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martes, 25 de julio de 2023

hallan evidencias de nigromancia y prácticas mágicas en una cueva de israel

 en las colinas de Jerusalén existe una enorme cueva de origen kárstico, que se abre camino hacia las profundidades de la tierra, conocida como Te'omim (la cueva de la madre de los gemelos). Según cuentan las tradiciones locales, en su interior fluye un manantial cuyas aguas tienen propiedades curativas, mágicas y con el poder de dejar embarazadas a todas aquellas mujeres que beban de sus aguas. Una leyenda del siglo XIX cuenta que una mujer que no podía tener hijos lo hizo y al poco tiempo quedó embarazada de gemelos, de ahí el nombre del lugar

Desde 2009, este complejo de cuevas ha sido estudiado por arqueólogos israelíes, que han descubierto allí más de 120 lucernas de aceite prácticamente intactas y dispuestas de manera intencionada en las estrechas grietas de las paredes de la cámara principal. Los arqueólogos han podido datar la mayoría de estas lucernas entre los siglos II y IV d.C., en plena dominación romana.

COMUNICARSE CON EL MÁS ALLÁ

Recientemente, durante los trabajos de desescombro de la cueva, los arqueólogos de la Autoridad de Antigüedades de Israel (IAA) y de la Universidad Bar-Ilan, liderados por Boaz Zissu, descubrieron también diversas armas y vasijas de cerámica de épocas anteriores, aunque lo que realmente llamó su atención fueron los numerosos cráneos humanos que encontraron allí. Tras estudiar a fondo todos estos hallazgos, publicaron un artículo en la revista Harvard Theological Review.

"Las lámparas de aceite, las armas y los cráneos humanos se usaron, probablemente, como parte de rituales de nigromancia", afirman los investigadores.

Lámparas de aceite encontradas debajo de la parte superior de un cráneo humano (a la derecha de la imagen) durante las excavaciones en la cueva de Te'omim.

Lámparas de aceite encontradas debajo de la parte superior de un cráneo humano (a la derecha de la imagen) durante las excavaciones en la cueva de Te'omim.

Boaz Zissu (Te’omim Cave Archaeological Project)

En su estudio, los investigadores aclaran que "las lámparas de aceite, las armas, los cráneos humanos y otros utensilios encontrados se usaron, probablemente, como parte de ciertos rituales de nigromancia que tenían lugar en la cueva durante el período tardorromano. La cueva pudo haber sido utilizada como un oráculo local o nekyomanteion".

Algunas de las lámparas de aceite halladas en las excavaciones en la cueva de Te'omim.

Algunas de las lámparas de aceite halladas en las excavaciones en la cueva de Te'omim.

Boaz Zissu  (Te’omim Cave Archaeological Project)

De hecho, en época romana, la magia y la adivinación eran prácticas que estaban estrechamente ligadas con la religión. Los romanos trataban de comunicarse con el más allá utilizando todos los medios a su alcance. Según los expertos, la cueva de Te'omim se usó muy probablemente para celebrar rituales de magia y hechicería ya que existía la creencia de que las cuevas eran portales al inframundo. Te'omim estaba consagrada al dios local Tammuz-Adonis, y parece que las ceremonias que se practicaban allí eran originarias de la parte oriental del Imperio.

PROTEGERSE DE LOS ESPÍRITUS

Así, los autores del estudio sugieren que esta cueva pudo albergar "ritos secretos relacionados con la nigromancia y la comunicación con los muertos, principalmente por parte de brujas. Estos ritos generalmente se llevaban a cabo dentro de tumbas o cuevas funerarias, pero a veces tenían lugar en un nekyomanteion como seguramente era este lugar", añaden.

Según los autores del estudio, la cueva pudo albergar "ritos secretos relacionados con la nigromancia y la comunicación con los muertos".

Imagen de uno de los arqueólogos en el interior de la cueva de Te’omim. 

Imagen de uno de los arqueólogos en el interior de la cueva de Te’omim. 

Boaz Zissu  (Te’omim Cave Archaeological Project)

Los investigadores también destacan que "los cráneos humanos se usaron en todo el Imperio romano, incluso en Palestina y sus alrededores, en ceremonias de nigromancia y comunicación con los muertos. También las lámparas de aceite aparecían habitualmente en tales ritos, donde los participantes trataban de adivinar el futuro interpretando las formas creadas por las llamas".

Tres de las armas de bronce (un hacha de ojo y dos puntas de lanza) encontradas en el interior de la cueva.

Tres de las armas de bronce (un hacha de ojo y dos puntas de lanza) encontradas en el interior de la cueva.

Tal Rogovski (Te’omim Cave Archaeological Project)

Asimismo, Eitan Klein y Boaz Zissu, expertos de la Autoridad de Antigüedades de Israel y la Universidad Bar-Ilan, consultaron numerosas fuentes históricas para explicar una singular creencia popular: la de que los espíritus tenían miedo a los objetos de metal, en particular a los fabricados en hierro y bronce.

De este modo se explicaría la presencia de las espadas y de otras armas en el interior de la cueva de Te'omim. "Las armas servirían para proteger a los asistentes a la ceremonia mágica y hechicería de los malos espíritus, así como para asegurar que las ofrendas al espíritu que se invocase no fueran sustraídas por otros", concluyen los investigadores.

la nigromancia en la historia: prácticas místicas y adivinación con los muertos

 la nigromancia ha sido noticia recientemente por el espectacular hallazgo en Israel de una cueva con huesos y cráneos humanos que fueron usados para estas prácticas. ¿Pero qué era realmente la nigromancia, en qué consistía y para qué servía?

Aunque en la cultura popular se asocie la nigromancia a prácticas macabras, como resucitar y controlar a los muertos, la realidad era mucho más común y, realmente, aún se practica en muchas culturas del mundo.

¿EN QUÉ CONSISTÍA LA NIGROMANCIA?

El término nigromancia proviene de las palabras griegas nekros (muerte) y mantia (adivinación): se trata pues, de la adivinación que se realizaba mediante el contacto con los difuntos, ya fuese directo (la lectura de las vísceras y, con menos frecuencia, de los huesos y cráneos) o indirecto, invocando el espíritu del difunto a través de un ritual o un objeto que le hubiese pertenecido en vida. Era una rama más de la magia, generalmente asociada a la hechicería.

Los orígenes de la nigromancia se remontan a las culturas de la Antigüedad, en las que era práctica común sacrificar animales para leer sus vísceras. De ello se encargaban sacerdotes especializados en esta práctica, que guardaban celosamente los secretos de la misma. En el caso de los romanos probablemente les llegase por influencia de los etruscos, ya que heredaron muchas de sus prácticas relacionadas con la magia.

La literatura clásica (por ejemplo, la obra de Homero) nos ofrece numerosos ejemplos de ambos tipos: por una parte sacrificios para conocer los vaticinios de los dioses antes de una empresa importante como una guerra; por otra la invocación de los muertos. Un ejemplo célebre lo encontramos en el canto XI de la Odisea, cuando Odiseo (Ulises para los romanos) invoca el espíritu del adivino Tiresias para que le pronostique el futuro de su viaje; un pasaje conocido como Nekyia, "evocación de los muertos".

LA MAGIA OSCURA

Existían sin embargo usos más oscuros para la nigromancia, relacionados con la magia negra, que consistían en usar esta conexión con los difuntos para propiciar que ocurrieran cosas en la realidad. Estos usos podían ser tanto positivos – por ejemplo, invocar los espíritus de los antepasados para pedirles que propiciaran un embarazo – como negativos – generalmente maldiciones o venganzas – pero en ambos casos no estaban muy bien vistos.

Este tipo de prácticas nigrománticas se realizaban habitualmente en lugares con una conexión con los difuntos, como cuevas, ya que se creía que eran portales al inframundo. De ahí que el hallazgo de cráneos y huesos en la cueva de Te'omim en Israel, aunque macabro, no debería resultar tan sorprendente si consideramos que a principios del siglo I d.C. el emperador Augusto convirtió Judea en una provincia romana.

¿Pero por qué cráneos humanos? Traer de vuelta a un espíritu podía ser complicado y, si no bastaba con alguna de sus pertenencias o no se disponía de ellas, el único elemento de contacto serían sus huesos. Los romanos generalmente practicaban la cremación, por lo que robarlos no era materialmente tan complicado, una vez superada la barrera mental de profanar una tumba.Debido a estos robos de huesos y a su faceta de “traer de vuelta a los difuntos”, aunque en principio fuese en espíritu, la nigromancia terminó siendo asociada a prácticas macabras como resucitar y controlar a los muertos, y perseguida por la Iglesia como una forma de brujería. Pero la realidad es que en la actualidad muchas culturas animistas mantienen prácticas como la lectura de las vísceras de animales muertos o la conservación de los cráneos.