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martes, 14 de enero de 2020

El Opus Dei, ante el giro copernicano a la Iglesia del Papa Francisco

Son las 10.45 de un miércoles 8 de enero y dos portavoces de la Oficina de Comunicación del Opus Dei se encuentran en la misma habitación, en un edificio de la calle madrileña de Castelló. Sobre la mesa hay una estampita de San Josemaría Escrivá de Balaguer, un díptico con una oración en braille y un librito, titulado Novena del trabajo, con dos tipos de rezo: uno, para encontrar un buen empleo; y, otro, para hacer una buena labor. En su primera portada, aparece la imagen del santo fundador de la Obra. En la última página, una dirección de la Prelatura en Uruguay y una cuenta bancaria en ese país para realizar donativos.
Son muchos los mensajes que han circulado en los últimos años sobre la Obra y sobre su influencia en el Vaticano y en las altas esferas de la sociedad española. También se ha criticado su opacidad y determinadas formas de proselitismo. De hecho, llama la atención que al buscar Opus Dei en Google aparezca -en la tercera página de resultados- una web de exmiembros que denuncian sus aspectos negativos. Fueron contactados el pasado miércoles por correo electrónico, pero declinaron atender a este medio.
Una de las voces discrepantes que han sonado con más fuerza en los últimos años es la de Antonio Esquivias, quien escribió un libro –Opus Dei: el cielo en una jaula– en el que advierte de las dificultades que vivió tras abandonar la Obra ante lo condicionante que es este modelo de vida para quienes lo eligen. Entre otras cosas, criticó que las múltiples normas que rigen su vida provocan que los individuos se ‘institucionalicen’. Según sus palabras, iniciar el camino como ciudadano no adscrito a esta institución, tras haberlo estado, está plagado de dificultades.
Ésta es, evidentemente, una experiencia personal, al igual que la de los miembros del Opus Dei con los que ha hablado este periódico, quienes han defendido este modo de vivir el catolicismo. También la labor social que realiza la Obra, que, a su juicio, no es lo suficientemente conocida por una parte de la sociedad. 
Queda claro que el Opus es, para unos, una forma radical de catolicismo, mientras que, para otros, la gran contribución de España a la Iglesia contemporánea.

El Opus en España

Los dos portavoces de la oficina en Madrid con los que conversó este medio se empeñaron en desmontar varios de los lugares comunes que consideran que han acompañado a esta institución religiosa durante las últimas décadas. También en dejar claro que está más cercana a la calle de lo que dicen las historias palaciegas.
¿Es el Opus Dei una organización elitista?, fue una de las preguntas. La respuesta fue la siguiente: “Cualquier persona que conoce de cerca la Obra sabe que no lo es. Hay personas del Opus Dei en todo tipo de profesiones y de muy diversas procedencias sociales: fontaneros, ingenieros, bomberos, deportistas, cocineros, agricultores, profesores, banqueros o estudiantes… También hay gente en el paro”.
José Francisco Serrano Oceja es escritor y periodista, fue decano de Comunicación en el CEU y es profesor universitario, así como experto en Comunicación e Iglesia. En su opinión, esta imagen distorsionada del Opus Dei se produce porque quizá los miembros más conocidos de la Obra han ocupado puestos de responsabilidad. El caso reciente más popular es el de Jorge Fernández Díaz, ex ministro del Interior. Anteriormente, también fue relevante el de Federico Trillo, uno de los pesos pesados del Gobierno de José María Aznar. Y durante el franquismo fue especialmente conocido el de Laureano López Rodó, ‘ministro de ministros’ y quizá la cara visible del Desarrollismo.
Normalmente, los medios prestan más atención a las personalidades que a la gente de a pie, de ahí que haya una parte de la ciudadanía que pueda tener una imagen distorsionada de la verdadera estructura del Opus Dei, al igual que de otras organizaciones de todo tipo, a su juicio.

Más de 40.000 miembros

El pasado jueves, se cumplieron 118 años del nacimiento del fundador del Opus Dei, que fue canonizado en 2002, tan sólo 17 años después de su muerte. La Obra cuenta actualmente con 93.000 miembros en el mundo, de los que 41.000 están en España. El 70% son supernumerarios, generalmente, personas casadas. Del total de fieles, aproximadamente el 60% son mujeres. Dentro del Opus, hay 2.095 sacerdotes. Su estructura está encabezada desde 2017 por el prelado, monseñor Fernando Ocáriz.
¿Es una institución compuesta por católicos ‘poderosos’? Los dos portavoces lo niegan rotundamente: “La radiografía de la procedencia social de los fieles sería muy similar al conjunto de la sociedad española, aunque el grupo de la clase media es un poco más amplio proporcionalmente”.
¿Está ligada a la derecha conservadora? Es indudable que los nombres anteriormente citados han tenido esa filiación ideológica. También que el Opus Dei defiende el concepto de familia tradicional. Ahora bien, uno de sus dos portavoces incide en que la Obra aglutina a personas de todas las ideologías y cita el caso de Rafael Larreina, perteneciente al partido independentista vasco Eusko Alkartasuna.
«Si el Opus Dei sirviera para que sus miembros encontraran acomodo en las altas esferas, estaría lleno de arribistas que no formarían parte de la Obra por su fe, sino por interés personal». 
El otro portavoz apunta a que el Opus Dei es una forma de vivir la fe católica; y que en ningún caso tiene opinión política ni trata de condicionar la vida parlamentaria. “El Opus Dei es una respuesta a una vocación, a una llamada de Dios (…) y acoge a fieles católicos, adultos, hombres y mujeres de cualquier cultura, nacionalidad, condición social y nivel económico”. ¿Sirve de lobby para que sus miembros alcancen de forma más sencilla puestos de poder e influencia? Un portavoz contesta de forma tajante: en absoluto, de lo contrario, estaría lleno de arribistas que no formarían parte de la Obra por su fe, sino por interés personal.
Según se puede apreciar en la web oficial de la organización religiosa, el proceso de incorporación a la Obra no es instantáneo, sino que requiere de tres pasos, en los que la persona debe demostrar fidelidad a la Prelatura. Sus miembros pueden ser laicos y sacerdotes; y, según su disponibilidad, pueden ejercer de agregados, numerarios o supernumerarios
¿Están obligados a abonar un ‘diezmo’? “No existe esa obigación. En el Opus Dei, todo el mundo se mantiene a sí mismo y a su familia; y procura ayudar en la medida de sus posibilidades a las diversas iniciativas educativas, sociales y asistenciales promovidas por la Obra. No hay que dar el diezmo ni ninguna cantidad fija, lo que se procura es fomentar la generosidad de todos”, explican sus fuentes oficiales.

Los nuevos aires con Francisco I

Son estos nuevos tiempos para la Iglesia católica en los que el Papa Francisco I ha apelado a que las diócesis alcancen las periferias y se acerquen a la calle. Es sabido que el Opus Dei ganó músculo en el Vaticano durante el pontificado de Juan Pablo II, cuando le concedió la categoría de Prelatura personal y culminó el proceso de santificación de su fundador.
Serrano Oceja afirma que durante el pontificado de Francisco I hay una evidencia, y es que el peso específico de los jesuitas en el Vaticano ha aumentado. Ahora bien, apunta a que son varias las personas pertenecientes a la Obra que se encuentran en posiciones de gran relevancia dentro del epicentro de la Iglesia. Entre ellos, cita a Mariano Fazio, vicario auxiliar del Opus Dei, quien el pasado noviembre pronunció una conferencia en la Basílica del Sagrado Corazón de Gijón en la que apuntó a que el catolicismo debe dirigirse por los principios que -considera- han regido al Opus durante su historia, que son los de acercarse al fiel ‘de a pie’.
Entre los ejemplos que cita, en este sentido, se encuentran los del distrito madrileño de Vallecas, donde la Obra cuenta con el colegio concertado Tajamar en una zona donde una parte de su población está en riesgo de exclusión social. También nombra las parroquias de San Alberto Magno y de San Ramón Nonato. “Quizá la gente no sepa que una de las instituciones que más ha contribuido al desarrollo social de Vallecas es el Opus Dei”, asegura.
Los dos portavoces de la Oficina de Información también citan el ejemplo de Braval, un centro de apoyo socioeducativo que se encuentra en uno de los lugares más ‘difíciles’ del barrio barcelonés de El Raval y que cuenta con niños y voluntarios de 30 países, que profesan hasta 9 religiones diferentes. “Buscamos el ascensor social a través del éxito escolar y de la inserción laboral”, decía recientemente su presidente, Josep Masebeu, en una entrevista que apareció en la contraportada del periódico ABC.
También se dedica a la labor social Raquel Rodríguez, una supernumeraria del Opus que trabaja en la ONGD Harambee, con proyectos en diversos países de África enfocados al desarrollo de las mujeres. “En este continente, se considera que invertir en su educación es tirar el dinero, dado que, tarde o temprano, pasan a depender de su marido y abandonan su profesión”, expone. Y añade: “trabajamos para cambiar una compleja realidad social en la que muchas niñas, brillantes en primaria, dejan de estudiar en secundaria por miedo a ser víctimas de la trata”.
Rodríguez rechaza el tópico que apunta a que el Opus Dei es elitista e incide en que en España, además de centros educativos como la Universidad de Navarra o el IESE, también ha promovido colegios destinados a la población más desfavorecida. La Obra -expone- aúna la Clínica de la Universidad de Navarra con el centro de cuidados paliativos Laguna -en uno de los barrios con menor Renta per Cápita de Madrid-. “San Josemaría dijo que si ves una necesidad a tu lado y no tratas de ayudar, es evidente que no tienes un corazón a la medida del corazón de Cristo. Es el principio por el que me muevo, al igual que la gente del Opus que trabaja en Cáritas y en otros espacios de ayuda”.
Es casi media mañana en la sede de la Obra en la calle de Castelló y sale el tema del Banco Popular. ¿Cuánto perdió el Opus con el golpe que se llevó? “No fue una cantidad millonaria, sino que exactamente fueron 6.000 euros, aunque no te lo creas”, dice uno de sus portavoces. “Luis Valls era del Opus Dei y su trabajo al frente del banco era una cuestión suya (…). Como otras muchas instituciones, hubo varias entidades solidarias promovidas por gente de la Obra que recibieron ayudas del Popular, y que también se vieron afectadas, pero no directamente el Opus Dei”.
Lo que queda claro, tras leer y escuchar todos estos testimonios es que las opiniones con respecto a la Obra son encontradas. De hecho, incluso Wikipedia tiene una página destinada a las controversias que ha generado esta institución en su historia. En esta web se enlaza a la que quizá sea la asociación de críticos más numerosa del mundo, ODAN, en la que diversos antiguos miembros de la Obra critican el modelo de vida que propone, su forma «sectaria» de reclutar a los jóvenes, sus «métodos medievales» o aspectos, como las «irregularidades» que consideran que acompañaron a la rápida canonización de San Josemaría.
Más allá de que unos u otros se aproximen más a la verdad y de la experiencia personal de cada uno de los componentes y excomponentes, lo cierto es que ninguno de los portavoces del Opus Dei rehusó contestar ninguna de las preguntas que planteó este periódico, ni a atenderle, pese a advertir que este artículo también se haría eco de las principales críticas que recibe le Obra en todo el mundo.

martes, 23 de agosto de 2016

Las cosas del Opus Dei

Aunque hace ya algunos años que murió Josep Cisquella, me sigo acordando de sus cuadros y de su humor, sobre todo durante los veranos. He dejado culpablemente de llamar a su mujer, no he ido a las últimas posibilidades de reencontrarla a ella y a los cuadros de él, y sin embargo sigo acordándome de las carpetas que diseñó para los estudiantes de la UPC y de la terraza de su casa en la plaza Tetuán, con vistas a la Monumental. Allí asistió durante años a la agonía de una fiesta que era un funeral en vivo, mientras se enterraba día a día una afición sin relevo generacional y que había ido quedando desplazada como mera etapa de operadores turísticos.
Pero los toros siguen gustando a mucha gente, incluida la periferia de los toros y los estomagantes sanfermines de Pamplona. Fernando Savater se extasía ensimismado pero irónico en sus memorias al fantasear con volver a aquel jolgorio feliz, y no he podido dejar de asociar ambas cosas con una mala película que es a la vez un viaje al pasado salvaje de este país católico. Jorge Grau dedica la mitad del metraje de su película La trastienda, rodada en 1975, a registrar en forma de documental las correrías de los animales y los tendidos de la plaza, las balconadas engalanadas, las monumentales borracheras colectivas y los rutinarios acosos de los mozos a las mozas. La película no sabe contar bien lo que a pesar de todo cuenta, es decir, que en la trastienda de esa fiesta religiosa y comunal está la doblez estructural de una comunidad católica protegida y legitimada bajo el protocolo de la fiesta, de los toros, del santo patrón y el resto de la panoplia: una metáfora diminuta pero ruidosa de la España católica y barroca.
El hermoso desnudo de la enferma protagonista, María José Cantudo, fue al parecer el primero integral en una pantalla de cine, pero desde luego es mucho más obsceno y directamente pornográfico otra cosa más, que no tiene que ver con la delicadeza de ella sino con la neurosis represiva de él. Porque el médico para el que ella trabaja en el hospital es un miembro activo del Opus Dei a quien le salta la sangre de la mano con que aprieta el pequeño crucifijo mientras resiste heroicamente la tentación erótica de la muchacha guapa, refrescante y enamorada. Como buen siervo de la secta, aguanta la mortificación hasta que un paseo casual descubre el embuste al espectador: ha cundido la sospecha pública de un enredo adúltero entre ambos aunque no existe y además da igual si existe o no; lo que importa aquí, en Pamplona y en España, sobre todo si eres católico y muy en particular si eres del Opus Dei, es que no lo parezca, tanto si lo has hecho como si no. Y en ese pacto de sangre de hipocresía social está el disparadero de la noche sanferminera que pasan juntos el médico del Opus y su enfermera, aunque solo sea una y sin pasar a mayores. Quien pasa a mayores es su mujer, como presunta víctima que decide sacrificar su plácida vida al deber del decoro social y se separa muy altiva y señora, a pesar de que es ella quien cumple a rajatabla con el adulterio católico acostándose cada vez que puede con el mejor amigo de su marido del Opus.
Es verdad que Camino fue hace pocos años una estupenda recreación de los índices de siniestralidad moral que alcanza una secta integrista. Pero no deja de asaltarme la certidumbre de que el poder del Opus Dei ha desaparecido de la vida pública, de los reportajes y las cosas consabidas, como si hubiese dejado de operar a la vista para operar en la sombra, escarmentado quizá, o mejor adaptado que otros al ejercicio del poder en la nueva sociedad: ¿dónde está hoy el poder del Opus, cómo lo ejerce, quiénes lo canalizan, en qué medios influye o dónde fructifica su presión, cómo regula los créditos y a quién los concede, si lo hace o puede hacerlo? ¿Cuál es la trastienda hoy del Opus Dei, más allá del jocoso viva Honduras de Federico Trillo o del imperturbable arte de la guerra sucia de Jorge Fernández Díaz? ¿Quién cuenta las correrías de ese toro, en Pamplona o fuera de Pamplona?
Jordi Gracia para elPaís.com

martes, 6 de mayo de 2014

Josemaría Escrivá de Balaguer

Nació en 1902, en el Barbastro provinciano de la España de comienzos de siglo. Su padre, José Escrivá, era en aquel año (1902) un joven comerciante de tejidos de treinta y cuatro años procedente de Fonz, de una familia originaria de Balaguer. Además de vender tejidos, tal como hacían otros comerciantes de la ciudad, había instalado una pequeña fábrica de chocolate en el sótano de su tienda. El negocio era próspero y de vida tranquila. Tenía dos hijos: Carmen y Josemaría.
Dos años más tarde Josemaria cayó gravemente enfermo. Los doctores Ignacio Camps y Santiago Gómez Lafarga lucharon inútilmente por su vida; pero llegó un momento en que no pudieron hacer más, éstos dijeron a José Escrivá que de aquella noche no pasaba, aquella noche contempló a su hijo en la cama morigundo, lleno de sudor por la fiebre; José recordaba todas sus vivencias durante su corta existencia. Había venido al mundo dos años antes, el 9 de enero de 1902, pocos días después de la fiesta de Reyes. Lo habían bautizado cuatro días más tarde, el día 13 de enero, en la catedral de Barbastro. Le pusieron cuatro nombres: José (como su padre y abuelo) María (en honor a la Virgen) Julián (que era el santo del día) y Mariano (porquw así se llamaba el padrino).
Pocos meses después aún no había muerto y la larga espera se alargaba pero en la fiesta de San Jorge los médicos confirmaron que de ahí no pasaba. Su madre, Dolores de Abás (de 24 años de edad), no perdía la esperanza; seguía pidiéndole a Dios que lo curase. Le había prometido a la Virgen que silo sanaba lo llevaría ella misma en brazos hasta la ermita de la Virgen de Torreciudad, a la que se le tenía gran devoción en toda la comarca.



Empezó a anochecer. Don José y Doña Dolores se sentaron junto a la cama de su hijo esperando el milagro. Al día siguiente, a primera hora, llegó el Doctor Camps a casa de los Escrivá para preguntar a que hora murió pero ellos respondieron que no solo no había muerto sino que estaba perfectamente.
Doña Dolores cumplió su promesa y poco tiempo después file a darle gracias a la Virgen, durante el viaje pasó mucho miedo, porque para llegar a la vieja ermita tuvieron que pasar por barrancos... que empinaban peligrosamente hacia abajo, pero llegaron sanos.
Fueron pasando los años y Josemaría file creciendo sano y, como otro cualquier niño tenía rabietas, jugaba, hacia gamberradas típicas de cualquier chiquillo de su edad... su madre siempre le decía "la vergúenza, solo para pecar", aquí se demuestra el ambiente proflindamente religioso de esta familia aragonesa en la que los hijos crecían fortalacidos por la fe y los sacramentos. A pasar los años Josemaría realizaría su primera confesión, su primer encuentro con el sacramento al que él llamaba el de la alegría.



Muy pronto, mientras el pequeño Josemaría comenzaba a saber las primeras letras en la escuela, Dios comenzó a darle las primeras leciones de dolor, en 1910 murió su hermana Rosario, la más pequeña, a los nueve años de edad; dos años más tarde falleció Lolita, a los cinco años; y al año siguiente Asunción, con ocho años de edad. Josemaría, al ver como iban muriendo sus hermanas de menor a mayor, comentaba con ingenuidad infantil:"el próximo año me toca a mi". Dejó de decirlo al ver que su madre se entristecía.
El 23 de abril de 1912, en la fiesta de San Jorge, como era costumbre en el Afto Aragón, recibió por primera vez al Señor -en edad más temprana de lo que se acostumbraba entonces- siguiendo las disposiciones del Papa Pío X (tenía entonces 10 años)
Sus compañeros lo retrataban como un chico alegre, educado en una piedad proflinda, despierto y sencillo, trabajador y un buen estudiante. En Junio de 1914, según la gacetilla del Semanario Juventud, file uno de los alumnos con mejores calificaciones del segundo curso de bachillerato del Colegio de los Escolapios. En defmitiva era un chico normal que soñaba en pasar las vacaciones de invierno en Fonz, en casa de su abuela paterna, y se divertía en verano correteando entre los olivos y viñedos que descendían hasta el valle del Cinca. Cuando le preguntaban que quería ser de mayor el respondía: arquitecto. Verdaderamente, apuntaba cualidades para esa profesión pero Dios tenía otros planes.
Durante la Navidades de 1917 cayó una intensa nevada sobre Logroño, ciudad en la que los Escrivá desde hacía dos años vivían. Un día Escrivá salió a pasear y mientras caminaba por una calle algo le llamo la atención, eran las huellas en la nieve de un carmelita que caminaba descalzo por amor a Dios. Aquello file como una luz para él, pensó que si otros hacen tantos sacrificios por amor de Dios, porque él no iba a ser capaz de ofrecerle nada, entendió entonces que Dios le llamaba ya. Si, le llamaba, pero él no sabía ¿Dónde? ¿Para hacer qué?. Tenía solo quince años o dieciséis recién cumplidos. Sin embargo, no hizo esperar a Dios; no dio explicaciones a nadie dijo "me entregaré cuando lo vea claro". Mostró su corazón generoso y abierto a todo el mundo para ver más claro. Y decidió hacerse sacerdote. Se lo dijo a su padre, para éste file una prueba de confianza en Dios, en los años anteriores había visto morir, una tras otra, a sus tres hijas pequeñas; había sabido aceptar la quiebra del negocio familiar que le había obligado a trasladarse a Logroño, hacia ya dos años, con los dos hijos que le quedaban, Carmen y Josemaria. A los cuarenta y ocho años había tenido que partir de cero y no había soportado ninguna humillación, solo tenía en mente sacar a su familia adelante. Y ahora cuando se estaba estabilizando económicamente, cuando pensaba que su hijo le podría ayudar el día de mañana.. aquella noticia inesperada le conmovió. Pocos meses más tarde, en 1918, Josemaria comenzó sus estudios eclesiásticos como alumno externo del Seminario de aquella diócesis.



Dos años después, en 1920, se trasladó al seminario de Zaragoza. Al Rector del Seminario, don José López Sierra, le impresionaron su sencillez y su sonrisa amable y acogedora con todos. Aquel joven seminarista tenía mucha piedad y a la vez era alegre. Porque además tenía sentido del humor y serenidad, le gustaba pasar inadvertido. Muy pronto los Superiores se fijaron en él y le confiaron encargos de responsabilidad. En 1922, cuando tenía sólo veinte años, el Arzobispo de Zaragoza, Cardenal de Soldevila, le nombró Inspector del Seminario de San Francisco de Paula. Josemaría desempeñó este cargo con gran caridad hacia los seminaristas que le había confiado. El mismo Cardenal Soldevila le dio las órdenes menores.
Durante aquellos años pasó muchas horas rezando ante el Señor Sacramentado. Zaragoza le evocaría siempre aquellas largas horas de oración, aquellas visftas diarias a la Virgen del Pilar y aquellas noches en vela junto al Sagrario, en la iglesia del Seminario. Años más tarde visitó de nuevo aquel lugar y siempre su tema de conversación era el mismo: cumplir la voluntad de Dios y siempre le decía: "Que sea eso que Tú quieres, y que yo ignoro"
El 27 de noviembre de 1924 don José Escrivá se levantó, desayunó, se detuvo a rezar ante la Virgen de la Milagrosa que tenía aquellos días en casa, y se dispuso a salir para el trabajo. Se entretuvo un momento ajugar con Santiago, su hijo pequeño, y se dirigió hacia la puerta. Segundos después cayó desplomado en el suelo, durante las horas siguientes hicieron lo posible para reanimarlo pero todo file imposible, murió a los 57 años. Dios se llevó a su lado a José Escrivá antes de que pudiera ver a su hijo ordenado sacerdote. A partir de entonces Josemaría se dedicó más profilndamente a la religión. Fue a Madrid y finalmente Dios le hizo ver su voluntad, al fin, que venía pidiéndole hacía años. Todo sucedió de una forma sencilla y inesperada. Aquella mañana del 2 de octubre de 1928, mientras participaba en unos ejercicios espirituales en la Casa Central de los Paúles de Madrid y se encontraba en su habitación, releyendo las notas en las que había recogido las enseñanzas que había recibido de Dios en los úftimos diez años, vio la misión que el Señor le encomendaba: abrir en el mundo un camino de santificación en el trabajo profesional y en los deberes ordinarios. Desde aquel 2 de octubre supo que aquella era la tarea a las que debía de dedicar su vida entera: eso era lo que venía rezando desde su adolescencia, lo había visto, ver era el verbo que empleó siempre para designar este momento decisivo-mientras replicaban las campanas de la vecina iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles. Aquel voftear jubiloso nunca se le apagaría de sus oídos (así recuerda él cuando por fin vio la luz que tanto deseaba ver, con sonidos de campana).
Esta idea la transformó en una congregación religiosa, la cual no tenía nombre pero al necesitar uno para poder estar registrada le puso Opus Dei, su actividad principal consiste en dar a sus miembros, y a las personas que lo deseen, los medios espirftuales necesarios para vivir como buenos cristianos en medio del mundo. Les hace conocer las doctrinas de Cristo, las enseñanzas de la Iglesia; les proporciona un espfritu que mueve a trabajar bien por amor de Dios y en servicio de todos los hombres. Se trata, en una palabra, de comportarse como cristianos: conviviendo con todos, respetando la legítima libertad de todos y haciendo que este mundo nuestro sea más justo, en definitiva el trabajo es un camino de sacrificio a través del cual puedes llegar a ser santo (libre de pecado).




Esta congregación, sus primeros años era destinada solo a los hombres pero después al ver que las mujeres también tenían derecho, como personas que son, decidieron incluirlas, primero las personas que formaban parte de ella eran allegados de Escrivá y de algún modo no era legal por ello esta orden religiosa tenia que pasar por la aprobación del Papa, así que se dirigió a Roma a arreglar todos los papeles... finalmente después de pasar por diversas aprobaciones (de fines, solución jurídica...) consiguió la aprobación final de Roma el 16 de junio de 1950 por el Papa Pío XII, después de ello trasladó todo su consejo general a la sede levantada en la Ciudad Eterna (Roma) y también se trasladó a vivir aquí, murió en esta ciudad en 1975 a los 73 años, su cuerpo reposa en la cripta del Oratorio de Santa Maria de la Paz (Roma). Fue Beatificado por el Papa Juan Pablo II el 17 de mayo de 1992 en la Plaza San Pedro (Vaticano, Italia). Lo úftimo a destacar sobre esta persona y su congregación religiosa es que se ha extendido por todo el mundo.