miércoles, 11 de marzo de 2026

​CREADOR DISCRETO.

No hay que pensar el aire

para que se filtre

al último rincón de los pulmones,

ni hay que imaginar la aurora

para que decore el nuevo día

jugando con los colores y las sombras.


No hay que dar órdenes

al corazón tan fiel,

ni a las células sin nombre,

para que luchen por la vida

hasta el último aliento.


No hay que amenazar

a los pájaros para que canten,

ni vigilar a los trigales

para que crezcan,

ni espiar la semilla de arroz

para que se transforme

en el secreto de la tierra.


En su dosis exacta

de luz y color,

de canto y silencio,

nos llega la vida sin notarlo,

don incesantemente tuyo,

trabajador sin sábado,

Dios discreto.


Para que tu infinitud

no nos espante

te regalas en el don

en que te escondes.


(Benjamín González Buelta, SJ)

Alerta eclesial por el «abuso espiritual» del «emotivismo» religioso

 Retiros de fin de semana que propician conversiones sorpresivas. Oraciones de alabanza que exaltan el sentimentalismo. Imposiciones de manos que sugieren una sanación inmediata. Desplomes físicos en medio de una vigilia de oración que se denominan «descansos en el Espíritu». Adoraciones al Santísimo remasterizadas. Son algunas prácticas que desde un tiempo a esta parte se están dando en espacios eclesiales. En algunos casos se presentan como métodos de primer anuncio del Evangelio. En otros, como una manera renovada de vivir la fe. Son fenómenos emergentes que están repoblando parroquias y movimientos, pero que parecen tener alguna arista que comienza a preocupar, y mucho, a los obispos. Así al menos se desprende de forma detallada y sin rodeos en «Cor ad cor loquitur» (El corazón habla al corazón), un documento publicado ayer y elaborado por la Comisión para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española en la que alerta del «reduccionismo ‘emotivista’ de la fe» que lleva a «muchas personas a convertirse en consumidores de experiencias de impacto y buscadores insaciables de la complacencia del sentimiento espiritual».

En ningún momento los prelados ponen nombre y apellidos a cuáles son las iniciativas que ponen en cuarentena, pero se expresan sin reserva sobre sus efectos: «Existe el peligro de pretender suscitar algunos comportamientos mediante un ‘bombardeo emocional’, lo cual podría considerarse una forma de ‘abuso espiritual’». La advertencia que lanzan no es menor, en tanto que incluso han llegado a detectar, según se lee en el propio documento, «la utilización de falsas experiencias sobrenaturales o místicas».

Para poner coto a esta deriva, la nota llega a asegurar que «estos nuevos métodos» deberían ser «sometidos al discernimiento de la autoridad de los obispos y los órganos diocesanos competentes». Se busca frenar «la oración ‘espiritualista’ desencarnada», así como «unas celebraciones litúrgicas intimistas y efectistas», reduciendo la liturgia a un «mero devocionalismo». Así, no dudan en condenar «prácticas de culto a la Eucaristía fuera de la misa que desvirtúan y descontextualizan el sentido propio de la adoración al Santísimo Sacramento», así como «el uso de elementos extraños a lo dispuesto en el ritual».

Aprobado la semana pasada en la Comisión Permanente celebrada en Madrid, el escrito reconoce la «creatividad» de algunas de estas propuestas. Sin embargo, con finezza eclesial, los pastores creen necesario «ayudar al discernimiento y acompañar en la maduración de estas experiencias».

La nota doctrinal subraya que el «emotivista religioso» hace «depender la fe de la intensidad de la emoción, reduciéndola a la medida del sentimiento y a lo placentera que pueda resultar, lo que se refuerza cuando se trata de experiencias compartidas». Incluso se advierte de que no se pueden «confundir estas vivencias con el arrobamiento místico o la experiencia del gozo espiritual que acompaña en los santos la revelación privada».

El aviso no se queda ahí, sino que resalta cómo aquellos cristianos que se dejan llevar por este emotivismo pueden entrar en una esfera «fácilmente manipulable». En este sentido, exponen cómo la «presión emocional del grupo» puede llevar a que los católicos que forman parte «se vean obligados a ‘sentir’ lo mismo que los demás para no automarginarse de la experiencia».

De la misma manera, se ahonda en el «falso misticismo» en el que pueden caer estas metodologías y que «desvirtúan una auténtica visión de Dios». En un tono asertivo, remarcan que podrían convertirse en «medios para ejercer dominio sobre las conciencias anulando la autonomía de las personas o para cometer otro tipo de abusos, lo que debe ser considerado de especial gravedad moral».

A la par, se dejan caer otros riesgos como «una autocomplacencia por los frutos alcanzados, en la obsesión por la ley y en la ostentación en el cuidado de la liturgia, de la doctrina y del prestigio de la Iglesia». Tampoco se quedan atrás a la hora de prevenir sobre la cerrazón de algunos movimientos: «Una auténtica vivencia eclesial de la fe no absolutiza el carisma del propio grupo, sino que lo pone al servicio de la unidad de la Iglesia».

«Igual se puede decir de los métodos evangelizadores: ninguno ha de considerarse como absoluto, y se ha de admitir que lo que sirve para unos, no ha de ser necesariamente válido o útil para otros», se señala justo después.

Junto a las coordenadas para detectar dónde están los límites que no pueden sobrepasar estas iniciativas, el Episcopado también ofrece unos criterios como «ser precavido ante los sentimientos y las emociones», ser fieles a la doctrina desde «la adhesión personal con Cristo», seguir los itinerarios catecumenales y procesos formativos establecidos por la Iglesia.

Otra «prueba del algodón» para evitar un espiritualismo emocional es que estas iniciativas se traduzcan en «la caridad hacia los más pobres, en el testimonio y el servicio que transfiguran el mundo haciendo presentes en él los valores del Reino». «Si no somos capaces de tocar la carne de los últimos, no estamos siendo fieles al Evangelio», señalan los obispos españoles.


En busca del "botón de Dios": qué le pasa a nuestro cerebro cuando rezamos o meditamos, según la neurociencia

 Juana de Arco escuchaba voces divinas que guiaban sus pasos en la batalla. Santa Teresa de Jesús describía éxtasis místicos que la dejaban paralizada. Durante siglos, estas experiencias se han enmarcado exclusivamente en el terreno de la fe y el dogma, pero la ciencia moderna ha decidido asomarse al abismo del misticismo con una herramienta mucho más terrenal: los escáneres cerebrales.

Tiene su ciencia. Se denomina neuroteología y es una disciplina que está comenzando a emerger, aunque no esté libre de polémica. Su objetivo no es probar como tal la existencia de Dios, sino descifrar los circuitos neuronales que se encienden cuando los humanos intentan comunicarse con él. 

Las "neuronas de Dios". En su reciente libro "Las neuronas de Dios", el biólogo e investigador Diego Golombek plantea una hipótesis fascinante para las situaciones más místicas. Apuntan a que muchas de las visiones y vivencias espirituales extremas que han documentado figuras que han pasado a la historia podrían estar estrechamente ligadas a fenómenos neurológicos como la epilepsia del lóbulo temporal.

Según Golombek, estas tormentas eléctricas en el cerebro activan regiones ligadas a emociones intensas y percepciones alteradas, creando una experiencia que el sujeto interpreta como un contacto directo con la divinidad. Aunque la pregunta aquí es si existe un 'botón de Dios' en el cerebro o un área que se active cuando nos centramos en nuestra espiritualidad. La respuesta corta aquí es que no. 

Lo que se sabía. Durante años se especuló con la existencia de un "módulo cerebral" exclusivo para lo divino, pero los estudios clásicos, como el realizado en 2006 por el neurocientífico Mario Beauregard con monjas carmelitas, desmintieron esta idea. 

Para demostrarlo, introdujo a las religiosas en máquinas de resonancia magnética funcional y les pidió que revivieran sus experiencias místicas más profundas. Aquí los resultados demostraron que no hay una única "zona de Dios" sino que la oración moviliza una red compleja y amplísima que incluye el núcleo caudado, la ínsula y el lóbulo parietal. Es por ello que Dios, neurológicamente hablando, es un esfuerzo de equipo.

El impacto real. Más allá del debate sobre el origen de las visiones, la neuroteología ha encontrado un terreno muy fértil en la psiquiatría y la salud mental. Andrew B. Newberg, uno de los pioneros mundiales en este campo y autor de "Principles of Neurotheology"lleva décadas documentandocómo las prácticas religiosas y la meditación alteran físicamente nuestra materia gris.

En estudios recientes de este mismo 2025, el equipo de Newberg ha abordado las aplicaciones prácticas de la neuroteología en la psiquiatría integrativa. Los hallazgos son reveladores, puesto que las personas con una práctica religiosa o espiritual constante muestran correlaciones significativas con menores niveles de depresión, ansiedad y un mayor bienestar general.

¿Por qué? Al rezar o meditar de forma rutinaria, se produce una activación sostenida en áreas como el córtex prefrontal, que está encargado de la atención y la toma de decisiones, además de darse alteraciones en la ínsula, lo que sugiere que estas prácticas ejercen un efecto protector sobre la salud mental. Para autores como Newberg o el propio Víctor Páramo Valero, estos datos rechazan las explicaciones puramente materialistas y reduccionistas, puesto que la neurociencia no niega a Dios, sino que explica cómo nuestro cerebro está equipado para procesar la espiritualidad.

Hay polémica. No todo en la neuroteología es un camino de rosas, ya que también hay muchas críticas alrededor. Un ejemplo lo tenemos en el investigador Javier Bernácer, que advierte sobre el peligro de confundir correlación con causalidad. De esta manera, que unas áreas del cerebro se iluminen en un escáner mientras alguien reza no prueba que la oración sea la causa única de esa activación. Apunta que muchas de las neuroimágenes actuales ofrecen "anécdotas, no pruebas definitivas", y exige que la disciplina adopte ensayos controlados para descartar sesgos cognitivos.


León XIV eleva el tono ante la guerra de Trump y Netanyahu

 El Papa estadounidense eleva el tono contra la guerra de Trump y Netanyahu. En un comunicado difundido por la Sala de Prensa del Vaticano a última hora de la noche, León XIV expresa “profundo dolor por todas las víctimas de los bombardeos de estos días en Oriente Medio, por tantos inocentes”.

El Pontífice cita casos concretos de las víctimas, “muchos niños, y quienes les prestaban socorro, como el padre Pierre El-Rahi, sacerdote maronita asesinado esta tarde en Qlayaa”. El Papa “sigue con preocupación lo que está ocurriendo y reza para que cesen cuanto antes todas las hostilidades”.

El arzobispo de Chicago, cercano a Prevost, calificó de “repugnante” el vídeo de la Casa Blanca que mezclaba ataques en Irán con escenas de Hollywood

La muerte del sacerdote libanés, capellán regional de Cáritas, tras un bombardeo israelí en el sur del país, había sido comentada unas horas antes por dos importantes cardenales italianos. Pietro Parolin subrayó que “por desgracia también la Iglesia es víctima de esta situación. No estamos exentos, no somos inmunes al sufrimiento de la población”.

Mientras que, según el presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, el cardenal Matteo Zuppi, la Iglesia está “herida por este nuevo dolor causado por la violencia cínica e insensata de un conflicto que siembra sangre y destrucción”.

Si el Papa evita mencionar directamente a Estados Unidos e Israel, esa tarea queda en manos de la Iglesia local, según una lógica que Robert Prevost ha impuesto desde el inicio de su pontificado. No es casual, por tanto, que en los últimos días haya llegado una durísima condena, casi un anatema, del cardenal Blase Cupich, arzobispo de Chicago, la ciudad del Papa, que definió sickening, literalmente “repugnante”, el vídeo de la guerra en Irán difundido en las redes sociales por la Casa Blanca, con la frase «justicia a la americana» acompañando imágenes de los ataques alternadas con fragmentos de películas de Hollywood: “Nuestro gobierno está tratando el sufrimiento del pueblo iraní como un telón de fondo para nuestro entretenimiento, como si fuera solo otro contenido que deslizar mientras esperamos en la fila del supermercado”.

12 enseñanzas clave del filósofo Byung-Chun Han para vivir una vida plena

 “En esta sociedad de compulsión, cada uno lleva un campo de trabajo dentro. Uno es preso y guardián a la vez; víctima y verdugo.” Con esta imagen devastadora, Byung‑Chul Han retrata en La sociedad del cansancio la condición humana contemporánea.

El mundo nos empuja a ser productivos en todo momento, creyendo que así nos realizamos en la vida. Aunque el cuerpo y la mente nos pidan a gritos un respiro, parece que la misma rutina nos impida frenar. Este paradigma nos transforma en engranajes de un sistema que castiga la fragilidad humana y glorifica el cansancio. En torno a esta herida moderna gira la obra del filósofo más influyente de la actualidad: Byung-Chul Han.

Byung-Chul Han

El ganador del Premio Princesa de Asturias describe como nadie las  carencias de la sociedad contemporánea.

Fundación Princesa de Asturias

Ningún pensador retrata con tanta precisión la sociedad de hoy como el filósofo surcoreano. En sus más de 50 obras analiza los cambios que ha atravesado la existencia humana en las últimas décadas: el capitalismo neoliberal, la sociedad del rendimiento, y la autoexplotación son líneas que orbitan su pensamiento.

La renuncia a vivir una vida plena y fiel a nuestra esencia es una de sus preocupaciones centrales. A lo largo de su vasta producción intelectual, Han nos ofrece algo parecido a una brújula para orientarnos en medio de un mundo incierto. Estas son 12 de sus citas más poderosas para transformar la manera en que vivimos.

"AHORA LA GENTE SE EXPLOTA A SÍ MISMA EN EL TRABAJO PENSANDO QUE SE ESTÁ REALIZANDO EN LA VIDA"

efectos psicológicos de vivir solo para trabajar
Pexels

"Un segundo que termine esto", "acabo y voy", "déjame enviar este último correo y jugamos." Cuantas veces hemos repetido estas frases... Cada vez las decimos con más frecuencia, o las escuchamos entre aquellos que nos rodean. Parece que el trabajo se ha convertido en el eje de nuestras vidas, a veces eclipsando por completo aquello realmente importante como es nuestra familia, amigos, y nosotros mismos. 

Según Byung-Chun Han, la antigua sociedad disciplinaria, basada en la obediencia y el castigo, ha sido reemplazada por la sociedad del rendimiento, donde la libertad se ha transformado en una obligación constante de mejorar, producir y ser feliz.

Esta presión por realizarnos nos conduce a la autoexplotación: solo mediante el esfuerzo continuo podremos alcanzar nuestros sueños y convertirnos en nuestra mejor versión. Así caemos en una paradoja: para sentirnos libres, nos exigimos ser eficaces, convirtiéndonos al mismo tiempo en víctimas y verdugos de nuestra propia vida. Pensando que así "nos estamos realizando en la vida".


“LA FELICIDAD NO TIENE QUE VER CON UNA VIDA ACTIVA, SINO CON UNA VIDA CONTEMPLATIVA”

contemplar

La vida contemplativa es un contrapeso a la cultura del rendimiento, que siempre empuja a hacer más sin descanso. 

El novelista francés Marcel Proust dedicó varias páginas de su obra magna En busca del tiempo perdido para relatar una acción tan simple y cotidiana como es comerse una magdalena. Esta célebre escena no fue un capricho literario del escritor, sino una sutil crítica a la concepción moderna del tiempo como recurso que debe gestionarse para que resulte útil. 

En su libro Vida contemplativa. Elogio de la inactividad, Han retoma la idea proustiana de que el tiempo no debe administrarse, sino habitarse: uno debe detenerse, estar presente, dejar que las cosas respiren. Para el filósofo, la felicidad no depende de tus logros o lo que produces, la felicidad no tiene que ver con una vida activa, sino con una vida contemplativa. Esta idea va en contraposición de la de otros filósofos como Hannah Arendt que defendían una vida activa para cambiar la realidad.

“NOS MATAMOS POR SER PRODUCTIVOS PERO EL HOMBRE HA NACIDO PARA JUGAR, NO PARA TRABAJAR"

Jugar con los hijos

El humano es lúdico por naturaleza y nos hemos olvidado de jugar.

iStock

Perseguir un balón en una plaza, saltar a la comba, montar un puzzle en el suelo de casa. Son imágenes que asociamos enseguida a la infancia, a un tiempo en el que jugar ocupaba un lugar central en nuestras vidas. Donde el juego era una necesidad para inventar, explotar la creatividad, disfrutar, reír… En definitiva, para vivir. 

Esta idea es la que nos quiere transmitir Byung-Chun Han en su libro La sociedad del cansancio, donde alerta a la humanidad que el haber sustituido el ocio blando por la hiperproductividad nos está alejando de nuestra esencia. 

Para el filósofo, el ser humano es lúdico por naturaleza: "el hombre ha nacido para jugar, no para trabajar". El juego no es un capricho ni algo inútil, sino una forma de reconectar con lo que somos, una vía para sacar el niño que todos llevamos dentro. Jugar nos permite descubrir el mundo sin temor a equivocarnos. Jugar nos permite saborear el simple hecho de vivir.

"EL CULTO A LA POSITIVIDAD NOS VUELVE EGOÍSTAS PORQUE DEJAMOS DE INTERESARNOS POR LOS DEMÁS"

Mujer con amigos

Esta positividad impuesta alimenta el narcisismo y la incapacidad de relacionarse auténticamente con el sufrimiento ajeno.

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La novela 1984 de George Orwell fue escrita hace más de 70 años, pero incluso hoy continúa brindándonos importantes lecciones que filósofos e intelectuales utilizan para analizar el presente. En este caso, es Byung‑Chul Han quien retoma una de sus ideas centrales para señalar una herida invisible en nuestra sociedad.

El relato describe un régimen que manipula emocionalmente a sus ciudadanos para controlar a la población. Aunque en la ficción dicho control se ejerce mediante el miedo y la vigilancia, comparte con Han la idea de que la manipulación de la experiencia emocional destruye la relación genuina con uno mismo y con los demás.

Han señala que vivimos en una “dictadura suave” en la que el culto a la positividad se convierte en un mecanismo de control interiorizado. Ese fervor por estar siempre “bien” nos aísla, fomenta el egoísmo y suprime la empatía, pues cada persona acaba centrada únicamente en su propio bienestar.

“PROMETEO ES LA IMAGEN DE TODOS, EL ARQUETIPO DE LA SOCIEDAD DEL CANSANCIO”

cansancio

El filósofo denuncia que esta lógica de autoexigencia productiva causa un malestar psicológico generalizado.

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José de Ribera pintó, a mediados del siglo XVII, una escena de una crueldad inhumana. Sobre un lienzo sombrío, yace atado a una roca un cuerpo desgarrado. Al acecho, un águila negra con el pico sangriento. Según el mito, Prometeo es devorado cada día por esa ave durante toda la eternidad.  

El mito se convierte así en una metáfora de la autoexplotación contemporánea, donde "Prometeo es la imagen de todos nosotros". ParaByung-Chun Han: el águila representa la voz que nos exige a ser productivos constantemente. El hígado, que se regenera diariamente, simboliza un agotamiento sin fin.

El filósofo utiliza esta imagen para advertir que, a diferencia de la antigüedad, cuando el trabajo se nos imponía desde fuera, hoy es el propio sujeto quien se exige a sí mismo en pro de una falsa libertad. Obligándonos a rendir siempre al máximo, avanzando hacia un agotamiento que se ha en norma.

"EL RESPETO ES EL PEGAMENTO QUE MANTIENE UNIDA A LA SOCIEDAD"

Grupo gente oficina respeto

La falta de tiempo y el cansancio extremo nos desconectan de lo que somos en realidad. 

A lo largo del día nos topamos con un sinfín de situaciones en las que nos vemos obligados a interactuar, aunque sea de manera fugaz, con completos desconocidos. Son encuentros mínimos, casi invisibles, pero que reclaman gestos tan sencillos como humanos como son la cordialidad, la simpatía y el respeto.

Sin embargo, algo se ha resquebrajado. Cada vez más, estas microinteracciones se vuelven tensas, como si hubiéramos perdido la capacidad de reconocer al otro como alguien digno de consideración. Eso mismo denuncia el pensador surcoreano en su último libro: “vivimos en un universo en el que no nos respetamos.”

Según Han, nos hemos convertido en una "sociedad agresiva e individualista"incapaz de tolerar opiniones diferentes. Ahora quien piensa distinto es directamente un enemigo. De ahí la agresividad creciente, el resentimiento, el colapso de la vecindad y la comunidad.

"LA OBLIGACIÓN DE SER FELIZ GENERA UNA PRESIÓN DEVASTADORA"

mujer feliz

Somos lo que repetimos, y cada hábito deja una huella real en nuestro cerebro.

iStock

La lógica nos invita a pensar que es imposible ser feliz si se siente dolor. Aunque parezca increíble, para Byung-Chun Han, estos dos conceptos van de la mano. Según Han, nos hemos olvidado que sentir dolor es humano, y que si no somos capaces de rendir debido a cierto desconsuelo, no significa que debemos ser infelices.

La posfelicidad planteada por Han es una forma alterada de la auténtica felicidad, una que asocia la positividad a ella y que niega el dolor. El filósofo considera que hoy, el estado de bienestar permanente se asocia a la producción constante, cuando más feliz eres más produces, y cuando más produces más feliz eres. Para el pensador,  la felicidad auténtica “no está sujeta a la lógica de la optimización, la verdadera felicidad solo es posible en fragmentos” y “es justamente el dolor lo que preserva la felicidad."

"CUANDO NOS PREOCUPAMOS EN EXTREMO POR LA SUPERVIVENCIA NOS PARECEMOS AL VIRUS, UN SER QUE SOBREVIVE SIN VIVIR"

Mujer feliz
ISTOCK

Según Byung-Chun Han, la sociedad contemporánea vive dominada por una algofobia, un miedo patológico al dolor que nos lleva a evitar cualquier forma de malestar emocional, físico o social. Esta obsesión por no sufrir genera una existencia anestesiada y superficial, en la que preferimos no arriesgar, no confrontar y no sentir demasiado. 

Han advierte que esta tendencia, lejos de protegernos, nos empobrece: convertimos la vida en un espacio sin profundidad, donde la felicidad se vuelve un mandato y cualquier sufrimiento se interpreta como un fallo personal.

La consecuencia más extrema de esta lógica es que la sociedad actual se centra tanto en sobrevivir que deja de vivir: “cuando nos preocupamos en extremo por la supervivencia, nos parecemos al virus, un ser que sobrevive sin vivir”, afirma el filósofo. 

“QUEDARSE EN CASA ES LA FORMA MÁS LÚCIDA DE RESISTENCIA.” 

Momento relax en casa

En casa el silencio permite escucharse a uno mismo y recuperar una vida interior que la sociedad productiva anula. 

ISTOCK

Para la filósofa alemana Hannah Arendt, la acción pública es el espacio donde se realiza la libertad: aparecer ante otros, hablar, e intervenir en sociedad conducen al ser humano hacia una vida más plena. Más de 50 años después, el filósofo Byung-Chun Han, nos presenta una perspectiva totalmente contraria.

Para el pensador surcoreano, retirarse al espacio privado, la casa, es un acto de resistencia consciente. En un mundo dominado por la hiperactividad, la exposición constante y la productividad obligatoria, aparecer en sociedad ya no es una elección libre, sino una obligación. Han propone crear espacios de silencio, lentitud y vida interior desde los que recuperar nuestra esencia y autonomía. En su obra, el hogar figura como el único refugio donde uno puede sustraerse a la presión neoliberal actual, "el único lugar donde todavía puedes escucharte".

"LOS RITUALES NO OPTIMIZAN Y JUSTO POR ESO NOS SALVAN"

Ritual en la playa

“Con rituales, recuperamos la posibilidad de no ser nada especial, de no tener que brillar todo el tiempo."

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En un mundo que exige a todas horas el máximo de nosotros mismos, y que nos obliga a producir constantemente, Byung‑Chul Han recuerda en su ensayo La desaparición de los rituales, la importancia de estas costumbres como espacios donde la vida vuelve a recuperar la profundidad y sentido que merece.  Para Han, gestos tan simples como soplar una vela, consiguen "estructurar el tiempo y conectar verdaderamente a la comunidad", algo que está desapareciendo en una era cada vez más digital.

Según el pensador surcoreano, la desaparición de estos actos simbólicos empobrece la esencia de la vida misma.  Al celebrar un ritual, nos distanciamos por un momento de nuestro ego y dejamos paso a lo otro, a lo distinto. En esa aparente inutilidad reside precisamente su fuerza: los rituales nos ayudan porque no aceleran, no producen y no buscan ningún beneficio más allá de sostener aquello que está inscrito en nuestra condición humana.

“LA FELICIDAD VIENE SIEMPRE POR EL TRABAJO CON LAS MANOS"

Trabajo con las manos arcilla

Sin esas manos que nos acercan a lo terrenal, a lo concreto, no hay felicidad ni pensamiento ni acción. 

Hace más de 2000 años, en uno de los textos fundacionales de la filosofía occidental, como es La República, Platón defendió la artesanía como vía para desarrollar la virtud. Para el filósofo clásico, el trabajo con las manos tiene un sentido ético, ya que comporta autonomía, responsabilidad, disciplina, y creatividad crítica. Más de 20 siglos después, Byung-Chun Han recupera la reflexión de Platón y la traslada al hoy.

En una entrevista para El País, Han aseguró que "la felicidad viene siempre por el trabajo con las manos". Sin esas manos que nos acercan a lo terrenal, a lo concreto, no hay felicidad ni pensamiento ni acción. Para el filósofo surcoreano, el pensamiento verdadero no es un algo abstracto que aparece en forma de flujo en nuestras mentes de forma repentina, sino algo que se cuece despacio, con cuerpo, con gesto, y con repetición. 

"EN MIS RECUERDOS DE INFANCIA NO HAY FRAGANCIA"

Niña oliendo

Han cuenta que un día sintió la necesidad de estar cerca de la tierra y decidió practicar jardinería

En Loa la tierra. Un viaje al jardín, Han viaja al pasado, concretamente a la Seúl de los años 60 de su infancia. Una época de su vida que no fue especialmente un cuento de hadas, tal como retrata a través de la imagen de un "río degradado" dónde solía jugar de pequeño, pero donde también había libélulas, símbolo que retrata que la bellezabrota incluso en los parajes más desagradables.

Esta anécdota sirve como punto de partida de una obra que se encuentra entre la confesión y la filosofía, donde el autor discurre entre aquello natural y bello en contraposición al "pestilente" olor de su infancia.  La enseñanza que nos transmite Han es que haber tenido una infancia con "más pestilencia que fragancia" no implica que deba marcarte toda la vida.