron en el mundo unos 170.000 trasplantes en igual número de pacientes, ni siquiera el 10% de los posibles beneficiarios de un reemplazo de órgano. Además, señala que en la Unión Europea mueren ocho personas a la espera de un órgano, una cifra que asciende a 13 en Estados Unidos.

El presidente de la Pontificia Academia para la Vida, Renzo Pegoraro, ha explicado que las raíces del documento, impreso a finales del año pasado, se remontan antes de 2001, año en que la Academia publicó un texto que abordaba la cuestión desde una doble perspectiva: científica y humanística. En aquella época, según ha recordado, no faltó el estímulo de san Juan Pablo II, quien envió una carta citada en el prefacio de la nueva edición del documento.

Según ha precisado Pegoraro, veinticinco años después, la parte científica del texto ha sido actualizada, especialmente en lo relativo a la gestión del animal "también mediante ingeniería genética, garantizando su respeto y bienestar" y la prevención del rechazo; y también respecto a los aspectos éticos "en términos de seguridad, información y consentimiento de los pacientes".

La contribución ética de la Iglesia católica, según ha agregado, se dirige "no solo a los creyentes, sino también a la comunidad médica", que tras décadas de experimentación se encamina hacia la fase clínica.

Por su parte, la investigadora de la Fundación Bruno Kessler en Trento, Monica Consolandi, ha señalado que "los trasplantes son eficaces para tratar enfermedades muy graves, pero hay escasez de órganos, tejidos y células, y muchos pacientes mueren en la lista de espera". 

Si bien, ha añadido que existen cuestiones éticas relacionadas con el mundo animal, y que el uso de sus órganos "debe ser razonable, regulado y justificado por la necesidad, sin alterar la biodiversidad". 

martes, 24 de marzo de 2026

​LA BUENA GENTE.

No te sonríen

con blancura dentífrica,

desde las páginas de una revista.


No acaparan flashes

en los eventos de moda.


No reciben premios

en las galas con más glamour

ni las multitudes

corean sus nombres

en el concierto de los poderosos.


Pero no lo necesitan,

para brillar con luz propia

en el baile de la historia.


Son el hombre justo,

y la viuda pobre,

el profeta valiente

y la mujer perdonada.


Son el peregrino

que comparte su mesa

y su palabra,

y el caminante que,

en su fatiga,

bromea y canta.


Son el carpintero

y la muchacha,

el alfarero y la criada,

el emigrante

que no pierde

la esperanza.


Son la buena gente,

que en lo discreto,

transforma el duelo

en danza.


(José María R. Olaizola, SJ)

domingo, 22 de marzo de 2026

VERDAD BELLEZA Y BIEN.



Existe un vínculo profundo

entre la verdad, la belleza y el bien.


Tres dimensiones que se iluminan mutuamente.


La verdad orienta la mente.


El bien guía nuestras acciones.


La belleza despierta el corazón.


Cuando se separan,

la vida se fragmenta.

Pero cuando se encuentran,

todo adquiere armonía.


Pensar con verdad,

actuar con bondad

y contemplar la belleza

nos acerca a una vida más plena.


Juan José Mateos Pérez