El mundo no se cura por inercia ni por el simple paso del tiempo.
Solo un corazón capaz de compasión, de detenerse ante el dolor del otro, puede comenzar a sanarlo.
La transformación nace de gestos pequeños, fieles, cotidianos, no de grandes discursos.
Allí donde alguien ama, escucha y cuida, el mundo empieza, lentamente, a rehacerse.
José Antonio Mateos Pérez
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