si hablamos de pintura, se podría afirmar que existen dos tipos de artistas: aquellos que muestran al espectador el mundo tal como es, con un detallismo cercano a la fotografía, y quienes lo envuelven en un halo de misterio que le otorga un aspecto onírico, tan solo accesible para unos pocos. A este último grupo pertenece, sin lugar a dudas, el artista italiano Giorgio de Chirico, nacido en Volos, Grecia, el 1 de julio de 1888. Los mundos creados por De Chirico se engloban en un movimiento artístico que se conoce como arte metafísico. Pero ¿en qué consiste? Pues de hecho el arte metafísico va más allá de lo físico y tangible, y en el caso de De Chirico se basa en atmósferas oníricas con iluminaciones irreales y unas perspectivas arquitectónicas imposibles en las que el artista siempre yuxtapone objetos de uso cotidiano, aunque representados fuera de su contexto habitual. Los historiadores del arte consideran a De Chirico el principal precursor de la pintura surrealista y su período metafísico tendría una influencia determinante en corrientes artísticas posteriores, como la Nueva Objetividad o el Realismo Mágico.
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Si bien la paternidad de la pintura metafísica sigue siendo objeto de un acalorado debate entre los especialistas , hay quienes la atribuyen sin dudarlo a De Chirico (aunque otros la otorgan al artista italiano Carlo Carrà). De hecho, la primera pintura metafísica de Chirico , El enigma de una tarde de otoño (1910), surgió después de una "revelación" que el artista tuvo en la Piazza Santa Croce de Florencia. Él mismo lo cuenta así: "Había superado una enfermedad intestinal, larga y dolorosa, y me encontraba en un estado de sensibilidad enfermiza. Todo a mi alrededor parecía encontrarse en un estado de convalecencia, incluso el mármol de los edificios y fuentes […]. El sol de otoño, frío y sin amor, bañaba la estatua y la fachada de la iglesia. Tuve entonces la extraña impresión de que veía las cosas por primera vez".
LA NUEVA REALIDAD DE DE CHIRICO Girogio de Chirico estudió dibujo y pintura en la Politécnica de Atenas bajo la dirección de dos grandes artistas griegos: Georgios Roilos y Georgios Jakobides. Pero tras la muerte de su padre en 1905, el joven se trasladó junto a su familia a Múnich , donde entre 1906 y 1909 estudiaría en la Academia de Bellas Artes, teniendo como profesores al pintor historicista alemán Gabriel von Hackl y a Carl von Marr, un pintor que reunía en su obra influencias realistas, impresionistas y simbolistas. Fue durante esos años cuando De Chirico entró también en contacto con la obra de filósofos como Schopenhauer o Nietzsche. En 1910, de nuevo en Italia, De Chirico se instaló en Florencia junto a su madre , y en la ciudad del Arno empezó a reflejar en sus obras el sentimiento y el misterio que la filosofía de Nietzsche había dejado en él. Plaza de Italia , El enigma de una tarde de otoño y El enigma del oráculo son tres de las primeras obras que pintó el artista durante su estancia en Florencia. También pasó unos días en Turín, ciudad que le "conmovió" por su aspecto "tan metafísico".
Tras la muerte de su padre en 1905, el joven De Chirico se trasladó junto a su familia a Múnich, donde entre 1906 y 1909 estudiaría en la Academia de Bellas Artes.
Plaza de Italia , obra del artista italiano Giorgio de Chirico pintada en el año 1913.
Foto: CC
Enigma de una tarde de otoño , cuadro pintado por Giorgio de Chirico en 1909.
Foto: CC
A partir de entonces, De Chirico empezó a pintar escenas inquietantes y melancólicas. En cuanto a colores, en ellas predominaban el verde, el ocre y el gris. En sus paisajes urbanos y de influencia mediterránea los objetos, cuyo propósito era perturbar al espectador, llegaban a cobrar vida propia. Eso era más habitual cuando los espacios amplios y solitarios creados por el artista eran ocupados por unos personajes fantasmales que acabarían protagonizando muchas de sus pinturas: los maniquíes de sastre, figuras sin rostro cuya presencia anónima y enigmática animaba al espectador a percibir una nueva realidad. En realidad, De Chirico se inspiró en las emociones que le producían las sensaciones inesperadas que a veces descubría en los lugares o las cosas más familiares. En 1909, el propio pintor escribió: "Hay una multitud de cosas extrañas, desconocidas y solitarias que pueden traducirse en pintura [...]. Lo que se requiere, sobre todo, es una sensibilidad exacerbada".