miércoles, 1 de julio de 2020

Las mujeres de la familia Claudia

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Fulvia y Marco Antonio o la venganza de Fulvia. de Francisco Maura y Montaner. 1888. (Museo del Prado, Madrid).
Joven, rica y guapa —pulcher en latín significa hermoso—, la última generación de los Apio Claudios disfrutaba de una vida de lujos sin medida. Toda una sucesión de glamurosas fiestas, tanto en Roma como en la exclusiva ciudad de vacaciones de Baiae, puso de moda costumbres provocadoras como dejarse la túnica suelta o el cinturón flojo. Los hombres jóvenes de clases pudientes lucían barba al estilo griego, para escándalo de las mentes más conservadoras, y copiando las maneras de sus ídolos, empleaban el latín de las clases populares. Este descaro chicatrajo la fascinación de muchos plebeyos romanos, que los consideraban de los suyos; la moda llegó al punto de que Claudia adoptó para sí misma la vulgarización de su nombre, pasando a llamarse Clodia. Un gesto que posteriormente imitó su famoso hermano, Publio Clodio.
Esta fachada de superficialidad oculta a medias una faceta política importante: los Claudios estaban alineados con la facción progresista de los popularis, y esta querencia por escandalizar a los sectores más tradicionales no era del todo un divertimento inocente. El propio Julio César se dejaba ver con este grupo selecto —su mujer Pompeyaformaba parte del núcleo clodiano—, que gravitaba alrededor de Clodia. La boda con Quinto Cecilio Metelo, representante de la otra familia preeminente de Roma, no era una casualidad. Sin embargo, se trataba de un matrimonio que nunca pasó de la conveniencia política, así que cada cónyuge disponía de espacios separados para sus asuntos amorosos, lo que le granjeó a Clodia la mala fama correspondiente que solo padecían las féminas; es durante esta época donde tendría lugar el famoso romance con Catulo.
Aun así, Clodia no es simplemente una figura relacionada con los asuntos de alcoba o el chismorreo. Parece ser que manejaba influencia política y podía interceder ante destacados miembros de la elite romana, aparte de que administraba ella misma sus propiedades, como demuestra el hecho de que Cicerón intentara adquirir unos terrenos de Clodia para erigir un templo a su hija. Durante una época, el famoso orador frecuentó tanto la mansión de sus vecinos los Claudios que despertó los celos de su esposa Terencia. La situación se tornará explosiva a partir del escándalo de la Bona Dea y el juicio por sacrilegio a Publio Clodio —quien se disfrazó de mujer para colarse en esta festividad religiosa femenina—. Cicerón irrumpió como testigo de la acusación lanzando un terrible ataque contra sus antiguos aliados y poniendo la carrera política de Clodio en peligro.
A partir de entonces la enemistad entre los Clodios y Cicerón subió varios niveles de crudeza: hacia el 60 a. C. en sus escritos arreciaban los insultos y las acusaciones de incesto entre los hermanos. Resulta complejo determinar si en este cambio de actitud de Cicerón había motivos políticos, personales, sentimentales o una combinación de estos factores, pero su ferocidad va a dejar un legado muy negativo para la imagen posterior de Clodia. En su defensa de Celio (56 a. C.), acusado de varios delitos contra el orden público entre los que se contaba haber intentado envenenar a Clodia, Cicerón va a desplegar todo el juego sucio del que era capaz, llegando a llamarla quadrantaria, en referencia a las prostitutas de los baños públicos, cuya tarifa era un cuarto de as. Mala matrona, impúdica, prostituta, Medea… son algunas de las lindezas con las que se despachó a gusto el hijo pródigo de Arpinum. Sí, este es el nivel de la tan laureada oratoria romana en lo que se refiere a la crítica política, más cercano al Sálvame Deluxe que a eufemísticos recursos retóricos.
Su segundo marido fue Cayo Escribonio Curión, un flamante fichaje del equipo popular, que con el cambio de bando —había empezado apoyando a Cicerón y poniendo a César a caer de un burro— aportaba una bolsa bien llena de dinero y mucha ambición, pero le dio por morirse durante la campaña de conquista de Numidia en el 49 a. C. Las esperanzas truncadas con esta alianza, pues todos los matrimonios de las elites romanas no eran más que arreglos políticos, dieron paso a un movimiento aún más importante y de enorme repercusión futura. Se sabe que Julio César ordenó a Marco Antonio que se casara, preocupado por la vida disoluta de juego, alcohol y promiscuidad que llevaba, así que es factible suponer que también sugiriese alguna candidata que pudiera ponerlo en vereda y aportara el suficiente poder como para trabar una coalición política firme. Lo propusiera Él o no, el matrimonio con Fulvia funcionó a pesar de las ocasionales excursiones de Antonio por la mala vida.
Es imposible saber hasta qué punto estaba Antonio enterado de estos movimientos de su esposa, pero en cualquier caso parece haber mostrado una ambigüedad quizá calculada: es extraño que no supiera nada, pero aparecer como responsable directo en un momento en que no había una hostilidad abierta con Octavio hubiera comprometido su posición. Si el asunto se torcía, podía fácilmente mantenerse al margen como si aquello fuera una iniciativa autónoma de Fulvia. Que, por su parte, se calzó una espada al cinto y se ocupó personalmente de pasar a la Galia a reclutar generales y tropas para su causa. Dirigió las operaciones militares durante la ocupación de Praestinae y se atrincheró en Perusia, plaza que las legiones de Octavio procedieron a sitiar. Este levantamiento supone una acción arriesgada y valiente, motivada seguramente por lealtad a la facción popular y a la figura de Antonio, en una época en la que el poder en Roma se encontraba en disputa soterrada.
Se trata de una situación insólita, pues estamos no solo ante una mujer asumiendo abiertamente funciones reservadas a los hombres, sino que consigue la adhesión y lealtad de decenas de miles de ellos, por lo que podemos afirmar que era reconocida como líder político y militar por sí misma, dada la lejanía de Antonio del escenario de los acontecimientos. Fulvia es la primera mujer romana de la que se sabe que se acuñaron monedas con su efigie estando en vida. La misma existencia de una campaña específica de difamación contra ella por parte de la propaganda octaviana demuestra que estamos ante una mujer con poder político, reconocida como una líder de facción por derecho propio. Fulvia es la antimatrona, mala madre y mala esposa, además de aparecer como irascible, ambiciosa, celosa y sedienta de poder. Como no podía ser de otra manera, se destaca de ella su apariencia masculina —Veleyo Patérculo dice de ella que tiene todo de varón menos el aspecto externo— como rasgo indeseable. Un satírico y muy obsceno poema de Marcial, valga la redundancia, inspirado en la métrica de los que componía el propio Octavio —y sin duda patrocinado por él—, llega a afirmar que el joven César le hace la guerra porque es imposible hacerle el amor; acostarse con Fulvia es peor que encular a Manio, una deshonra para su —augusta— polla.
Es difícil discernir si este tipo de ataques se consideraban exageraciones retóricas aceptadas como «gajes del oficio» de la política, se tomaban como una ofensa real o una declaración de enemistad personal, o quizá un poco de todo, pero lo que ya es más inexplicable es que estudiosos de incluso veinte siglos más tarde hayan aceptado acríticamente estas descripciones para caracterizar las vidas de estas mujeres. Sobre todo, teniendo en cuenta que las fuentes son hostiles y con fuertes intereses partidistas, por lo que es necesario contextualizarlas. Un ejercicio que se hace más urgente aún en el caso de no disponer de ningún relato alternativo: César, Octavio o Antonio fueron igualmente vilipendiados, pero disponían de sus propios partidarios y propagandistas para ofrecer un discurso de signo contrario. Sin embargo, las menciones a mujeres en cualquier ámbito fuera del papel de matrona son muy escasas —la costumbre es no hablar de ellas en los textos romanos— y casi sin excepción de signo negativo. La romana era una sociedad profundamente machista, un hecho que a la hora de interpretar los textos históricos no puede ser pasado por alto.

descubren el posible motivo del abandono de la ciudad maya de tikal


La Gran Plaza de Tikal. A la derecha, el Templo de las Máscaras y a la izquierda, el Templo del Gran Jaguar.

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las ruinas de Tikal, en la selvas del Petén, en Guatemala, siguen atrayendo a día de hoy a miles de visitantes de todo el mundo. Los restos de templos, acrópolis y palacios que se extienden a lo largo de una superficie de unos sesenta kilómetros cuadrados son testimonio de la grandeza que alcanzó la antigua ciudad maya, una de las más importantes de esta enigmática civilización. Tikal surgió hacia el siglo III a.C. y fue en el siglo IX d.C. cuando alcanzó su máximo esplendor, llegando a estar habitada por unas 70.000 personas. Pero, sorprendentemente, un siglo después, la gran urbe fue abandonada y durante siglos la selva ocultó sus impresionantes edificios a ojos del mundo. ¿Qué pudo ocurrir?
Tikal surgió hacia el siglo III a.C. y fue en el siglo IX d.C. cuando alcanzó su máximo esplendor, pero un siglo después la gran urbe fue abandonada.
Un equipo de científicos de la Universidad de Cincinnati ha intentado resolver el enigma. El biólogo David Lentz ha liderado el estudio para intentar arrojar luz sobre el misterio de porqué en el lapso de un siglo una próspera ciudad fue abandonada y desapareció para siempre. Para ello, los investigadores han analizado el material extraído de dos embalses situados en el centro de la ciudad, cerca del palacio y el templo, y en ambos hallaron una elevada presencia de algas y de mercurio. La toxicidad era tan alta que el agua allí almacenada habría resultado imbebible para los seres humanos.

PIGMENTOS TÓXICOS

Según el estudio, el mercurio que acabó en el agua procedía de un pigmento que fue muy utilizado por los mayas para decorar sus edificios, cerámicas y otros objetos. Este pigmento, derivado del cinabrio (un mineral de color rojo compuesto de sulfuro de mercurio), se usaba asimismo en ceremonias funerarias de la élite de la ciudad. Al parecer, con los años este mineral se fue filtrando en los depósitos donde fue formando capas de sedimentos. Asimismo, estos sedimentos han mostrado una elevada presencia de dos tipos distintos de unas algas tóxicas llamadas cianobacterias (Planktothrix y Microcystis). El consumo de este agua habría, inevitablemente, hecho enfermar a la población.
Vista de las cresterías de algunos edificios surgiendo entre la selva en la ciudad maya de Tikal.
Vista de las cresterías de algunos edificios surgiendo entre la selva en la ciudad maya de Tikal.
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El mercurio descubierto en el agua procedía de un pigmento que fue muy utilizado por los mayas para decorar sus edificios, cerámicas y otros objetos.
De todos modos, los investigadores consideran que es poco probable que toda la población utilizara el agua de estos dos embalses para su consumo. "El agua habría tenido un aspecto desagradable. Habría tenido un sabor desagradable. Habría habido estas grandes floraciones de algas. Probablemente nadie hubiera querido beber esa agua", asegura Kenneth Tankersley, profesor asociado de Antropología en la Facultad de Artes y Ciencias de la Universidad de Cincinnati. Pero es muy posible que las élites gobernantes sí que la consumieran, con el consiguiente deterioro para su salud. "El agua que bebían y con la que cocinaban los gobernantes de Tikal y la élite de la ciudad casi con certeza provenía de los embalses del palacio y del templo [...]. Las aguas contaminadas habrían tenido un impacto negativo en la salud de la comunidad, especialmente en la élite gobernante, y podrían haber comprometido su capacidad para liderar de manera efectiva. Aunque los mecanismos fisiológicos no están claros, existe una interrelación significativa entre la exposición crónica al mercurio y los aspectos del síndrome metabólico, la obesidad en particular", afirman los investigadores.

AGUA USADA EN LOS RITUALES

El estudio, sin embargo, no ha hallado tantos elementos contaminantes en los sedimentos de embalses más alejados del centro ceremonial. Tal vez éstos sí proporcionaron agua potable a los habitantes de Tikal, no como los del palacio y el templo que tuvieron, además, una función ritual. "Hubiera sido una vista magnífica ver estos edificios pintados de vivos colores reflejados en la superficie de estos depósitos. Los gobernantes mayas se adjudicaron, entre otras cosas, el atributo de poder controlar el agua. Tenían una relación especial con los dioses de la lluvia",explica Nicholas Dunning, jefe de Geografía de la Facultad de Artes y Ciencias de la Universidad de Cincinnati y coautor del estudio.
Detalle de la Gran Plaza de Tikal, con el Templo del Gran Jaguar al fondo.
Detalle de la Gran Plaza de Tikal, con el Templo del Gran Jaguar al fondo.
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No se han hallado tantos elementos contaminantes en los sedimentos de embalses más alejados del centro ceremonial.
Así, la utilización del agua de estos embalses en rituales públicos, aunque no fuera consumida por todos, pudo provocar enfermedades, por lo que tal vez este aspecto pudo haber contribuido (junto con las persistentes sequías que asolaron la región), "práctica y simbólicamente", según cuentan los investigadores, al abandono de la ciudad, concluye el estudio, que se ha publicado en Nature Scientific Reports.

Lo más básico, lo más bello

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He oído contar a un anciano, que era adolescente en el Madrid de la guerra civil, que un día, cuando sonaron las sirenas previas a un ataque de la aviación sublevada, su abuela lo arrastró hasta un refugio bajo tierra, sin luz, lleno de gentes aterrorizadas, y allí, a su lado, se tumbó una muchacha tan asustada como él y que, en esas circunstancias, hicieron el amor. Dulcemente. En paz. Fue su primera vez y suponía que también para la chica; nunca volvió a verla y nunca olvidó su cuerpo ni la necesidad imperiosa de abrazarla y de sumergirse en lo más básico. Cuando a lo largo de su vida adulta se encontró ansioso, sin salida o desnortado, su memoria le servía en bandeja celestial el recuerdo imborrable de aquel sentimiento íntimo de disolución y abandono. Ese recuerdo, tan vivo durante años, se hizo perenne y acabó sobreponiéndose a las escenas que habían construido su vida familiar y laboral: así quería morir, abrazado a lo básico.
Para ello se creó la Junta de Incautación y Protección del Patrimonio que, con una parafernalia digna de una serie épica, trasladó el tesoro de Madrid a Valencia, de Valencia al Alto Ampurdán y de ahí a Ginebra, en cuya sede de la Sociedad de Naciones fueron depositadas las piezas. Terminada la contienda militar, Franco, como nuevo jefe del Estado, reclamó a la Sociedad de Naciones la devolución del patrimonio, para lo que envió embajadores y técnicos que supervisaron un traslado de vuelta tan épico como el de ida: en la noche del 6 de septiembre de 1939, un tren recorrió el territorio francés portando en sus bodegas todas las obras que se habían depositado en la ciudad suiza y ese convoy circuló con las luces apagadas para no llamar la atención de ninguno de los batallones preparados para la guerra que se avecinaba.

el enigma del rey escorpión

entre 1896 y 1898, el arqueólogo británico James Edward Quibell y su colega Frederick William Green se encontraban excavando en la antigua ciudad predinástica de Hieracómpolis (conocida como Nekhen por los antiguos egipcios), cerca del actual El-Kab, en el Alto Egipto, cuando hicieron un descubrimiento sorprendente en uno de los templos de la ciudad: una cabeza de maza de piedra caliza, muy fragmentada, datada aproximadamente hacia 3100 a.C., de 25 centímetros de alto y nueve kilos de peso, que presentaba una curiosa decoración. En ella podía apreciarse la imagen en relieve de un rey tocado con la corona blanca del Alto Egipto, con una cola de toro colgando de su cintura y portando en sus manos un instrumento agrícola(una azada). El monarca, representado a gran tamaño, parece a punto de abrir un canal de riego. Sobre su cabeza se dispuso una flor en forma de roseta, con siete pétalos (un símbolo empleado durante el predinástico egipcio para simbolizar al soberano) y, lo más curioso, frente al rostro del rey puede apreciarse con claridad la figura de un escorpión. Al no existir más datos sobre el nombre de este antiguo gobernante, Quibell lo bautizó como Rey Escorpión. La espléndida pieza fue llevada al Museo Ashmolean de Oxford, donde se expone en la actualidad.
El sitio arqueológico Kom el-Ahmar, conocido por su nombre griego como Hieracómpolis.
El sitio arqueológico Kom el-Ahmar, conocido por su nombre griego como Hieracómpolis.
Hierakonpolis Expedition

EL REY DOMINA LA AGRICULTURA

Podemos inferir por la imagen representada en la cabeza de maza que ya en esa remota época, y bajo el mando de este rey, Egipto parece haber tenido un control efectivo sobre la agricultura. Los egipcios de entonces ya eran capaces de construir canales y embalses, tan sumamente necesarios para obtener buenas cosechas y evitar las hambrunas. En las imágenes de la cabeza de maza, distribuidas en tres registros, Escorpión, que preside el registro central, parece inaugurar un nuevo cauce. El registro inferior muestra a unos personajes trabajando la tierra y transportando una especie de palmera, lista para ser plantada. Por último, el registro superior recrea once estandartes que identifican a una serie de provincias o tribus, tal vez del Delta, en el norte del país. De cada uno de ellos cuelga un pájaro muerto que parece un avefría, lo que muy posiblemente signifique la derrota de estas poblaciones norteñas a manos de Escorpión.
En las imágenes de la cabeza de maza, distribuidas en tres registros, Escorpión, que preside el registro central, parece inaugurar un nuevo cauce.
Cien años después, en 1988, una misión arqueológica alemana, dirigida por el egiptólogo Gunter Dreyer, que estaba llevando a cabo unas excavaciones en los cementerios reales de Abydos, en Umm el-Qaab, en el Alto Egipto, descubrió, en el llamado "Cementerio U", una gran tumba subterránea (U-J) compuesta de doce estancias. La tumba había sido expoliada ya en la más remota antigüedad, pero en una de sus cámaras los arqueólogos hallaron un cetro de marfil heka (en forma de cayado), símbolo del poder real, y unos cuatrocientos recipientes cerámicos procedentes del Próximo Oriente, lo que atestigua la existencia de relaciones comerciales entre ambos territorios en época tan remota. Algunas de estas jarras llevaban pintado en uno de sus lados el símbolo del escorpión. ¿Habían descubierto los arqueólogos la tumba del misterioso gobernante cuya maza fue encontrada por Quibell? Aunque este extremo no pudo confirmarse, sí que ha sido posible datar la tumba, unos cien años antes de la dinastía I de Egipto, aproximadamente hacia 3200 a.C., un período que los egiptólogos han bautizado como dinastía O. Pero investigaciones recientes sugieren que la tumba U-J de Abydos perteneció a otro rey Escorpión, que reinó antes que el monarca representado en la cabeza de maza de Hieracómpolis. Los investigadores le han llamado Horus Escorpión I.
Paleta de Narmer
Paleta de Narmer
Museo Egipcio del Cairo / CC

UN REY ANTERIOR A LA UNIFICACIÓN

Pero entonces ¿quíén fue el rey Escorpión representado en la cabeza de maza descubierta por Quibell en Hieracómpolis? Los relieves de esta pieza indican claramente que era un rey del Alto Egipto y que en aquel entonces el país todavía no estaba unificado. Los investigadores no han alcanzado aún un acuerdo al respecto, pero una de las teorías más extendidas es que este personaje, al que los investigadores han bautizado como Horus Escorpión II (Hor Serq), fue posiblemente el padre o el predecesor de Narmer, el rey al que por unanimidad se atribuye la unificación de Egipto y que está considerado el primer faraón de la historia.
Este personaje, al que los investigadores han bautizado como Horus Escorpión II (Hor Serq), fue un gobernante que posiblemente fue el padre o el predecesor de Narmer.
No se sabe con total seguridad dónde fue enterrado Horus Escorpión II, pero Dreyer y su equipo apuntaron como posible lugar de enterramiento de este gobernante la tumba B-50 del llamado "Cementerio B" de Abydos. La tumba consta de cuatro cámaras, y cuando la excavaron, los arqueólogos descubrieron que estaba completamente vacía, a excepción de unas pequeñas etiquetas de hueso en las que se habían inscrito una serie de números, así como varias cuentas de fayenza. La tumba es de difícil datación, lo que dificulta saber quien fue su propietario. Aunque los egiptólogos piensan que su orientación, semejante a las tumbas de otros faraones predinásticos como Ka (tumba B 7/9) y Narmer (tumba B 17/18) es un factor a tener en cuenta para afirmar que se trata de la tumba de Escorpión II.
En realidad poco podemos saber sobre el verdadero rey Escorpión, aunque Hollywood se ha encargado de llenar ese hueco con una serie de películas (concretamente cuatro) dedicadas al personaje. Evidentemente, el cine es un entretenimiento y a todos nos gustan las películas de aventuras, aunque no se ajusten a la realidad. En el caso que nos ocupa pasa lo mismo y podemos afirmar sin miedo a equivocarnos que todo parecido entre el Rey Escorpión real y el ficticio, como se diría en el mundillo cinematográfico, "es pura coincidencia".

lunes, 29 de junio de 2020

EL BILLETE DE 50 EUROS

Pedro había tenido una semana horrible, su novia le había dejado y su jefe le había denegado ese ascenso (y el correspondiente aumento de sueldo) que tanto esperaba. Con el rostro demacrado, se reunió con su amiga Estrella en un bar a tomar café. Deprimido, comenzó a descargar en ella sus angustias: ¡que el trabajo, que el dinero, que la relación con su pareja, que su vocación...!. Todo iba mal en su vida, y él ya no tenía ni ganas ni fuerzas para luchar. 
De repente, Estrella introdujo la mano en su bolso, sacó un billete de 50 euros y le dijo: “¿Lo quieres?”. Pedro, un poco confundido, le contestó: “Claro... son 50 euros, ¿quién no los querría?”. Entonces Estrella tomó el billete en uno de sus puños y lo arrugó hasta hacerlo una pequeña bola. Mostrando la estrujada pelotita a su amigo, volvió a preguntarle: “Y ahora, ¿lo quieres también?”. “No sé qué pretendes con esto, pero siguen siendo 50 euros. Claro que lo cogeré si me lo das”. Estrella desdobló el arrugado billete, lo tiró al suelo y lo pisoteó con el pie, levantándolo luego sucio y marcado: “¿Lo sigues queriendo? “Mira, no entiendo a dónde quieres ir a parar, pero es un billete de 50, y mientras no lo rompas, conserva su valor”. 
A lo que ella respondió: “Pedro, debes saber que aunque a veces algo no salga como deseas, aunque la vida te “arrugue”, sigues siendo tan valioso como siempre has sido... Lo que debes recordarte es cuánto vales en realidad, y no darle tortuosas vueltas a lo abatido que puedas estar en un momento determinado de tu vida”. 
Pedro se quedó mirando a su amiga sin decir palabra, mientras el impacto del mensaje calaba en su cerebro. Estrella puso el arrugado billete a su lado en la mesa y con una sonrisa cómplice agregó: “Toma, guárdalo, para que te acuerdes de esto cuando te sientas mal... pero me debes un billete nuevo para poder usarlo con el próximo amigo que lo necesite”. Le dio un beso en la mejilla y se alejó hacia la puerta. Pedro volvió a mirar los 50 euros, sonrió, se los metió en el bolsillo y con una renovada energía llamó al camarero para pagar la cuenta... 
¿Cuántas veces dudamos de nuestro propio valor, de que realmente merecemos más y que podemos conseguirlo si nos los proponemos? Claro que no basta con el mero propósito... se requiere acción. ¿A qué estás esperando?