martes, 2 de febrero de 2021

Dioses cautivos

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Ilustración: Arnal Ballester.

La humanidad es una fábrica de dioses.

Si una obviedad como esta emite para alguien una vibración escandalosa, ya no digamos blasfema, será, sin duda, porque —creyente o no— se ha educado, como casi todos nosotros, en una cultura de tradición monoteísta.

La hegemonía del Occidente cristiano ha abonado el supuesto de que las religiones monoteístas son las propias de las civilizaciones más evolucionadas. Pero habría mucho que decir al respecto. Baste señalar hacia la «cuna» de nuestra propia civilización, a Grecia y a Roma, donde sabemos que los dioses eran muchos, acaso incontables, siempre dispuestos a acoger a otros nuevos. Bien mirado, el politeísmo es más elástico y más democrático que el monoteísmo, también más confortable. La Iglesia católica se percató muy pronto de esto último y consintió en su seno un politeísmo de baja intensidad, empezando por el dogma de la Santísima Trinidad (¡tres dioses en uno!) y continuando con el vasto y abigarrado santoral, todo un panteón en minúsculas.

Hago estas consideraciones para justificar que nada tiene de extraña la tendencia de nuestra sociedad, en apariencia tan laica, a producir dioses, por muy humanos que estos sean. Tampoco tiene nada de extraña, en correspondencia, la tendencia de tantos humanos a producirse ellos mismos como dioses. La cosa viene de muy lejos, de cuando en el Paraíso Terrenal la serpiente tentó a Eva incitándola a comer del fruto del Árbol del Bien y del Mal con la promesa de que ella y Adán serían como dioses (Génesis, 3:4-5). Haber padecido las consecuencias terribles de esa desobediencia no ha disuadido a los humanos, durante siglos, de intentarlo una y otra vez.

Es curioso lo que ocurre —en español, al menos— con el verbo endiosar. En su primera acepción, el DRAE lo describe como «elevar a alguien a la divinidad». En régimen pronominal, sin embargo, endiosarse significa —siempre según el DRAE— «erguirse, entonarse, ensoberbecerse». En su forma sustantivada, endiosamiento adopta de lleno esta última connotación negativa, y pasa a significar, en su primera acepción «altivez extremada».

De la actividad corriente de endiosar, pues, deriva —se diría que, casi inevitablemente, al menos cuando de personas de trata— una actitud por lo general repudiable: la de tomarse uno mismo por un dios. Muy conscientes de ello, los romanos de la Antigüedad tenían por costumbre, cuando un general victorioso desfilaba por las calles de Roma aclamado por la multitud, hacerlo acompañar por un siervo que, al tiempo que sostenía sobre su cabeza una corona de laurel, le susurraba al oído: «Recuerda que eres mortal». Lo cual no fue óbice para que, tiempo después, los emperadores fueran elevados a la condición de dioses una vez muertos, hasta que Domiciano (siglo I), impaciente por serlo, se declaró a sí mismo dios en vida propia, algo que, si bien causó escándalo en su momento, no tardarían en imitar sus sucesores.

Cuando se recuerda esto último conviene precisar que el término que se asignaba a los emperadores, o que ellos mismos se asignaban, no era exactamente el de dios. El latín distingue entre deus («dios») y divus («divino», «deificado»). Los emperadores eran divus. De este término ha derivado, en español y otras lenguas romances, el de divo, que si bien designa, en primer lugar, al artista (sobre todo al cantante de ópera) que goza de un gran éxito, de forma más extensa viene a calificar a todo aquel que, más o menos «ensoberbecido» por la fama obtenida, se conduce no tanto como un dios propiamente (¿a qué demonios equivaldría eso?), sino como un endiosado.

Parece, así, que el idioma, si bien da por natural y común el acto de endiosar, asume las consecuencias negativas que ese acto tiene siempre sobre aquel en quien repercute, divo o endiosado. Lo que mueve a preguntarse de qué modo le cabría, a quien es endiosado por los otros, resistirse al endiosamiento.

Pues los mecanismos de la vanidad son muy sutiles, por no decir insidiosos. Las cosas nunca son tan groseras como para que uno llegue a plantearse siquiera que está siendo endiosado. El éxito, la fama —los atributos modernos de la divinidad—, suelen ser sentidos, por quien los disfruta, como una especie de retribución. Por muy inalcanzables que a uno se le antojen cuando no los tiene, parecen siempre muy razonables cuando llegan.

Nadie lo ha expresado mejor que Lady Gaga cuando, preguntada hace ya mucho acerca de cómo experimentaba la fama que le había sobrevenido de forma tan súbita, replicó: «Yo siempre he sido famosa, lo que pasa es que nadie se había dado cuenta».

Al parecer, todos llevamos un dios dentro: basta sentirse suficientemente adorado para que emerja. El problema, a continuación, consiste en mantener el nivel de adoración imprescindible. El olvido es la muerte de los dioses, y haber sido endiosado no asegura la perpetuidad del endiosamiento. De ahí que, más allá del brillo y de los beneficios que procuran el éxito y la fama, quienes los disfrutan permanezcan encadenados a ellos, penosamente dependientes de sus adoradores.

En La inspiración y el estilo, ensayo escrito en 1965, cuando él mismo contaba apenas veintisiete años y era un perfecto desconocido, Juan Benet dedica unas páginas asombrosamente sagaces a especular sobre los retos a los que se enfrenta el escritor novel y los riesgos que acechan al escritor consagrado. Acerca de este último dice que la obra que ha edificado «pesa sobre él, y no en vano; el público que le ha aplaudido le reclama, y no sin exigencia; el refinamiento y la autocrítica que le han empujado hasta la gloria le han restringido también su campo de acción y prefiguran su obra futura con un condicionamiento excesivo».

Lo que Benet dice del escritor cabe extenderlo al artista en general y, aún más extensamente, a casi cualquier individuo tocado por la fama. Y digo «casi» porque la televisión, en estrecha connivencia con las redes y con el periodismo rosa y amarillo, ha generado, de un tiempo a esta parte, una inédita modalidad de famoso: el «famoso por ser famoso», etiqueta de uso en la cultura popular para referirse a «alguien que alcanza el estado de celebridad sin ninguna razón en particular, o que logra la fama con la asociación de una celebridad». La definición la saco de Wikipedia, que dedica a esta categoría una entrada particular, en la que se citan como ejemplos a Paris Hilton, Kim Kardashian y John F. Kennedy Jr., entre otros. Sobre esta modalidad de famoso pesa, más que sobre ninguna otra, la dependencia de sus adoradores, a quienes debe proveer continuamente de noticias y declaraciones que sostengan su celebridad.

Pero ciñámonos ahora al famoso por méritos propios, y dentro del amplísimo espectro de quienes lo son, a los artistas y escritores, más en concreto a estos últimos.

Benet habla de la tendencia a la profesionalización del escritor exitoso, de cómo, para mantener el estatus adquirido, «se ve obligado a fijar su atención en aquel trabajo que le rinde mayores beneficios (íntimos y externos) y en aquella índole del mismo que suscita el mejor favor del público», y lo describe como «un hombre que con gran frecuencia —y tanto mayor cuanto ese favor es más alto— debe pignorar su libertad para renunciar a un tipo de ensayos y aventuras que, además de ser poco lucrativas, pueden llegar a indisponerle con el cliente».

Como he dicho ya en otra ocasión, cuesta dar con un escritor que, habiendo alcanzado reputación y fortuna, eluda este proceso, que obra la mayor parte de las veces de manera inconsciente. Mirando alrededor, la reflexión de Benet contribuye, por ejemplo, a comprender la evolución literaria de los más conspicuos escritores españoles del momento; y no me refiero ahora a los escritores llanamente comerciales, sino a aquellos que gozan de más amplia y consolidada reputación. En la mayoría de los casos se advierte cómo, en lugar de dilatar sus alcances, la bien ganada confianza en sus propios recursos y el experto control de sus efectos tienden a constreñir en ellos su campo de acción y parecen prefigurar su obra futura (lo cual, dicho sea entre conciliadores paréntesis, no ha de estimarse por fuerza calamitoso, ni siquiera decepcionante).

Los dioses permanecen prisioneros en sus altares. La primera servidumbre del éxito es el confinamiento del artista en la propia fórmula que se lo ha procurado. Esa fórmula termina por cobrar cierta autonomía, hasta constituirse en una especie de reglamento cuyo eventual incumplimiento suele ser penalizado con el desapego de los propios seguidores.

Hace unos años, durante la campaña de promoción de su novela Falcó (2016), Arturo Pérez-Reverte declaraba: «Soy un escritor profesional, sé lo que he hecho y por qué lo he hecho cuando presento una novela. Una novela debe ser un artefacto que funcione. Para que funcione tienes que poner personajes, estructura, estilo… Lo que tú quieras, pero que funcione. Yo hago el mejor producto posible para que el lector lo reciba de la mejor manera posible. Un lector de cuarenta países, no solo de España, lo que significa que hay elementos muy españoles que hay que diluir, llevar a un marco mucho más amplio. Yo no puedo ir contándole milongas sobre la guerra civil a un lector croata o ruso o japonés… O sea que el trabajo es un trabajo profesional, y procuro que sea lo mejor posible».

Difícil expresar con más contundencia el constreñimiento creativo a que se ve abocado el escritor de éxito, profesional de sí mismo, si aspira a mantenerse en el candelero.

Pero el mismo Pérez-Reverte sirve bien para ilustrar otro rasgo que aflige al autor endiosado. Se trata ahora de la relación con la posteridad. La misma necesidad de alimentar siempre y a toda hora la adhesión de sus admiradores siembra en el autor de éxito una duda razonable: la de qué ocurrirá cuando él mismo no esté presente y no pueda ocuparse personalmente de esa tarea. Basta mirar a nuestro alrededor para constatar el eclipse casi inmediato de tantos autores cuya estrella declinó tan pronto murieron. Cuando no se han cumplido aún nueve años desde su muerte, ¿quién se acuerda hoy, por ejemplo, de Carlos Fuentes? ¿Quién de un escritor como Terenci Moix, fallecido hace apenas dieciséis años? En la primera mitad del siglo XX, los novelistas españoles de más éxito, dentro y fuera del país, fueron, con mucha ventaja, Vicente Blasco Ibáñez y Armando Palacio Valdés, a quienes hoy nadie lee. Incluso en vida, no es difícil que circunstancias más o menos penosas conspiren para desterrar al olvido a quienes disfrutaron de un éxito tan avasallador que bien podía inducirlos a pensar que les era intrínseco. Así, José María Gironella en sus últimos años. Así, en el presente, Antonio Gala.

Las mieles del éxito pueden verse agriadas por la intranquilidad de que dicho éxito, por grande y unánime que sea, resulte pasajero. Una de las marcas indelebles del endiosado es la aspiración a la inmortalidad. Ni la fama ni la riqueza son suficientes para él sin los indicios de una consagración más consistente que la que procuran la popularidad y el mercado. De ahí ese extraño enojo con que tantas veces reacciona el endiosado frente al desdén de la crítica o el desinterés de la academia; de ahí el desasosiego que le produce atisbar la posibilidad de que, por amplio que sea el favor del público, su obra no quede alineada con la de quienes, pese a no gozar de ese favor, sí en cambio reciben un tipo de atención que les permite cuando menos aspirar al olimpo del canon. Y qué dios no aspira a habitar en el Olimpo.

Pero decía Adorno que el ascendente de la fama en nuestra cultura es directamente proporcional al descrédito de la posteridad. Y es precisamente la desaparición del horizonte de la posteridad lo que convierte la fama en una cuestión de simples mortales, cuyo eventual endiosamiento resulta tanto más risible en cuanto ignoran su condición cada vez más fortuita, cada vez más concurrida y perecedera.  

Francisco, el primer Papa en montar una campaña online para frenar la violencia contra las mujeres

El Pontífice pide a todos los católicos que recen en febrero para acabar con esta lacra: “Su silencio son un grito de socorro que no podemos ignorar”

‘El Vídeo del Papa’ tiene su propia web, está presente en las principales redes sociales -YouTube, Instagram, Facebook, Twitter- y se traduce a 14 idiomas
‘El Vídeo del Papa’ tiene su propia web, está presente en las principales redes sociales -YouTube, Instagram, Facebook, Twitter- y se traduce a 14 idiomasLA RAZÓNLA RAZÓN

Francisco mira a cámara desafiante: “Hoy, sigue habiendo mujeres que sufren violencia. Violencia psicológica, violencia verbal, violencia física, violencia sexual”. Su sonrisa se esfuma en un vídeo que no llega al minuto y medio de duración en el que el Papa llama a toda la Iglesia a rezar por las mujeres que sufren cualquier tipo de agresión: “Es impresionante el número de mujeres golpeadas, ofendidas, violadas”. 

De esta manera, el Santo Padre quiere involucrar a todos los católicos en una cadena de oración a través de redes sociales que tiene como centro el 8 de febrero, festividad de santa Josefina Bakhita, con la que se conmemora la Jornada contra la Trata de Personas. Así, Francisco se convierte también en el primer Papa que monta una campaña digital para exigir el fin de esta lacra.

“Las distintas formas de malos tratos que sufren muchas mujeres son una cobardía y una degradación para toda la humanidad. Para los hombres y para toda la humanidad”, asevera el Papa en un mensaje en que además subraya cómo “los testimonios de las víctimas que se atreven a romper su silencio son un grito de socorro que no podemos ignorar”.

Tradicionalmente, todos los cristianos están llamados a rezar por las intenciones del Santo Padre. O lo que es lo mismo, a incluir en sus plegarias las preocupaciones que el Papa formula de forma mensual. Francisco ha dado un vuelco a esta iniciativa que se fundó en 1844 como Apostolado de Oración para rebautizarla como Red Mundial de Oración del Papa en 2016. Esta renovación vino de la mano de una apuesta por su difusión digital, a través del llamado ‘El Video del Papa’ y en el que Francisco reflexiona sobre los temas elegidos llamando a la oración y a la acción de la Iglesia, lo mismo el diálogo interreligioso que el cambio climático. ‘El Vídeo del Papa’ tiene su propia web, está presente en las principales redes sociales -YouTube, Instagram, Facebook, Twitter- y se traduce a 14 idiomas.

Pero nunca hasta ahora las agresiones contra las mujeres habían ocupado un primer plano de forma tan visible y en boca de un Pontífice. Y Francisco no lo duda: “Recemos por las mujeres que son víctimas de la violencia, para que sean protegidas por la sociedad y para que su sufrimiento sea considerado y sea escuchado por todos”.

https://www.youtube.com/watch?v=kHasECpKuxM&feature=emb_logo

lunes, 1 de febrero de 2021

La solidaritat internacional no tanca durant la pandèmia

 El primer trimestre d'aquest curs, la dinàmica de la delegació catalana de SED, en continuïtat amb les dinàmiques de l'any 2020, ha estat marcat per la COVID-19.

En l'àmbit de la cooperació internacional, les entitats sòcies de SED a Haití, Tanzània, Paraguai, Ruanda i Colòmbia han tingut una afectació desigual per la COVID. En el cas de les escoles, la majoria han pogut reprendre la seva tasca de diferents maneres, assegurant mesures de seguretat similars a les ja conegudes a Catalunya: distància, mans i mascareta.

Quant als processos d'educació per la justícia global, s'han pogut acabar d'executar alguns dels projectes que hi havia en curs, així com començar a treballar en d'altres, especialment amb les obres socials maristes i en relació amb el projecte d'Aprenentatge per Servei Pangea. Aquests darrers dies s'està duent a terme un cicle de formacions gratuïtes en línia amb la col·laboració de Bosco Global i altres agents dedicats a transformar l'educació.

El voluntariat internacional, després d'un any en blanc pel coronavirus, és en una fase preliminar, a l'espera que les diferents delegacions de SED i la junta directiva acordin alguna proposta a fer aquest any.


Formació sobre salut femenina a l'escola Mururu de Ruanda
Sessió de grup a la Fundación Huellas de Medellín

Espiritualitat en el món digital. És possible?

 La darrera assemblea Pastoral va ser un doble regal. Hi vam participar plegats els referents pastorals maristes (d’obres socials i d’escoles) i junts vam poder gaudir d’un espai de diàleg i formació sobre “Espiritualitat en el món digital “.

Míriam Díez Bosch - investigadora i experta en comunicació entorn les religions i l’espiritualitat a l’Observatori Blanquerna, així com col·laboradora a diferents mitjans catalans -ens va acompanyar en la reflexió sobre espiritualitat presentant les investigacions fetes en aquest tema, partint de dades reals, compartint les seva experiència personal i amb els joves, deixant espais per plantejar-nos preguntes i compartir opinions.

Ens va parlar del valor del silenci, d’escoltar, de ser presents i ens vam preguntar com “connectem” i com acompanyem als joves online i offline.

Va projectar diferents exemples de comunicadors i missatges explícits a les xarxes socials.

Vam parlar de la importància i poder del llenguatge, de la imatge, la iconografia, la presència, la força de la paraula , de com ens adaptem als nous llenguatges i eines de comunicació.

Ens va presentar quins són els conceptes i noms de referents més buscats a les xarxes , la realitat actual de l’hummus familiar, la secularització, el pluralisme intern a les confessions religioses...

La Míriam ens va parlar de la cultura digital com a oportunitat en la nostra missió pastoral, les xarxes com una llum encesa tota l’estona a disposició de qui la necessiti. Algunes de les expressions que van sorgir en el diàleg: “La pastoral passa a través dels amics”, “El concepte de soledat interactiva és present. Constantment connectats per no estar sols”, “Individualisme i comunitat. La comunitat és important a l’hora de decidir”, “Hem passat del poder de la paraula al poder de la imatge”, “Narcisisme digital. El canvi del nosaltres cap al jo. El jo es fa a través dels altres”, “Decalatge entre el que es viu i el que es veu”, “El testimoni passa per l’acompanyament sempre”, “La importància de l’art de repreguntar per descobrir matisos”, “Convivència de l’online i offline. Ser-hi!”, “Fer pastoral és un verb actiu i de moviment”, “Ser explícits amb l’objectiu de donar a conèixer Jesús. Que tots els que vulguin el puguin conèixer”, “Necessitem conèixer i interpretar els llenguatges dels joves per poder-hi arribar”, ” Clau de modernitat en els nostres missatges”, “Cal estar en el món per estar connectats amb el món”, “Calen complicitats a l’hora d’obrir-nos a les xarxes”, “Importància del diàleg intergeneracional”, “Cal provocar ganes, entusiasmar”, “ A través del món digital es poden trencar prejudicis”...

Tota l’acció formativa i l’intercanvi van ser molt inspiradors i segur que ens ajuden en la nostra missió pastoral amb els infants i joves. Gràcies Míriam!

 

Marta Portas, mestra del col·legi Maristes Girona i membre del Secretariat de Laics de la Província L’Hermitage

"Els somnis i l'esperança són fars de llum"!

 


28.01.2021

Quan canviem d’any, inevitablement, sempre ens sorgeixen els desitjos, els objectius o els reptes. Aquest 2021, per tal com vam viure el 2020 passat, crec que tots plegats hi pensat d’una forma molt especial. Si parlem doncs, de desitjos no es tracta de fer  balanç del 2020, sinó que es tracta, més aviat, de pensar com afrontem el 2021. La realitat de la pandèmia ens ha posat i ens posa en una situació diferent i incerta que potser ens pot arribar a paralitzar i, com a conseqüència, pot fer que acabem perdent la capacitat de somiar. Els Maristes, lògicament, no som aliens a aquesta realitat, tot al contrari, hi estem ben ficats i ben compromesos. Per això m’agradaria compartir aquests desitjos, objectius i reptes per al 2021 com a Maristes.

Un aspecte a tenir en compte abans de plantejar-nos qualsevol desig és prendre consciència que la incertesa o la desorientació que ens porta inevitablement la pandèmia més que paralitzar-nos ens ha de fer privilegiar allò que és essencial, allò que ens aguanta, allò que ens sosté, que ens dona el sentit de viure i d’ajudar que els altres visquin. 

Un primer desig té relació amb el fet que els Maristes som aquí per crear i per fer créixer un món millor i, en aquests moments, potser la millor expressió és la de “tenir cura”. Marcel·lí Champagnat es va desviure per les persones que l’envoltaven, va tenir cura dels primers germans maristes, dels infants i joves amb qui va conviure. Per tant, un primer desig és que tinguem cura els uns dels altres, dels més vulnerables, dels últims, de la mare terra... segur que així estem creant un món millor.

Un segon desig és que intensifiquem el nostre vessant comunitari. Una crida a pensar més en els altres que en nosaltres mateixos. Quan engeguem un projecte, quan afrontem un repte, si ho fem en grup, en comunitat... no sumem, sinó que multipliquem els èxits, les amistats, el nostre propi creixement com a persones. Els Maristes som comunitaris de mena, és al nostre ADN, és el primer que va fer Marcel·lí amb els primers germans maristes: van crear una comunitat que ho compartia tot. En un món individualista el meu desig com a marista és que visquem amb profunditat el nostre vessant comunitari.

El tercer desig és que com a Maristes siguem persones alegres, senzilles, properes i compromeses amb el servei. Alegres, amb sentit de l’humor. Senzilles, que no compliquen les coses, sense artificis ni ostentacions. Properes a les persones, l’estar proper et fa ser sensible a les necessitats dels altres. I compromeses en el servei, que sempre estiguem a punt per donar un cop de mà. Així eren Maria i Marcel·lí i per això ell ens va posar el nom de “Maristes” per recordar-nos que també hem de viure com Maria: alegres, senzills, propers i compromesos.

I el darrer desig és que siguem gent somiadora, gent amb esperança. Els somnis i l’esperança són fars de llum que ens poden il·luminar i que poden il·luminar els altres en la por i la foscor que a vegades podem sentir. Que el 2021 sigui un any de llum, de somnis i d’esperança per a totes i tots.

Bon any 2021!

 

G. Ramon Rúbies, director del col·legi Maristes Anna Ravell de Barcelona