La vida va de otra cosa, pero la cercanía de la muerte otorga una madurez humana distinta:
te hace comprender que nadie es realmente tu enemigo.
Caen las máscaras, se disuelven las rivalidades
y queda lo esencial: la fragilidad compartida,
la necesidad de reconciliación
y el valor de cada vínculo vivido con verdad.
Entonces el rencor pierde sentido.
La urgencia ya no es vencer, sino comprender.
Y el tiempo que queda se vuelve más limpio, más humano.
Juan Antonio Mateos Pérez
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