martes, 1 de octubre de 2019

La comida tradicional durante el Rosh Hashaná

A pesar de que el calendario con el que nos movemos los occidentales, el gregoriano, está extendido por todo el mundo desde hace tiempo, hay otros incluso más antiguos que continúan estando vigentes hoy para millones de personas. Corresponden a culturas distintas ligadas a generalmente a diferentes religiones, como es el caso del judaísmo. El Rosh Hashaná es la celebración del Año Nuevo judío, y tiene asociado toda una serie de comidas y alimentos tradicionales.
El pasado mes de enero ya comentamos algunas de las comidas típicas con las que se recibe el nuevo año en diferentes países. Religión, tradición y cultura van inevitablemente unidos, y también la alimentación, que cobra un carácter simbólico y ritual. Estas cuestiones despiertan mi curiosidad historiadora, mucho más si se relacionan con la comida. Las costumbres judías no son muy conocidas en nuestro país, y por eso considero interesante que nos acerquemos un poco a la comida tradicional del Rosh Hashaná.

Origen y significado

Rosh Hashaná
Rosh Hashaná, o Rosh Hashanah (ראש השנה en hebreo), significa literalmente "cabeza" o "primero" de año" y se refiere al Año Nuevo del judaísmo. Se celebra el primer y segundo día de Tishrei, el séptimo mes del calendario hebreo, y este año corresponde al día cinco de septiembre. En realidad, los actos comienzan la víspera y se alargan hasta el anochecer de la jornada siguiente.
Según la tradición judía, a partir de los textos sagrados recogidos en la Torá, el mes Tishrei es el primero del año pues conmemora cuando Dios creó el mundo y también el primer hombre. Este año se celebra la llegada del año 5774, comenzando la noche del 4 de septiembre con el sonido del shofar, un cuerno de carnero que llama a la meditación, pues son días de introspección, recogimiento y arrepentimiento.

Alimentos para un año dulce

Rosh Hashaná
Como sucede en todas las religiones, las festividades del judaísmo van asociadas a determinados alimentos y platos cuyo consumo no es sólo una costumbre, sino que tienen carácter simbólico y ritual. La mayor parte de ellos van ligados de forma armónica al calendario natural de las estaciones, con productos que ya nos anuncian el otoño, aunque este año el Rosh Hashaná ha caído algo pronto.
Muchos de los alimentos que se consumen durante estos días enfatizan el simbolismo con los deseos de que el nuevo año sea propicio, es decir, se potencian las comidas dulces. La manzana, la miel y la granada, productos que asociamos a la cocina reconfortante de otoño, son algunos de los ingredientes más utilizados en torno a estas festividades. Una de las formas más sencillas y típicas consiste simplemente en tomar trozos de manzana mojados en miel, como deseo de un año dulce.

Simbolismo en la comida

Rosh Hashaná
A lo largo de los siglos y en diferentes lugares del mundo se han desarrollado distintas costumbres en torno a las comidas rituales y simbólicas que comparten las diferentes comunidades judías. Algunos platos se mantienen desde tiempos inmemoriales al pasar su tradición a través de las generaciones, mientras que otros más modernos se van imponiendo como nuevas maneras de celebrar su fe. Como nexo común se pueden encontrar ingredientes clave que poseen una fuerte carga simbólica.
Muchas de las comidas derivan del plato del Séder. Se trata de un plato cargado de simbolismo pues los elementos que lo forman se relacionan con los sentimientos del recuerdo y conmemoración de los hechos del Éxodo del pueblo judío durante el Antiguo Egipto. Son seis alimentos consumidos siguiendo un ritual específico, siendo el séptimo elemento un conjunto de matzos, un tipo de pan plano, colocados aparte en la mesa. El tradicional pan trenzado judío, Challah, es otro producto típico que no suele faltar.
Entre los ingredientes tradicionales podemos encontrar verduras y hierbas amargas, encurtidos, carne de cordero o de pollo, huevo cocido, o mezclas de frutos secos. Como alimentos más específicos del Año Nuevo, destacan vegetales como el puerro, la remolacha, espinacas, zanahorias y calabaza. Entre las frutas, además de las ya mencionadas manzanas y granada, tiene una gran presencia el dátil, y también es importante el pescado, del que muchas veces se sirve la cabeza.
Rosh Hashaná
Curiosamente, el simbolismo de gran parte de estos alimentos deriva del propio lenguaje. Por ejemplo, el término que designa la remolacha en hebreo es selek, que se asemeja a lesalek, "desparecer". Por eso la tradición señala recitar unos versos tras su ingesta que piden a Dios hacer desaparecer a los enemigos. Y sucede lo mismo con otras comidas, muchas de las cuales llevan asociadas bendiciones concretas.
Como ocurre actualmente con el catolicismo y otras religiones, muchos de los ritos tradicionales se han ido adaptando con el paso del tiempo. De este modo, cada familia mantiene sus tradiciones específicas, y esto se muestra también en la comida. Mientras que unos prefieren ser más estrictos respecto a las costumbres originales, en otros hogares se adaptan creando sus propios platos típicos. Lo habitual es encontrar en cada familia una receta propia de un pastel de manzana o un pan dulce con frutos secos, miel y especias. Incluso hoy en día se adaptan muchos de los menús tradicionales a dietas como la vegetariana.
Las religiones me interesan como historiadora por la influencia fundamental que tiene en la cultura de cada pueblo, y cómo se manifiesta en el arte y en la gastronomía. A pesar de que hoy su presencia en nuestro país es discreta, los judíos también forman parte de nuestro pasado y creo que es interesante al menos acercarnos un poco más a sus costumbres, como las que forman parte del Rosh Hashaná y sus comidas tradicionales.

Resuelto el misterio de por qué los incas construyeron Machu Picchu en un lugar tan inaccesible

El santuario inca de Machu Picchu es considerado como uno de los mayores logros arquitectónicos de la humanidad. El sitio arqueológico, construido en un remoto entorno andino, sobre una estrecha cresta situada encima de un cañón, es famoso por su perfecta integración con un paisaje inhóspito. Sin embargo, precisamente su imposible ubicación ha traído de cabeza a la comunidad científica, incapaz de explicarse por qué extraña razón los incas habían construido este poblado en un lugar tan inhóspito. Un nuevo estudio sugiere que la ubicación podría estar relacionada con las características geológicas del terreno, en concreto, con las fallas tectónicas.
El estudio fue presentado esta semana en la Sociedad Geológica de América por el geólogo de la Universidad Federal de Río Grande do Sul, en Brasil, Rualdo Menegat, quien aseguraba que esta antigua civilización construyó el Machu Picchu, así como algunas de sus ciudades, en lugares asentados sobre fallas tectónicas.
"La ubicación de Machu Pichu no es una coincidencia", asegura Menegat, quien sostiene que "sería imposible construir un sitio así en las altas montañas si el sustrato no se fracturara”
Utilizando una combinación de imágenes de satélite y mediciones de campos electromagnéticos, el geólogo mapeó una densa red de fracturas y fallas que subyacen bajo este Sitio del Patrimonio Mundial de la Unesco. Su análisis indica que estas características varían ampliamente en escala, desde pequeñas fracturas visibles en piedras aisladas hasta líneas principales de 175 kilómetros de longitud que coinciden con las cuencas de los ríos de la región.
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El geólogo descubrió que estas fallas y fracturas ocurren en varios conjuntos, y que algunas de estas formaciones corresponden con las responsables de la formación de los Andes centrales a lo largo de los últimos ocho millones de años. Debido a que algunas de estas fracturas están orientadas hacia el noreste-suroeste y otras tienden hacia el noroeste-sureste, el conjunto crea una forma de "X" donde se cruzan debajo de Machu Picchu.
El mapeo de Menegat sugiere que la zona poblada del santuario y los campos agrícolas circundantes, así como las construcciones y escaleras individuales, están orientados en función de las fallas más importantes, una disposición que, según el geólogo, también se siguió en otras ciudades antiguas incas, como Ollantaytambo, Pisac y Cusco, que, como el Machu Picchu, se levantaron en intersección de las fallas.
Los incas aprovecharon las fracturas preexistentes en las rocas del lugar para reducir al mínimo los trabajos previos de mampostería.

Los incas aprovecharon las fracturas preexistentes en las rocas del lugar para reducir al mínimo los trabajos previos de mampostería. 

Mampostería inca

Los resultados de Menegat sugieren la red subyacente de fallas y fracturas también formaron la extraordinario trabajo de mampostería del Machu Picchu, cuya construcción presenta piedras tan perfectamente juntas que es imposible deslizar una tarjeta de crédito entre ellas. Como maestros trabajadores de la piedra, los incas aprovecharon los abundantes materiales de construcción en la zona en la que encuentran las fallas. "La intensidad de las fracturas predispuso rocas a romperse a lo largo de los mismos planos, lo que redujo en gran medida la energía necesaria para tallarlas", afirma.
La red fallas y fracturas del lugar es visible en los bloques de roca integrados en las estructuras de Machu Picchu.

La red fallas y fracturas del lugar es visible en los bloques de roca integrados en las estructuras de Machu Picchu.

Fuente de agua

Además de ayudar a dar forma a las piedras individuales, la red de fallas en Machu Picchu probablemente ofreció a los incas otras ventajas, como una fuente de agua de fácil acceso. Según el científico, las fallas tectónicas del área canalizaron agua de deshielo y agua de lluvia directamente al sitio. Del mismo modo, construir el santuario desde una percha tan alta sirvió a sus ocupantes para resguardarlo de las avalanchas y los deslizamientos de tierra, unos riesgos muy comunes en esas latitudes. Por si fuera poco, la investigación sugiere que la construcción del santuario en un lugar tan alto ayudó a drenar el sitio durante las intensas tormentas que prevalecen en la región, "Alrededor de dos tercios del esfuerzo para construir el santuario involucraba la construcción de drenajes subterráneos", afirma Menegat, quien achaca a las fracturas y fallas como parte de la responsabilidad de la extraordinaria conservación del sitio arqueológico.

¿Quién es el Coco y por qué quiere comerte?

Ni estrellas brillantes ni elefantitos alados. Los padres españoles decidieron hace siglos que la mejor nana para arrullar a sus bebés hablaría de un hombre malvado que vendría a devorarles si no se dormían al momento. «Duérmete niño, duérmete ya, que viene el coco y te comerá», canturreaban con voz melosa. Cabría preguntarse qué clase de padre querría asustar a su pequeño con una amenaza hecha canción. La respuesta es bien sencilla: un padre cansado.
El miedo ha sido desde siempre un arma de control efectiva, incluso en el ámbito doméstico. Es también una herramienta de aprendizaje que cristaliza en personajes escalofriantes. El Coco enseña a los niños a dormir a su hora; el Hombre del saco, a volver a casa antes de que caiga la noche; y el Lobo feroz, a no fiarse de extraños. Los niños los temen, pero los adultos delegan en su persona (o personaje) una función pedagógica. Para eso han quedado los monstruos, no tanto para asustar como para enseñarnos valiosas lecciones vitales. Para educarnos. Para controlarnos.
El control empieza en la cuna, pero se intensifica con los años. En su libro, American Fear: The Causes and Consequences of High Anxiety, el periodista Peter Stearns fija 1964 como el inicio de la carrera política del Coco. Fue entonces cuando se estrenó el famoso spot electoral Daisy. Con él, el presidente estadounidense Lyndon Johnson utilizó el miedo a una guerra nuclear como argumento para movilizar a los indecisos. El anuncio no solo supuso un punto de inflexión en la campaña de las elecciones (que acabó ganando Johnson), sino que cambió para siempre y a nivel global la manera de hacer política.
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Fue quizá el momento en que la ideología del miedo se modernizó, pero esta siempre ha sido una gran aliada del poder. Desde Calígula, que prefería ser temido a ser amado, hasta Maquiavelo, que apuntaló esta dicotomía de la dominación, distintos mandatarios han sabido usar el miedo en su propio beneficio. Joanna Bourke, autora de Fear: a Cultural History, revela que el miedo, como sentimiento colectivo e individual, varía según las épocas y los contextos históricos. Y constata que en la actualidad está en niveles muy altos.
El miedo en política sirve para iniciar guerras y levantar muros, sirve para movilizar a los indecisos, para arengar a las bases y atribuir rasgos monstruosos al adversario. Sirve incluso para llenar el centro de Madrid de contaminación al grito de que sin coches, las ciudades se convierten en un sindiós de delincuencia. Porque en el uso del miedo siempre ha habido clases y gente que lo ha sabido hacer con más o menos sentido.
En esto, los campeones han sido siempre los estadounidenses. George Bush hijo inició a principios de este siglo la «guerra al terror» contra el «eje del mal», un cuidado uso de la retórica que atribuía a su campaña algo de épico y mucho de terrorífico. Donald Trump ha ido más allá y ha basado toda su campaña en torno al miedo al diferente.
Ea, niña de mis ojos, / duerma y sosiegue, / que a la fe venga el coco / si no se duerme.
Juan Caxés, Auto de los desposorios de la Virgen. Siglo XVII
Pero los mensajes políticos no pueden calar en la sociedad sin la ayuda de los medios. En los últimos años, los mass media e incluso la ficción han incidido en ese temor, dando forma a un miedo amorfo y atávico, sobredimensionando ciertas amenazas más televisivas en detrimento de otras más cotidianas.
Los crímenes violentos, el terrorismo o los ataques de tiburones venden mucho más que el tabaco, las hamburguesas y los coches. Así el Coco se ha instalado en nuestro telediario a base de buenas historias.
Es lo que asegura el libro The Culture of Fear: Why Americans Are Afraid of theWrong Things, del sociólogo Barry Glassner, que pone como ejemplo un caso recurrente. A raíz de los atentados del 11 de septiembre, el número de pasajeros en aviones se desplomó en Estados Unidos.
La gente canceló sus vuelos, cogió sus maletas y se lanzó a la carretera. En los 12 meses posteriores a los ataques, el número de fallecidos en accidente vial aumentó en casi 1.600 personas con respecto al año anterior. La cifra multiplica por seis el número de pasajeros (246) que murieron en los cuatro aviones secuestrados.

EL COCO, LA FAMA Y EL ‘REBRANDING’ DEL MIEDO

El problema del Coco es que es viejo y famoso. Y los monstruos llevan mal la edad, pero mucho peor la fama. Este personaje del folclore medieval surgió en el norte de Portugal y sur de Galicia. Se representaba como un fantasma con una calabaza vacía con tres agujeros a modo de cabeza.
Las tradicionales calabazas de Halloween se inspiraron en él y la fruta homónima también, debido a los tres agujeros que suele tener su cáscara. Este acontecimiento fue mortal para el Coco; ni Van Helsing podría haberle hecho tanto daño.
Se tiene miedo a lo desconocido. Por eso cuando tu cara se ha convertido en merchandising de una fiesta y tu nombre en el de una fruta exótica, tus días de asustar han llegado a su fin. Necesitas un rebranding.
¿Sabes tú, niño, / qué quiere el coco? / que tengas miedo / (ni mucho ni poco).
Isabel Escudero, Cántame y cuéntame. Cancionero didáctico.
La serie documental sobre las niñas de Alcàsser producida recientemente por Netflix tiene algunos fallos de bulto, pero también algún acierto. El más evidente es analizar el escalofriante suceso desde una perspectiva de género y relacionarlo con otros casos mediáticos.
El secuestro, violación y asesinato de tres adolescentes del municipio valenciano de Alcàsser conmocionó a toda España por varios motivos. Uno de ellos fue el hecho de que las niñas se metieran en el coche de sus asesinos haciendo autostop. La práctica pasó en poco tiempo de ser relativamente común a desaparecer en la zona.
La historia de las niñas de Alcàsser tiene una moraleja: no hagas autostop. También la tiene la de la víctima de La Manada: no bebas, no salgas sola, no te fíes de unos chicos que has conocido de fiesta.
La historia de la profesora Laura Luelmo habla de los riesgos de salir a correr sola, de que no debes fiarte del vecino. Son adaptaciones contemporáneas (y tristemente reales) de los cuentos de terror, historias de Caperucitas modernas que se acercaron demasiado al lobo.
Duérmete niño, / duérmete ya, / que viene el coco / y te comerá.
Canción popular sobre la melodía de Rock-a-bye Baby
El problema es que los medios han puesto el foco en Caperucita y no en el Coco, han inculcado el miedo en las potenciales víctimas en lugar de centrarse en la educación de sus verdugos. Y han caricaturizado la figura del violador, que dista mucho de ser un Lobo o un Coco. Normalmente es una persona aparentemente normal que conoce a la víctima.

DING-DONG. EL COCO LLAMA A TU PUERTA

Lo que hace terrorífico al Coco es su cercanía. La certeza de que está acechando en las proximidades y que en cualquier momento, amparado por el anonimato de la noche, puede irrumpir en tu casa. Y esto Amazon lo sabe.
El pasado mes de mayo varios medios estadounidenses se hicieron eco de una curiosa oferta de trabajo dentro de la empresa de Jeff Bezos: buscaban periodistas especializados en criminología. En realidad, la empresa que los contrataría no sería la matriz, sino una filial, Ring, dedicada a la venta de mirillas inteligentes con cámara de seguridad.
Ring no solo ofrece modernos timbres, sino acceso a una especie de foro de barrio donde se comentan los robos y crímenes de cada ciudad, con la posibilidad de limitar las noticias a aquellas que se suceden más cerca de nosotros, una especie de Tinder de los atracos. El periodista contratado debería buscar, catalogar y escribir sobre los allanamientos y robos para después subirlos a la plataforma de Ring.
Vívete, niño, vívete / que viene el Coco / y se lleva a los niños / que viven poco.
Gloria Fuertes, Nana al niño que nació muerto
Es un ejemplo pequeño y concreto de una práctica común: el miedo es también una herramienta de marketing. Una forma de hacernos comprar armas, alarmas o seguros de vida.
En España mueren por homicidio o asesinato cerca de 300 personas al año, un 30% menos que hace 30 años. Sin embargo, la sensación callejera es que los crímenes no se han reducido sino, más bien, todo lo contrario.
Es esta una tendencia global que se da en todos los países desarrollados. La diferencia entre la realidad y la versión de la misma que nos contamos es cada vez mayor.
Mãe e o coco está ali
queres vós estar quedo co’ele?
Demo: Passa passa tu per i.
Menino: E vós quereis dar em mi
Ó demo que o trouxe ele.
Canción portuguesa. Auto da Barca do Purgatório (1518), de Gil Vicente
La culpa no está solo en los medios, sino en su público. La socióloga Catherine Lutz sostiene que la credulidad de la sociedad es básica para que el pánico estalle. La autora pone como ejemplo el pánico colectivo desatado por la retransmisión de La guerra de los mundos de Orson Welles en 1938, cuando una ficción radiada sobre un ataque alienígena hizo que cundiera el pánico entre los estadounidenses.
Lutz analiza este evento a la luz de otro sucedido diez años antes en Inglaterra. Fue entonces cuando se radió una emisión equivalente de la BBC realizada por Ronald Knox. El miedo colectivo fue entonces mucho menor y sus ecos apenas han llegado a nuestros días.
El Coco sí lo hecho. Mucho ha cambiado la sociedad desde que los juglares recogieran sus primeras andanzas en el siglo XV, o desde que Goya pintara su silueta en el cuadro Que viene el Coco de finales del XVIII. Pero este personaje ha sabido adaptarse e infiltrarse en nuestras pesadillas. Y en nuestra realidad. Como dice Stephen King, una de las personas que más y mejor conoce el terror: «Los monstruos son reales, y los fantasmas también. Viven dentro de nosotros y, a veces, ellos ganan».

El Vaticano y España durante la Guerra Civil

En 1936, la nunciatura apostólica en España se enfrentaba a un cambio de ciclo. La marcha del ya cardenal Federico Tedeschini ponía fin a un periodo de representación iniciado en 1921, todavía durante el pontificado de Benedicto XV. El fin de etapa coincidía también con la victoria del Frente Popular en las elecciones de febrero y con la crisis del posibilismo católico tras la derrota. Pero no fue el único cambio. 
El auditor de la representación, Tito Crespi, se suicidó en abril. Lo hizo mientras marchaba a Roma en barco para reponerse de un severo trastorno depresivo. Eso provocó que Silvio Sericano fuese destinado a la nunciatura de Madrid. Aquella llegada fue la primera de las provisionalidades que marcaron la representación del Papa en España durante la Guerra Civil, como he estudiado en el libro La Santa Sede y la Guerra Civil.

La etapa de Sericano

Poco después del suicidio de Crespi, en junio, fue cuando Tedeschini marchó definitivamente a Roma. La nunciatura quedó entonces en manos de Sericano como encargado provisional de negocios. Su papel estaba en mantener la representación a la espera de la llegada del nuevo nuncio, Filippo Cortesi. 
Durante el periodo que medió entre la salida de Tedeschini y el golpe de Estado de julio, Sericano demostró gran habilidad a la hora de defender los derechos de los católicos usando el ordenamiento jurídico democrático de la Segunda República, en una muestra de la tendencia que la Santa Sede parecía querer imprimir al nuevo periodo de sus relaciones con el gobierno español. 
El golpe de Estado de julio y el comienzo de la guerra sorprendieron a una nunciatura a cargo de Sericano, que hubo de mantener la representación en calidad de encargado de negocios en aquellas circunstancias. Finalmente, Cortesi nunca llegó y en la Navidad de 1936 fue destinado a Polonia. 
Isidro Gomá en el XXX Congreso Eucarístico Internacional en Cartago (1930). Fondo Marín-Kutxa Fototeka / Wikimedia Commons, CC BY-SA
La condición provisional de la representación del Papa en España no sólo afectó a Sericano, sino que se proyectó también sobre los dos primeros representantes del pontífice ante el gobierno de los sublevados. Así, el cardenal arzobispo de Toledo Isidro Gomá fue representante confidencial y oficioso ante Franco entre la Navidad de 1936 y octubre de 1937. 
Le sucedió, como encargado de negocios, Ildebrando Antoniutti, quien había llegado a España a finales de julio de 1937 con la misión inicial de ocuparse de la repatriación de los niños vascos evacuados antes de la caída de Bilbao.

Las relaciones provisionales

Este rasgo de provisionalidad que compartieron las tres misiones, muy distintas entre sí en muchos aspectos, permite analizar cómo las relaciones formales del gobierno de los católicos al máximo nivel se fueron apagando ante el gobierno de la Segunda República y comenzaron a construirse con las autoridades emanadas del golpe militar. No nos referiremos, por tanto, a la posición de la Iglesia a nivel español ante el conflicto; cuestión compleja, que merece un tratamiento por sí misma.
Retrato de Monseñor Cicogniani (1942). Ruiz Vernacci / Fototeca del Patrimonio Histórico, CC BY-NC
Las fuentes del Archivo Secreto Vaticano y las de la Sagrada Congregación para Asuntos Eclesiásticos Extraordinarios permiten reconstruir cómo fue este proceso que culminó con la acreditación de Gaetano Cicognani como nuncio ante Franco. No fue un nombramiento casual, puesto que se trataba del último representante del Papa en Austria antes de la anexión de aquel país al III Reich. 
Las orientaciones que la Santa Sede dio a sus distintos representantes en este periodo revelan muy bien las profundas diferencias entre las preocupaciones del episcopado español y las del gobierno romano de la Iglesia. También reflejan sus diferentes percepciones sobre los peligros y las potencialidades que aquel conflicto suponía para los católicos en particular y para los españoles y el resto del mundo en general. 
Así, mientras en la primavera de 1937 Pío XI publicó tres documentos de máximo nivel sobre el “comunismo ateo”, el nazismo y la situación de la Iglesia en México, su contenido influyó muy poco en la elaboración de la Carta Colectiva del episcopado pocos meses después. 

Vocablos de hielo

Esta fue una muestra más de la impermeabilidad de buena parte del catolicismo español a ciertas orientaciones de la Santa Sede, como lo había sido la parcial recepción del mensaje del Papa a los huidos de la guerra en septiembre de 1936; un texto que la prensa franquista tachó de “vocablos de hielo”, en una expresión que incomodó mucho a la Secretaría de Estado vaticana.
Las misiones diplomáticas provisionales de la Santa Sede durante la Guerra Civil abordaron no sólo los problemas derivados de la persecución religiosa y la destrucción de los templos y las estructuras eclesiales. También se ocuparon de la reconstrucción de la Iglesia en cuanto fue posible y procuraron la asistencia a los fieles que permanecían en la zona republicana. Llevaron a cabo determinadas misiones de caridad destinando a ello importantes sumas llegadas tanto del Vaticano como de católicos de otras partes del mundo y se afanaron en influir en el mayor grado posible para que la España que resultase del dramático conflicto fuese lo más conforme al catolicismo, tratando de neutralizar las amenazas percibidas en ambos contendientes.
La trascendencia del enfrentamiento entre españoles también afectó a la Iglesia en otros muchos países, en los que el apoyo a cada uno de los contendientes fue motivo de especial debate. Sobre todo, fue causa de distintas movilizaciones a favor de los católicos españoles: ya fuera acogiendo a los niños evacuados del conflicto o enviando ayuda económica para la atención de los damnificados y la reconstrucción de templos (aunque en alguna ocasión puntual el destino de aquellas cantidades fuera desviado hacia lo militar). 
Nazismo, comunismo, prácticas eugenésicas, políticas educativas, orientaciones pastorales hacia la conquista o hacia la reconciliación… todo ello puebla las trepidantes misiones que en aquellos años ostentaron Sericano, Gomá y Antoniutti. Unos meses que marcaron irreversiblemente sus vidas y en los que su acción también se reveló determinante para la situación de los católicos en España.

El dilema de la Iglesia Española

La vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, saluda al secretario de Estado vaticano, Pietro Parolin.
La vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, saluda al secretario de Estado vaticano, Pietro Parolin, el pasado 29 de octubre.  EFE
El fallo del Tribunal Supremo sobre la exhumación de Franco sitúa a la Iglesia en un dilema: o se allana ante el pronunciamiento judicial y concede la autorización denegada hasta ahora para que el Gobierno pueda acceder a la basílica del Valle de los Caídos o sigue manteniendo la oposición al traslado al no existir consentimiento por parte de los nietos del dictador a que se saquen los restos de su abuelo.
En la sentencia, notificada este lunes a las partes, el Alto Tribunal concluye que la negativa del prior de la abadía benedictina de Cuelgamuros «debe entenderse que decae» tras determinarse que los familiares de Franco «ni tienen capacidad de disposición absoluta o ilimitada sobre un bien de titularidad pública ni sus derechos a la intimidad personal y familiar y a la libertad religiosa les confieren la facultad de impedir la exhumación legalmente acordada». 
El pronunciamiento judicial deja claro que «se requiere la autorización eclesiástica» para acceder al templo, como ya había entendido la Abogacía del Estado al solicitar el permiso al prior durante el expediente administrativo tramitado por el Ministerio de Justicia. En una carta enviada el 26 de diciembre a la ministra de Justicia, Dolores Delgado, el religioso denegaba el permiso para no incumplir «principios religiosos y morales» y no provocar «un perjuicio irreparable» a los descendientes de Franco por la posible vulneración de «derechos fundamentales» que les provocaría si daba el plácet para que se llevara a cabo la exhumación sin su consentimiento.
«Sin perjuicio de lo anterior, y como no podía ser de otra manera, esta Comunidad [religiosa] está sujeta a lo que decidan en su día las autoridades competentes que, dado el carácter conflictivo de la cuestión, no pueden ser otras que las judiciales…», concluía el prior, Santiago Cantera.
En vísperas de la campaña de las elecciones general del 10 de noviembre, el Gobierno en funciones de Pedro Sánchez pretende ejecutar «lo más rápido posible» la exhumación de los restos del dictador y su traslado a una cripta del cementerio madrileño de El Pardo-Mingorrubio, donde está enterrada la esposa de Franco. Pero ¿qué hará el prior?
De momento, esperará con seguridad a que el Supremo resuelva el recurso que interpuso contra los acuerdos adoptados por el Consejo de Ministros los días 15 de febrero y 15 de marzo -declarando el Alto Tribunal la suspensión cautelar de la exhumación, no revocada aún- para decidir qué camino sigue: continuar pleiteando o aquietarse. La Justicia tan sólo ha resuelto por ahora las alegaciones de los nietos de Franco, si bien ya ha avanzado en esta primera sentencia los argumentos con los que combate la postura de los benedictinos. 
El TS interpreta que «decae» la negativa del prior a la autorización eclesiástica al no haberse vulnerados los derechos de la familia Franco
Si opta por allanarse y conceder la autorización eclesiástica, el Gobierno en funciones tendría el camino totalmente expedito para levantar la losa de granito que tapa el féretro de Franco desde el 23 de noviembre de 1975 después de que el Supremo haya resuelto el escollo que suponía la suspensión de la licencia urbanística. En ese caso, la ejecución sería cuestión de días.
También cabe la posibilidad de que, con independencia del pronunciamiento del Supremo, el prior mantenga su negativa a conceder el permiso dado que se mantiene la oposición de la familia, dispuesta a llegar al Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH). Aquél fue el argumento esgrimido para denegar el consentimiento cuando, a finales del pasado año, el Ministerio de Justicia evacuó dicho trámite.

Bienes inmatriculados e IBI

En la carta que Carmen Calvo envió el pasado 18 de enero al secretario de Estado de la Santa Sede, Pietro Parolin, la vicepresidenta del Gobierno se quejaba por la actitud del prior e instaba al Vaticano a «remover los obstáculos» provocados por la denegación de la autorización preceptiva para acceder a la basílica a fin de evitar un «conflicto jurídico y político»indeseado. Como trasfondo aparecen los bienes inmatriculados de la Iglesia -el Gobierno trabaja en la elaboración de un listado desde 2018 con vistas a hacerlo público- y el no pago del Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI).
La Iglesia española puede hacer recomendaciones pero carece de autoridad para doblegar al prior del Valle de los Caídos a fin de que éste conceda la autorización que hasta ahora ha rechazado. El religioso tan sólo responde ante el Papa. «En un problema moral y religioso como éste, solamente una decisión escrita y oficial del Papa Francisco podrá obligar al prior a renunciar a la inviolabilidad», advierten las fuentes consultadas por este diario.
La resolución del pleito por parte del Supremo coincide con la llegada de un nuevo nuncio. El Consejo de Ministros dio el visto bueno el pasado 13 de septiembre al nombramiento del arzobispo filipino Bernardito Auza como embajador vaticano en España en sustitución de Renzo Fratini. Éste se despidió con unas polémicas declaraciones -cuestionó que el Ejecutivo hubiera «resucitado» a Franco cuando hay otros «problemas» más prioritarios en España- que llevaron a Carmen Calvo a mandar una carta de queja a la Santa Sede.
Sólo el Papa puede obligar al prior a renunciar a la inviolabilidad y conceder la autorización 
En su recurso, el prior defiende que exhumar los restos del dictador sin autorización eclesiástica supone vulnerar el principio de inviolabilidad y menoscabar la competencia exclusiva de la Iglesia sobre un «lugar sagrado», consagrados en el Acuerdo entre el Estado español y la Santa Sede sobre asuntos jurídicos (artículo 1.5) y en el Canon 1213 del Código de Derecho Canónico.
El Tribunal Supremo interpreta que la inviolabilidad «no excluye la vigencia y aplicabilidad» de las leyes españolas en el interior de la basílica del Valle de los Caídos, lo que supone de facto la modificación unilateral de un tratado internacional: el acuerdo que el Estado firmó con el Vaticano el 3 de enero de 1979 y que entró en vigor el 4 de diciembre de ese año. 
En su recurso, el prior ya advertía de esta posible colisión y defendía que, en aplicación del principio de jerarquía normativa, un tratado internacional (acuerdo con la Santa Sede) prevalece sobre una norma legal unilateral interna (Ley de Memoria Histórica). «La Administración pública y los tribunales están obligados a inaplicar una disposición legal nacional cuando sea contraria a una norma superior por razón de jerarquía o de primacía», argumentaba la comunidad benedictina.

Los Franco pierden la batalla judicial

A la espera de la reacción del prior, la resolución unánime de los seis magistrados de la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Supremo es un varapalo para la familia Franco y su defensa, pues desmonta uno a uno los argumentos de su recurso contra la decisión del Gobierno de exhumar los restos del dictador del Valle de los Caídos. 
El Supremo no ve que se vulnere el derecho a «recibir sepultura digna, sin discriminación por motivos religiosos» recogido en el artículo 16 de la Constitución, sino que se busca sacar a Franco de un lugar público, estatal, y «retirar del primer plano cuanto signifique un enfrentamiento civil». Tampoco que la decisión de denegar su entierro en una cripta de la catedral de la Almudena y llevarle al cementerio de Mingorrubio-El Pardo (donde está enterrada su esposa, Carmen Polo) sea arbitraria. Por último, los magistrados rechazan que la exhumación sea ilegal por motivos urbanísticos.
Precisamente este motivo era el principal escollo judicial que impedía -tras conocer el fallo favorable del Supremo el pasado martes- sacar los restos del ex jefe del Estado de donde lleva enterrado casi 44 años. El titular del Juzgado de lo Contencioso-Administrativo 3 de Madrid, José Yusty, suspendió cautelarmente el informe urbanístico emitido favorablemente por los servicios técnicos del Ayuntamiento de San Lorenzo de El Escorial por motivos de «seguridad».
Sin embargo, el Supremo se muestra rotundo en este sentido y enseña el camino a Yusty, abocado ahora a archivar el procedimiento. Para los magistrados, no existe «particular dificultad» para proceder al desenterramiento. «Al fin y al cabo, se trata de levantar una losa, extraer los restos y reponer el solado original, revirtiendo así el pavimento de la Basílica a su estado anterior a 1975», despachan. 

«Naturaleza política»

En cuanto al resto de alegaciones, el Supremo se pone del lado de la Abogacía del Estado y no aprecia que se esté vulnerando ningún derecho del dictador o su familia. «Ciertamente, tiene naturaleza política la finalidad perseguida con esa exhumación e, incluso, posee una dimensión ideológica, pero ni una ni otra se proyectan sobre las convicciones religiosas. No se pretende más que retirar del primer plano, desde luego en un lugar de titularidad estatal, cuanto signifique, represente o simbolice el enfrentamiento civil», concluyen. 
El Alto Tribunal desmonta todos los argumentos que defendía la familia del dictador para oponerse al traslado de los restos 
Sobre la decisión de enviar sus restos a El Pardo, el Supremo reprocha a la familia Franco que no especificara «antes de que venciera el plazo» el lugar donde querían que descansara su abuelo. Tampoco comprenden que no hayan dicho «por qué no les parece aceptable la inhumación de los restos de su abuelo en el cementerio de El Pardo-Mingorrubio, donde como subraya el acuerdo de 15 de marzo de 2019 (del Consejo de Ministros) descansan los de su abuela». 
Por último, la Sala ve razonables los motivos alegados por el Gobierno para que el cadáver del dictador no vaya a la Catedral de La Almudena. Tanto por seguridad, porque «las consecuencias de atentados y, en general, de actos violentos será siempre muy superior» por lo céntrico que está situado el edificio como por la «significación» de Franco. Es decir, el Gobierno quiere «evitar que un lugar de culto se convierta por sí mismo y con el paso del tiempo en un lugar de exaltación» y, puesto que la familia no se manifiesta sobre ninguno de estos asuntos, el Supremo acoge las razones expuestas por el Estado y rechaza el recurso de los nietos de Franco. En suma, el camino para que el cadáver del dictador salga del Valle de los Caídos está más allanado que nunca.