martes, 2 de noviembre de 2021

El papa llama a dar respuestas efectivas a la crisis ecológica en la COP26

 El papa Francisco inició su mensaje radiofónico describiendo la situación actual en la que nos encontramos “débiles” y “sumergidos en una serie de crisis sanitarias, ambientales, alimentarias, económicas, sociales, humanitarias y éticas”, que son “presagio de una tormenta perfecta”.

El papa explicó que “toda crisis requiere visión, capacidad de planificación y rapidez de ejecución, repensando el futuro de nuestra casa común y de nuestro proyecto común” y que pueden afrontarse con “comportamientos de aislamiento, proteccionismo y explotación” o, sin embargo, “pueden representar una auténtica ocasión de transformación, un verdadero punto de conversión, no solo en sentido espiritual”.

Por ello Francisco instó a los responsables a “una renovada corresponsabilidad mundial, una nueva solidaridad fundada en la justicia, en el hecho de compartir un destino común y en la conciencia de la unidad de la familia humana”.

Acciones más responsables

Recordó el reciente llamamiento que firmó hace unos días con líderes religiosos y científicos en el que se reclama “acciones más responsables y coherentes tanto a nosotros mismos como a nuestros gobernantes”.

“En aquella ocasión, me impresionó el testimonio de uno de los científicos que dijo: “Mi nieta, que acaba de nacer, dentro de 50 años tendrá que vivir en un mundo inhabitable, si las cosas son así”.¡No podemos permitirlo!”, aseveró el pontífice.

Por ello, el papa instó a “actuar de manera responsable en favor de la cultura del cuidado de nuestra casa común” y tratando de “erradicarlas de los conflictos: avidez, indiferencia, ignorancia, miedo, injusticia, inseguridad y violencia”.

“La humanidad nunca ha tenido tantos medios para alcanzar ese objetivo como los que tiene ahora”, aseguró el papa.

Y ante ello, a los encargados políticos que participarán en la COP26 de Glasgow, llamó “con urgencia a ofrecer respuestas eficaces a la crisis ecológica en la que vivimos y, de este modo, esperanza concreta a las generaciones futuras”.

Y también especificó que todos “podemos tener un papel modificando nuestra respuesta colectiva a la amenaza sin precedentes del cambio climático y de la degradación de nuestra casa común”.

En un primer momento se pensó que Francisco participaría en la cumbre de Glasgow pero finalmente se decidió que la delegación vaticana estaría representada por el secretario de Estado vaticano, Pietro Parolin. EFEverde

afirman que las momias de tarim son de una etnia autóctona y no indoeuropeas

 las momias de la cuenca de Tarim -situada en la región autónoma de Xinjiang, en el noroeste de China- han despertado un gran interés desde su descubrimiento a principios del siglo XX. Además de sus ricos ropajes, lo que más llamó la atención de los estudiosos fue que la mayoría parecían pertenecer a una etnia caucásica, por lo que se estableció la teoría de que se trataba de pueblos de origen indoeuropeo que habían migrado hacia el desierto del Taklamakan, en el norte. Pero ahora un nuevo estudio afirma lo contrario: que se trataba de una cultura local y propia de esta región.

El estudio, realizado por un equipo internacional de investigadores y publicado en la revista Nature, ha sido elaborado tras realizar un análisis genético de dos grupos de momias: 13 de la cuenca de Tarim, datadas entre los años 1700 y 2100 a.C., y 5 de la cuenca de Dzungaria -situada directamente al norte de la de Tarim-, datadas entre los años 2800 y 3000 a.C. Los resultados indican que estas últimas tienen una ascendencia mixta ligada a la cultura de Afaniásevo -originaria del sur de Siberia- y a poblaciones locales, mientras que las de Tarim tienen solo una ascendencia local.

Cementerio de Xiaohe

CEMENTERIO DE XIAOHE

El cementerio de Xiaohe (E) junto con algunos de los objetos encontrados (A a C) y una momia (D).

Foto: Autores del estudio

Uno de los rasgos que más han llamado la atención sobre estas momias son sus llamativos vestidos y sombreros de lana de oveja, que se han preservado en un estado de conservación excepcionalmente bueno: un caso destacado es el de la llamada “Bella de Xiaohe” o “princesa de Xiaohe”. En un primer momento tras su descubrimiento, se especuló incluso que fueran falsificaciones, algo ya descartado.

La momia conocida como "princesa de Xiaohe" o "bella de Xiaohe"

LA MOMIA CONOCIDA COMO "PRINCESA DE XIAOHE" O "BELLA DE XIAOHE"

Foto: Hiroki Ogawa (cc)

AISLADOS GENÉTICAMENTE, CONECTADOS CULTURALMENTE

Según los autores, “las culturas más antiguas de la cuenca de Tarim parecen haber surgido de una población aislada genéticamente” y, por lo tanto, los resultados son contrarios a las teorías que hasta ahora afirmaban que las momias de Tarim pertenecían a culturas hijas de los grupos nómadas que se desplazaban por Asia Central durante el tercer y cuarto milenio a.C. Sin embargo, aun siendo genéticamente distintas, el estudio también afirma que los grupos de la cuenca de Tarim “adoptaron prácticas de ganadería y agricultura de sus vecinos, lo que les permitió asentarse y subsistir en los oasis ribereños cambiantes del desierto de Taklamakan”.

La nueva hipótesis, sin embargo, ha tenido una acogida desigual entre los expertos en el tema. Algunos de ellos echan en falta un estudio más amplio que compare las muestras de ADN con las de otras culturas cercanas del mismo periodo, antes de poder afirmar taxativamente que se trataba de un grupo genéticamente distinto a sus vecinos.


Inteligencia artificial emocional: Lo que las máquinas nunca podrán aprender

Uno de los principales avances tecnológicos de la actualidad lo constituye el denominado aprendizaje automático de los sistemas inteligentes: vehículos autónomos, drones no tripulados, robots que pintan cuadros o escriben canciones; en definitiva, todas ellas máquinas que emulan a las personas imitando la inteligencia humana. Sin embargo, hasta hace pocos años esta ecuación tecnológica ha soslayado uno de los aspectos más esenciales de la inteligencia humana: la inteligencia emocional.

Sobre las emociones gravita toda decisión del ser humano; nos condicionan e influyen. De este modo, si deseamos que una máquina reproduzca la conducta humana, parece evidente que, para conseguirlo, habría que lograr que la máquina pudiera sentir lo que un humano siente en cada preciso momento al tomar una decisión. Y es entonces cuando surge la duda: ¿puede una máquina llegar a sentir, a ser empática o a emocionarse?

Aprendizaje automático bajo tutela humana

A priori, para alguien ajeno al mundo de la inteligencia artificial, atribuir una emoción a una máquina puede parecer algo estrambótico e incluso descabellado. Podemos aceptar, quizá, que la máquina reconozca, a través de la interpretación de los gestos y actitudes humanas, qué emoción sentimos en cada momento o cuál es nuestro estado de ánimo. Pero en ningún caso nos resulta lógico ni imaginable que estas puedan sentir y, aún menos, adoptar una decisión conforme a este sentimiento, aprendiendo y evolucionando a causa de sus decisiones. 

Pues bien, el aprendizaje automático, una rama de la inteligencia artificial, permite a la máquina resolver todo tipo de problemas, en la mayoría de casos mejor que los humanos. Emplea para ello métodos que le facultan para encontrar la mejor solución y aprender de forma autónoma, y que, además, se encuentran totalmente implantados en los sectores productivos y de ocio.

Lea lo que dicen los científicos sobre las novedades en investigación.

Desde esta perspectiva, los modelos de aprendizaje automático requieren la utilización de una ingente cantidad de datos. Estos, a su vez, están basados en un esquema completamente apriorístico: siempre existe un humano que decide cómo introducir los datos en la máquina y cómo estos se van a clasificar y etiquetar, determinando su valor de destino para que le sirvan como guía en sucesivas decisiones. 

La complejidad de las emociones humanas

Así, en principio, salvo error humano en la introducción o clasificación de los datos, la máquina debería dar siempre para cada entrada la misma respuesta. No obstante, en los humanos las emociones hacen que, con frecuencia, en una misma situación, ese valor de respuesta sea diferente en función de su estado de ánimo. Y es aquí cuando las máquinas no pueden resolver el problema. 

Por tanto, una máquina podrá representar con un amplio margen de realidad un estado emocional, pero solo será un reflejo, cual retrato, de situaciones reales vividas previamente por el ser humano. Ahí quedará todo. 

Además, aunque las máquinas pudieran aprender emociones, sentimientos o deseos, tendrían que tener en cuenta también en ese proceso de “etiquetaje” del que hemos hablado antes los factores indeseables inherentes a todo sentimiento. Si no, se obtendrían modelos sesgados (modelos que priorizan una parte del problema) y no se imitaría de forma auténtica la realidad. Esta cuestión convierte el tema que tratamos en una cuestión especialmente compleja que nos recuerda a lo sucedido en el mismo sentido con otra ciencia, el derecho. 

El lado oscuro de los sentimientos

El derecho aparece en la sociedad, como la inteligencia artificial, para organizar y mejorar al ser humano, para regular su convivencia y decir cómo debe comportarse, intentando evitar que se produzcan conflictos entre las personas. Sin embargo, para lograrlo, se ve obligado a tomar como punto de referencia los aspectos más negativos de las relaciones humanas. El ejemplo más paradigmático lo constituyen, a este efecto, las relaciones de pareja, donde se supone que la emoción predominante es el amor. 

Si reflexionamos un poco sobre este tema, nos damos cuenta de que el derecho y el amor poco o nada tienen que ver, y que ambos nacen de una idea diametralmente opuesta. En las relaciones humanas, el amor se percibe como un compromiso de entrega y aceptación mutua, pero el derecho actúa en ellas como si fuera una máquina, un árbitro que trata de asegurar que la relación amorosa entre dos personas se desarrolle de forma sana y recíproca y que no se produzcan desigualdades o un aprovechamiento ventajoso por alguna de las partes. 

El derecho actúa, sobre todo, en caso de ruptura y, muy especialmente, en los supuestos de violencia de género. En ellos el amor genera la situación más triste que uno se pueda imaginar: la afectividad en la que presuponemos que consiste el amor se torna tóxica para los miembros de la pareja. Tanto, que el daño que se causan puede conducir a que, en ocasiones, uno de ellos acabe con la vida del otro.

Como se ve, ni siquiera el derecho, que existe desde hace miles de años, ha conseguido definir este sentimiento positivamente, tan solo de forma negativa (de lo que consideramos socialmente que no es amor). Esto es debido a que el derecho ha intentado eliminar los aspectos emocionales del amor para poder regularlos. 

Si a lo anterior unimos que el amor es el estado emocional más extendido y menos explicado científicamente –a pesar de los recientes avances de la neurobiología– debido a la dificultad que entraña la intervención en él de factores biológicos, especialmente los hormonales, entonces resulta difícil que no suceda lo mismo cuando se intenta modelar computacionalmente las emociones a través de la inteligencia artificial. ¿Cómo puede entonces enseñarse a una máquina qué es el amor o cualquier otro sentimiento o emoción?

La conclusión a todo esto se resume en que, si todavía no podemos definir científicamente las emociones, no se las podemos enseñar a una máquina. Por tanto, a día de hoy no es posible crear una auténtica inteligencia artificial emocional. Tal y como decía la científica Amelia Brand en Interestellar, “el amor es la fuerza más grande del Universo”. Y, como muchos otros misterios del mismo, aún nos queda mucho para poder enseñar a las máquinas a aprenderlo. Si es que realmente ello es posible.


Este artículo participó en el II Concurso de Divulgación Científica de la Universitat de les Illes Balears.

lunes, 1 de noviembre de 2021

MUCHA VIDA

Para este día no tengo flores ni altar, no prenderé velas ni haré oraciones, de hecho no tengo muertos en la familia, tengo personas que se han ido, pero que su sangre fluye por mis venas, que siguen aquí, conmigo, en mis recuerdos.


No habrá calaveras ni flores, tan sólo festejos por haber convivido con personas valiosas que sólo se adelantaron a la presencia de DIOS.


Para este día no tengo lágrimas, tengo agradecimiento,  no hay tristezas (un poquito de nostalgia) sólo recuerdos, si algo yace en mis sepulcros familiares son evidencias de quienes aún dan vida a mi vida con su legado.


No usaré este día para meditar sobre la muerte, agradeceré la oportunidad de la vida, en mi casa todos son bienvenidos, sobretodo los recuerdos de las personas que ya no están físicamente.


Para este día de muertos no adornaré la casa con motivos fúnebres, abriré mis cortinas para que la bendición del sol entre y acaricie mi vida.


Para este día de muertos hablaré directamente con DIOS para pedirle por mis vivos.


Para este día y para el resto de mis días, pensaré en la muerte para valorar la vida, mi ofrenda será tratar de ser mejor y mi incienso una sonrisa sincera para los demás.


Para este día de muertos abrazaré aquellos que tienen muerta la esperanza, que han perdido la paz o se les murió la fe.


Para este día tengo tantas gracias que dar, un requiém a mi tristeza y un epitafio en mi puerta que diga:


“Aquí yace y vive una persona que no quiere morir en vida" 

SANTOS A NUESTRO LADO

El camino es compartido.

Un río de rostros, 

una corriente de nombres,

una sucesión de tiempos

y lugares 

donde amamos,

creemos, erramos.

Generación tras generación

nos pasamos el relevo.

Somos peregrinos

en esta larga marcha

de la historia.


En cada vida

se presentan encrucijadas

donde hay que elegir

la senda y el equipaje,

donde toca buscar

compañeros

y encaminar los pasos

por el fluir de los días.

 Vamos dejando detrás 

huellas de trigo o cizaña,

de reino o tierra quemada,

de memoria o de olvido.


Avanzamos -sin pausa-

hacia la meta penúltima

donde todos convergeremos.


En esta marcha caminan, 

en medio de nosotros,

inadvertidos, discretos,

sin alardes ni estridencias

sal de la tierra y luz del mundo,

quienes hacen 

del amor, a tu modo,

su motivo y su destino.


Jose María Rodríguez Olaizola SJ