miércoles, 7 de diciembre de 2022

“Quiero morir”: cómo ayudar cuando la enfermedad quita las ganas de seguir viviendo

 Miguel tiene 54 años y ha sido diagnosticado hace unos meses de un cáncer de pulmón diseminado. Una de las metástasis le ha provocado una compresión de la médula espinal que le ha postrado en una silla de ruedas. Miguel ha llevado una vida muy activa. Como camionero internacional, ha recorrido decenas de veces Europa entera. Ahora siente que toda su vida se desmorona, que nada parece tener sentido y expresa con firmeza que desea morir. 

Renunciar a vivir: ¿qué está pasando?

¿Es frecuente que un instinto tan primario como el de supervivencia se esfume? ¿Se explica sólo por la enfermedad? ¿Hay un único motivo claro o a cada persona le pasa una cosa diferente? ¿Es la eutanasia la forma lógica de dar una salida, una muerte pacífica y digna, a las personas que así lo sienten?

Hace unos años, como profesionales de la salud, nos propusimos ayudar a esclarecer estas preguntas, teniendo muy en cuenta la perspectiva de la persona afectada. Sospechábamos que este deseo de morir tendría elementos comunes con lo que podríamos llamar suicidalidad. Esta se lleva estudiando desde hace décadas por la psiquiatría, pero queríamos centrarnos en las personas con enfermedad grave o avanzada.

Para poder hacer esto fuimos sumando un equipo muy variado de profesionales: del ámbito médico (psiquiatras, internistas, paliativistas…), de la enfermería, la psicología, la antropología…

¿Hablamos de la muerte?

La enorme mayoría de los profesionales de la salud se siente mal hablando de la muerte con sus pacientes. Por eso, eluden estas conversaciones. Hay demasiadas barreras: miedo a hacer daño, falta de tiempo y formación… Sin embargo, descubrimos que, preguntando adecuadamente, la práctica totalidad de los enfermos aceptan muy bien esa conversación. Además, resulta una oportunidad para comprender mejor todo un cortejo de vivencias y necesidades que fácilmente permanecen ocultas. 

Y ahora volvemos a las preguntas del principio: en los enfermos graves, ¿es muy frecuente quererse morir? Al menos no resulta tan infrecuente como podríamos creer. En los diversos grupos de casos estudiados se detectan siempre algunos que pasan por una fase de querer morirse (entre un 5 y hasta casi el 30 % en pacientes con cáncer avanzado).

En muchos, este sentimiento será ocasional o fluctuante, y sólo una porción pequeña lo expresa espontáneamente. Saber que esa pulsión no es tan rara y que suele oscilar no le resta gravedad, pero contextualiza el problema. Ayuda a los pacientes y sus familias a no sentirse tan extraños. Y en caso de producirse, al menos no genera un dolor adicional. 

Además, sabemos que su significado –incluso cuando se expresa clara y espontáneamente– no es siempre el mismo: a veces es un grito de socorro; otras, una expresión de deseo de vivir, aunque de otra manera; y raramente expresa la intención de quitarse la vida o la petición de ayuda para morir, aunque siempre haya que tomárselo muy seriamente.

Un sufrimiento desbordado con muchas facetas

Aunque el deseo de morir parezca comprensible en un estado de enfermedad grave con malas perspectivas, nunca hay que olvidar la posibilidad de que la persona tenga, además, una verdadera depresión clínica que debería recibir tratamiento. De hecho, esos pacientes son especialmente vulnerables a ella: la probabilidad de sufrir una depresión es cuatro veces mayor que en el resto de la población.

Además, lo que subyace siempre es un sufrimiento actual y un miedo al sufrimiento futuro. Y aunque los aspectos físicos juegan un papel relevante en ese sentimiento, no son los más importantes. Más que el dolor o los síntomas más duros de la enfermedad, las cuestiones emocionales, familiares o sociales y espirituales son las que cobran mayor importancia. En este cortejo participan la soledad, la desesperanza, el sentimiento de falta de comprensión o de ser una carga y, también, cuestiones económicas y prácticas del día a día.

Apoyo profesional

Tener un fuerte sentido de la vida actúa como un factor preventivo frente al deseo de morir, y hoy sabemos que hay formas de ayudar a las personas a encontrar ese sentido, un propósito a su vida, aun en las circunstancias más difíciles. Algo similar pasa con la percepción de control y dignidad. De nuevo, existen intervenciones promotoras de sentido de dignidad, elaboradas por equipos canadienses, que mejoran estos aspectos tan importantes; mucho más cuando la vida está amenazada y un sufrimiento general parece adueñarse de su integridad.

Como profesionales asistenciales, entendemos como obligación no abandonar nunca al paciente, pues sería obviar todo el conocimiento que hoy tenemos acerca del deseo de morir. No podemos renunciar a averiguar las causas subyacentes a este sentimiento multidimensional. Ni tampoco a formarnos para ayudar con procedimientos reservados a una sola categoría de profesionales, como los psicólogos o trabajadores sociales, sino también desde la medicina y la enfermería. Primero, preguntando por ese deseo; luego, averiguando el conjunto de posibles causas; y finalmente, ayudando a superar esa fase y a planificar, si es posible, el final natural que el paciente quiera.

El final de la historia

Bastaron unas conversaciones con Miguel para comprender su problemática. Estaba desesperanzado y solo: divorciado, tenía un hijo con el que hace meses que no hablaba. Pronto vislumbró que quería aprovechar lo que le quedara de vida para restañar esas heridas, para vivir intensamente y prepararse para acabar sus días cuando le tocara, pero a ser posible en casa, en paz, habiéndose despedido de los suyos, perdonando y haciéndose perdonar. Y así ocurrió.

peregrinos en la meca: los ritos del islam

 

Un grupo de peregrinos ora ante la kaaba en una miniatura persa del Libro de los Portentos, 15501560.

Foto: Cordon Press

en el jahiliyya, el «período de ignorancia» que precedió a la llegada del profeta Mahoma, La Meca era una pequeña ciudad situada en el wadi ghair dhi zara, «el valle donde nada crece».Allí acudían los mercaderes de las tribus árabes, en su mayoría nómadas, para comerciar con especias, pieles y tejidos y para adorar a los 360 dioses que se custodiaban en su templo, uno por cada día del año.

El Papa publica un libro para frenar las «monstruosidades» de Ucrania

 El Papa ha publicado el libro «Una encíclica sobre la paz en Ucrania», escrito junto al periodista italiano Francesco Grana, a través del cual llama a no repetir las «monstruosidades» de la guerra en Ucrania e insta o a «trabajar por la paz». El volumen de la editorial TS Edizioni recoge todas sus intervenciones públicas (más de 100 en total) sobre el conflicto bélico que arrancó el pasado 24 de febrero cuando las tropas rusas invadieron el país europeo.

El pontífice ha asegurado que se trata de «una especie de diario de guerra» que ofrece «a los lectores con la esperanza de que muy pronto se convierta en un diario de paz». «Es, sobre todo, una advertencia a todos para que no se vuelvan a repetir monstruosidades similares», señala el Papa en la introducción del libro, según recoge Europa Press.

El Pontífice ha dejado claro que, si el objetivo es lograr una «paz justa», entonces nadie puede dejar de admitir que es necesario frenar el mercado de armas y superar las injusticias que se derivan de la pobreza y el hambre. Además, ha pedido evitar que las diferencias culturales se conviertan en motivo de odio y ha reclamado que la amenaza de un conflicto nuclear no sea puesta sobre la mesa de negociaciones.

El Papa siempre ha mostrado su disponibilidad para mediar en el conflicto entre las autoridades rusas y ucranianas y, en una entrevista publicada en el periódico jesuita estadounidense «América», confirmó que había enviado «listas de prisioneros» ucranianos a Rusia para conseguir su liberación. «Cuando recibía listas de prisioneros, tanto civiles como militares, las enviaba al Gobierno ruso, y la respuesta era siempre muy positiva», reveló.

Francisco ha sido criticado en el pasado al interpretarse que mantenía una posición en teoría ambigua en el conflicto con Ucrania por no mencionar al presidente ruso, Vladimir Putin. Sin embargo, incidió en que si hay un pueblo martirizado «hay alguien que lo martiriza».

“Ciertamente quien invade es el Estado ruso. Eso es muy claro. A veces trato de no especificar para no ofender y más bien condenar en general, aunque se sabe bien a quién estoy condenando. No es necesario que ponga el nombre y el apellido”, reseñó. Asimismo, constató la «crueldad» de la ofensiva rusa y aseguró: «Los más crueles son de Rusia... chechenos y buriatos». Sus palabras desataron las críticas del Gobierno ruso que denunció la supuesta «rusofobia» del Pontífice y una «escandalosa perversión de la verdad» por su parte.

En concreto, la titular del Ministerio de Exteriores de Rusia, Maria Zajarova, criticó las palabras del Papa Francisco sobre chechenos y buriatos. «Esto ya no es rusofobia, sino una perversión. Recuerden que en los años noventa y principios de los 2000 nos dijeron exactamente lo contrario: que son rusos, eslavos los que estaban torturando a los pueblos del Cáucaso, y ahora se nos dice que son los pueblos del Cáucaso los que están torturando a los rusos», señaló, según recogió entonces la agencia de noticias TASS.

Camisetas térmicas

Mientras Francisco continúa con su llamada a la paz, desde el Vaticano, la Limosnería Apostólica, que dirige el cardenal polaco Konrad Krajewski, informó ayer que donará camisetas térmicas a Ucrania ante la «falta de electricidad y gas» en millones de hogares después de que Rusia haya intensificado los ataques a las infraestructuras energéticas del país.

«El pueblo ucraniano vive una situación de emergencia vinculada no sólo a la guerra, sino también a la falta de electricidad y gas, y el frío invernal. Podemos ayudarles estas Navidades con el regalo de camisetas térmicas, aptas para mantener la temperatura corporal, para hombres, mujeres o niños», subrayó el organismo que se ocupa de las obras de Caridad por parte del Papa en un comunicado en el que además da el plazo de un mes para donar este material que después será transportado en camión hasta Ucrania.

Según las Naciones Unidas millones de ciudadanos ucranianos viven actualmente en casas «inadecuadas para brindar la protección necesaria contra unas condiciones invernales severas».

la expedición parker: en busca del arca de la alianza

 

Los miembros de la Expedición Parker. De izquierda a derecha, Robin Duff, Habip Bey, Montagu Parker, Cyril Foley, Hagop Makasdar, Cyril Ward, Abdulaziz Mecdi Effendi y Clarence Wilson.

Foto: PD

seguramente, cuando pensamos en el Arca de la Alianza (un cofre de madera revestido de oro que, según el Libro de Éxodo, contenía las dos tablas de la Ley que Moisés bajo del monte Sinaí) a muchos de nosotros nos viene a la mente la figura del personaje cinematográfico de Indiana Jones, encarnado por el actor norteamericano Harrison Ford, quien iba en su busca enfrentándose a todo tipo de peligros. Pero las aventuras del intrépido arqueólogo que buscaba el Arca de la Alianza tal vez tengan más visos de realidad de lo que en un principio pudiera parecer. Y es que son muchos los que han pretendido encontrar el legendario objeto a lo largo del tiempo, sobre todo bajo el Templo de Salomón en Jerusalén.

unas misteriosas tablillas de la edad del cobre en forma de búho pudieron ser juguetes

 Placa de pizarra grabada encontrada en el Cerro de la Cabeza, Valencina de la Concepción, Sevilla.

Placa de pizarra grabada encontrada en el Cerro de la Cabeza, Valencina de la Concepción, Sevilla.

Foto: Museo Arqueológico de Sevilla / Ministerio de Cultura

en varias fosas y tumbas del suroeste de la península ibérica, los arqueólogos descubrieron unos sorprendentes objetos: unas 4.000 placas de pizarra con representaciones de búhos, con una antigüedad de entre 5.500 y 4.750 años. Al parecer, estas placas podrían haber sido creadas por niños que las usaron como juguetes. Esto por lo menos es lo que sugiere un artículo que acaba de publicarse en la revista Scientific Reports. De ser así, estos singulares objetos podrían proporcionar valiosa información acerca de los elementos que usaban los niños como juguetes en las antiguas sociedades europeas durante la Edad del Cobre.