La piedad popular se detiene muchas veces en los detalles del sufrimiento de Jesús:
Los golpes, las espinas, la cruz.Se contemplan sus dolores con respeto y devoción.
Y eso tiene su valor. Pero no basta con compadecer.
La Pasión invita a algo más hondo: A dejarnos afectar por dentro.
Nos confronta con nuestras sombras y nuestras fragilidades.
Y, al mismo tiempo, abre una esperanza nueva:
La del Reino que vence al dolor.
Juan Antonio Mateos Pérez
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