sábado, 28 de julio de 2012

La Cuaresma.

Considerada como un camino hacia la conversió. Pero una conversión que implica ponerse al lado de Dios que no que Dios se ponga de nuestra parte. "convertíos y creed en el Evangelio" son palabras que se pronuncian el Miércoles de Ceniza, una conversión al origen (arcilla) para nacer de nuevo (resucitar a una persona distinta):"El señor Dios modeló al hombre de arcilla del suelo, sopló en su nariz un aliento de vida, y el hombre se convirtió en ser vivo".(Gn 2,7) Convertirse implica dl morir a aquello que en nosotros obstaculiza la vida, bloquea su plenitud... Se busca eliminar todo lo que me impida ser yo mismo. En esta conversión, el pecado pasa a ser redención, la miseria en salvación, la violencia en ternura, el cansancio en generosidad, la cobardía en audacia, la fatiga en consuelo, los insultos en compasión, las traiciones en amistad, el cálculo en compromso, la dureza dn bondad, la fragilidad en misericordia y la huida en retorno... Como n la parábola del hijo pródigo (Lc 15, 11-20), donde al final el hijo se da cuenta que le faltaba algo.... El Padre.

 
Nacho Padró

lunes, 23 de julio de 2012

Valoración personal del documento “El cristianismo y las religiones” dela Comisión Teológica Internacional (1997)


El hecho religioso del ser humano reside en el descubrimiento de su trascendente hacia algo, llamémosle Misterio, que le supera y abruma. Bajo esa consciencia meta-humana se construye todo un artificio de búsqueda de verdad y comprensión. Los cristianos, como infinidad de religiones, han buscado dar sentido y respuesta a ese hecho y lo han centralizado en la figura de Jesucristo como encarnación de un Dios paternal (Abba), y que es el eje principal de su creencia-verdad y con la que interaccionan con  los demás... sin perder el horizonte del objetivo salvífico por su mediación (A Dios por Cristo).
Uno de los mayores desafíos a los que se confronta una teología cristiana de las religiones, es la de reconocer que cada religión merece ser estudiada en sí misma con sus luces y sus sombras, lógicamente nos acercarnos a ellas desde nuestra historia, cultura y creencia y para ello la Declaración nos marca una pauta interesante desde el magisterio eclesial, al que todo buen católico debe respetuosa obediencia... pero cayendo en la tentación de centralizar la salvación también desde la Iglesia (A Dios por Cristo y A Cristo por la Iglesia), cuya misión quizás debería ser más magisterial.
Y todo esto queda bastante bien reflejado en una buena parte de la Declaración donde se hace insistencia en el aspecto de Jesucristo como elemento salvífico más importante  para los cristianos, pero que al ser considerado como único, anula la posibilidad de un diálogo interreligioso, alejándonos del objetivo que es el Misterio. Y en el fuerte peso que se le da a la Iglesia como universale salutis sacramentum (tema que ocupa una parte del documento)
Otro tema recurrente en el documento es el problema de la verdad de las otras religiones. De hecho, esta cuestión es tratada de un modo explícito por dos veces en el documento, lo que da idea de la importancia que le atribuye: cuando realiza el status quaestionis y cuando se abordan en la tercera parte las consecuencias teológicas de los presupuestos tratados. El documento trata de acoger y respetar los valores de las religiones, siguiendo el ejemplo que entonces ya había dado el más reciente magisterio. Pero a la vez evita todo relativismo, no habla de las religiones como caminos de salvación, aunque se afirma la posibilidad de que en algunos aspectos puedan ayudar en este sentido a sus seguidores. Unas religiones que aunque pueden reflejar algún rayo de la Verdad, no las ilumina la Verdad completa.
Considerando que la problemática de todas las religiones es el esclarecimiento del hecho trascendente del ser humano para el descubrimiento de ese Misterio al que se llama Dios y que los cristianos lo centralizan con la vía salvífica de la encarnación de Jesús, es normal que se pongan los aspectos teologales básicos del cristianismo para aportar una base de diálogo enriquecedora, el problema es encontrar los puentes de conexión. 
Estos textos y otros parecidos sientan con nitidez la doctrina de Cristo, único Salvador a través del misterio de la Iglesia, pero guardan un respetuoso silencio respecto al modo en que la eficacia salvadora de Jesús alcanza a todos los hombres no cristianos. Se nota el rumor de una misteriosa operación divina, que debe ser mucho más adorada que escrutada con los instrumentos de la razón humana, lo cual recomienda a la teología un tono de sobriedad intelectual en presencia de lo misterioso al que no alcanzamos con facilidad y que requiere el trabajo de todos

Nacho Padró

La estructura trinitaria de la salvación según el documento “El cristianismo y las religiones” de la Comisión Teológica Internacional (1997)


En la Introducción (nn. 1-4), la Declaración parte del mandato misionero dado por Jesucristo a sus discípulos (cf Mc 16, 15-16; Mt 28, 18-20). La misión universal de la Iglesia encuentra su punto de partida en este mandato y encuentra su contenido en la proclamación del misterio trinitario de Dios y de la Encarnación, evento de salvación para toda la humanidad. Eso no evita que la misión evangelizadora de la Iglesia ha de tener en cuenta las tradiciones religiosas del mundo. En este sentido, se advierte que la práctica del diálogo interreligioso se perfila como un elemento integrante de la misión ad gentes.
La Declaración destaca  la necesidad de que la teología de las religiones adopte un planteamiento trinitario, de modo que la acción salvadora unitaria del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo se tenga siempre en cuenta, por motivos de doctrina y de método teológico.  No sólo porque la Trinidad debe figurar en cualquier propuesta que recoja la identidad del Cristianismo, sino también porque la reflexión teológica sobre la iniciativa amorosa del Padre, y los envíos del Hijo y del Espíritu Santo, proporciona el marco adecuado para plantear y resolver correctamente cuestiones centrales que serán compartidas en el diálogo con otras religiones.  Como deja ver la Declaración, la Iglesia considera al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo como identificados en un único ser divino. Cualquier otro planteamiento supondría un retroceso en dirección de un politeísmo pagano que consideraría a los dioses como manifestaciones de un solo espíritu divino trascendente.
La teología trinitaria permite afirmar la particularidad de Dios en el diálogo, así como su interacción la creación de la naturaleza y de la criatura humana. Una cristología trinitaria está en condiciones de relacionar lo universal y lo particular, superando formas excluyentes de particularismo  y de universalismo (concepciones puramente teocéntricas centradas sólo en el Padre). Por ello no se puede equiparar "fe teologal" y "creencia". La fe es respuesta a Dios que se revela y asentimiento a lo revelado por Él. La mera "creencia" se refiere a la búsqueda humana de la verdad absoluta, carente del asentimiento a Dios que se revela. Por ello, "debe ser [...] firmemente retenida la distinción entre la fe teologal y la creencia en las otras religiones" (n. 7).
La presencia y el papel del Espíritu de Dios permiten también vincular la particularidad de Cristo con la actividad universal de Dios en la historia de la humanidad. Dado que la Iglesia se encuentra en su misterio bajo la guía y el juicio del Espíritu, que actúa de algún modo en las religiones, éstas aparecen también en el horizonte de la plenitud cristiana.
Una gran afirmación cristológica que se deduce de la declaración se refiere a la unidad de la economía salvífica del Verbo encarnado y del Espíritu Santo: "Debe ser [...] firmemente creída la doctrina de fe que proclama que Jesús de Nazaret, hijo de María, y solamente él, es el Hijo y el Verbo del Padre" (n. 10). Es decir, hay una unidad entre el Verbo eterno y Jesús de Nazaret: sólo Jesús de Nazaret es el Verbo del Padre. Así Jesús, el Verbo encarnado, es el mediador y redentor universal: "debe ser firmemente creída la doctrina de fe sobre la unicidad de la economía salvífica querida por Dios uno y Trino, cuya fuente y centro es el misterio de la encarnación del Verbo, mediador de la gracia divina en el plan de la creación y de la redención...".
El mensaje de Jesús posee una tendencia intrínsecamente expansiva y comunicativa, y es capaz de generar un proceso asimilativo basado en el diálogo y el respeto mutuo. El cristiano arranca de la premisa de que el Dios activo en la historia de Israel se ha revelado plenamente en Jesucristo, a través del Espíritu, y ese Dios, particular y universal, es el fundamento último de la vida y de la salvación. Las religiones deben tratar de entenderse, por lo tanto, desde la universalidad y la realidad de Dios vivo. La encarnación salvífica del Verbo "es un evento trinitario" ( n. 12). Por consiguiente, es "contraria a la fe católica" la hipótesis de "una economía del Espíritu Santo con un carácter más universal que la del Verbo encarnado". El misterio del Verbo encarnado "constituye el lugar de la presencia del Espíritu Santo y la razón de su efusión a la humanidad" (n. 12).

Nacho Padró

Los presupuestos teológicos fundamentales del documento “El cristianismo y las religiones” Por la Comisión Teológica Internacional (1997)


·        La iniciativa del Padre en la salvación: El Dios que quiere salvar a todos los hombres es el Padre de nuestro Señor Jesucristo. El designio divino de la salvación precede la creación del mundo, y se cumple con el envío de Cristo al mundo. La voluntad salvadora de Dios no conoce límites, pero está siempre unida al deseo de que todos los seres humanos puedan reconocer la verdad, es decir, puedan adherir a la fe. El Padre no solo es el iniciador de la obra salvadora sino también el fin a que ella tiende (cf. 1 Cor 15,28).
·        Plenitud y carácter definitivo de la revelación de Jesucristo: Jesús verdadero Dios y verdadero hombre, sus palabras y sus acciones manifiestan en modo total y definitivo la revelación del misterio de Dios, aun cuando la profundidad de tal misterio permanece en si mismo trascendente e inagotable.
·        La  única mediación de Jesús: No se pueden considerar otras posibilidades de «mediación» salvadora aislándolas del Dios y hombre Jesús. Esta única mediación de Jesucristo está unida a la voluntad divina de salvación universal. El término de «mediador» debería ser tomado en su significado específicamente cristiano.
·        La universalidad del Espíritu Santo: La tarea de una teología cristiana de las religiones, guiada por el Espíritu Santo, es la de ampliar la comprensión del misterio de Jesucristo dejando al descubierto las «semillas del Verbo» escondidas en las otras tradiciones religiosas.
·        «Ecclesia, universale salutis sacramentum»: reflexiona el documento sobre el misterio de la Iglesia, subrayando su naturaleza de «sacramento», es decir, de signo y de instrumento de esta salvación que Dios quiere para todos, para la humanidad entera.

Nacho Padró

El manuscrito 11QMelq.



El manuscrito de la cueva 11 de Qumrán (manuscrito 11QMelq), una vez editado en 1965 y vuelto a transcribir recientemente, ha sido objeto de varios estudios. Puede datarse en el siglo I aC, y, a pesar de su carácter fragmentario ─ consta de 13 trozos ─, dibuja claramente Melquisedec como una figura escatológica, que ejerce funciones análogas a las del Hijo del hombre. En 11QMelq, Melquisedec es descrito como ejecutor del juicio divino. Melquisedec tiene una función relacionada con el juicio de los pueblos y se le aplican los Sl 82,1 y 7,8 a 9, como si fuera una figura supramundana, un Elohim (líneas 9-14). La función de Melquisedec en el juicio es vista como una función salvadora, porque vence Belial.
En esta función puede ser comparado a la figura del Hijo del hombre. El hecho de que a 11QMelq, además de la figura de Melquisedec ─ que proclama la remisión de las culpas y toma parte en el juicio salvador ─ aparezca la figura del ungido príncipe y del mensajero de salvación, da testimonio de facetas mesiánicas, --en Qumrán no unificadas en una sola persona--, que en la presentación sinóptica del Mesías son propias de Jesús de Nazaret. Se ofrecen ya en este momento varios rasgos mesiánicos que la tradición evangélica tenderá a incorporar y a unificar, en tanto que son explicaciones complementarias de la figura de Jesús, el Cristo e Hijo de Dios (Mc 1,1). La figura dibujada por 11QMelq permite constatar, pues, aspectos del mesianismo palestinense que ayudan a comprender mejor la pregunta de Jesús en Mc 12,35-3
Debido a las diferentes etapas del mesianismo en Qumrán, no hay que sobrevalorar el hecho de que, en los escritos de esta comunidad, a menudo se dé más relieve a la figura del sacerdote que no a la del príncipe. También en el rabinismo hay fluctuaciones en este sentido. En todo caso, no queda excluido que la interpretación mesiánica del Sl 110, reflejada en este pasaje, sea un vestigio de tradición antigua. La situación del mesianismo en el postexilio hasta el umbral de la predicación de Jesús se revela, pues, como especialmente compleja. Desde el siglo II aC la figura de Melquisedec ocupa ya un espacio, y, de una manera especial, en Qumrán, como se ha hecho patente desde la publicación por Van der Woude, en 1965, del manuscrito 11QMelq. En este texto, la figura de Melquisedec es un testimonio de la espera apocalíptica ya difundida en la época de Jesús y que comportaba ─ al menos de manera implícita, dada la pluralidad de concepciones mesiánicas ─ la pregunta que pone Jesús

Nacho padró