Este sentimiento sobre diversas habilidades personales va más allá de la mera autoestima, y produce curiosas contradicciones matemáticas, como que si se pregunta a un grupo de programadores de una empresa el 30 o 40 por ciento creen estar en el percentil 95, o si se hace una encuesta entre conductores el 88% cree conducir mejor que la mediana – siendo ambas cosas matemáticamente imposibles a la vez, obviamente.
El hecho cierto es que este efecto no sólo afecta a incompetentes que son incapaces de saber que no saben, sino a todo el mundo en general y sobre cualquier aspecto de la vida también: ética, inteligencia, capacidad de razonamiento, gramática, ortografía, conocimientos financieros…incluso la habilidad para jugar al ajedrez.
Dicen los psicólogos que esto es debido simplemente a que no todo el mundo puede saber de todo y a que todos tenemos «zonas de incompetencia» sobre las que somos incapaces de juzgarnos a nosotros mismos. Los mejores consejos: hacer uso de la humildad, escuchar cómo nos valoran los demás –aunque resulte duro a veces– y sobre todo no dejar de aprender nunca. Así al menos se pueden ir reduciendo esos vacíos del saber.
Explicar la presencia del mal en el mundo es una meta tan antigua como la propia humanidad: enfermedades, desgracias personales, catástrofes naturales... siempre han sido causadas por espíritus que podríamos catalogar de crueles y malvados, pero ninguno ha sido elevado a la categoría de encarnación del mal puro: las religiones griega y romana no conocían al Diablo, entre los 400 dioses celtas no había sitio para el Maligno, lo mismo que en las religiones africanas no influidas por los misioneros, en los Indios de América del Norte, ni siquiera en el sintoísmo, budismo, taoísmo...
En los libros sagrados hebreos Satán nunca aparece como líder de un imperio del mal que ha declarado la guerra a Dios y a la humanidad: esto sólo ocurre en el cristianismo.
Quien sentó las bases de la satanología cristiana fue el autor del Evangelio de Juan, sus cartas y el Apocalipsis. Es Juan quien lo nombra señor del mundo y causante de todas las acciones malas. Pero la llegada del Hijo de Dios quebrantó este dominio diabólico.
Curiosamente, una de las más terribles sentencias de su Evangelio es la afirmación de que los judíos son hijos del diablo. Si no tuvieron bastante con ser acusados de deicidio, que el Jesús de Juan les dijera “procedéis del diablo, que es vuestro padre” dio carta blanca a los cristianos para perseguirlos, diezmarlos y humillarlos durante siglos. El enfrentamiento entre el Bien y el Mal, heredado de las leyendas judías del siglo I a. C., ha marcado al cristianismo hasta extremos increíbles. Ahora bien, ¿de dónde vino este dualismo?
La demonología judía bebió profusamente de la visión irania del mundo: demonios, ángeles y arcángeles nacen en Irán en 500 a. C. Y si hay que señalar a un culpable, ése es Zaratustra o Zoroastro, un hombre del que se sabe muy poco pero que cambió el politeísmo imperante en esa región por Ahura Mazda, el señor único: he aquí el comienzo del monoteísmo. Para no eliminar a los viejos dioses los convierte en emanaciones de Ahura Mazda, los ángeles.
Entre ellos, los dos más poderosos: el bueno Spenta Manyu y el malo Angra Manyu. Al principio ambos eran la cara y la cruz de la moneda pero al final Angra acabó por convertirse en un antidiós, el enemigo declarado de Ahura Mazda. Se puede decir más alto pero no más claro: Satanás nació en Irán en el siglo VI a. C.
La tumba en la iglesia del Santo Sepulcro, donde según la creencia católica, fue enterrado Jesucristo, es mucho más antigua de lo que se pensaba hasta ahora. En el estudio, publicado en exclusiva por la revista National Geographic, se revela que la supuesta tumba de Jesús data de alrededor del año 345 d.C., según hallazgos de arqueólogos griegos, logrados a través del método de datación óptica.
Los análisis que se llevan realizando desde hace meses sobre los restos de una cueva de piedra caliza en la iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén, ratifican así la histórica creencia de que los romanos construyeron el monumento 300 años después de su muerte.
Así, aunque según el Nuevo Testamento, Jesús de Nazaret fue crucificado en Jerusalén en el año 30 o 33 d.C., los nuevos datos muestran con certeza que la construcción original de los aposentos de la tumba actual tuvieron lugar en la época del primer emperador romano cristiano, es decir, Constantino I o Constantino el Grande.
Precisamente por orden de este emperador romano -ya bautizado al cristianismo-, se destruyó entre los años 325 y 326, el templo pagano que acogía la zona (un templo de Venus orquestado por el emperador romano Adrián), edificándose en su lugar la conocida como Iglesia del Santo Sepulcro o iglesia de la Resurrección en la ciudad de Jerusalén. Por encima de la iglesia se construyó una pequeña capilla, Cuvuklia. Sin embargo, en 1009, durante la invasión de los musulmanes, ambos edificios, templo y capilla fueron destruidos por orden del fanático califa de Egipto al-Hakim bi-Amr Allah, echando abajo no solo esta sino las iglesias de Palestina, Egipto y Siria.
La tumba de Jesús ha sido datada alrededor del año 345 d.C.
En 1042-1048 fue reconstruida y posteriormente renovada por los cruzados. La capilla tendría que esperar unos siglos más en volver a ver la luz. Fue en 1555 cuando los monjes franciscanos decidieron reconstruyeron Cuvuklia. La última restauración tuvo lugar a principios del siglo XIX, tras un incendio que se produjo en la iglesia.
Una alianza con la Universidad Técnica Nacional de Atenas y la National Geographic Society arrancó en 2016 con el desmontaje del sepulcro, abriéndose por primera vez en siglos la tumba. Los investigadores descubrieron sorprendidos una segunda losa de mármol rota, más vieja, incrustada con una cruz (símbolo de los cruzados), apoyada directamente sobre la superficie de caliza original del "lecho funerario". Gracias a la datación óptica, expertos de dos laboratorios independientes han determinado la edad exacta del material, fechándolo alrededor de 345 d.C.
Los restos de tres barcos de época romana han sido hallados en el puerto este de Alejandría (Egipto), según anunció la semana pasada el Ministerio de Antigüedades de Egipto y según ha confirmado el Instituto Europeo de Arqueología Subacuática a National Geographic. Además, el hallazgo de grandes tablones de madera y restos de vasijas de cerámica indica la presencia de una cuarta nave romana; dichos objetos probablemente formaron parte del cargamento del barco.
Los arqueólogos han encontrado una cabeza real tallada en cristal
La misión arqueológica egipcia, en colaboración con el Instituto Europeo de Arqueología Subacuática, ha encontrado una cabeza real tallada en cristal que representaría a Marco Antonio, tres monedas de oro del reinado del emperador Augusto y una barca votiva del dios Osiris en Heracleion, en la bahía de Abu Quir, cerca de Alejandría. Las excavaciones, que comenzaron en septiembre, se están desarrollando tanto en el puerto este de Alejandría como en la ciudad sumergida de Heracleion, en la bahía de Abu Quir. "No podemos ofrecer más detalles porque la excavación y los estudios aún no han finalizado", explica el Instituto Europeo de Arqueología Subacuática a este medio.
Puerto este de Alejandría
Las excavaciones arqueológicas subacuáticas se están desarrollando en el puerto este de Alejandría.
Copia de la traducción copta del Primer Apocalipsis de Santiago. Nag Hammadi Library, Oxford University.
Un grupo de expertos de la Universidad de Oxford ha descubierto un hallazgo sorprendente. Un extraño texto escrito en griego ha resultado ser la primera copia original conocida de una escritura cristiana herética que describe las enseñanzas secretas de Jesús a su “hermano” Santiago.
Cerca de lo que hoy es la ciudad egipcia de Nag Hammadi, hace unos 1.400 años más o menos, alguien enterró una gran cantidad de documentos en un frasco. Ahora se ha revelado uno de esos manuscritos era algo diferente al resto: está escrito en griego en lugar de copto, y contiene una extraña secuencia de puntos que sugiere un propósito más didáctico.
Los manuscritos de Nag Hammadi constan de 52 textos distribuidos en 13 códices encuadernados en cuero que fueron descubiertos en 1945 por unos agricultores locales que buscaban fertilizantes. Se remontan a algún punto entre el siglo II y VI d.C, y pertenecen a una tradición herética descrita como gnosticismo: una forma primitiva, más bien mística, de cristianismo.
Al igual que ocurre con muchos otros registros gnósticos, la mayoría de los documentos están escritos en copto, un idioma tradicional escrito y hablado en Egipto durante muchos siglos. A principios de este año, un grupo de académicos en la Universidad de Texas descubrieron que uno era diferente a la mayoría de los demás: se trataba de una copia de una pieza existente escrita en griego. Según explicaba el investigador Geoffrey Smith:
Los académicos que han descubierto el texto, Geoffrey Smith y Brent Landau. Geoffrey Smith, UT Austin.
Decir que estábamos emocionados una vez que nos dimos cuenta de lo que habíamos encontrado es poco. Nunca sospechamos que los fragmentos griegos del Primer Apocalipsis de Santiago sobrevivieron desde la antigüedad. Pero allí estaban, justo en frente de nosotros.
El manuscrito es famoso por describir una conversación entre Jesús y Santiago, a quien se refiere con frecuencia como “mi hermano”, aunque no biológico. Al igual que otros nombres en el Nuevo Testamento, Santiago formaba parte de los “hermanos de Jesús”, posiblemente con algún parentesco (quizá primos).
Dicho esto, el documento es técnicamente herético, ya que no fue incluido en el canon cristiano como un evangelio de buena fe por Atanasio, obispo de Alejandría, el tipo que dirigió las discusiones en el siglo IV sobre qué escrituras se debían incluir en el Nuevo Testamento. Según Geoffrey Smith:
El texto complementa el relato bíblico de la vida de Jesús, al permitirnos acceder a conversaciones que supuestamente tuvieron lugar él y su hermano Santiago: enseñanzas secretas que permitieron a Santiago ser un buen maestro después de la muerte de Jesús.También le revela información sobre el reino celestial y eventos futuros.
En cuanto a esa extraña secuencia de puntos en el manuscrito, los investigadores han explicado que gran parte del texto se ha dividido en sílabas mediante el uso de puntos. Para Brent Landau, profesor en la Universidad de Texas, “estas divisiones son muy poco comunes en los manuscritos antiguos, pero aparecen con frecuencia en manuscritos que se utilizaron en contextos educativos”.
Así que todo indica que el texto tenía fines educativos, posiblemente como herramienta de enseñanza en griego a los estudiantes. [Phys]