Amar sin apropiarse,
permanecer sin invadir el espacio del otro.
Es cuidar la libertad ajena como un bien sagrado,
acompañar sin dominar, sostener sin atar.
Ahí el amor madura: cuando no necesita retener para ser verdadero.
Es presencia que no asfixia y silencio que respeta.
Es confiar más que vigilar, ofrecer sin exigir.
Porque solo el amor libre puede ser fecundo
y hacer del encuentro un lugar de verdad.
José Antonio Mateos Pérez
No hay comentarios:
Publicar un comentario