miércoles, 21 de junio de 2023

el imperio otomano la tribu que se convirtió en imperio

pesar de ser uno de los mayores y más duraderos imperios islámicos de la historia, los orígenes del Imperio Otomanofueron humildes y oscuros. La pregunta de cómo un pequeño estado tribal sobrevivió a vecinos mucho más poderosos y finalmente logró derrotarloses algo que ha intrigado a los historiadores durante décadas, especialmente porque casi toda la información que poseemos sobre sus orígenes forman parte del mito nacional construido cuando este ya era un imperio transcontinental.

La emergencia de la que sería la principal potencia del mundo musulmán durante la Edad Moderna no se puede atribuir a un único factor, sino a la suma de ellos: la debilidad de sus vecinos y unas políticas más tolerantes que otras potencias, entre otros, además de la suerte de verse favorecidos por desgracias ajenas.

Osman I, primer sultán otomano
Foto: CC

PEQUEÑOS SUPERVIVIENTES

Los orígenes del estado otomano pueden situarse a finales del siglo XIII, en un momento de inflexión en el que las dos potencias que se disputaban el control de Anatolia se encontraban muy debilitadas: a occidente, el Imperio Bizantino apenas empezaba a recuperarse de la conquista veneciana durante la Cuarta Cruzada; y a oriente, el sultanato selyúcida de Rum había concentrado su ejército en la frontera este para resistir a la expansión mongola. La coincidencia de estos dos momentos creó un vacío de poder en Anatolia que fue ocupado por diversos líderes tribales, en teoría vasallos de los sultanes selyúcidas, que con el título de beys les otorgaban una amplia autonomía sobre sus territorios.

Uno de estos territorios estaba dominado por un líder de nombre Osman, de cuyo nombre en árabe -Uthman- tomaría nombre su dinastía, los otomanos. Siguiendo una política de prudencia, mantuvo nominalmente su lealtad al sultán mientras conducía ataques contra los beys vecinos, apoderándose de sus fortalezas y ligando sus tribus a él sin llegar a proclamar su soberanía directa. El sultanato de Rum, en sus últimos estertores, nada podía hacer para impedirlo y cayó definitivamente ante las hordas tártaras y mongolas. Osman había aprovechado esta agonía para proclamarse sultán en 1299, reclamando de forma oficial el liderazgo que ya tenía de facto sobre Anatolia. Empezaba así la historia del Imperio Otomano, que duraría más de seis siglos.

UN ASCENSO INESPERADO

Aun teniendo en cuenta la debilidad de sus vecinos, el ascenso otomano resulta sorprendente, especialmente en sus inicios, cuando no era más que un reino de base tribal. Desentrañar las razones de su éxito resulta complicado sobre todo porque carecemos de fuentes directas: los otomanos solo empezaron a dejar por escrito su historia a partir del siglo XV, cuando ya eran una gran potencia, y es probable que las crónicas fueran embellecidas para dar una pátina mítica a los orígenes del imperio.

Varios factores pudieron haber facilitado a Osman alcanzar el primado sobre los beys vecinos y especialmente sobre los territorios disputados a los bizantinos. Aunque ninguno lo explica totalmente, hay tres motivos que seguramente tuvieron un peso importante. El primero es que aplicaba una presión fiscal relativamente baja, lo que habría facilitado que los territorios en disputa prefiriesen estar bajo su mandato que el de los bizantinos o los venecianos. El segundo tiene que ver con la religión: por lo general, los otomanos eran bastante permisivos con los pueblos conquistadosy los dhimmis-súbditos no musulmanes- no solo eran tolerados sino que podían alcanzar puestos de poder en la administración y en el ejército. El tercer factor fue el fuerte impacto de la Peste Negra en Europa, que ahondó la crisis económica y militar del Imperio Bizantino y le hizo imposible restablecer el control sobre Anatolia.

Sin embargo, no todo es atribuible a la fortuna. Alcanzado el poder, los sultanes otomanos se aseguraron de mantenerlo. Para ello implantaron una administración semejante a la de los khanes mongoles, que a su vez la habían adoptado de China, para transformar lo que era una confederación de tribus en un verdadero imperio. Reforzaron también su control sobre el ejército creando una guardia personal, losjenízaros, que respondían directamente ante el soberano, aunque con el tiempo terminarían por controlarlo.

Santa Sofía

Santa Sofía fue la iglesia principal de Constantinopla y tras la conquista otomana se convirtió en mezquita.

Foto: Dennis Jarvis (CC)

Durante el siglo XIV,el naciente imperio empezó a dibujarse en el panorama europeo como el temible rival que sería durante los siglos siguientes. Las primeras victorias en Europa del Este contra Hungría y sus vasallos fueron un preludio a la caída de Constantinopla en 1453, momento en que el mundo debió aceptar que el Imperio Otomano había llegado para quedarse durante mucho tiempo. 

martes, 13 de junio de 2023

la simbología del oso: de rey de los bosques a bestia del diablo

  un oso pardo (Ursus arctos) acabó con la vida del segundo rey de Asturias en el año 739. El soberano se llamaba Favila o Fáfila, y las crónicas Albendense y de Alfonso III explican que el oso lo despedazó en los montes de Cangas de Onís. En la memoria de sus habitantes ha quedado la frase: "Espabila Favila, que te coge el oso", en referencia a quienes no hacen su trabajo a tiempo, como el rey, que al parecer se entretuvo más de la cuenta en huir hasta que lo atrapó el plantígrado.El oso siempre ha tenido un gran protagonismo en la historia de Europa, especialmente durante la Edad Media. En la península ibérica su presencia era habitual en los principales montes de Castilla, como indica el Libro de la Montería, una guía de caza que Alfonso XI de Castillaencargó en el siglo XIV, y que documenta aquellos lugares del reino donde la presencia de este animal era notable.

Durante el Medievo, la caza del oso estaba casi restringida a la Corona y la nobleza. Por eso, algunos reyes de Aragón como Jaime II, Alfonso V o el mismo Fernando el Católico prohibieron a sus vasallos la captura del "rey de los bosques" para disfrute propio. De hecho, el monarca aragonés y su esposa Isabel I de Castilla se llevaron un buen susto con un oso en el sitio de El Real de Manzanares.

Este mismo rey envió una carta al concejo de Sevilla para que prohibiera la caza de «puercos monteses e osos e venados e gamos…» en un coto junto al Guadalquivir con el fin de aprovecharse en exclusiva de su riqueza cinegética. Algunas crónicas cuentan que su bisnieto Felipe II abatió al último plantígrado madrileño en el monte de El Pardo cuando aún era príncipe.

Capitel de la caza del oso en la iglesia gótica de Santa María de la Soterraña, en Santa María La Real de Nieva, en Segovia.

EL DECLIVE DE UN ANIMAL REGIO

De la abundancia de osos da fe su presencia en escudos como los de Madrid, Berlín y la ciudad suiza de Berna. Si damos crédito a la tradición, el oso del escudo madrileño representaría la riqueza del bosque: los árboles, la caza y la leña. Este símbolo del oso y el madroño también aparece en el famoso y enigmático lienzo El jardín de las delicias de El Bosco, expuesto en el Museo del Prado.

Asimismo, en capiteles y canecillos de templos románicos de Cantabria, Asturias, León, Palencia, Navarra, Segovia o Soria se pueden ver figuras de osos en diferentes posturas. El relato completo de los últimos momentos de Favila, desde que se despide de su esposa hasta su muerte, está muy bien representado en un capitel del antiguo monasterio de San Pedro de Villanueva, en el concejo de Cangas de Onís.

Durante el Medievo, la caza del oso estaba casi restringida a la Corona y la nobleza.

Sin embargo, conforme se entraba en la Baja Edad Media el oso perdió la dignidad que había ostentado dentro del mundo animal y en la sociedad. Fue considerado un animal fiero, aterrador y cruel; al menos así aparecía en las fiestas paganas de los pueblos celtas y germánicos.

En España, incluso hoy, en carnavales como los de Salcedo (Álava), Bielsa (Huesca), Arizkun (Navarra) y Almiruete (Guadalajara), aparece la figura del oso como un personaje malvado que persigue a todos los presentes. Como ha explicado el medievalista francés Michel Pastoreau, la propia morfología del oso, con sus semejanzas con el hombre en la forma de caminar sobre dos patas y su cuerpo velludo, provocó la aparición de relatos que hablaban de relaciones de osos con mujeres, leyendas que llegaron hasta la América conquistada.

Un león coronado posa junto a un oso vencido y encadenado. Siglo XVI.

La pérdida de prestigio del oso se puede constatar en las representaciones artísticas. Durante largo tiempo, la imagen del oso había sido muy popular en las miniaturas de biblias, misales, beatos y crónicas, y también aparecía con frecuencia en un lugar destacado dentro del arca de Noé, acompañado de leones, jabalíes, ciervos o serpientes. Sin embargo, poco a poco el león quedó consagrado en la iconografía como el rey de los animales y el oso pasó a un puesto secundario, e incluso desapareció de las representaciones del arca bíblica.

La Iglesia acabó por asociar el oso con el diablo. Desde el siglo XII se encuentran muchos relatos de monjes a los que se les aparece el demonio en forma de oso, que los agarra y asfixia en sueños. Su color oscuro y su pelaje se correspondían con la imagen de Satán. De esta forma se confirmaba una frase de Agustín de Hipona (siglo V) a propósito de la lucha del rey David contra un oso y un león: Ursus est diabolus, "El oso es un demonio".

¿por qué el martes 13 es el día de la mala suerte?

 “en martes 13 ni te cases ni te embarques” es un refrán archiconocido en los países de habla hispana. El miedo a los martes o viernes que caen en este número es una superstición que algunos creen, otros ridiculizan y muchos simplemente ignoran. Su origen se encuentra en una serie de referencias que se remontan a la mitología de la Antigüedad, a las religiones abrahámicas y a algunas coincidencias históricas.

El número 13, especialmente cuando cae en martes o viernes, ha tenido connotaciones negativas en muchas culturas, principalmente vinculadas a la religión.

El número 13 de por sí ha tenido connotaciones negativas en muchas culturas, principalmente vinculadas a la religión. En la Cábala judía son 13 los espíritus malignos; la cifra se asocia también al carnero, la víctima que Abraham debía sacrificar a Dios, y es por lo tanto un número de la muerte. El cristianismo tiene tres malos augurios al respecto: trece eran los invitados a la Última Cena, se cree que Jesús fue crucificado en un viernes 13 y finalmente, cuando se escribió el Libro del Apocalipsis, el Anticristo aparece en el decimotercer capítulo. Incluso en la mitología vikinga encontramos una referencia a la calamidad del número 13, ya que se asociaba a Loki, un dios traicionero y caótico, por lo que esta cifra se consideraba poco fiable.

¿POR QUÉ ESPECÍFICAMENTE UN MARTES O UN VIERNES?

La asociación del martes 13 con la desgracia tiene origen en la divinidad romana que da nombre a este día: Marte, el señor de la guerra. Los romanos se tomaban muy en serio la influencia de los dioses en su vida cotidiana, por lo que uno violento y causante de conflictos como él no era el más indicado para presidir bodas, negocios u otros eventos que requirieran buenos auspicios. La combinación del martes y el trece como una fecha de mala suerte provendría de la fusión de la tradición romana con la cristiana. También se ha asociado a veces con la caída de Constantinopla en manos de los otomanos, en 1453, pero se trata de una creencia errónea, ya que asalto final se dio el 29 de mayo.

La asociación del martes 13 con la desgracia proviene del dios romano Marte, mientras que la fobia al viernes 13 tiene su origen en la crucifixión de Jesús y la persecución contra los templarios.

 

Por su parte, un viernes 13 fue la fecha en la que, según la tradición, fue crucificado Jesús. A este episodio se suma uno que efectivamente aconteció en dicha fecha, en concreto el 13 de octubre de 1307: el inicio de la persecución contra los caballeros templarios, que acabaría con la destrucción de la orden. La fobia al viernes 13 está más extendida por la mayoría de países europeos y, por influencia cultural, en los de América, mientras que el martes 13 es más específico de los países hispanohablantes y unos pocos más.

¿HAY ALGÚN DÍA QUE NO SEA DE MALA SUERTE?

El 13 no es ni mucho menos el único día que carga con el estigma de la mala suerte. En Italia, por ejemplo, es el viernes 17 el de mal augurio: esta superstición proviene nuevamente de la cultura romana, ya que en numerales romanos se escribe como XVII, que reorganizando las letras se puede leer como vixi (en latín, “viví”, lo que implica estar muerto). En Japón y China, es el número 4 en general la cifra prohibida, ya que su pronunciación original es shi, que también significa muerte. La fobia al cuatro es tal que los japoneses crearon una lectura alternativa para el número, que pasó a pronunciarse yon. Y de seguir fijándonos en todos los episodios oscuros para cada cultura del mundo, probablemente ningún día del mes estaría libre de culpa.

miércoles, 7 de junio de 2023

sirenas vascas, japonesas y rusas, más allá de "la sirenita" del cuento

 desde la antigüedad, las sirenas han habitado las aguas de la mitología, siendo las protagonistas de cientos de relatos y leyendas. Cada cultura o creencia ha representado a las sirenas de una manera diferente, caracterizándolas según distintos atributos o elementos, haciéndolas más o menos peligrosas, dándoles unos poderes u otros. 

En la mitología vasca, por ejemplo, las sirenas son las "lamias", mujeres con pies de pato; en la mitología griega, eran un híbrido entre mujer y ave; en la mitología eslava, son damas de piel nívea y ojos blancos. Sin embargo, pese a existir este amplio abanico de representaciones, la imagen que la gran mayoría tiene de la sirenas es la que Hans Christian Andersen relató en 1837 en su famoso cuento La Sirenita, que posteriormente fue llevado a la gran pantalla por los estudios Disney, en 1989 como versión animada y en 2023 como live-action: una mujer de voz hermosa y larga melena con cola de pez. 

En este artículo nos alejamos de la representación clásica y más conocida del mito para explorar, a través de la mitología, cómo han sido las sirenas en distintas partes del mundo.

LAS SIRENAS CON ALAS DE LA ODISEA

En la mitología griega y romana, las sirenas eran descritas comomujeres hermosas con cuerpo de ave. Estas criaturas seducían a los marineros con sus voces hipnóticas, utilizando, en algunas ocasiones, flautas o liras para completar su melodía. A menudo se las asociaba con la muerte o con el reino de los espíritus y se creía que eran las encargadas de llevar a las almas al mundo de Hades.

La Odisea de Homero es el primer testimonio escrito que se tiene de las sirenas grecorromanas, sin embargo, estos seres ya figuraban en frescos o representaciones muy anteriores. 

Sirenas

'Ulises y las sirenas', John William Waterhouse (1891).

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LAS LAMIAS DE LA MITOLOGÍA VASCA

En Euskadi, los personajes mitológicos equivalentes a las sirenas son las lamias (o lamiak), seres femeninos vinculados al agua, con pies de pato, de gallina o, en algunos relatos, de cabra o pescado. Las lamias viven en los ríos, las fuentes y las cuevas cercanas al mar y pasan el día peinando sus largas melenas con peines de oro. De incuestionable belleza, las lamias suelen ser amables con los humanos, excepto si estos intentan molestarlas o robarles sus peines de ojo. 

Este mito, de origen grecorromano, también aparece en la mitología cántabra y asturiana.

John William Waterhouse The Siren 1900

'La Sirena' de John William Waterhouse (1900).

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NINGYO, LA SIRENA JAPONESA 

En el folclore japonés, las sirenas son las ningyo, cuya traducción vendría a ser "pez humano". Antiguamente, estos seres eran descritos como monos de dientes pequeños y afilados como el de un pez, con largas colas de escamas doradas y una voz dulce como una alondra o una flauta. Se decía que cualquiera que probara la carne de un ningyo viviría durante cientos de años, sin embargo, también se creía que capturar a uno de estos seres traía mala suerte, de ahí que pocos desearan encontrárselos.

A diferencia de muchas otras sirenas del mundo, las ningyo no eran mujeres bellas, al contrario, destacaban más por su monstruosidad y por ser más bestia que "persona". 

Ningyo

Sirena de la mitología japonesa (1805).

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LORELEI, LA ONDINA DEL RÍO RIN

La sirena más famosa de la mitología germánica es Lorelei, conocida como "la ondina del río Rin". Este personaje habitaba en una roca cercana al río y atraía a los hombres con sus cantos y su belleza, provocando naufragios y muertes. Al ser una ondina, esta ninfa acuática no tenía cola de pez, ni de ningún otro animal, era simplemente un espíritu del agua. 

Cuenta la leyenda que, habiendo perdido a uno de sus hijos en uno de los accidentes causados por Lorelei, un noble envió a sus sus soldados a que capturaran y dieran muerte a la ondina. Sin embargo, esta pidió ayuda a su padre, que envió a un caballo de espuma que la condujo a las profundidades del río, de donde no regresó jamás. Manteniendo la tradición, la roca en la que se decía que solía aparecerse Lorelei lleva su nombre.

Lorelei

'Lorelei', de Franz Wagner (siglo XIX).

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RUSALKAS, MUJERES DE PIEL NÍVEA Y OJOS BLANCOS 

En la tradición rusa, las sirenas eran conocidas como rusalkas y eran ninfas del agua que vivían en los lagos y los ríos. Las rusalkas tenían la piel pálida como la luna, las pupilas blancas o brillantes como fuego verde y una larga y húmeda melena de tonalidades verdosas. Al igual que las sirenas, a las rusalkas les gustaba seducir a los hombres con sus cantos. 

Según la leyenda, a medianoche, estas ninfas salían de las aguas para bailar en los bosques y los prados. Al oírlas, los hombres iban a buscarlas y caían en su trampa: las rusalkas los hechizaban y los conducían de vuelta a las aguas, donde estos se ahogaban.

Rusalkas

'Profundidades de agua' de Dzheneev Iván Alekseevich (1907).

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SEDNA, EL ESPÍRITU DEL AGUA DE LA MITOLOGÍA INUIT

La sirena más importante de la mitología inuit es Sedna, la deidad femenina que habita en el fondo del mar y que recibe a las almas de los muertos en un lugar conocido como Adliden, donde estos son enjuiciados. Representada como una mujer con cola de pez, Sedna es considerada la madre y creadora de todos los animales marinos y utiliza sus poderes para enviar mal tiempo, enfermedades u otras desgracias a los humanos cuando percibe su hostilidad. 

Existen muchas versiones de esta diosa acuática entre los habitantes de las regiones árticas, dada la popularidad e importancia de este ser mitológico en su cultura.

Sedna

Escultura del Museo Nacional de Finlandia que representa a la diosa Sedna.

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MAMI WATA, LA DIOSA DEL AGUA EN ÁFRICA 

En África (sobre todo en las regiones del oeste, centro y sur de África) la deidad acuática más conocida es Mami Wata. Los "Mami Wata" pueden ser tanto espíritus femeninos como masculinos, aunque en la mayoría de los casos son representados de forma femenina. Físicamente, son parecidos a las sirenas, ya que tienen la parte superior del cuerpo de mujer y la inferior con cola de pez o de serpiente. Mami Wata suele llevar peines, espejos y relojes caros, y siempre va acompañada de una gran serpiente que la envuelve y reposa en su cabeza o sobre sus pechos. 

Este mito tiene su origen en la mitología etíope y egipcia, de ahí que su nombre esté compuesto por las palabras etíopes "mama", que significan sabiduría y verdad, y "uat-ur", que quiere decir agua oceánica, o "wata", que en algunas lenguas primitivas de Sudán se traduce como "mujer". 

Mami Wata

Mami Wata, la diosa del agua en África.

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IARA, LA MADRE DEL AGUA EN BRASIL

Iara es la madre del agua de la mitología de Brasil. Representada como una sirena, Iara es una mujer morena de ojos verdes y larga cabellera negra, que suele bañarse en los ríos y en el Amazonas mientras canta con su irresistible voz. Al igual que en muchas otras versiones del mito de la sirena, Iara atrae a los hombres con su melodía y los conduce a las profundidades de los ríos, donde se ahogan. 

Antiguamente, las comunidades indígenas temían tanto a Iara, que evitaban las lagunas y los ríos al atardecer, esperando así no encontrarse jamás con tal criatura. 

Sirena

Representación de una sirena de 1654.

CC

NEREIDAS, LAS SIRENAS DEL MEDITERRÁNEO

Por último están las nereidas, consideradas las ninfas o sirenas del mar Mediterráneo. Hijas del dios Nereo y la oceánide Doris, las nereidas son cincuenta hermanas que habitan en las profundidades del Mediterráneo y que, a diferencia de sus primas grecorromanas, emergen a la superficie para ayudar o socorrer a los marineros. 

Lejos de causar ningún mal, las nereidas representan lo amable y hermoso del mar y son descritas como mujeres bellas (sin cola de pez) que cantan y bailan en las aguas, bien vestidas con una túnica blanca con detalles dorados, bien completamente desnudas. Los antiguos griegos adoraban a las nereidas en altares ubicados cerca de la costa mediterránea, donde se les ofrendaba aceite, leche y miel. 

Sirenas

'Sirenas jugando en el mar' de Charles-Édouard Boutibonne (1883).

CC


la batalla de poitiers, el freno la expansión del islam

 


a principios del siglo VIII, el Islam parecía destinado a gobernar el Viejo Mundo. El califato de los omeyas, animados por la convicción de que era su cometido divino extender su fe por todo el mundo, había protagonizado una de las mayores expansiones militares de la historia: la Persia sasánida había caído sin dificultad en sus manos, el Imperio Romano de Oriente resistía a duras penas el embate y en el norte de África habían salido victoriosos de una dura lucha contra los bizantinos y bereberes. Después de conquistar la península Ibérica en apenas quince años y atravesar los Pirineos, en el año 732 pusieron la mira en las tierras del Loira.Al contrario que en tierras hispanas, donde habían llegado para quedarse, en las francesas se habían limitado a establecer algunas plazas fuertes y desde allí realizar campañas de saqueo en busca de botín y esclavos. El objetivo en otoño del 732 era la abadía de San Martín en Tours, una de las más importantes de la cristiandad occidental. El duque Odón el Grande de Aquitania (territorio que comprendía aproximadamente la mitad suroeste de la actual Francia) pidió entonces ayuda a Carlos, mayordomo de palacio de Austrasia (en la actual Alemania) para defender sus tierras.

Imperio Franco 481-814

Durante la Alta Edad Media los francos fueron consolidando su poder en las actuales Francia, Suiza y Alemania. La dinasía carolingia ascendió del rango de mayordomos de palacio al de emperadores.

Imagen: CC https://bit.ly/34B5FE6

 

Carlos no ostentaba la corona de los francos, ni falta que le hacía: el mayordomo, en origen un ministro principal del rey, era quien ejercía realmente el poder militar y político. Solo él contaba con la autoridad suficiente para reunir un ejército, pero no lo iba a dar gratuitamente: a cambio de su ayuda exigió vasallaje a Odón, sembrando así la semilla del feudalismo europeo.

Al mando de sus tropas, se dirigió hacia Tours para frenar el paso a los musulmanes al mando del valí de Al-Ándalus, Abu Said Abderramán al-Gafiqi.

LA ESTRATEGIA VENCEDORA

Aunque las fuentes son enormemente discordantes respecto al número de efectivos de cada ejército, en todos los casos resulta claro que las fuerzas de Carlos estaban en inferioridad. No solo tenían menos hombres sino que eran tropas de infantería, en contraste con la caballería pesada de los andalusíes. En una batalla a campo abierto no tenían posibilidades, pero el franco supo aprovechar una serie de ventajas estratégicas.

Carlos Martel

Carlos Martel (686-741 d.C.) fue padre de Pipino el Breve y abuelo de Carlomagno, que se convertiría en el primer Emperador de Occidente. Según la Crónica de Saint Denis, "como el martillo (martel) quiebra y machaca el hierro, el acero y los demás metales, así quebró él y machacó a sus enemigos".

Foto: CC / JB Debay / Museo Palacio de Versalles

 

La principal fue la elección del terreno, unas colinas boscosas cerca de Poitiers, por donde el ejército enemigo debía pasar para llegar a Tours. El terreno elevado frenaba la carga de la caballería y los árboles dificultaban el movimiento de los caballos y ocultaban a los soldados francos, por lo que al-Gafiqi no podía hacerse una idea del tamaño del ejército enemigo ni de por dónde atacaría. Durante varios días se sucedieron escaramuzas de tanteo, sin ningún resultado: los andalusíes no se arriesgaban a atacar a un ejército que podía ser mucho mayor de lo que esperaban y los francos, conscientes de que esa incógnita era su carta vencedora, no presentaron batalla en campo abierto.

El segundo factor decisivo fue el tiempo: era octubre, el invierno se acercaba y las tropas andalusíes no estaban preparadas para resistir durante semanas, sin ropa adecuada para el frío y lejos de sus bases para alimentar a un ejército de varias decenas de miles de soldados. Finalmente, al-Gafiqi decidió arriesgarse a lanzar un ataque el 10 de octubre.

La precipitación fue su ruina, ya que no había enviado exploradores para conocer el tamaño del ejército franco ni con qué tipo de soldados contaba: así, no fue consciente de que sus fuerzas eran superiores.

Las fuerzas de Carlos Martel, con menos hombres y sin caballería pesada, estaban en inferioridad, pero el franco supo aprovechar varias ventajas estratégicas para ganar la batalla.

El tercer y definitivo elemento de la victoria franca fue el engaño: mientras los francos se atrincheraban en formación defensiva, hicieron correr la voz de que un segundo contingente atacaba el campamento musulmán para apoderarse del botín que habían conseguido a lo largo de toda la campaña. Esto provocó que parte de las tropas andalusíes corrieran a defender sus tiendas, lo que a su vez fue interpretado por el resto del ejército como una retirada. Mientras intentaba mantener la disciplina entre sus hombres, los francos rodearon a al-Gafiqi y acabaron con él. Muerto su comandante, la retirada se convirtió en desbandada.

Al día siguiente, el ejército andalusí no apareció. Los francos al principio pensaron que se trataba de una trampa para hacerles bajar la guardia y atraerlos a campo abierto, por lo que Carlos mantuvo su estrategia defensiva. Sin embargo, al ver que pasaban las horas sin ningún signo de peligro, envió exploradores al campamento musulmán, que encontraron completamente desierto: el ejército se había retirado durante la noche, tan precipitadamente que habían dejado atrás las tiendas y buena parte del botín.

¿UNA BATALLA DECISIVA?

Durante siglos, la historiografía europea elevó la batalla de Poitiers a la categoría de mito, definiéndola como el episodio que salvó la Cristiandad occidental: Carlos se ganó entonces el sobrenombre de Martel, “el martillo” y fue visto por los cronistas cristianos como el hombre que frenó la conquista islámica de Europa -al menos, hasta el ascenso de los otomanos-, especialmente en un momento en el que el continente estaba fragmentado políticamente y nadie más habría estado en condiciones de hacerlo.

Durante siglos, la historiografía europea elevó la batalla de Poitiers a la categoría de mito, definiéndola como el episodio que salvó la Cristiandad occidental.

Pero la trascendencia dada a la batalla de Poitiers deriva del punto de vista cristiano y de su importancia simbólica: para los andalusíes se trataba de una expedición de saqueo más en una zona que ni siquiera controlaban y que solo atacaban en busca de botín. Las pocas plazas fuertes con las que contaban en el sur de Francia estaban aisladas y no existía una administración como correspondería a un territorio conquistado. La mayor pérdida para ellos, en aquella ocasión, fue el botín que habían conseguido a lo largo de la campaña de ese año. Ni siquiera a nivel estrictamente militar Poitiers fue una gran batalla, aunque sí brillante por cuanto respecta a la estrategia de Carlos Martel.

Sin embargo, la victoria y la posterior caída de las bases musulmanas al norte de los Pirineos tuvo sin duda un efecto importante, ya que creó una barrera natural a una expansión que hasta entonces parecía incontenible. Casi 70 años después de Poitiers el nieto de Carlos Martel, Carlomagno, era coronado emperador en Roma, poniendo las bases de un nuevo poder imperial en Europa. Las tierras al sur de los Pirineos se convirtieron en la Marca Hispánica, que sería a la vez frontera y punto de encuentro entre la cultura cristiana y la musulmana.

En el bando musulmán la derrota, aunque sin gran trascendencia militar, supuso un golpe al prestigio del califato omeya, que basaba su legitimidad en la jihad, la guerra santa para llevar el Islam a todo el mundo. La dinastía tenía los días contados: pocos años después, en el 750, los omeyas eran destronados por los abásidas en Damasco y relegados a la categoría de emires de Al-Ándalus.

Tanto para el mundo occidental como para el oriental, esa batalla aparentemente menor supuso un punto de inflexión como pocos en la historia.