domingo, 9 de octubre de 2011

El problema de "las tierras" o de "la tierra (de Israel)" durante las dos guerras judías.

El tema de la Tierra (la tierra prometida), ha sido siempre un asunto central para los judíos (y todavía lo sigue siendo, incluso en algunos de los acuerdos se ha llegado a hablar de “paz por tierra”). Y su valor es tremendamente profundo para el pueblo Judio.
Ganada y entregada como premio de Yahvé a su pueblo elegido, por mediación de Moisés, la tierra que ocuparon y donde se instalaron tras la salida (huida) de Egipto, gran parte de la identidad como pueblo de los judíos se asentaba en su tierra, su ley o Torah y en el Templo.

Una vez que fueron conquistados, junto con el malestar de una mala administración (Agripa I) les sobreviene el golpe traumático de la pérdida del Templo, una de las señas de aglutinamiento, que todavía no ha sido restaurado. Es este contexto las Guerras de los Judíos que el problema de las tierras se convierte en eje vertebrador de las preocupaciones nacionalistas de los judíos.

Tras el desigual enfrentamiento entre los romanos y los judíos, con un Templo reducido a escombros y una muchedumbre exiliada, sólo les queda a los rabinos, cohesionadores sociales del pueblo revalorizar la Tierra de Israel (LvRab 13,2)., dándole una nueva entidad, hasta el punto de que Israel equivale a todos los méritos adquiridos por el cumplimiento de todos los otros mandamientos (Tos. AZ 4 [5] 3), y sobretodo inculcar un profundo sentimiento de identidad para el pueblo disperso (Ket 110 b).

Dos son los problemas que se ven alrededor del tema de la Tierra en el contexto de las Guerras Judias:
  1. El Problema de los Exiliados: Para ello lo primero es primar la inmigración de los exilados facilitándoles el retorno a nivel individual -Tos. Ket. 13,2- o por ventajas administrativas -Tos. Terum 2,10), una táctica que todavía se observa en la problemática de los asentamientos judíos en Palestina, aunque está vez orientada al revés, intentando ocupar zonas que consideran suyas y que están habitadas por palestinos. Hay que tener en cuenta que los exiliados en el fondo empobrecían la tierra a nivel del cultivo y mantenimiento de las tradiciones (de ahí la “revaloración” de los estudiantes de Jerusalén, frente a los de Babilonia), incluso la solicitud de enfocar la espiritualidad la oración hacia la capital, como una añoranza en el retorno.
  1. La Revalorización de la Tierra: Una tierra que obviamente se ha de cuidar para no dejarse perder, y dentro de este contexto habría la problemática del cuidado y crianzas del ganado menor (BQ 79 b). Estas preocupaciones van ligadas al interés por la preservación de la naturaleza, del arbolado especialmente (Tos Suk 2,5)..


    Nacho Padró

viernes, 7 de octubre de 2011

STONEHENGE de Bernard Cornwell

Me acabo de leer esta obra de literatura histórica sobre la construcción de la maravilla megalítica de Stonehenge. Sin duda resulta evidente que todos los personajes y deidades de esta novela son ficticios. El Stonehenge que conocernos lo cons­tituyen las ruinas de un monumento erigido a finales del tercer milenio a. C., el inicio de la Edad de Bronce en Gran Bretaña, y no tenemos documentos de reyes, jefes, cocineros o carpinteros de esa era. No obstante, ciertos detalles de la novela se basan en investigaciones arqueológicas, tal y como nos indica el autor. En ella se relata como ace unos cuatro mil años, una tribu del sudoeste de Gran Bretaña llevó a cabo una de las mayores hazañas arquitectónicas de todos los tiempos: Stonehenge, un santuario hecho a base de inmensos bloques de piedra traídos de tierras lejanas. 
La grandiosidad de la obra ha dejado perplejos a los investigadores a lo largo de los siglos. ¿Qué llevó a aquellos hombres a acometer semejante empresa? ¿Cuáles eran sus nombres, sus motivaciones, sus dioses? Bernard Cornwell responde a éstas y muchas otras preguntas a través de la historia de los tres hijos del jefe de la tribu de Ratharryn: Lengar, Camaban y Saban; el guerrero, el visionario y el constructor. Tres hermanos muy diferentes entre ellos, tres hermanos que, cada uno a su modo, osaron desafiar al mismísimo dios del Sol. 
El libro en si es una novela interesante aunque para lo que nos interesa lo mas destacado se basa en la explicacion de como se pudo haber hecho el templo y sobretodo el temor reverencial de los hombres hacia unas divinidades desconocidas i a las que se quiere conquistar o dominar... la esencia pura del mito y la magia. Espero que os guste pues es una de esas novelitas de verano que lees para pasar el rato. El mismo Cornwell nos explica de donde saca los datos en los que se basa la novela y acaba siendo mucho mas interesante, en cuanto a formacion, que la propia obra.
 

Nacho Padro

jueves, 1 de septiembre de 2011

Gracias por los Nombres de mi Vida.

Gracias por los Nombres de mi vida,
los nombres de los que me han querido
y los que yo he querido.
Los nombres de los que me han hecho sonreir
y aquellos a los que yo he llevado una sonrisa.
Gracias por los nombres de mi presente,
tan familiares que ni tan siquiera necesito pronunciar,
que me acompañan en la vida cuotidiana,
en los momentos de rutina,
en las horas de trabajo,
en los dias de descanso,
que soportan mis fatigas
y animan mis proyectos.
Gracias por los nombres más cercanos,
y los que sólo me son vagamente familiares
por todos aquellos con los que alguna vez
puedo intercanviar saludos, conversaciones,
compartir cualquier cosa....
Por estos rostros reales, conocidos, propios,
que me aportan vida, sentido, alegría...
Gracias también por los nombres difíciles.
Los de aquellos que me complican la vida;
por lo que puedo aprender a través de la dificultad;
por lo que puedo ganar en madurez;
por lo que las relaciones difíciles me enseñan de mi mismo.
Dame Señor, gente cercana.
Dame gente, nombres, rostros... que pueda considerar mios.


Pastoral Marista

jueves, 18 de agosto de 2011

viernes, 12 de agosto de 2011

Los 4 Acuerdos Toltecas

Tolteca, (en náhuatl, “maestros constructores”), pueblo nativo de México que emigró desde el norte de lo que ahora es México.Entre los años 650 y 800 de nuestra era mesoamérica sufrió cambios radicales por la desaparición de grandes centros como Teotihuacan, Monte Albán, Palenque, etc., que hasta entonces habían regido la política y la economía de la región. Esto originó que muchos de sus habitantes emigraran en busca de nuevos horizontes, surgiendo nuevos pueblos que se mezclaron con los herederos de las antiguas tradiciones y juntos crearon una nueva integración político, cultural y social, consolidando nuevas ciudades y nuevos estados. Gente emigrada de Teotihuacan se mezcló con grupos chichimecas y Mixcoatl logró unificarlos, surgiendo así el grupo tolteca. La palabra tolteca significa “civilizado”. Esta civilización se desarrolló entre 850 y 1168 d. C. A partir del siglo X Tula se convirtió en el centro urbano de mayor importancia del Altiplano Central. Debido a conflictos políticos y religiosos en 1184 varios grupos nómadas saquearon e incendiaron Tula, quedando destruida, lo que provocó que sus habitantes se fueran a vivir a otras regiones.
LOS ACUERDOS TOLTECAS
1. No supongas.
No des nada por supuesto.
Si tienes duda, aclárala.
Si sospechas, pregunta.
Suponer te hace inventar historias increíbles que sólo envenenan tu alma y que no tienen fundamento.


2.- Honra tus palabras.
Lo que sale de tu boca es lo que eres tú.
Si no honras tus palabras, no te estás honrando a ti mismo; si no te honras a ti mismo, no te amas.
Honrar tus palabras es honrarte a ti mismo, es ser coherente con lo que piensas y con lo que haces.
Eres auténtico y te hace respetable ante los demás y ante ti mismo. 

3. Haz siempre lo mejor que puedas.
Si siempre haces lo mejor que puedas, nunca podrás recriminarte nada o arrepentirte de nada 

4.- No te tomes NADA personalmente.
Ni la peor ofensa.
Ni el peor desaire.
Ni la más grave herida, debes tomarlo personalmente.
Quien te ofende tiene un veneno que descarga contra ti, por no saber cómo deshacerse de él.
En la medida que alguien te quiere lastimar, en esa medida ese alguien se lastima a sí mismo. Pero el problema es de Él y no tuyo.

Atlantes de Tula
Nacho Padró