miércoles, 11 de marzo de 2026

​CREADOR DISCRETO.

No hay que pensar el aire

para que se filtre

al último rincón de los pulmones,

ni hay que imaginar la aurora

para que decore el nuevo día

jugando con los colores y las sombras.


No hay que dar órdenes

al corazón tan fiel,

ni a las células sin nombre,

para que luchen por la vida

hasta el último aliento.


No hay que amenazar

a los pájaros para que canten,

ni vigilar a los trigales

para que crezcan,

ni espiar la semilla de arroz

para que se transforme

en el secreto de la tierra.


En su dosis exacta

de luz y color,

de canto y silencio,

nos llega la vida sin notarlo,

don incesantemente tuyo,

trabajador sin sábado,

Dios discreto.


Para que tu infinitud

no nos espante

te regalas en el don

en que te escondes.


(Benjamín González Buelta, SJ)

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