Los arqueólogos han encontrado una casa que se reutilizó como templo y cementerio durante los primeros años de la dominación española.
Foto: José Antonio Lopez
el descubrimiento se ha realizado bajo las calles de Ciudad de México durante una intervención de emergencia realizada antes del inicio de unas obras. Con lo primero que se toparon los arqueólogos fue una casa, construida antes de la toma de la ciudad por los conquistadores de Hernán Cortés.
TEMPLO Y NECRÓPOLIS
Aunque fue abandonada por un tiempo tras el saqueo los mexicas pronto volvieron a ocuparla, adaptando secretamente algunos de sus espacios como templo (pues la celebración de sus ritos sagrados había sido prohibida por los españoles). Cerca de ella se halló un taller de herramientas de piedra en el que se encontraron 15.000 hojas con con sus núcleos de extracción así como un campo de cultivo y algunos canales de irrigación.
Tlatelolco fue construida al mismo tiempo que Tenochtitlán en la laguna en la que posteriormente se erigiría Ciudad de México. En la imagen los restos arqueológicos conservados en la Plaza de las Tres Culturas.
Foto: Wikimedia Commons
Los trabajos han sacado a la luz más de 200 figurillas femeninas, acompañadas de muchos otros objetos datados entre el 1200 y el 1650. Sin embargo el hallazgo más espectacular es un par de ídolos de piedra antropomorfos de 40 y 35 centímetros de altura que se encontraron rodeados de ofrendas.
Además estas esculturas todavía conservan trazas de los colores con los que fueron pintadas originalmente, algo nada habitual en este tipo de piezas. Pese a ello, ni sus atributos ni su policromía han permitido identificar a quien representan, aunque los investigadores apuntan a que se podría tratar de las imágenes de dos dioses diferentes.
Alrededor de esta casa-templo los investigadores han descubierto un total de 36 tumbas, entre ellas seis que reutilizaron grandes ollas globulares a modo de ataúd. Buena muestra del proceso de aculturación que implicó la conquista es la presencia de cerámica española en los ajuares, concretamente vasijas vidriadas y de mayólica importadas de Península Ibérica.
Plataforma del Templo Mayor de Tlatelolco.
Foto: Wikimedia Commons
UN CRÁNEO ATRAVESADO POR UN CUCHILLO
En este cementerio se ha hallado asimismo el cuerpo de un niño que fue sacrificado a los dioses, como demuestra el hecho de que en su cráneo se encontrara clavado un cuchillo de obsidiana de 15 centímetros de largo, junto con un fragmento de sílex incrustado en su columna vertebral y una pequeña piedra verde reemplazando uno de sus molares.
El hecho de que fuera asesinado tras la caída de la ciudad demuestra que pese a la conquista y la conversión forzosa al Cristianismo, los mexicas seguían manteniendo viva su religión.
Dado que gran parte de la ciudad azteca permanece todavía bajo tierra es de esperar que las futuras intervenciones de emergencia saquen a la luz nuevas estructuras y objetos.
Foto: Wikimedia Commons
Estos recientes descubrimientos nos muestran los profundos cambios por los que pasaron los aztecas tras su derrota. Obligados a integrarse en una cultura extraña se resistieron continuando clandestinamente con sus ritos, sacrificos y ceremonias ancestrales.
La campaña de excavacaciones ha sido dirigida por Teresita López Ortega, restauradora del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Según ella todavía queda mucho por descubrir, pero las excavaciones deberán esperar a futuras obras que permitan a los arqueólogos adentrarse en el subsuelo.
El santuario maravillaba a todos los griegos con su impresionante tamaño y magnificencia.
Foto: Cordon Press
en el año 356 a.C. Éfeso contaba con numerosos recintos en los que se rendía culto a las divinidades tutelares de la ciudad, pero ninguno era tan grandioso como el dedicado a Artemis. Sobre él Plinio el Viejo cuenta en su Geografía que medía 115 metros de largo por 55 de ancho y contaba con un total de 127 columnas jónicas de 18 metros de altura, que soportaban un inmenso tejado en medio del cual se abría el patio donde se veneraba la imagen de la diosa.
Esta moderna reconstrucción da buena idea de las dimensiones del edificio.
Foto: NeoMam Studios
Al margen de su enorme tamaño, el edificio había sido construido con lujosos materiales como cedro importado del Líbano o mármol, a lo que se le añadían las espléndidas tallas que decoraban las columnas de la parte exterior. El templo era el segundo levantado en el lugar, pues el anterior había sido destruido por una inundación 200 años antes. Erigido bajo el reinado del rico rey Creso, el santuario era un importante centro de peregrinación y una obligada parada turística para todos aquellos que visitaban la costa de Asia Menor.
CRIMEN Y CASTIGO
Según cuentan las fuentes, Eróstrato era un pobre pastor de la ciudad que decidió destruir esta joya de la arquitectura helena para salir del anonimato. Algunos autores añaden incluso que lo hizo motivado por la venganza, al habérsele rechazado la entrada en la casta de sacerdotes emasculados a cargo del recinto.
No se sabe gran cosa de Eróstrato, conocido solo por incendiario.
Foto: Cordon Press
UN CASTIGO EJEMPLAR
Sea como fuere, según las fuentes antiguas, se introdujo el templo una noche y prendió fuego al techo de madera. El incendio pronto devoró toda la cubierta, que al derrumbarse arrastró consigo los muros y las columnas, convirtiendo el edificio en un montón de ruinas. Por semejante sacrilegio Eróstrato fue ejecutado y se prohibió mencionar su nombre en cualquier circunstancia bajo pena de muerte. De este modo las autoridades pretendían censurar su papel en la catástrofe y evitar que alcanzara así la infamia póstuma. Con todo, su acción fue pronto conocida por todos los griegos, y el historiador Teopompo fue el primero de muchos en ponerla por escrito.
Sin embargo existen algunas teorías divergentes, que ya desde antiguo suscitaron una cierta polémica sobre el caso. Según Aristóteles el fuego fue provocado por un rayo, ya que el templo contaba con una guardia que impedía el acceso a los intrusos día y noche. Tampoco faltaron los rumores maliciosos que acusaban a los propios sacerdotes de provocar el incendio, a fin de levantar un santuario mayor con los donativos de los fieles conmocionados. El hecho de que sonsacaran a Eróstrato sus motivaciones bajo tortura no hizo sino enturbiar el asunto, pues este habría dicho cualquier cosa con tal de librarse del tormento.
Artemis era venerada en Éfeso como protectora de los animales, además de diosa de la fertilidad y la guerra.
Foto: Wikimedia Commons
UN EJEMPLO A SEGUIR
Pese a su renombre, el templo tuvo que esperar unos 150 años a ser reconstruido, en una versión todavía mayor de 137 metros de largo que resistiría los embates del tiempo hasta su derribo a manos del arzobispo Juan Crisóstomo en el siglo III d.C.. Al respecto existe una leyenda según la cual Alejandro Magno se ofreció a sufragar los costes de su propio bolsillo, pero los aduladores sacerdotes se negaron aduciendo que un dios no podía dedicar un templo a otro.
Tras la destrucción del tercer templo a manos de fanáticos religiosos hoy solo quedan en Éfeso estos tristes restos
Foto: Wikimedia Commons
Apenas se han conservado algunos fragmentos del segundo templo, como este tambor de columna guardado en el British Museum.
Foto: Wikimedia Commons
Tristemente esta atrocidad ha contado con numerosos imitadores: desde los ataques con ácido contra la Mona Lisade Leonardo y la Ronda Nocturna de Rembrandt, pasando por el atentado a martillazos contra La Piedad de Miguel Ángel hasta la destrucción de Palmira por el Estado Islámico,muchos han sido aquellos deseosos de conseguir un titular sin importarles las consecuencias.
En psicología este tipo de comportamientos se han dado en llamar síndrome de Eróstrato: una patología asociada con mentes inseguras, necesitadas de reconocimiento social a cualquier precio. Al sentirse ignoradas por sus semejantes, estas personas buscan en las acciones rompedoras un trampolín a la atención que creen que merecen, protagonizando sonados episodios como los del pastor efesio para conseguir un breve momento de fama.
¿Cuál es el pensamiento más triste, trágico y terrible que te puede venir a la cabeza? Si hiciéramos una deducción racional, seguramente lo peor que puedes llegar a pensar es en el suicidio. El anhelo de morir puede presentarse en diversos momentos de nuestra vida, y no en todas se presenta de una manera contundente o lo suficientemente trágica como para prestarle demasiada atención. Cuántas veces hemos dicho "tierra trágame". Ahí queda esa posibilidad, y de hecho para algunos filósofos existencialistas esta elección tan dramática y definitiva sobre querer seguir viviendo es lo que da verdadero sentido a nuestro paso por el mundo. Sin embargo, podríamos argumentar que hay un pensamiento aún más trágico y terrible que el suicidio, y ese es el de la extinción. Al fin y al cabo, no solicitamos venir a este mundo, sino que fuimos arrojados "como un perro sin su hueso", y en un sentido muy siniestro, podemos llegar a pensar en que el hecho de seguir trayendo vidas al mundo suponga, más que una bendición, el mayor acto de crueldad que podamos cometer.
No en vano una de las razones por las que muchas parejas no tienen hijos en la actualidad es porque no pueden permitírselo. Y más allá de consideraciones filosóficas más elevadas sobre la existencia, el ser y la muerte (sobre las que reflexionaremos más adelante), lo cierto es que la imposibilidad de ofrecer una vida digna y estable a un niño parte de una razón económica, que a su vez remite a una razón mucho más existencial: si no se pueden garantizar unas buenas condiciones materiales para esa nueva vida que viene al mundo, será mucho más difícil que esta se desarrolle como nos gustaría o que fuera feliz. Por tanto, si sabemos de antemano que vamos a sufrir más sabiendo que no le podemos dar todo lo que necesita o desea, lo mejor es no ceder al impulso de ser padres.
"No haber nacido es lo mejor de todo; lo segundo, volver cuanto antes al lugar de donde se ha venido", escribió Sófocles
Recientemente, un estudio de la Comisión Europea halló que España es el segundo país europeo con el nivel de riesgo de pobreza en niños más alto, solo por detrás de Rumanía. Esto obviamente repercute en las bajas tasas de natalidad que a su vez contribuyen a que cada vez sea más preocupante la crisis demográfica. En 2019, se llegó a un mínimo histórico desde la posguerra, con un 27% de nacimientos menos que una década antes. Ahora bien, la poca capacidad de las familias españolas para hacer frente a los gastos de traer una nueva vida al mundo no es excusa para que en realidad no lo deseen. Simplemente, haciendo un cálculo racional, no pueden. Pero, ¿qué motivaciones (o mejor dicho, desmotivaciones) pueden fomentar el deseo de no querer traer una vida al mundo? Incluso, ¿qué razones más profundas hay para pensar que nadie en su sano juicio debería tener hijos?
Los predecesores del antinatalismo
El antinatalismo, la corriente filosófica que defiende el cese de la procreación humana universal, atraviesa todas las épocas históricas. Ya en la Antigua Grecia, el poeta Sófocles lo dejó bastante claro con el siguiente aforismo: "No haber nacido es lo mejor de todo; lo segundo, volver cuanto antes al lugar de donde se ha venido". Otro ejemplo del mundo antiguo, esta vez del texto anónimo del Eclesiastés, recogido en la Biblia: "Vi el llanto de los oprimidos, sin tener quien los consuele; la violencia de los verdugos, sin tener nadie quien los castigue. Felicité a los muertos más que a los vivos. Más feliz aún que entrambos es aquel que aún no ha nacido, que no ha visto la inquina que se comete bajo el sol".
Para Zapffe, la consciencia humana es "una paradoja biológica, una abominación, un absurdo, una exageración de naturaleza desastrosa"
En épocas más recientes, las teorías antinatalistas pueden estar comandadas por el que es uno de los filósofos más pesimistas de la historia: Arthur Schopenhauer, padre del existencialismo. Para él, el universo y todos los seres animados o inanimados están movidos por una fuerza única, ciega e impersonal, la voluntad. Esta es precisamente la que nos alienta de forma automática a sobrevivir y reproducirnos. Si la negamos o la obviamos, obtendremos angustia, la cual es permanente, pues es imposible satisfacer todos nuestros deseos, más aún si ni siquiera somos conscientes de todos ellos (aquí estaría la influencia que tendría en otros pensadores como Freud).
Entonces, el placer se erige en contraposición a ese sufrimiento continuo como un alivio momentáneo. Esta es precisamente la fuerza que nos impele a procrearnos: el filósofo creía que si no sintiéramos placer sexual, la reproducción humana no existiría porque "tendríamos compasión por las siguientes generaciones". En resumen, el placer es la trampa que nos pone la naturaleza (ciega e impersonal) para que sigamos reproduciéndonos; si no lo experimentásemos, inmediatamente sentiríamos la "carga de la existencia" sobre nosotros.
Peter Wessel Zapffe, el Mesías de la tragedia
Otro de los grandes pensadores antinatalistas que recibe la influencia directa de Schopenhauer es Peter Wessel Zapffe, sin duda uno de los más desconocidos de esta corriente. Nacido en 1899 en la pequeña localidad noruega de Tromsø, escribió una única obra en la que ofrece una ingeniosa argumentación contra la procreación. 'El último Mesías', en su traducción española, llega a la conclusión de que el ser humano debe su existencia a una curiosa (y trágica) paradoja: nuestra evolución cognitiva, aquella que nos otorgó el desarrollo intelectual, cultural y científico, es también la responsable de que seamos extremadamente conscientes de nuestras limitaciones, como por ejemplo la presencia siempre presente de la muerte o el hecho de sentir compasión hacia otros seres vivos.
¿Qué es el ser humano para Zapffe? "Una ruptura en la unidad misma de la vida, una paradoja biológica, una abominación, un absurdo, una exageración de naturaleza desastrosa", según escribe en 'El último Mesías'. Pensaba, en este sentido, que nuestros hermanos biológicos más inmediatos, los primates, pueden descansar tranquilos al no contar con una consciencia tan "sobreevolucionada" como la nuestra, sintiendo esta evolución cognitiva que nos hace conscientes de la muerte y del dolor en el mundo como una auténtica tragedia. "La vida había sobrepasado su objetivo, estallando en pedazos. Una especie había sido armada con demasiada fuerza: un espíritu que se había hecho todopoderoso sin él, pero igualmente una amenaza para su propio bienestar. Su arma era como una espada sin empuñadura ni placa, una hoja de dos filos que lo cortaba todo; pero quien la empuñe debe agarrar la hoja y girar el filo hacia sí mismo", teoriza.
Ante esta coyuntura tan trágica, ¿qué propone Zapffe? Cuatro formas de afrontarla a nivel individual y social en cada una de nuestras actitudes cotidianas, aunque ninguna de ellas será válida para librarnos de la carga vital que supone la consciencia. En primer lugar, el aislamiento, el cual consiste en obviar o restringir ciertos pensamientos o sentimientos negativos asociados a nuestra funesta existencia; en segundo lugar, el anclaje, que como su nombre indica es la tendencia a querer conectarnos con nuestra realidad familiar, laboral, religiosa... que a su vez nos sirve de defensa frente a las verdades incómodas que implica el hecho de estar vivo. La tercera forma afrontamiento es la distracción, que trata de modificar nuestro foco de atención hacia sensaciones más positivas o al menos más llevaderas para huir del sentido trágico del hombre. Y, por último, el de la sublimación, es decir, el desarrollo de un espíritu creativo o una intuición estética que provoque la catarsis entre esa consciencia vital negativa y nuestro yo más interno.
El antinatalismo hoy en día
Evidentemente, su forma de pensamiento es algo radical, pero no por ello menos interesante. No podemos tomarla al pie de la letra, pues nuestra especie estaría abocada a la autodestrucción. En la actualidad, el filósofo más importante de la corriente antinatalista es el sudafricano David Benetar, director del departamento de Filosofía de la Universidad de Ciudad del Cabo, quien escribió un libro que recupera la tradición de estas ideas y las aplica a la actualidad. 'Better Never to Have Been', que podría traducirse como "Mejor nunca haber existido", indaga en la tragedia misma que supone el hecho mismo de nacer, tanto para nosotros como persona individual como para el planeta en el que existimos.
La pandemia nos ha hecho reflexionar sobre lo insignificantes que somos y lo vana que es nuestra sensación de poder sobre las fuerzas naturales o el modo de vida que llevamos, basado principalmente en la ciencia, la tecnología y la industria. "Nosotros somos el virus" es uno de los lemas de crítica que más se han repetido contra nuestro afán de extracción de todos los recursos naturales para el mantenimiento del sistema, y es inevitable pensar al respecto en tesis como la de Zapffe. Este va más allá, pues no hace falta cometer ningún pecado para ya estar condenados, ya que la pena ya viene impuesta desde el momento en el que nacemos.
Por último, cabe recordar el argumento de la extraordinaria película 'Hijos de los hombres', en el que un virus produce que la fertilidad disminuya hasta niveles ínfimos, sumiendo al mundo en un completo caos. ¿Y si el coronavirus atacara al sistema reproductor en vez de las vías respiratorias? La lógica evolutiva se rompería. O, al menos, jugaría por primera vez en nuestra contra. La voluntad ciega e impersonal de Schopenhauer, esa que nos hizo avanzar cognitivamente y colocarnos en una situación privilegiada dentro del reino animal, daría su último movimiento. En ese instante hipotético y postrero, los sueños antinatalistas se harían realidad y... ¿luego qué? Ni siquiera esa pesada carga existencial solo mitigada por los breves momentos de placer nos sobreviviría.
Dios está con nosotros. No pertenece a una religión u otra. No es propiedad de los cristianos. Tampoco de los buenos. Es de todos sus hijos e hijas. Está con los que lo invocan y con los que lo ignoran, pues habita en todo corazón humano, acompañando a cada uno en sus gozos y sus penas. Nadie vive sin su bendición.
Dios está con nosotros. No grita. No fuerza a nadie. Respeta siempre. Es nuestro mejor amigo. Nos atrae hacia lo bueno, lo hermoso, lo justo. En él podemos encontrar luz humilde y fuerza vigorosa para enfrentarnos a la dureza de la vida y al misterio de la muerte.
Dios está con nosotros. Está en la vida y estará en la muerte. Nos acompaña cada día y nos acogerá en la hora final. También entonces estará abrazando a cada hijo o hija, rescatándonos para la vida eterna.
Dios está con nosotros. Esta fe sostiene nuestra esperanza y pone alegría en nuestras vidas.