miércoles, 11 de marzo de 2026

​EL OTRO SOY YO.

Aceptar al otro con sus limitaciones, sus temores, su desorden, sus debilidades, su mundo, sin pretender cambiarlo, sin ceder en lo propio, tal vez sea el principio de la paz interior y de la armonía en las relaciones.


 Una de las cosas que causa mayor infelicidad y conflictos en las parejas y en las relaciones es la exigencia a que el otro responda a nuestras expectativas.


 En contrapartida, el amor, no el control, es el motor que puede transformar a las personas. 


Miguel Torres

martes, 10 de marzo de 2026

​EL PERDÓN IMPOSIBLE.

«¿Cuántas veces

hay que perdonar?»

–pregunto–.

Me dices «70 veces 7».


Y yo respondo…

«Eso es siempre, Señor».

¿Cómo hacerlo,

si cada acto de perdón

pesa más que el anterior?

Si cada vez que lo otorgo

me siento derrotado.

Si el corazón se desangra

por las deudas no cobradas.

Si el dolor manda en mí.

Si la mente vuelve,

una y otra vez

a la hora maldita

de las heridas

y las decepciones.


¿Cómo salir

del laberinto de los agravios?


¿Cómo pasar páginas

grabadas en la entraña?


Me cuentas que toda deuda

tiene dos caras.

Que toda herida

cuenta dos historias.

Que hay un perdón

que aligera la carga.


Empieza –dices– por cambiar la mirada.

Ve, más allá del sufrimiento

que te atrapa, la vida que sigue.


Comprende la flaqueza

de quien te hirió,

y no dejes que su sombra

te aleje de la Luz mayor,

del Amor primero,

de la Misericordia

que Dios sembró

en tu entraña hoy herida.


70 veces 7.

Sea.


(José María R. Olaizola, SJ)

lunes, 9 de marzo de 2026

​REíR Y CRECER.

Buenos días,

el sentido del humor y la espiritualidad sostienen la vida.


No eliminan el sufrimiento.

Pero lo iluminan.


El humor relativiza el peso.

Abre una rendija en la oscuridad.


La espiritualidad ofrece horizonte.

Sitúa el dolor en un marco más amplio.


Ambos evitan la desesperación.

Dan profundidad a la prueba.

Y enseñan a no endurecer el corazón.


Reír y creer

son formas de resistencia interior.


José Antonio Mateos Pérez.

viernes, 6 de marzo de 2026

MIRAR COMO DIOS MIRA.

Una niña tenía dos manzanas en su mano. Su madre se le acercó y le preguntó a su hija si le podía dar una manzana. Rápidamente la niña mordió una y luego la otra. 


La madre sintió cómo se le congeló la sonrisa y trató de no mostrar su decepción.


 Pasado ese instante, la niña le dio una de esas manzanas a la vez que le decía: “Toma, mamá, esta es la más dulce de las dos”. 

 

Muchas veces lo que percibimos no es la realidad, sino lo que interpretamos de la realidad, lo que “vemos” con nuestros pensamientos. 


No juzgar, no criticar, no etiquetar, porque estas acciones solo me llevan al sufrimiento, a la separación. 

 

Hay dos formas diferentes de observar: La observación con juicio y la observación sin él. 


En el primer tipo no solo observamos, sino que hacemos nuestras propias sentencias, sacamos conclusiones precipitadas, cerrando la mayoría de las veces puertas, marcando distancias y limitándonos en la manera de percibir la realidad. 


Se puede observar y disentir, pero no es necesario juzgar. Porque nunca sabemos toda la historia de lo que vemos.


 Para ello es necesario ser humildes y sabios a la vez. 

 

El segundo tipo de observación, sin juicio, nos proporciona bienestar y placer, porque pone el énfasis en lo que une, en el aprendizaje, en lo que aporta, se produce una perfecta armonía y conexión con la otra persona o elemento observado. 

 

La aceptación está vinculada al no juicio, a la comprensión de lo que ES,   relativiza las diferencias, reconoce la identidad compartida y la singularidad del otro, y es la base firme de la confianza. 


Pablo García-Valdecasas...No estamos aquí para sobrevivir.

jueves, 5 de marzo de 2026

CONFÍA

Mi experiencia me dice que, en muchas ocasiones, cuanto más difícil me ha sido abrazar la realidad, cuantas más dificultades he tenido para superar mis ideas y creencias, para acoger LA VIDA, cuantas más oscuridades me he encontrado, ha sido cuando más he crecido, de más cosas me he dado cuenta, y he sido consciente como LA VIDA me “hablaba” en todas ellas. 


Y he descubierto, no sin antes haber sufrido muchas veces por mi falta de aceptación, que LA VIDA no se equivoca, nos está siempre sorprendiendo para que sigamos aprendiendo y adquiriendo sabiduría. 


Aceptar y confiar en LA VIDA consiste en último término en amar, porque quien ama de verdad, se tira al vacío, porque el amor trasciende todo, y se fundamenta en la confianza plena en LA VIDA. 


Cuando amamos, aceptamos todo y a todos. 


"No estamos aquí para sobrevivir" (Pablo García- Valdecasas)