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lunes, 1 de enero de 2024

La hipótesis de Dios

 Cuentan que, en una ocasión, cuando el astrónomo, físico y matemático francés Pierre-Simon Laplace regaló un ejemplar de una de sus obras a Napoleón, éste le comentó: “Me han dicho que en este gran libro que habéis escrito sobre el sistema del mundo no se menciona a Dios, su creador”. A lo que Laplace respondió: “No he necesitado de esa hipótesis”. 

Durante siglos, los descubrimientos científicos parecían ir en contra de la creencia de Dios. La ciencia hacía retroceder a la religión y el desarrollo tecnológico hacía inútil la necesidad de volverse hacia un Dios para explicar y resolver los problemas humanos. Quienes mantenían una posición creyente experimentaban cierto complejo de inferioridad con respecto al racionalismo. El materialismo se convertía en intelectualmente dominante.

Recientemente se ha presentado el libro Dios. La Ciencia. Las pruebas. El albor de una nueva revolución. Todo un bestseller en Francia con más de 250 000 ejemplares vendidos. Sus autores, Michel Yves Bolloré y Olivier Bonnassies, sostienen que el materialismo es una creencia como cualquier otra y que el estado actual de la ciencia no desmiente la existencia de Dios, sino que más bien la prueba. 

La muerte térmica del universo y el Big Bang

Según estos autores, a pesar de la incertidumbre que subsiste acerca de la naturaleza de la materia y la energía oscuras, los datos coherentes de que disponemos actualmente, si las leyes de la naturaleza no cambian con el tiempo, demuestran que el único final posible del universo es su muerte térmica, una consecuencia de la aplicación del segundo principio de la termodinámica. 

La hipótesis que hoy recaba el consenso más amplio es que el Universo está en una expansión acelerada. Según esto, dentro de unos 10¹⁰⁰ años tendrá lugar la muerte térmica completa del universo, sumamente dilatado en una expansión máxima en la que llegará a la máxima entropía y será el fin de toda actividad termodinámica. 

Comenzará lo que denominan el “Periodo Oscuro” (Dark Era), en el que solo habrá fotones en un espacio gigantesco que tenderá al cero absoluto. El universo, por tanto, no es estático ni eterno y está en evolución. 

Y si tiene un fin, debió tener un inicio. El modelo estándar del Big Bang, un universo en expansión con un inicio concreto hace 13 800 millones de años, ha sido verificado y confirmado repetidamente a pesar de los intentos fallidos de elaborar otros modelos. 

El universo, por tanto, no es algo fortuito, desordenado y aleatorio, sino que surge de un proceso ajustado en el que cada elemento aparece progresivamente. Todo emerge de un “átomo primitivo”. Antes no había tiempo, ni espacio, ni materia. No había nada. 

Tiempo, espacio y materia surgen en un momento concreto. El infinito, por tanto, solo es un concepto. El “antes” estaría fuera de la ciencia experimental. Esta hipótesis, la más coherente y que recaba el mayor consenso actualmente, genera otras preguntas: si el universo no es eterno, ¿qué había antes? ¿La nada, el no tiempo? ¿Cómo surge algo de la nada? Y, sobre todo, ¿por qué surge? Para los autores esto es una prueba de la existencia de un Dios creador. 

Aunque existen otras interpretaciones o hipótesis –como la de la inflación cósmica, el universo sin bordes, la teoría de supercuerdas, modelos inflacionistas, un multiverso eterno y cíclico con diez o más dimensiones que surge de leyes preexistentes…– son sumamente complejas, altamente especulativas e improbables de verificar, aunque supongan un ejercicio intelectual y científico interesante. 

El libro también incluye un sugerente capítulo sobre la persecución ideológica de los científicos del Big Bang. 

El ajuste fino y el paso de lo inerte al mundo vivo

En cosmología, el ajuste fino del universo significa que las condiciones que permiten la vida en el universo solo pueden ocurrir cuando ciertas constantes fundamentales se encuentran en un rango muy estrecho de valores. De este modo, si alguna de esas constantes fuera ligeramente diferente, el universo, la materia y la vida no serían posibles. 

El universo aparece como “todo un montaje”, una mecánica con una precisión increíble en la que cada etapa depende de improbables ajustes y engranajes complejos, indispensables, que encajan unos con otros para permitir la existencia y el funcionamiento del conjunto. Es lo que algunos han llamado el principio antrópico, esa aparentemente increíble serie de coincidencias que permiten nuestra presencia en un universo que parece haber sido perfectamente preparado para garantizar nuestra existencia. Desde la fuerza de la gravedad, la fuerza electromagnética, la velocidad de la luz, la constante de Planck, la carga y la masa del electrón y del protón… 

Según esto, es difícil sostener que el universo, la materia y el salto de lo inerte a lo vivo hayan surgido del caos, o que el azar y la probabilidad sean la única causa. El materialismo y el azar siguen siendo un desafío y por sí solos no pueden explicar toda la realidad. 

Una hipótesis razonable y coherente

En mi opinión, todos estos argumentos no son demostraciones de la existencia de Dios. La ciencia no puede probar la existencia de Dios, como tampoco puede demostrar que no exista. No es necesario que la ciencia apoye a la fe. 

Para explicar el mundo que nos rodea no es necesaria una intervención directa de Dios, lo que se suele denominar el “Dios de los huecos”. Cuando hay un “hueco”, algo que no entiendo o para lo que no tengo explicación científica, echo mano de Dios que con su dedo mágico me rellena el hueco. Una “hipótesis” muy atractiva pero quizá no imprescindible. Viene bien aquí recordar la cita “la Biblia no nos dice cómo es el cielo, sino cómo ir al cielo”.

Pero lo que sí demuestran los autores es que la ciencia no necesariamente aleja de Dios y que creer en Dios es algo “razonable”, que para un hombre o una mujer de ciencia en pleno siglo XXI tiene sentido ser creyente. La fe no es irracional, no es un “complemento”: es también una manera consistente de entender la realidad. 

La ciencia y la fe se complementan en su fin último, que es el conocimiento de la verdad del mundo y del ser humano. La ciencia nos va a interrogar y nos va a dar respuesta (o por lo menos lo va a intentar) sobre cómo son las cosas. Y la fe lo que nos dará a algunos es la razón, el sentido, el por qué. Pero no son territorios independientes, sino complementarios. 

Para las personas que tenemos fe, ésta es un estímulo para seguir investigando apasionadamente, porque cuanto más se conoce el mundo que nos rodea, más se conoce a Dios. ¿Y si surge algún tipo de contradicción entre lo que me dice la ciencia y lo que me sugiere la fe? La realidad es una, esas aparentes contradicciones son un estímulo para seguir estudiando e investigando más.

Como escribe Robert W. Wilson (Premio Nobel de Física de 1978) en el prólogo del libro: “Un ser superior podría estar en el origen del universo; aunque esta tesis general no me parece una explicación suficiente, acepto su coherencia”. La afirmación “la ciencia no desmiente la existencia de Dios, sino que más bien la prueba” propone un debate esencial sin insultos ni degradaciones ni cancelaciones. Pensar las cosas con profundidad no tiene por qué suponer descartar “la hipótesis de Dios”.

martes, 5 de octubre de 2021

José Luis Sánchez: "Sin teísmo no hay sostenibilidad"

La Universidad Católica de Valencia (UCV) ha celebrado, con motivo de ‘El Tiempo de la Creación 2021’, el seminario online “¿Una casa para todos? Renovando el oikos de Dios”

Han intervenido José Luis Sánchez García, director del seminario, Alejandro Sánchez y Juan Sapena

Han disertado sobre la relación entre el teímo y los cimientos de la sostenibilidad; la sostenibilidad vista hoy desde la encíclica Laudato Si, y sobre el nexo entre economía y sostenibilidad: por un planeta en desarrollo

Sánchez: "Más de cien personalidades desde Pasteur a Mendel, pasando por Fleming o Marconi, son todos teístas que parecen haber sido borrados del Universo"

"El concepto de 'creación' nos ayuda a entender que crear es poner una realidad en la existencia, una realidad distinta al Creador. No tenemos al Creador, pero sí la realidad creada", ha añdido

'El Tiempo de la Creación 2021' es un evento anual de carácter ecuménico al que, con el impulso del papa Francisco, la Iglesia Católica se unió en 2015

(UCV).- La Universidad Católica de Valencia (UCV) ha celebrado, con motivo de ‘El Tiempo de la Creación 2021’, el seminario online “¿Una casa para todos? Renovando el oikos de Dios”. En la Jornada-organizada de forma conjunta por la Cátedra de la Caridad, la Cátedra Fides et Ratio de la UCV y la Vicaría de Cultura y Relaciones Institucionales de la Archidiócesis de Valencia, con la colaboración de la Fundación Embajadores para el Desarrollo. 

En el seminario –cuyos contenidos abordados ha sido la Encíclica Laudato Si del papa Francisco- han intervenido el director de la Cátedra de la Caridad, José Luis Sánchez García, el secretario general de la Fundación Embajadores para el Desarrollo, Alejandro Sánchezy el director de la Cátedra Betelgeux-Christeyns para un Desarrollo Económico Sostenible, Juan Sapena. Sendos expertos han disertado, respectivamente,sobre la relación entre el teímo y los cimientos de la sostenibilidad; la sostenibilidad vista hoy desde la encíclica Laudato Si, y sobre el nexo entre economía y sostenibilidad: por un planeta en desarrollo. 

Cabe señalar que ‘El Tiempo de la Creación 2021’ es un evento anual de carácter ecuménicoal que, con el impulso del papa Francisco, la Iglesia Católica se unió en 2015. Durante esta celebración miles de cristianos de todos los continentes se unen en oración y acción por nuestro planeta Tierra. Las actividades comienzan el 1 de septiembre, Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, y termina el 4 de octubre, festividad de San Francisco de Asís, patrono de la ecología.

El director del seminario, José Luis Sánchez (a su vez director de la Cátedra Fides et Ratio y coordinador del movimiento ‘El Tiempo de la Creación 2021’ en Valencia), ha centrado su intervención en el concepto y acto de creación de Dios, y en que el teísmo, la idea de Dios Creador, es la que sostiene el mundo.

Sánchez ha lanzado una pregunta: “¿Quién ha pensado y estructurado este mundo para que pueda ser investigado por el ser humano? Lo que no ha sido pensado no puede ser investigado, y lo que no es estructurado no puede ser pensado: Si el mundo no ha sido inteligido ¿cómo va a ser inteligente? Al respecto, José Luis Sánchez ha señalado “que cientos de científicos como Newton, Galileo o Copérnico entre otros muchos, dicen que el mundo es inteligible porque ha sido entendido por un Dios Creador. Más de cien personalidades, -ha incidido-, desde Pasteur a Mendel, pasando por Fleming o Marconi, son todos teístas que parecen haber sido borrados del Universo”

Pasteur

Según del director de la Cátedra de la Caridad, José Luis Sánchez García,  “el concepto de ‘creación’ nos ayuda a entender que crear es poner una realidad en la existencia, una realidad distinta al CreadorNo tenemos al Creador, pero sí la realidad creada, cada uno de nosotros es un yo absoluto que podría no existir pero empezó a existir tal día, y una vez existe es único e irrepetible, como realidad nueva, innovación radical de realidad, como persona, no se deriva de nada ni de nadie”.  

El big bang y otras teorías son posibles pero ¿cómo explicar quién ha puesto allí a la partícula que explota? ¿puede explicarse sin creación? No parece posible explicarla sin Dios”, ha aseverado el director del seminario, José Luis Sánchez.

Por su parte, el economista Juan Sapena, ha señalado que la “Economía es la ciencia lúgubre que nos recuerda las limitaciones de los recursos y de sus usos. Pero nuestro ser no acaba en nosotros mismos individualmente considerados, formamos parte de comunidades y de la humanidad en su conjunto y no debemos perder de vista esta perspectiva que nos une y nos hermana con otros”. En este sentido, Juan Sapena ha insistido en que “debemos reconocer nuestra interdependencia de los demás”.

El director de la Cátedra Betelgeux-Christeyns para un Desarrollo Económico Sostenible de la UCV, Juan Sapena, ha aseverado que "la sostenibilidad no es un mero utilizar eficientemente los recursos, debemos considerar y evaluar cuidadosamente los fines que podemos dar a los recursos, tener presente en la actualidad a las generaciones futuras y sus necesidades, jerarquizar y no tener visiones cortoplacistas, miopes y que no consideran el futuro".   

En otra línea, Sapena ha explicado que “la inclusión también se puede conseguir a partir del trabajo. Nuestro trabajo es nuestro talento, en terminología bíblica, nuestra capacidad de innovar y buscar soluciones”. En un mundo plagado de contrariedades e incertidumbres todos tenemos algo que aportar a la expedición humana”.

Por otro lado, el jurista Alejandro Sánchez ha resaltado que según el economista Jeffrey Sachs la encíclica Laudato Si', supone un documento clave para la sostenibilidad.  

Respecto la gestión de recursos, ha señalado que “el agua es un recurso precioso y sumamente valioso para los más pobres, circunstancia de la que tenemos que ser todos conscientes. La pandemia no puede hacernos olvidar otros temas prioritarios como la gestión responsable, competente y solidaria de recursos tan valiosos como el agua”. 

Respecto al hambre en el mundo, según detalla el papa Francisco en la encíclica Laudato Si. "la escasez de alimentos la padecen, paradójicamente quienes los producen”. De hecho, Alejandro Sánchez ha reseñado que “811 millones de personas están subalimentadas”. Al respecto, ha incidido en que “el hambre también es inseguridad alimentaria.

El secretario general de la Fundación Embajadores para el Desarrollo, Alejandro Sánchez, ha asegurado que “la situación puede agravarse por la situación sanitaria y la repercusión económica de esta pandemia. El futuro de la humanidad depende del acceso en cantidad y calidad suficiente a los alimentos y es importante que se haga con respeto al medioambiente”.