martes, 6 de julio de 2021

Roma para trascender

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Plano de Roma de Gianbattista Nolli

Nuevamente una enfermedad vació las calles de Roma. La pandemia ha dejado a la Urbe sin turistas y ha desplumado y metido en el congelador a la gallina de los huevos de oro. El centro de Roma ha dejado de ser, al menos por unos meses, un parque temático atestado de colas, selfis y masas de personas que habían convertido el concepto del turismo (que nació precisamente aquí) en una palabra temida.

Dejemos a un lado las consideraciones a favor o en contra del turismo de masas «democrático» (basado en la cantidad y no en la calidad) y las muchas (y en muchos casos trágicas) consecuencias económicas y sociales que trajo la pandemia. Permítanme que nos centremos en aquello que, aunque sea de forma efímera, sí que ha recuperado la ciudad.

En Roma, como en muchas otras ciudades europeas convertidas en parques de atracciones desde los años noventa, sus habitantes han redescubierto el centro histórico. Es un espejismo de vida urbana, un paréntesis que, en circunstancias normales, ya solo existe y se disfruta en esas ciudades grises que no tienen ni una imagen reconocible, ni una foto en los carteles que ofertan las agencias de viajes. Los pocos afortunados que se han dejado caer por ahí en esta época han podido ver a los romanos practicado por primera vez en mucho tiempo el turismo interior en su propia ciudad.

Mi abuelo, que era pintor, me contó que una vez, allá por los años cincuenta, pudo admirar durante horas los frescos de la Capilla Sixtina tumbado en el suelo y que esa fue una de las mayores lecciones de pintura que recibió. Pues bien, Roma está llena de lugares que solo evocan alguna reflexión interesante si se tiene el tiempo (y la correcta compañía) para poder tumbarse largo y tendido en el suelo de un palacio y disfrutar de un fresco barroco y cuasi psicodélico del tamaño de un campo de tenis.

Roma exige tiempo y reposo para ser comprendida, para entender lo que uno tiene ante sus ojos. Huelga decir que si algo falta en nuestra época son precisamente esas dos cualidades. Tampoco descubro América si digo que esta ciudad es una oda a la exuberancia, a la celebración del cuerpo desnudo o, mejor dicho, casi completamente desnudo. Una oda a la sensualidad, que te envuelve, que te deja sin palabras. Apabulla. El tiempo permite sentarse y pensar, para dibujar y asimilar mientras se deja que la imaginación evoque las fiestas e intrigas nocturnas de las que han sido testigo, por ejemplo, las suntuosas estancias de la Villa Borghese. Allí entre penumbras, iluminadas únicamente por velas, cuyos parpadeantes resplandores hacían que cuadros, frescos y esculturas cobrasen vida y movimiento.

De Miguel Ángel a Bramante, de Bernini a Borromini, de Caravaggio y Rubens a Velázquez, de Maderno a Pietro da Cortona y así hasta Nervi, Renzo Piano y Zaha Hadid. Roma siempre fue contemporánea pero casi nunca moderna. Roma no es cartesiana. Uno mira Roma al atardecer desde un balcón de la Villa Médicis y se pregunta cómo es posible que una ciudad repleta de edificios y obras de arte que proyectaron los mejores artistas de cada época parezca, a priori, tan caótica, espontánea y desorganizada. ¿Cómo y por qué los mejores de su tiempo planificaron este desaguisado? La respuesta, sin embargo, está justo a la vista, justo levantando la cabeza y mirando hacia el occidente. En el extremo opuesto de la ciudad, dibujada como una silueta oscura a la contra de la luz dorada que ilumina las tardes romanas. La cúpula de San Pedro en el Vaticano. Roma es el catolicismo convertido en columnas, tejados, arcos y muros. Es la plasmación física de uno de los conjuntos de ideas más complejos y sofisticados que ha desarrollado la humanidad a lo largo de su historia. Consiste en alcanzar a Dios tratando de escudriñar, entender y aceptar los accidentes propios y universales de la condición humana: las pasiones, las tragedias, las vanidades, la ironía, el cinismo, la maldad y la bondad… En definitiva, Roma viste con una compleja, sutil y prevista estética urbana las incoherencias laberínticas de la vida misma para llegar a la luz, a la belleza, a la verdad.

En su fabuloso mapa de 1701, Gianbattista Nolli nos muestra el trazado de la Roma de los papas, resultado de más de un siglo de obras que se mezclaron en la fisionomía de la antigua ciudad medieval tras el cisma luterano, el saqueo de las tropas de Carlos V y el Concilio de Trento. Un conjunto armonioso de laberintos y accidentes propios del libre albedrío, que quedan delimitados y organizados por los obeliscos, las visuales perspectivas, los tridentes y las rectas avenidas barrocas, auténticos dogmas que nos orientan entre el caos y —sin dejar de atender a lo que ocurre a nuestro alrededor— nos desvelan el camino recto dentro de la urbe y de la vida.

Por supuesto que hay muchas ciudades irregulares y espectaculares por el mundo (y particularmente por Italia). Pero es en Roma, que siempre fue ciudad de viajeros y peregrinos predispuestos a una adoración cuasi idólatra de cada esquina, donde ningún destrozo ideológico, ningún envite fruto del espíritu de su época, fue capaz de desvirtuar su esencia como lo ha hecho el turismo de masas. Como si de un drogadicto callejero se tratase, Roma sucumbió a la «mano invisible», a las hordas de selfis, sonrisas impostadas, merchandising barato y trattoriasmediocres a precio de oro.

La arquitectura y la suma de arquitecturas (las ciudades) son el espejo de cómo somos y cómo fuimos, de las sociedades que las construyeron y por tanto de las ideas de cada época. Y ahora que los turistas no estamos, y que reaparece su esencia dormida, puede ser peligroso para el ciudadano contemporáneo ponerse a comparar la grandeza de aquellas ideas viejas que crearon esta compleja y deslumbrante urbe abigarrada con las ideas modernas que planificaron la mayor parte de las ciudades en las que vivimos. Las comparaciones son odiosas y para ese ciudadano contemporáneo, pasear por la Roma pandémica bien podría suponerle una enmienda a la totalidad, una opa hostil a sus ideales y valores, en este momento de agotamiento postmoderno. En Washington, asaltadas su colina y su capitolio por hordas de bárbaros, vemos el fin de una Pax Americana efímera y moribunda ya desde comienzos de siglo. Se ha vuelto a poner en marcha la historia y tras más de dos décadas de incertidumbres, de cambios de paradigma, no está de más echar la vista hacia nuestros orígenes, hacia esa Roma que nos muestra nítidamente cuán superfluas y destructivas pueden ser las formas de pensar y actuar que han dirigido a nuestras sociedades desde la llegada de la modernidad. Roma acumula los mejores ejemplos de cómo todas las corrientes de pensamiento occidental han intentado modificar sin éxito sus fundamentos. Desde las masónicas avenidas garibaldinas, pasando por los endiosamientos urbanísticos del fascismo, hasta llegar a los enormes y grises complejos habitacionales de comunión marxista que, como Corviale o Tor Bella Monaca, nos muestran la distopía y el infierno social en sus periferias.

Roma es un ejemplo nítido de una forma concreta de concebir el mundo. Una forma en constante evolución, que literalmente dialoga, se apoya y respeta el pasado para mirar al futuro con escepticismo y disfrutar del presente con alegría. Es el mejor ejemplo de la supremacía de los valores conservadores, indisociables al catolicismo. Y digo el mejor ejemplo, porque es precisamente eso lo que disfrutamos de forma inconsciente al pasear por sus calles. Esa magia que predispone hasta al más recalcitrante numerario del antiguo PCI a traicionarse a sí mismo y coger sigilosamente el autobús (el día que sabe que no habrá huelga), para dejarse caer por ese centro histórico «reaccionario» y escapar, aunque sea por un rato, de los planificados «paraísos» funcionalistas cada vez que el corroído hormigón de las afueras se le vuelve irrespirable.

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Corviale, bloque de viviendas de un kilómetro de longitud, Roma.

Roma, empírica y pragmática, jamás fue enemiga de la razón (ahí están sus estatuas, fachadas y cúpulas, resistiendo el paso y el peso de los siglos), pero sí escéptica con el Discurso del Método y enemiga de aquellas consecuencias lógicas (resultado de pensamientos abstractos) cuando éstas, como Corviale, terminan por enajenarse de la realidad y aún así se nos presentan como verdades últimas y reveladas. Síntesis con las que la mentalidad positivista ha ocupado todas las ciencias, las artes y la política. Algo que tanto Descartes como Pascalya intuyeron y criticaron.

La consecuencia, desde la Ilustración, fue la división de las ciencias en compartimentos estancos y la desaparición de las verdades absolutas que cimentaron la moral de las personas y el poder blando de los papas. En su lugar, apareció el Leviatán secular, ese demiurgo justificado, ese ingeniero social y creador del hombre nuevo que, sin otros frenos que la lógica deductiva, racionalizó la supremacía de unos hombres sobre otros y perversamente justificó todas esas salvajadas que desde entonces han mandado, por causas abstractas, a millones de personas al matadero.

Los necios que atacan a la Iglesia por sus crímenes de antaño, por sus inquisidores juicios a individuos concretos, ensalzan a otros monstruos con pasados infinitamente más crueles. El del humanismo impersonal que tantas veces ha reducido las tragedias a mera estadística, a números ordenados en una tabla de defunciones. Estos celosos del orden son los mismos que banalizan el racionalismo de líneas rectas y fachadas paralelas unas a otras, cuya misión última es glorificar el poder del Estado. Frente a ellos, Roma ofrece sensualidad. Un cúmulo de accidentes que buscan exprimir nuestro raciocinio individual a través de la experiencia y de los sentidos. Porque ver una fachada de costado y no de frente y además parcialmente cubierta, (igual que un muslo o un escote) provoca interés y despierta curiosidad. No son imágenes ideales, ni aparentemente ordenadas, ni completas.

Al contrario, nos invitan a vivirlas y experimentarlas para poder llegar a conocerlas.

Vamos con tres ejemplos (mis favoritos por su sutileza exquisita) de los cientos que encontraremos en la ciudad:

1.  A espaldas de la plaza Navona, en un aparente fondo de saco se encuentra la pequeña iglesia de Santa María de la Paz, una joya proyectada por Pietro da Cortona.

Y recalco «proyectada», es decir pensada, calculada y dibujada en forma de planta simétrica sobre un eje asimétrico. En un ángulo de casi 75° sobre el vértice central de la vía, pese a situarse en la «ideal» posición de presidir el fondo de saco. La planta de la iglesia respeta el claustro construido previamente por Bramante, pero ¿por qué Cortona, teniendo la opción de hacerlo, no situó ni siquiera la fachada enfrentada 90° al eje de la calle? ¿Qué suponen esos pocos grados de imperfección cartesiana?

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Iglesia de Santa María de la Paz. Como si de una puerta entreabierta se tratase, se sugiere la plaza y la iglesia al final de la calle.

2. Un ejemplo similar lo encontramos en la Plaza de España. Fíjese el caminante en la sutil desalineación entre la escalinata, elegante y simétrica, perfectamente alineada, esta sí, con el obelisco de la cima, pero no con la fachada de la iglesia de Trinitá dei Monti. ¿No podían haber puesto la escalera y el obelisco en su sitio? ¿Y si ese debe ser precisamente su sitio?

¿Y si la aparente imperfección platónica es la única verdad revelada? ¿No son esos pocos grados en el compás lo que convierte en genial esa composición urbana, que estimula nuestro sentido de la belleza y nuestra percepción escenográfica del espacio?

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Escalinata española, obelisco e iglesia de Trinitá dei Monti, claramente desalineados.

3. Cambiemos por último de ejes a perspectivas, ¿realidad o ficción? Roma es un derroche de juegos de espejos y trampantojos. Perspectivas falsas que nos hacen creer que estamos frente a galerías, jardines o esquinas con formas y tamaños distintos a la realidad. Un mundo de percepciones fenomenológicas que tienen entre sus máximos exponentes la falsa galería del Palacio Spada (Borromini), la fuga acelerada de la Scala Regia (Bernini) o la plaza del Capitolio (Miguel Ángel), maravillosos ejemplos (sobre todo el último) de cómo para conseguir la plaza ideal, hay que jugar con las percepciones de los seres humanos. ¿Acaso no es fruto de la razón planificar una éntasis urbana, una escalera y una plaza asimétricas, de forma cónica y con una elipsis en el suelo, que al jugar con el efecto tridimensional de la perspectiva, nuestros ojos y nuestro cerebro interpretan como simétrica, con fachadas paralelas que dibujan una plaza cuadrada con un círculo en el suelo?

Que baje Dios y lo vea.

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Plaza del Campidoglio, efecto óptico desde los pies de la escalinata.

No, no es el efecto de los negronis, Miguel Ángel quiso que viéramos una escalinata y una plaza recta e ideal y por eso las hizo torcidas. Porque entendió que lo más parecido a la verdad, a la belleza, al paraíso, es la imperfección controlada y no la materialización de un ideal, cuya búsqueda solo puede conducir a la catástrofe o al frenopático. Ese paraíso en la tierra que tantas veces se ha convertido en infierno. Esa es la gran lección romana.

La demostración de que más de dos mil años de caos ordenado (complejo y contradictorio) que evoluciona a lo largo del tiempo respetando sus tradiciones, han creado el más bello y maravilloso de los resultados posibles. Siempre a la vanguardia de su presente pero sin olvidar su pasado.

Citando a Gombrich y a Carlo Argan: las plazas y las plantas de Bernini, así como las fachadas y estructuras de Borromini, encarnaron en piedra la tensión del barroco, superando las normas del renacimiento y recuperando la escolástica del gótico. Si como también dice Chesterton, santo Tomas y san Francisco desarrollaron el potencial propio de la doctrina católica, se puede afirmar que Bernini y Borromini, los grandes herederos de Miguel Ángel, hicieron lo propio con la tensión artística entre la razón de lo urbano y la emoción de lo edificado. Teología construida. 

Y estos son solo un par de ejemplos. A tenor de lo que uno se encuentra tras cada esquina, cada plaza o capilla, en cada altar, fresco, cúpula o estatua, resulta difícil casar la realidad, la verdad que se tiene delante con esa idea preconcebida de un catolicismo fanático, oscurantista y rigorista, más propio de las propagandas luterana y moderna que nos hemos tragado sin masticar. Lo que tenemos delante es una verdad compleja, construida a lo largo de más de veinte siglos, que se revela a cada pocos pasos: un cúmulo de creencias, supersticiones idolatrías disfrazadas de santos y vírgenes y una panoplia de imágenes de la mitología clásica que «esconden» abiertamente todo tipo de perversidades lujuriosas, estetas y sensuales. Es esa celebración perpetua de la decadencia la que hay que disfrutar en Roma, brindando, martini en mano, por esos grandes maestros de la forma, el espacio y la luz, mientras cae la tarde sobre sus tejados.

Sacrificios, trampas y nudismo: conoce el origen de los Juegos Olímpicos en Grecia

 Quiero que el lector se imagine a Rafael Nadal jugando al tenis completamente desnudo. O que piense en Usain Bolt corriendo los cien metros lisos como Dios le trajo al mundo, en Michael Phelps nadando a crol con el pompis coloreado de blanco y saliendo a respirar cada tres brazadas, como una ballena. Pero a la vez, aprecie la belleza de sus cuerpos, admire el sudor brillante que humedece esos pectorales pulidos e inimitables, aplauda la posición de sus caderas,comente con sus amigos heterosexuales lo fortachón que parece Pau Gasol mientras corre dando largas zancadas por la cancha, y no aplauda solo el triple apoteósico que acaba de encestar, sino también su silueta que parece que un escultor talló en el mármol más fino de Grecia. A las mujeres no hace falta que las imagine desnudas porque apenas competían en los Juegos Olímpicos antiguos, y si lo hacían era vistiendo una túnica corta por encima de la rodilla, enseñando nada más que el hombro derecho.

Imagine los Juegos Olímpicos tal y como eran antes, únicamente con los medios de hoy, con ese ligero cambio, y asómbrese conmigo. El cuarto día de competiciones se sacrificarían cien bueyes al dios Zeus ylos deportistas más osados se bañarían en su sangre, orando a gritos; sería un espectáculo fascinante (y extraordinariamente sangriento) digno de una película.

El tramposo Enomao

Vayan a Olimpia aunque sea con los libros y averigüen cómo sería una mentalidad así en los Juegos del año actual. Supone un ejercicio divertido. Existen múltiples leyendas para explicar el origen de las Olimpiadas en este lugar sagrado y dedicado a Cronos en sus orígenes, el mismo padre de Zeus que se había comido a todos sus hijos hasta que Zeus se cambió por una piedra, y le hizo vomitar a todos los hijos que se había comido. Una versión primigenia de dios y cuyo nombre es hoy un sinónimo del tiempo. Una de las leyendas, quizá la más conocida, asegura que el origen de las competiciones se debe a la carrera entre Pélope (padre de Menelao y Agamenón, los reyes que atacaron Troya) y el rey Enomao. Enomao dijo que casaría a su hija con quienquiera que le venciese en una carrera de cuadrigas pero el mamón sobornaba o directamente asesinaba a sus contrincantes para ganar las carreras. Quisieron los dioses un milagro, que un esclavo de Enomao que estaba hasta las castañas de su señor se alió con Pélope y cambió las tuercas del carro del rey de Pisa por unas de cera. Pélope ganó la carrera y dicen que el rey Enomao se suicidó tras su derrota, el chico se casó con la chica y gobernaron muy juntos y felices en el Peloponeso.

Restos del Filipeo, monumento construido  en Olimpia por orden de Filipo II de Macedonia, el padre de Alejandro Magno.
Restos del Filipeo, monumento construido en Olimpia por orden de Filipo II de Macedonia, el padre de Alejandro Magno.ARUNS911DREAMSTIME

Hay más historias pero esta es la más consensuada, técnicamente hablando, en lo que se refiere al mito fundacional de los Juegos Olímpicos. En términos de Historia estricta, sabemos que el rey Ífito de Elis ordenó organizar los primeros juegos en el 776 a. C, según él porque se lo había ordenado el Oráculo de Delfos. Pero vengan, vengan conmigo. Echemos un vistazo a los Juegos Olímpicos que nos hemos inventado.

Violencia sagrada

A lo largo de su duración, o incluso varios meses antes para garantizar la seguridad de los participantes, se pactaría una paz global, en todo el mundo. Antiguamente la paz sólo estaba pactada para Grecia (porque únicamente participaban en ellas los griegos y como invitados, alguna vez, los romanos) pero si hoy juegan todos los países, pues podríamos imaginar que la paz fuera global, aunque solo sea por unos días, una paz global, lo imagina. La necesidad, el instinto hambriento que el hombre siente hacia la guerra se mitiga con el rito, en la sangre del cuchillo, abrazando al buey herido que muge aterrorizado sobre el enorme altar.

El escenario de este milagro sería, todos los años, como era antes, la villa olímpica de Olimpia. La redundancia redomada. El boxeo se lucharía sin guantes hasta que uno de los jugadores (todavía desnudo) se sometiese, y el estilo sería más callejero, con menos normas que el boxeo actual. Tras un buen combate sería habitual que el público se lance a los pies del ganador y luego se correrían una tremendísima bacanal en honor a Dionisio. Y si llegara a conocerse que el vencedor hizo algún tipo de trampa, la recaudación de la multa se destinaría a esculpir uno de los zanes (pequeñas estatuas de Zeus fundidas en bronce) ubicadas en la vía procesal. Hoy veríamos miles de estatuas de Zeus brillando y vigilando a los deportistas.

Dato curioso número 872 sobre las Olimpiadas: unas 40.000 personas acudían a ver los Juegos Olímpicos antiguos frente a los 1,7 millones que fueron a Río de Janeiro en 2016.


Las excavaciones arqueológicas en Olimpia comenzaron en el siglo XIX y todavía hoy continúan.
Las excavaciones arqueológicas en Olimpia comenzaron en el siglo XIX y todavía hoy continúan.IRINA PAPOYANDREAMSTIME

Me asusta un poco el rollo que llevaban pero sigamos viendo cómo sería este lugar de sacrificios y exotismo. En Olimpia pasamos junto a una charca y nos encontramos con los restos sumergidos (succionados por el barro, perdidos) del hipódromo donde corrían las cuadrigas. Solo imagine eso hoy. ¡Por Cástor y Pólux, háganse una idea! La tecnología de ahora hace suponer que las carreras de cuadrigas serían una barbarie increíble. Y los estadios serían enormes, más grandes que el Bernabéu. No podemos imaginarlo del todo. Ya entonces rodaba una que otra cabeza si era voluntad de Hera, pero era habitual que algún mozo (el recogepelotas de la época) fuera atropellado cuando iba a recuperar el brazo de este o aquel auriga, para deleite del público. Caramba. Vivimos en una tierra donde cientos de millones de personas estuvieron dispuestas a rugir si Cristiano Ronaldo (o su homónimo de entonces) se desnucara, algo así, o si se rompiese ambas piernas, qué barbaridad. Un mundo donde millones enteros apostarían con algo tan cruel y tan nimio como son los caballos… las grandes víctimas del espectáculo.

En los laterales de la Villa Olímpica estarían dispuestos varios edificios de mármol (¿hoy acero?) con los tesoros que varias ciudades quisieron donar en honor a Zeus o Hera, y en el centro de la villa estaría el Templo de Zeus. Antiguamente albergaba una de las siete maravillas del mundo antiguo, una perla desaparecida, la gigantesca estatua de Zeus – Amón acabada con oro y marfil; hoy, quién sabe qué guardaría, o el tamaño de la estatua. ¡Anda! Y por aquí se rebozaban los deportistas cuando lo de los bueyes.

Dato curioso número 468 sobre las Olimpiadas: el emperador Nerón de Roma compitió en las Olimpiadas como hacían los niños ricos de la época. Extorsionó a sus contrincantes y corrió en solitario. Incluso se cayó de la cuadriga en una curva pero ganó la carrera de todos modos.

Olimpiadas musicales

"Nerón y Senéca", escultura de Eduardo Barrón. A Nerón se le atribuye también el suicidio de su maestro Séneca, después de haberlo condenado a muerte.
"Nerón y Senéca", escultura de Eduardo Barrón. A Nerón se le atribuye también el suicidio de su maestro Séneca, después de haberlo condenado a muerte.EDUARDO BARRÓNDOMINIO PÚBLICO

Teniendo en cuenta que muchos de los participantes eran guerreros, se comprende que las pruebas fueran del estilo: lanzamiento de jabalina, salto de longitud, carreras, diversos tipos de lucha (el pancracio resulta especialmente interesante), cuadrigas y todo eso; pero aquí encontramos un dato interesante: también había competiciones artísticas. Hubo concursos de heraldos y de trompeteros, competiciones musicales, de actores, poetas…

Imagínense: Olimpiadas de 1984 en los Ángeles. Hoy hay partido, no puedo quedar. Juegan Guns N´ Roses por Estados Unidos y España con Rocío Jurado. Duelo de titanes. Recordemos, siempre desnudos. A no ser que la norma permitiera a los artistas elegir su disfraz, según determine el Consejo Olímpico.

Antes el Consejo Olímpico lo formaban los ancianos de los pueblos que habitaban en torno a Olimpia, que de una forma prácticamente hereditaria recibieron durante siglos y siglos la responsabilidad de defender los ideales de los juegos. Y los ideales de los Juegos eran sagrados. Durante el tiempo que ocupaban el cargo eran intocables. Tuvo que venir Teodosio I con su puritanismo religioso para declarar los juegos prohibidos en el año 392 después de Cristo, y llevaban celebrándose de forma casi ininterrumpida durante mil años mientras los juegos modernos comenzaron hace poco más de cien, eso da para pensar. El desconocido Consejo Olímpico se mantuvo durante mil años, como un edificio muy preciado. Eso da que pensar.


los mayas de tikal pudieron tener parques como los de las grandes ciudades actuales

 La Gran Plaza de Tikal, en la selva del Petén, en Guatemala.

La Gran Plaza de Tikal, en la selva del Petén, en Guatemala. Foto: iStock

la ciudad maya de Tikal, en la selva de Guatemala, fue hace siglos una metrópoli bulliciosa que acogió a una población de decenas de miles de personas. El entorno urbano comprendía carreteras, plazas pavimentadas, imponentes pirámides, templos y palacios, además de miles de casas para alojar a las personas que allí vivían, que lo hacían básicamente de la agricultura. Ahora, un grupo de investigadores de la Universidad de Cincinnati afirma en un reciente estudio publicado en la revista Nature Scientific Reports que los embalses de Tikal, fuentes imprescindibles de agua potable para la ciudad, estaban bordeados de árboles y de una exuberante vegetación que habrían proporcionado, además de la indispensable agua necesaria para la vida, un lugar de gran belleza natural en el corazón de la ajetreada urbe.

ESTUDIOS PARA IDENTIFICAR PLANTAS

Los autores de este estudio han desarrollado un novedoso sistema para analizar el ADN de plantas antiguas que ha podido extraerse de los sedimentos de los embalses del templo y del palacio de Tikal. Gracias a ello se han podido identificar más de treinta especies de árboles, hierbas, enredaderas y plantas con flores que surgieron allí hace más de mil años. Los resultados recrean la imagen de un oasis verde y silvestre. "Casi todo el centro de la ciudad de Tikal estaba pavimentado. Eso se traduciría en un ambiente muy caluroso durante la estación seca, así que tendría sentido que hubiera lugares agradables y frescos alrededor de los embalses. Debió de haber sido un lugar muy hermoso para que los reyes y sus familias se solazaran", comenta el paleoetnobotánico David Lentz, profesor de Biología en la Facultad de Artes y Ciencias de la Universidad de Cincinnati y autor principal del estudio.

Casi todo el centro de la ciudad de Tikal estaba pavimentado. Eso se traduciría en un ambiente muy caluroso durante la estación seca, así que tendría sentido que hubiera lugares agradables y frescos alrededor de los embalses, dice David Lentz.

Lentz y su equipo plantean cuatro hipótesis sobre qué plantas podrían haber crecido alrededor de esos embalses: ¿Cultivaron allí los mayas plantas como maíz o calabaza? ¿o tal vez árboles frutales como los que se han descubierto en un embalse similar en la presa Purrón, en México? ¿Quizás alinearon los embalses con espadañas de acuerdo con su apodo de "gente de los juncos"? Lentz señala que en este contexto, los nenúfares a menudo aparecen representados en las pinturas mayas. "En la iconografía maya, los nenúfares simbolizan la continuidad entre el mundo acuático y el mundo de arriba. Eran parte de su mitología", afirma el científico.

La ceiba, árbol sagrado para los mayas.

LA CEIBA, ÁRBOL SAGRADO PARA LOS MAYAS.

Foto: iStock

BOSQUES INTACTOS

Pero los investigadores hallaron pocas evidencias que pudieran apoyar alguna de las hipótesis anteriormente planteadas. En cambio, sí encontraron pruebas que reforzarían una cuarta idea: la de que los mayas dejaron bosques intactos en algunos terraplenes que bordeaban la ciudad. Esto habría ayudado a prevenir la erosión y habría proporcionado plantas y frutos medicinales o comestibles a la población. Los autores del estudio localizaron restos de una gran variedad de plantas que viven a lo largo de los acuíferos, incluidos árboles como la corteza de repollo y el ramón o nogal maya, que se elevan a más de treinta metros de altura. Lentz explica que el ramón es una especie de árbol de bosque lluvioso, el tipo de espesura dominante en Guatemala. "Sorprende encontrar ramones alrededor del embalse. La respuesta podría ser que dejaron esa parte del bosque intacta. Tikal tiene un clima severo. Es bastante difícil sobrevivir cuando no llueve durante cinco meses al año. Este embalse habría sido una importante fuente de vida. Por lo tanto, a veces los mayas protegían esos lugares al no talar los árboles, y además así preservaban un bosque sagrado", sugiere Lentz.

Los autores del estudio hallaron restos de una variedad de plantas que viven a lo largo de los acuíferos, incluidos árboles como la corteza de repollo y el ramón o nogal maya, que se elevan a más de treinta metros de altura.

Entre docenas de plantas nativas de la región, los autores del estudio hallaron restos de cebollas y cerezos silvestres, higos y dos tipos de hierbas. Lentz dice que las semillas de hierba podrían haber sido introducidas en el embalse por las aves acuáticas, y la hierba habría proliferado en los bordes de estos embalses durante las estaciones secas y las sequías. "Tikal tuvo una serie de sequías devastadoras. A medida que los niveles del agua fueron bajando, proliferaron las algas verde azuladas, que producen sustancias tóxicas. Las sequías fueron buenas para la hierba, pero no tanto para las plantas del bosque que crecían a lo largo de las orillas del embalse", explica Lentz.

Imágenes Lidar que muestran la ubicación de los embalses del Palacio y el Templo dentro del recinto central de la ciudad de Tikal.

IMÁGENES LIDAR QUE MUESTRAN LA UBICACIÓN DE LOS EMBALSES DEL PALACIO Y EL TEMPLO DENTRO DEL RECINTO CENTRAL DE LA CIUDAD DE TIKAL.

Imagen Lidar: Francisco Estrada-Belli, MARI GIS Lab and the Fundación Patrimonio Cultural y Natural Maya-PACUNAM; mapa: Nicholas Dunning y David Lentz

PARQUES DE RECREO

Así ¿eran estas áreas silvestres el equivalente a un parque actual?"Creo que lo fueron. Lo que sin embargo no podemos saber es si fueron públicos. Esta era una zona sagrada de la ciudad rodeada de templos y de palacios. No sé si los plebeyos habrían sido bienvenidos aquí", se cuestiona Lentz. Tikal fue una floreciente sede de poder, un centro ceremonial de gran importancia y un notable núcleo de comercio en Mesoamérica, y alcanzó su auge hace más de 1.200 años. Hoy en día, el sitio es un magnífico parque nacional rodeado de selva tropical primaria. Pero hace más de mil años, el área habría sido muy distinta. En lugar de selva tropical, el centro de la ciudad habría estado rodeado de casas y parcelas agrícolas donde se cultivaban maíz, frijoles y calabazas, productos necesarios para mantener a una gran población de 60.000 personas o más.

Tikal fue una floreciente sede de poder, religión y comercio en Mesoamérica, y alcanzó su auge hace más de 1.200 años.

Dada la deforestación que sufrió la zona de Tikal durante toda su historia, la presencia de un bosque intacto en el interior de la urbe habría, sin duda, destacado, según afirma Nicholas Dunning, profesor de Geografía de la Universidad de Cincinnati y coautor del estudio. "No habría sido un gran parque, tal vez unos cincuenta metros por cincuenta metros. Pero habría contrastado vivamente con el área circundante del recinto central de la ciudad, que estaba esencialmente pavimentada en su totalidad con yeso, y con muchos de los edificios coloreados de un rojo intenso", teoriza el investigador.

AMOR POR LA VEGETACIÓN

En Tikal, los embalses habrían tenido una importancia más allá de su valor como fuentes indispensables de agua. "Dado que los mayas eran una cultura forestal cuya cosmología incluía muchos elementos del bosque (por ejemplo, ciertos árboles sagrados, como la ceiba, que sostenían el cielo), tener un bosque sagrado adyacente al manantial sagrado y al estanque en el corazón mismo de la ciudad debió de tener una simbología extremadamente poderosa, algo así como poseer partes del cosmos en miniatura. Por otro lado, las antiguas ciudades mayas en su conjunto eran muy verdes. Lejos del recinto central de Tikal, la mayor parte de la tierra estaba compuesta por árboles o cultivos gestionados. Casi todos los complejos domésticos contaban con grandes jardines. Gran parte de los alimentos consumidos por los habitantes de las ciudades mayas probablemente se cultivaron dentro del recinto urbano. Nada parecido a una ciudad occidental moderna", explica Dunning.

Las antiguas ciudades mayas en su conjunto eran muy verdes. Lejos del recinto central de Tikal, la mayor parte de la tierra estaba compuesta por árboles o cultivos gestionados.

Hasta la fecha, los investigadores han analizado los cultivos y las plantas silvestres que crecieron en la antigua Tikal a través del estudio del polen o el carbón antiguos. Para este estudio, sin embargo, la Universidad de Cincinnati recurrió a la secuenciación de ADN de próxima generación, una técnica capaz de identificar plantas y animales incluso con pequeñas hebras de ADN. "Por lo general, se necesita ADN de alta calidad y una alta concentración del mismo para el trabajo de próxima generación. Las muestras de Tikal eran de mala calidad y su concentración era muy baja", comenta Eric Tepe, botánico de la Universidad de Cincinnati y coautor del estudio.

ESTUDIOS DE ADN

Por su parte, las microbiólogas Alison Weiss, profesora de la Facultad de Medicina de la Universidad de Cincinnati, y Trinity Hamilton, de la Universidad de Minnesota, asumieron la tarea de analizar el ADN microbiano antiguo procedente de las muestras de sedimento del embalse principal de Tikal. Weiss ha estudiado las bacterias E. colipatógenas y los microbiomas humanos en su laboratorio. "El ADN es antiguo, por lo que tiende a degradarse con pequeñas secuencias cortas", afirma Weiss.

Así, con la ayuda de la empresa Rapid Genomics de Florida, los científicos de la Universidad de Cincinnati han desarrollado una nueva sonda para seleccionar el ADN de las plantas en las muestras de sedimentos, y han podido amplificar pequeñas hebras de ADN de los cloroplastos (las estructuras de las plantas donde tiene lugar la fotosíntesis). A continuación, los investigadores podrán hacer coincidir las antiguas muestras de Tikal con el ADN de especies de plantas conocidas de la misma manera que los científicos amplifican el ADN ribosómico para identificar especies de bacterias. "El análisis ha representado un desafío porque hemos sido los primeros en hacer algo así. El ADN ribosómico bacteriano tiene una base de datos. En cambio no existía ninguna base de datos para esto. Tuvimos que tomar las secuencias una por una y buscar en la base de datos general para encontrar la coincidencia más exacta", explica Weiss.

Los investigadores podrán hacer coincidir las antiguas muestras de Tikal con el ADN de especies de plantas conocidas de la misma manera que los científicos amplifican el ADN ribosómico para identificar especies de bacterias.

Según Eric Tepe, "este proyecto ha sido un poco como un disparo en la oscuridad. Casi esperábamos no obtener ningún resultado. El hecho de que pudiéramos hacernos una idea de la vegetación que rodeaba los embalses de Tikal es, en mi opinión, un éxito espectacular y algo que esperamos poder aplicar a otros sitios mayas". Los investigadores de la Universidad de Cincinnati pueden ahora estudiar el mundo antiguo de una forma nueva y muy prometedora. "Estamos encantados de haber tenido éxito. Nos ha llevado mucho tiempo descubrir el modo de hacerlo y asegurarnos de que no se trataba de datos basura. Poder aprender más sobre los pueblos antiguos a partir de estos estudios de sedimentos es muy emocionante", concluye Weiss.