lunes, 30 de enero de 2012

Buscando a Dios.

Me buscaréis y me hallaréis cuando me busquéis de todo corazón.

Jeremías 29

el sentido y el ritual de la fiesta de Yom Kippur o Yoma’

SENTIDO
Yom Kipur es la conmemoración judía del Día de la Expiación, perdón y del arrepentimiento de corazón o de un arrepentimiento Sincero. considerado el día más santo y más solemne del año. Es uno de los Yamim Noraim (en hebreo, «los Días del Temor»). Los Yamim Noraim consisten en Rosh Hashaná (Año Nuevo), los diez días del arrepentimiento, y culminan con Yom Kipur. En el calendario hebreo, Yom Kipur comienza en el anochecer del noveno día del mes de Tishrei y continúa hasta el anochecer del siguiente día.
A este día, que es el más sagrado y más importante en el culto de sacrificios del Antiguo Testamento, está dedicado todo el capítulo 16 de Levítico. Lo especial de este día no solamente radicaba en que el sumo sacerdote, solamente en esta fecha del año, entraba al Lugar Santísimo, sino en que un animal de sacrificio era dejado vivo y enviado al desierto. Los versículos más importantes acerca de esta ceremonia de sacrificio, se encuentran en Levítico 16:7-8 y 21-22
El Levítico (Vayikra) capítulo 16, específica que el 10 de Tishrei es el día en el que el sumo sacerdote (Cohen HaGadol) conduce una ceremonia especial para purificar el templo y al pueblo.  El ritual de Yom Kipur es realizado una vez al año de acuerdo a lo ordenado por YHVH. Es claro el significado profético de que Yeshua daría su sangre en expiación por los pecados una vez y para siempre.

RITUAL
Durante la existencia del mismo Templo de Jerusalén la expiación del día de Yom Kippur si se cumplía con el rito y a la vez uno se acercaba a Dios con auténtico arrepentimiento y al hermano (para la petición de perdón fraterno, para la devolución de la deuda...) está claro, en la teología farisea, el perdón total y universal. Después de Yabne (c. 90 dC) el rito como tal desaparece, ya no se podía ofrecer sacrificios en el Templo.., y por lo tanto (como sucede en las otras fiestas) toda la espiritualidad y teología de la fiesta pasa a los ritos de la sinagoga.
Además del conocido ayuno total (comida y bebida) el judío asiste en masa a las plegarias sinagogales. la Torá declara que este día los judíos deben “castigar sus almas” guardando un ayuno total y absteniéndose de comer y beber. También están prohibidos todos los placeres físicos, y no se permite llevar calzado de cuero ni lavarse cualquier parte del cuerpo (ni siquiera los dientes). El ayuno dura desde la puesta de sol de la víspera de la festividad hasta la salida de las estrellas de la noche siguiente. Su finalidad no es solamente causar incomodidad física, sino librar a la persona de la implicación en los asuntos físicos para que pueda concentrarse en la oración y en la introspección espiritual que se necesita este día.
Kaparot: ritual de expiación. El día anterior a Yom Kippur es costumbre practicar un ritual de expiación en el que se describen círculos con un pollo vivo sobre la cabeza de una persona, con la creencia de que sus pecados se transferirán al pollo que, a continuación, se sacrifica (por supuesto, el ritual se acompaña de plegarias especiales). La costumbre es entregar el pollo a los pobres o venderlo y donar el dinero para obras de caridad
A partir del s. VIII (en el rito sefardita) se añadió una ceremonia que sorprende, conocida como Kol Nidré (todos nuestros votos): es decir, que todos nuestros votos, promesas, obligaciones contraídas por precipitación, inconsciencia, insensatez.., sean tenidas como nulos. Al menos dos rollos de la Torá se sacan fuera y se ponen en la bimah (plataforma desde donde se lee la Torá en la sinagoga). Los que los han llevado, junto con el cantor sinagogal, forman una especie de tribunal presidido por el rabino. . En la ceremonia se invoca el perdón y remisión de todos los votos o promesas, juramentos u obligaciones que se han contraído involuntariamente o por precipitación desde el Yom Kippur pasado hasta éste que está a punto de empezar. Claro está que este perdón sólo es válido respecto de las promesas hechas a Dios, no a los hombres. En el rito asquenasita el Kol Nidré se canta con una melodía muy lúgubre
Una semana antes el Sumo Sacerdote se tiene que retirar. De mañana y de tarde ofrece
los sacrificios habituales haciendo las aspersiones de sangre; ofrece el sacrificio de
perfumes, llena de aceite el candelabro de siete brazos. Por otra parte, tiene que
escuchar las lecturas bíblicas que hacen referencia al Yomá. La víspera de Yoma hace
una ligera colación. Hace juramento de que no cambiará absolutamente nada de los usos
(las halakot) de la fiesta.
El día de Yom Kippur antes del tamid (sacrificio del holocausto) el Sumo Sacerdote se
baña. Se reviste con los ornamentos dorados. Degolla el animal. Ofrece las aspersiones
habituales y ofrece el sacrificio de perfumes. Se acerca al toro (que está al lado del altar
de los holocaustos, entre él y el santuario) e imponiéndole las manos confiesa sus
pecados, los de su casa y los de todo Israel. La gente responde con la eulogia. Escoge el
macho cabrío que será enviado al desierto. Coloca los dos machos cabríos en la
dirección apropiada para cada uno. Hace una nueva confesión de los pecados sobre el
toro y sigue de nuevo la eulogia del pueblo; degolla al toro y recoge en un recipiente la
sangre, que hace remover para evitar que se coagule. Sube la rampa del altar de los
holocaustos y toma las brasas con un brasero que recoloca sobre el suelo del atrio;
después de poner un puñado de incienso, va hacia el velo del santuario. Previa
purificación de manos y pies, entra por primera vez en el debir (el Sancta Sanctorum) y
deja encima de la piedra (tenida popularmente como lugar del arca), el brasero. Pone
incienso en el brasero y sale (haciendo una plegaria que no se tiene que alargar ("no sea
que Israel se asuste"). Toma el recipiente de la sangre del toro y por segunda vez entra en el Sancta Sanctorum, hace ocho aspersiones: una en el aire, 7 hacia abajo, ("como
quien azota"); sale del Sancta Sanctorum. Degolla el macho cabrío y por tercera vez
vuelve al Sancta Sanctorum. Hace las mismas aspersiones de nuevo. Asperge dos veces
(1 + 7) el velo por la parte de fuera; mezcla la sangre del toro con la del macho cabrío y
con esta sangre purifica con siete aspersiones el altar de los perfumes. Retorna al atrio.
Impone las manos encima del macho cabrío 'Az'azel (¿nombre de un antiguo demonio
legendario?) En todo caso no es significativo; quiere decir simplemente el macho cabrío
que no se utiliza; aunque seguramente el pueblo añadía mucha magia y superstición,
según dicen los textos; el Sumo Sacerdote hace la confesión de sus pecados, los de su
casa y los de todo Israel...., y cuando la gente escucha el NOMBRE (el tetragrama -
Yhwh- vocalizado) dice: "Bendito sea el Nombre glorioso de su reino para siempre". Y
hace enviar el macho cabrío al desierto, a 'Az'azel .Se queman sobre el altar de los holocaustos las partes destinadas al sacrificio del toro y del macho cabrío. Las otras se queman fuera del templo, fuera del recinto sagrado, mientras el Sumo Sacerdote lee las secciones pertinentes de la Torá (Lv 16,1ss; Nm 29,7ss) y pronuncia ocho bendiciones. La lectura y la cremación son simultáneas. Después sigue, con ornamentos diferentes, el sacrificio ordinario que corresponde al día de la semana, los dos corderos pequeños, siete corderos, un toro y un macho cabrío (Nm 29,8.11). Después de otro baño, toma los ornamentos blancos y por cuarta vez vuelve al Sancta  Sanctorum para recoger la pala y el incienso que se han quedado allí desde el sacrificio de los perfumes.
Después de finalizar el ceremonial, acompañan al Sumo Sacerdote a su casa.
Hacer sonar el shofar: al finalizar Yom Kippur, se hace sonar el shofar (un cuerno de carnero) para marcar el final del día de oración y ayuno.

Ignacio Padró

Gn 11, 1-9. La Dispersión de la Humanidad

El fenómeno de la diferenciación de idiomas ha suscitado siempre la curiosidad de los pueblos y se trata de otra de las questiones que se buscan resolver.  Para los antiguos, esta diversidad de lenguas era un misterio, suponiendo que la humanidad tuviera un mismo origen. Por eso no tiene de particular que hayan surgido explicaciones populares más o menos legendarias, y en el ambiente hebreo, dentro de un marco religioso y en el contexto de la relación con sus poderosos vecinos, Babilonia era el centro comercial del Oriente, en el cual venían a darse cita muchas naciones y lenguas. No menos debía impresionar, máxime a los nómadas, la vista de la gran ciudad con sus murallas y torres, de las que se podía decir, mejor que de las murallas de Canaán, que llegaban al cielo. Una mayor admiración tenía que producir la construcción del zigurrat, llamado enfáticamente E-temen-an-ki (“fundamento del cielo y de la tierra”)

    Esta narración parece fuera de lugar, ya que viene después de la dispersión de las gentes “según sus regiones y lenguas.". El estilo de la narración es antropomórfico y folklórico, como el de los c.2-3. Dentro de la narración parece que hay indicios de compilación. Así se reflejan duplicados: “dos veces desciende Dios del cielo para ver la ciudad y la torre (v.5), y otra para confundir las lenguas (v.5); ... se construye una ciudad y una torre con doble finalidad: hacerse famosos y evitar la dispersión (v.4), Y hay doble operación divina: confusión de las lenguas y dispersión de los pueblos... Por estas diferencias se ha creído concluir en la existencia de dualidad de fuentes: según una, los hombres intentaban edificar una ciudad para hacerse famosos, y Dios les confunde las lenguas; por eso se llama la ciudad Babel. Según otra, quieren construir una torre para preservar a la humanidad de la dispersión; Yahvé impide continuar y dispersa la humanidad.”

    El primer versículo nos traslada a la época en que los hombres no se habían dividido según sus lenguas, regiones y naciones  A lo menos, el autor aparenta desconocer esta época. Todos unidos se encaminan hacia el Oriente, donde se desarrolla la vida primitiva de la humanidad, y el término de la peregrinación es la tierra de Senaar, es decir, la Mesopotamia meridional. El autor parece suponer que los salvados del diluvio y sus descendientes bajaron de la zona montañosa de Armenia y se dirigieron hacia la llanura regada por el Tigris y el Eufrates. Es el itinerario de los sumerios, que, procedentes de una zona montañosa, se instalaron en el sur de Mesopotamia. A la vista de la  tierra, quieren abandonar la vida nómada del pastoreo y edificar una ciudad para instalarse en plan de vida sedentaria y cultivar la tierra. Para la construcción utilizan los medios habituales en Mesopotamia, donde no hay piedra: ladrillos cocidos al fuego, y betún o brea natural como argamasa. El autor, que habla para habitantes de Palestina, les indica que los materiales de Mesopotamia no son las piedras y la argamasa de las regiones calcáreas cisjordánicas. En Babilonia, los edificios son de ladrillos o adobes, unidos con asfalto como argamasa. En los edificios suntuosos se recubrían con plaquetas coloreadas. La expresión una torre... que toque a los cielos está dentro de la visión de las inscripciones de los constructores asirios y babilónicos. Según el contexto, la torre altísima debe de ser como una llamada a la unión de todos cuando se encuentren dispersos. Pero hay también un tono marcado de arrogancia: ... nos haga famosos (v.4b).
Antropomórficamente presenta a Dios descendiendo del cielo para ver más de cerca la pretenciosa obra de los hombres (v.5), y pone en boca de la divinidad este monólogo irónico: He aquí un pueblo uno...; confundamos su lengua... (v.6). A Dios no le agrada que los hombres permanezcan unidos en esa ciudad y quiere la dispersión para repoblar la tierra en todos sus continentes, y por eso les va a confundir las lenguas, de modo que se vean obligados a tomar derroteros diferentes. La unidad de lengua es vínculo de unión, mientras que la diversidad de lengua favorece la dispersión.  En el acto de castigo de Dios hay una alusión implícita al orgullo de los constructores de la torre, y por eso, aparte de que desea favorecer la dispersión de las razas, quiere castigar dicho orgullo. Y, en efecto, al no poder entenderse por la lengua, los constructores abandonan su obra, y aquella torre, que debía ser símbolo y causa de orgullo, se convierte en “causa de deshonra y confusión." Por eso, aquella ciudad fue llamada Babel, porque allí “confundió Yahvé la lengua de la tierra toda.” (v.9). La etimología es popular, jugando con el verbo hebreo balal, que significa “mezclar, confundir.” En realidad, Babilonia (gr. Βαβυλων viene de Bâb-ilâni (puerta de los dioses), que es, a su vez, la traducción del sumerio Ka-dingir-ra-ki.

NAcho Padró

domingo, 29 de enero de 2012

Impresiones de la Lectura de Gn 1 a Gn 11

La vida puede ser realmente compleja y variada, expresada de millones de maneras y bajo el manto de una variedad asombrosa de culturas, matices y formas de expresión, pero parece ser que en los momentos principales siempre nos reducimos a cosas bastante comunes, siempre tenderemos a buscar respuestas allí donde no tenemos más que preguntas... y nuestra angustia vital busca y se desespera mientras no encuentra lo que necesita para calmar su alma. 

No podemos evitar ser hijos del tiempo que se nos ha impuesto vivir, condicionados a  la mentalidad y forma de pensar del lugar en que nacemos, asociado a su cultura, historia y expresiones artísticas.... aunque con esfuerzo y tenacidad podemos ojear mediante libros, música, arquitectura, cine y otras expresiones.... como pensaban, soñaban y como interpretaban la vida otras personas de otras culturas y épocas....

Por ello es todo un privilegio el poder ahondar en una cultura milenaria que a lo largo de 11 capítulos de su Génesis ha buscado la manera de poder responder a las principales dudas vitales: ¿De donde venimos?, ¿Quines somos? ¿que sentido tiene la vida, la sociedad? ¿Cual es el origen y diferenciación entre hombres y mujeres? ¿Que és la naturaleza? ¿Porqué somos tan diferentes?....

He tenido el profundo sentimiento de poder atisbar desde la profundidad del estudio del libro de los Orígenes del AT, una manera de sentir las cosas que me ha podido enriquecer y mirar con otros ojos aquello que me rodea, todo un privilegio, en los tiempos que corren y cuando lo normal es no salir de la cáscara protectora por miedo a lo que te puedes encontrar.

En esta obra, el autor sagrado nos presenta a Dios como creador del cielo y de la tierra. El mismo que crea los astros es el que les asigna sus oficios en provecho del hombre. Con la tierra crea también las plantas y los animales, y confiere a unas y a otros la virtud de crecer y multiplicarse. Al hombre lo crea a su imagen y semejanza y lo constituye rey y señor de la creación, pero dependiente de su Hacedor. Si atendemos a la naturaleza de Dios, le vemos primero trascendente al mundo, que El mismo produjo con su poder y sabiduría; luego manifiesta su bondad, digamos su humanidad y benignidad, en comunicarse con los hombres; su justicia en castigar los autores del primer pecado y la corrupción del mundo por el diluvio; Pero también su misericordia en prometer a los primeros padres el desquite de la derrota que acaban de sufrir, y en salvar del diluvio a Noé, a quien bendice y hace principio de una nueva generación en la tierra. Se muestra asimismo justo sancionador de la ley moral al castigar el fratricidio de Caín y el orgullo de los fundadores de Babilonia.

Declarar que sus relatos no contienen historia en el sentido moderno de la palabra, podría dar a entender que no la tienen en ningún sentido, mientras que ellos refieren en un lenguaje sencillo y figurado, acomodado a las inteligencias de una humanidad menos culta, las verdades fundamentales que se presuponen a la economía de la salud, al mismo tiempo que la descripción popular de los orígenes del género humano y del pueblo elegido. No puede negarse esa forma de expresión pensada por y para el pueblo que se basa en sus propios mitos y culturas, con lo que implica un esfuerzo por parte del lector de acercarse con respeto e inteligencia a la obra que busca explicar las respuestas bajo la experiencia de Dios.

Nacho Padró

¡Padre del cielo, te damos gracias!

Por las flores que se abren bajo nuestros pies,
por la hierba frágil, tan fresca y lozana,
por el canto del pájaro y el zumbido de la abeja,
por todas las cosas hermosas que oímos y vemos,
¡Padre del Cielo, te damos gracias!


Por el azul del arroyo, por el azul del cielo,
por la grata sombra de las altas ramas,
por el aire fragante y la refrescante brisa,
por la belleza de los árboles que con el viento se agitan,
¡Padre del Cielo, te damos gracias!


Por el amor materno, y el cuidado paterno,
por los hermanos fuertes y las hermanas bellas,
por el amor cotidiano en el hogar y en la escuela,
por tu guía para no extraviarnos,
¡Padre del Cielo, te damos gracias!


Por tus queridos y eternos brazos,
que nos protegen de enfermedades y daños,
por las benditas palabras de hace tiempo,
que nos ayudan ahora a conocer tu voluntad,
¡Padre del Cielo, te damos gracias!


 Ralph Waldo Emerson