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martes, 25 de junio de 2013

LA NATURALIDAD O ESPONTANIEDAD (ZIRAN) (自然) en el DAOISMO


Llegados a este punto del Daoismo, es importante comentar cómo es y cómo se producen de forma natural, las dualidades citadas. Es decir, las cosas se convierten en lo que son por ellas mismas, de manera natural y espontánea (自然 -ziran-“aquello que es tal como es por sí mismo”) (LXIV) a causa del dao (LI). Esto implica una acción no mediada, ni intencionada, ni deliberada o premeditada, pero tampoco meramente instintiva o irreflexiva. El daoísmo defiende por ello una actitud natural, definido por su indiferencia y fluidez, por dejar que las cosas sucedan por sí mismas. Como veremos ésa es la esencia misma de wuwei: cuando no se fuerza (XXIX y XXX), las cosas se enderezan por sí mismas de forma natural: esto es el Ziran (XVII). Para ello es necesario cultivar una actitud de desprendimiento y desapego: tal como el Cielo y la Tierra no son benevolentes, dice el Daodejing, y tratan las cosas como meros utensilios a ser descartados después de su uso, el sabio trata a la gente del mismo modo. 

Nacho Padró

El DAO (道) en el Daodejing


En el Daodejing, este principio no puede ser expresado (I), carece de nombre (XXXII, XLI), es invisible, inaudible, intangible (XIV), inmutable y origen de la multiplicidad (XXI). Precede al Cielo y Tierra, es silencioso, ilimitado, y dotado de un movimiento cíclico continuo (XXV): primigenio (XLII), el ancestro de todos los Seres (IV). Para Laozi, el Dao es un vacío (XI), un no-ser (wu, ) del que surge lo que es (you ) (LXXIII). Así, la finalidad del Daodejing es entender la esencia última, y a la vez, primera, el poder supremo e inefable que está detrás de todo lo fenoménico y formal: el dao, entendido como vía verdadera, como principio absoluto origen del Cosmos, el camino, la naturaleza del principio que crea y engloba todo y que es indefinible, indecible y sólo cognoscible a través de la intuición mediante una repentina iluminación. En este sentido, dao o camino se relaciona con el necesario equilibrio cósmico, que es resultado de la interacción de fuerzas opuestas pero complementarias. Curiosamente Laozi no busca definir el dao, esa unidad “misteriosa” que es el eje central del pensamiento daoísta, término que podria ser traducido como “vía”, “camino” o “curso”, ya que el dao no se puede definir a través de las palabras (LVI), sino que debe entenderse a través de la enseñanza (II). El Dao siempre existe, siempre está presente en todo lo que existe, es un principio generador del Ser (XLII). Según el Daodejing, el principio el Dao se encontraba en un estado caótico, después se concentró en “Uno”, en un estado de unidad cósmica plena de potencial creativo. El Uno se convirtió en “Dos”, las dos energías del yin y el yang, que surgieron en armonía para dar lugar al siguiente nivel de existencia, la combinación de yin y yang, el “Tres”, del que surgió la multiplicidad de las cosas. Desde esa unidad originaria, el mundo ha experimentado continuos estados de distinción y diferenciación (IV). Aunque el Dao es el poder inherente y fundamento del ser humano, está más allá de sus sentidos e intelecto, y por tanto, de su capacidad de percepción y conocimiento. El único modo de entrar en contacto con él es olvidar y trascender las facultades humanas ordinarias hasta convertirse en el propio Dao. La vía, pues, para alcanzar el dao es paradoxal (XXII) y se presenta en numerosas ocasiones a través de una sucesión de polaridades aparentemente opuestas: “alto-bajo”, “fuerte-débil”, “fácil-difícil”, “flexible-rígido”, etc. Lo que en principio podría parecer una lucha de conceptos opuestos, en el Daodejing no es más que una forma de recalcar la idea de que todas las cosas existen gracias a otra que las ha generado (XXXIX). Es el dao quien origina estos pares de opuestos y, en definitiva, éstos son el desarrollo de una sola unidad. En la lectura también se puede percibir que el Dao es constante e imperceptible (I) y sin embargo, es bien visible en los patrones que siguen la naturaleza y la sociedad en tanto que centro de todos los cambios. Estos cambios se caracterizan por un doble aspecto, como el flujo y reflujo de las cosas que se elevan y caen, nacen y perecen, vienen y van, crecen y decaen. El concepto del Dao ante todo proporciona una estructura que dota de sentido: el cambio de las estaciones, el ciclo vital de la creación, cosa que es de enorme interés al enlazar con otras tradiciones como el hinduismo y el budismo.

Nacho Padro

Comentario del Daodejing (道德經) de Laozi (老子)

Si bien la mayoría atribuye el libro a Laozi, los hay quienes también afirman que la obra en sí no es más que una recopilación de los aforismos de varios pensadores alrededor de una nueva visión de un mismo concepto: el dao. Todo este misterio en torno al Daodejing no hace más que ir de la mano con el contenido del libro y de la corriente filosófica que dará lugar a la 道家 (Dào jiā -“escuela del camino”-) o taoísmo. Esto hace que el Daodejing sea susceptible de múltiples y diferentes interpretaciones, traducciones e incluso ordenaciones. Este texto, poético y místico, altamente interpretativo en función de su lenguaje críptico, parece que estaba destinado a ser contado y memorizado, quizá el autor quiera que el lector con su lectura personal sacara sus propias conclusiones sin estar influido por unas ideas preconcebidas, no sé, pues  he experimentado variaciones en la interpretación de la lectura según momento y estado de ánimo al no seguir una lectura lineal. Su forma final pudo deberse a escritos previos hechos por ermitaños que reflexionaban acerca del individuo. El texto tardío que nos ha llegado, establecido entre los siglos II y III por los eruditos comentarios de Heshang Gong y Wang Bi, tiene 81 estrofas divididas en dos partes: aquellas de la Vía o dao y las de la virtud (de), cuyo orden es invertido en el manuscrito de Mawangdui (traducción usada por mi). Se nos presenta como un conjunto de poemas rimados, concisos y con un estilo simple, directo pero oscuro, y dando un sentido variado. Aunque el texto es adaptable, a las necesidades políticas, filosófico-religiosas y hasta personales, su objetivo es solucionar el desfase entre el dao humano y el natural o celeste, en un equilibrio de opuestos como ya veremos. Representa, de este modo, la continuidad y la identidad, entre el mundo natural y los hechos humanos, entre el orden natural y el humano. Y es ahí personalmente donde creo que reside su belleza e interés.

Nacho Padró