martes, 11 de enero de 2022

¿Qué es el judeoespañol?

 Si echamos un vistazo a los libros de texto de ESO o Bachillerato utilizados en España en la asignatura de Lengua Castellana y Literatura de estos últimos veinte años, descubriremos la falta de información que hay sobre el judeoespañol. 

Con suerte, solo encontraremos unas pocas líneas en los libros de Bachillerato dentro del tema dedicado a las lenguas de España y las variedades del español. Este vacío explica el desconocimiento general que existe entre la población española, ya que buena parte de ella no ha oído hablar nunca de algo tan hispánico como es el judeoespañol.









Carta escrita por Haim de León en España poco antes de la expulsión de 1492. Instituto Maale Adumim

El ladino, como también se denomina, «es la lengua descendiente de aquella que hablaban los judíos expulsados de España en 1492, por no haber querido convertirse al cristianismo», según afirma uno de estos manuales de clase de hace algunos años. El texto daba unos pocos detalles más: «La lengua hablada por los judíos sefardíes, desvinculada del castellano peninsular durante siglos y empleada sólo en el círculo familiar, se mantuvo a través de las generaciones sin apenas cambios. Por ello, la característica fundamental del judeoespañol es su arcaísmo, ya que ni siquiera fue afectada por el reajuste fonológico del siglo XVI».




El judeoespañol y sus hablantes

La definición anterior deja abiertas muchas cuestiones que necesitan aclararse o completarse. Lo primero que hay que saber es que el judeoespañol no es una lengua derivada directamente del latín, sino que es producto de la propia evolución del español fuera de las fronteras de la Península. La segunda cuestión se refiere a que no solo es hablada, sino también escrita por la población sefardí. 

Y ¿quiénes son los sefardíes? Son los descendientes de los judíos procedentes de España (o Sefarad) que fueron expulsados de los territorios de las coronas de Castilla y Aragón en 1492. Dichos sefardíes han seguido manteniendo la lengua española como seña de identidad, generación tras generación, a lo largo de toda su historia y hasta nuestros días.

Características del judeoespañol y sus variedades

Sin embargo, aunque pueda señalarse como característica del judeoespañol su arcaísmo, es un error entender que la lengua sefardí se ha mantenido prácticamente intacta después de más de cinco siglos. Todas las lenguas vivas están en continuo cambio.

Texto litúrgico de la Pascua judía (alrededor de 1900) University Libraries / University oWashingtoEs cierto que el ladino conserva elementos del pasado; por ejemplo, antiguos vocablos o voces desusadas en el español general de hoy, como conducho (“suministros”), 

mancebo(“joven, muchacho”) o preto (“negro”). También es evidente la existencia de formas propias del español del siglo XV (ferida “herida”; vido “vio”, estó“estoy”). El judeoespañol suena al conocido comúnmente como castellano antiguo, pero no lo es. 

El arcaísmo no es su única peculiaridad. Como sucede en todas las lenguas, el judeoespañol ha sufrido una evolución interna y externa, gracias en este último caso al contacto con otras lenguas extranjeras. 







La relación con esos otros idiomas ha sido de diferente naturaleza. Por un lado, el judeoespañol entró en contacto con las lenguas propias de los países donde se establecieron los sefardíes tras la Expulsión (especialmente la cuenca del Mediterráneo y los Balcanes). Por otro, se ha visto influido culturalmente por diferentes lenguas modernas de prestigio (italiano, francés, inglés). Y, por último, ha recibido la influencia de la lengua de su patrimonio espiritual y religioso, el hebreo.

El judeoespañol no ha sido ni es homogéneo, sino todo lo contrario, ya que su principal rasgo característico es el polimorfismo (“que puede tener distintas o múltiples formas”). De hecho, no es raro encontrar variantes de un mismo fenómeno que alternan en un mismo texto. 

Calendario en ladino publicado en Nueva York en 1916/1917. Wikimedia Commons











Además, dentro de él se pueden señalar diferentes variedades dialectales, que se agrupan en dos grandes familias: la norteafricana (o haquitía) y la oriental, que puede a su vez subdividirse en tres grandes zonas. La primera, el área central, ocupa el sur de los Balcanes, Turquía y Egipto. En ella se sitúan los tres grandes centros culturales sefardíes: Estambul, Salónica y Esmirna. La segunda, el área periférica europea, ocupa la zona norte y oeste de los Balcanes. 

Por último, el área periférica extraeuropea, correspondiente a Israel, constituye una nueva koiné (“lengua común que resulta de la unificación de ciertas variedades”) de elementos de las otras zonas.

La cronología

En la historia del judeoespañol se han podido señalar diferentes etapas. En primer lugar, tenemos un período de formación o preclásico (desde fines del siglo XV a finales del XVII); después se alcanza una fase de plenitud, la del judeoespañol castizo o clásico (siglo XVIII y mediados del siglo XIX), donde ya se puede considerar como la lengua propia (y de cultura) de los sefardíes; y, finalmente, encontramos el período de decadencia, el judeoespañol tardío o moderno (desde mediados del siglo XIX), en el que se dan las mayores influencias de otras lenguas modernas, sobre todo del francés.

El futuro del judeoespañol

Como se ha puesto de manifiesto, el judeoespañol no es único, sino diverso y múltiple. Hacia dónde se dirija su futuro es difícil saberlo, dependerá de sus hablantes y del interés que despierte en las nuevas generaciones. No se sabe con exactitud el número de personas que lo habla en la actualidad. En 2018, la web Ethnologue señaló que había 133 000 hablantes de ladino en todo el mundo (125 000 en Israel). 

Nuevo silabaryo Espanyol : metod pratika i moderna por el embezamiento de la lingua Djudeo-Espanyola, kompuesto segun las mejores metodas fransezas (1929). University Libraries / University of Washington

El Holocausto, la emigración y la existencia de unas redes sociales débiles, la influencia del propio español moderno y el desinterés de algunos sefardíes por el mantenimiento de su propia lengua, entre otras razones, contribuyeron al abandono progresivo del judeoespañol en el siglo XX. 






Sin embargo, la revitalización que está viviendo en estos últimos tiempos, especialmente gracias a internet, así como la aparición de múltiples cursos, conferencias o talleres –que han proliferado sobre todo durante la pandemia del COVID-19– están haciendo que cada vez más personas se interesen por aprenderlo o recuperarlo. No puede afirmarse, por tanto, que el judeoespañol haya desaparecido y que hoy no sea una lengua viva en el mundo

Sidney Poitier, reflejo del movimiento por los derechos civiles en la gran pantalla

 En el verano de 1967, Martin Luther King Jr. presentó al principal orador del banquete del décimo aniversario de la Conferencia de Liderazgo Cristiano del Sur. Su invitado, dijo, era su “hermano del alma”.

“Se ha labrado un hueco imperecedero en los anales de la historia de nuestra nación”, dijo King a la audiencia de 2 000 delegados. “Le considero un amigo. Le considero un gran amigo de la humanidad”.

Ese hombre era Sidney Poitier.

Poitier, que murió el 7 de enero de 2022 a los 94 años, rompió el molde de lo que podía ser un actor negro en Hollywood. Antes de la década de 1950, los personajes negros del cine reflejaban generalmente estereotipos racistas, como sirvientes perezosos y mamás rollizas. Entonces llegó Poitier, el único hombre negro que consiguió sistemáticamente papeles protagonistas en grandes películas desde finales de los años 50 hasta finales de los 60. Al igual que King, Poitier proyectaba ideales de respetabilidad e integridad. Atrajo no sólo la lealtad de los afroamericanos, sino también la buena voluntad de los liberales blancos.

En mi biografía sobre él, titulada Sidney Poitier: Hombre, Actor, Icono, traté de captar toda su vida, incluyendo su increíble trayectoria de éxito, su chispeante vitalidad en la pantalla, sus triunfos y debilidades personales y su intento de estar a la altura de los valores establecidos por sus padres bahameños. Pero el aspecto más fascinante de la carrera de Poitier, para mí, fue su simbolismo político y racial. En muchos sentidos, su vida en la pantalla se entrelazó con la del movimiento por los derechos civiles, y con la del propio King.



El actor Sidney Poitier marcha durante una protesta por los derechos civiles en 1968.


















Sidney Poitier, en el centro, marcha durante la Campaña de los Pobres en Washington, D.C., en mayo de 1968. Foto de Chester Sheard/Keystone/Hulton Archive/Getty Images

Una época de protestas

En tres columnas distintas en 1957, 1961 y 1962, una columnista del New York Daily News llamada Dorothy Masters se maravilló de que Poitier tuviera la cordialidad y el carisma de un ministro. Poitier prestó su nombre y sus recursos a las causas de King, y participó en manifestaciones como la Peregrinación de Oración por la libertad de 1957 y la Marcha sobre Washington de 1963. En esta época de sentadas, manifestaciones por la libertad y marchas masivas, los activistas optaron por la actitud no violenta no sólo para poner de manifiesto la opresión racista, sino también para ganar mayor simpatía para la causa de los derechos civiles.

En esa misma línea, Poitier eligió deliberadamente retratar a personajes que irradiaban bondad. Tenían valores decentes, ayudaban a los blancos y a menudo se sacrificaban. Obtuvo su primer gran papel en 1958, en Fugitivos, en la que interpretaba a un preso fugado esposado a un racista interpretado por Tony Curtis. Al final, con la cadena ya rota, Poitier salta de un tren para continuar junto a su nuevo amigo blanco. El escritor James Baldwin dijo haber visto la película en Broadway, donde el público blanco aplaudió con tranquilidad, aliviando su culpa racial. Cuando la volvió a ver en Harlem, los miembros del público, predominantemente negro, le gritaron: “¡Vuelve al tren, tonto!”.

King ganó el Premio Nobel de la Paz en 1964. Ese mismo año, Poitier ganó el Óscar al mejor actor por Los lirios del valle, en la que interpretaba a Homer Smith, un manitas ambulante que construye una capilla para unas monjas alemanas por la bondad de su corazón. La película, dulce y de bajo presupuesto, fue un éxito inesperado. A su manera, al igual que las espeluznantes imágenes de las mangueras de agua y los perros de la policía atacando a los activistas de los derechos civiles, fomentó el creciente apoyo a la integración racial.

Sidney Poitier actúa en la película _Adivina quién viene esta noche_.



















Sidney Poitier, Katherine Houghton y Spencer Tracy en la película de 1967 Adivina quién viene esta noche. Foto de RDB/ullstein bild vía Getty Images

Un hombre mejor

Cuando el actor pronunció su discurso en la Conferencia de Liderazgo Cristiano del Sur, tanto King como Poitier parecían estar perdiendo el control del público estadounidense. Disturbios sangrientos y destructivos asolaban las ciudades del país, reflejando el persistente descontento de muchos afroamericanos pobres. Los crecientes llamamientos al “Poder Negro” desafiaban los ideales de la no violencia y la hermandad racial, ideales asociados tanto a King como a Poitier. 

Cuando Poitier subió al atril esa noche, lamentó la “avaricia, el egoísmo, la indiferencia ante el sufrimiento de los demás, la corrupción de nuestro sistema de valores y un deterioro moral que ya ha marcado nuestras almas irremediablemente”. “En mis días malos”, dijo, “soy culpable de sospechar que hay un deseo de muerte nacional”.

A finales de la década de 1960, tanto King como Poitier se encontraban ante una encrucijada. La legislación federal estaba desmantelandolas leyes segregacionistas del Sur, pero los afroamericanos seguían sufriendo la limitación de oportunidades. King recetó una “revolución de valores”, denunció la guerra de Vietnam y lanzó la Campaña de los Pobres. Poitier, en su discurso de 1967 para la Conferencia Sur de Liderazgo Cristiano, dijo que adherirse a las convicciones de justicia social y dignidad humana de King, “ha hecho de mí un hombre mejor”.

Personajes excepcionales

Poitier trató de adherirse a sus propias convicciones. Mientras fue el único protagonista negro, insistió en interpretar el mismo tipo de héroe. Pero en la era del Poder Negro, ¿se había convertido el santo héroe de Poitier en otro estereotipo? Su rabia fue reprimida, su sexualidad sofocada. Un crítico negro, escribiendo en The New York Times, se preguntaba “¿Por qué la América blanca ama tanto a Sidney Poitier?”.

Sidney Poitier recibe la Medalla de la Libertad en 2009.

















El presidente Barack Obama entrega al actor Sidney Poitier, ganador del Óscar, la Medalla de la Libertad en 2009. Foto de Chip Somodevilla/Getty Images

Ese crítico tenía razón. Como el propio Poitier sabía, sus películas creaban personajes demasiado perfectos. Aunque los filmes permitían al público blanco apreciar a un hombre negro, también daban a entender que la igualdad racial dependía de esos personajes excepcionales, despojados de cualquier carga racial. Desde finales de 1967 hasta principios de 1968, tres de las películas de Poitier ocuparon el primer puesto en la taquilla, y una encuesta lo calificó como la estrella más rentable de Hollywood.

Cada película mostraba un héroe que calmaba el centro liberal. El respetable maestro de escuela de Rebelión en las aulas domina a un grupo de matones adolescentes en el East End de Londres. El agudo detective de En el calor de la noche ayuda a un malhumorado sheriff blanco del sur a resolver un asesinato. El médico de renombre mundial de Adivina quién viene esta noche se casa con una mujer blanca, pero sólo después de obtener la bendición de sus padres.

“Intento hacer películas sobre la dignidad, la nobleza y la grandeza de la vida humana”, declaraba. El público acudía a sus películas, en parte porque trascendía la división racial y la desesperación social, incluso cuando los afroamericanos, baby boomers y críticos de cine se cansaban del anticuado espíritu benefactor de estas películas.

Vidas entrelazadas

Y entonces, las vidas de Martin Luther King Jr. y Sidney Poitier se cruzaron por última vez. Tras el asesinato de King el 4 de abril de 1968, Poitier se convirtió en el representante del ideal que King encarnaba. Cuando se presentó en los premios de la Academia, Poitier se llevó una gran ovación. En el calor de la noche y Adivina quién viene esta noche acapararon la mayoría de los premios más importantes. Hollywood volvió a tratar la agitación racial de la nación a través de las películas de Poitier.

Pero tras el violento asesinato de King, el icono Poitier dejó de captar el ánimo nacional. En la década de 1970, una generación de películas de “Blaxploitation” presentaba héroes violentos y con una gran carga sexual. Eran una reacción contra la imagen del protagonista negro asociada a Poitier. Aunque su carrera evolucionó, Poitier ya no era una superestrella, y ya no cargaba con el peso de representar el movimiento por la libertad de los negros. Sin embargo, durante una generación había sido la principal expresión en la cultura popular de los ideales de Martin Luther King.

Els Monestirs de 4rt D

 Aqui teniu els del D.... tot i que falta un per accident laboral....






Els Monestirs de 4ESO C

 Aqui hi ha una altre mostra de l'art de la Maquetació per part dels alumnes de 4rt ESO C







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 Aqui teniu una mostra dels Monestirs que han fet els alumnes de 4rt ESO E...