A veces nuestros nervios están como las cuerdas de un violín,
demasiado tensas, a punto de saltar, atormentadas por el ruido y la prisa.
Cualquier gesto, cualquier palabra, puede romper el equilibrio.
Nos falta silencio para afinar el alma y descanso para el corazón.
Solo cuando aflojamos la tensión y volvemos a respirar hondo,
la vida recupera su música y aprendemos de nuevo a escuchar.
José Antonio Mateos Pérez
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